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	<title>Córdoba En Feria (Notas cordobesas) - Historial de revisiones</title>
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	<updated>2026-08-25T05:26:00Z</updated>
	<subtitle>Historial de revisiones de esta página en la wiki</subtitle>
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		<title>Aromeo: Ordenación alfabética en la categoría Notas cordobesas</title>
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		<updated>2026-08-24T18:12:50Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ordenación alfabética en la categoría Notas cordobesas&lt;/p&gt;
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&lt;/table&gt;</summary>
		<author><name>Aromeo</name></author>
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		<id>https://cordobapedia.datta.capital/wiki/index.php?title=C%C3%B3rdoba_En_Feria_(Notas_cordobesas)&amp;diff=145996&amp;oldid=prev</id>
		<title>Aromeo: Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis</title>
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		<updated>2026-08-24T18:07:38Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;b&gt;Página nueva&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;{{#seo:&lt;br /&gt;
|title=Córdoba En Feria (Notas cordobesas)&lt;br /&gt;
|title_mode=append&lt;br /&gt;
|keywords=Notas cordobesas, Ricardo de Montis, Córdoba&lt;br /&gt;
|description=Córdoba En Feria, texto de Ricardo de Montis incluido en Notas cordobesas.&lt;br /&gt;
}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#039;&amp;#039;&amp;#039;Córdoba En Feria&amp;#039;&amp;#039;&amp;#039; es una de las notas incluidas en &amp;#039;&amp;#039;Notas cordobesas. Recuerdos del pasado&amp;#039;&amp;#039;, de [[Ricardo de Montis]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Texto ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque siempre se ha transformado el aspecto de Córdoba durante los días de su renombrada Feria de Nuestra Señora de la Salud, antiguamente esa transformación era muy distinta de la actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hace cincuenta anos, cuando muchas personas rehusaban utilizar para sus viajes el tren, comenzaba la irrupción de forasteros ocho o diez días antes de la Pascua de Pentecostés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En diligencias, carros y caballerias trasladábanse a nuestra ciudad innumerables familias, no sólo de los pueblos de esta provincia, sino de casi todas las poblaciones andaluzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mayoría de esos huéspedes no se albergaba en fondas ni mesones, sino en departamentos de casas particulares que alquilaba en los barrios próximos al Campo de la Victoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las reducidas viviendas de la Puerta de Gallegos y de la calle de la Concepción y las más espaciosas de las calles Madera Alta y Baja convertíanse en verdaderos almacenes de seres humanos y semejaban algo así como grandes hormigueros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los extensos patios y corrales de los viejos edificios de la Puerta de Almodóvar, de la calle de los Judíos y de las inmediatas se destinaban a establos de toda clase de caballerías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los alrededores del cementerio acampaba una legión de gitanos astrosos para intervenir en los tratos de compra y venta de bestias y apoderarse de estas apovechando el menor descuido de sus dueños.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy temprano, apenas amanecía, los forasteros dirigíanse a la Plaza de la Corredera para adquirir provisiones de boca y con los canastos bien repletos de viandas tornaban a sus albergues, donde, ya enmedio del patio, ya dentro de sus mismas habitaciones, improvisaban una cocina, valiéndose de anafes o de braseros, cuando no encendían la hoguera sobre las piedras o los ladrillos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los días de Feria, a la hora de llegar los trenes especiales, una abigarrada multitud invadía la población y por las calles en que se hallaban los principales establecimientos de comercio, las de la Espartería, Ayuntamiento, Librería, Cuesta de Luján y Ambrosio de Morales el tránsito era, a veces, casi imposible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los dependientes de las tiendas no descansaban un momento, apesar de que aquellas permanecían abiertas, desde muy temprano hasta las altas horas de la noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ganaderos y tratantes, provistos de sus largas varas, reuníanse en los dos Cafes Suizos y en el Nuevo; entre diez y once de la mañana, encontrábase invariablemente a los dos colosos de la tauromaquia, siempre contratados para trabajar en las corridas de feria, a Lagartijo y Frascuelo , rodeados de gran número de amigos y admiradores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el ruido ensordecedor de la charla, de los pregones de los vendedores de baratijas confundíanse los cantares de los ciegos acompañados a la guitarra; los dulces acordes de las arpas tañidas generalmente por chiquillos italianos y la sonnolienta música de los organillos a cuyo compás bai1aba un diminuto mono.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante las horas de mercado recorrían el llano de la Victoria lujosos carruajes, menos que en la actualidad, pero de más valor; magníficos trenes arrastrados por soberbios caballos de la famosa ganadería cordobesa del Marqués de Villaseca y de las más renombradas de Andalucía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los aludidos trenes llamaban siempre la atención los de los Marqueses de Benamejí, los Condes de Torres Cabrera y de Gavia y los Duques de Hornachuelos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si había menos coches que ahora, como antes decimos, en cambio abundaban los jinetes que en la actualidad escasean, caballeros en briosos corceles, vistosamente enjaezados con cintas, flecos y borlas multicolores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre esos jinetes figuraban muchas lindas jóvenes, luciendo ya el severo y elegante traje de amazona, ya la airosa chaquetilla de terciopelo llena de caireles y el sombrero calañés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al comenzar la siesta una abigarrada multitud se dirigía a la Plaza de toros ansiosa de admirar las proezas de los verdaderos colosos de la tauromaquia, a los que entonces la gente, más cuerda que hoy, no aplicaba el grotesco calificativo de fenómenos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre la muchedumbre destacábanse como figuras típicas las gitanas, vestidas, no a la última moda como visten en nuestros días, sino con su traje y sus adornos característicos; la falda de tonos vivas, llena de volantes y arandelas; el bordado pañolón de Manila; el collar de gruesos corales; los largos pendientes de oro y pedrería que casi le descansaban en los hombros, y una verdadera lluvia de peinecillos y flores entre el cabello de azabache.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las inmediaciones del circo, hombres y mujeres provistos de grandes cestas repletas de pintarrageados abanicos de caña ofrecían al público, por dos cuartos, fresco para toda la tarde , y contribuían poderosamente a acentuar la nota de color propia de la fiesta de toros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esta terminaba, un gentío inmenso invadía la feria; por el llano de la Victoria volvían a discurrir trenes magníficos y jinetes en hermosos alazanes; el público, para verlos, ocupaban las sillas del Asilo de Mendicidad, colocadas, formando filas, en el paseo; las muchachas se congregaban en la tienda del Amor para charlar de sus noviajos o de sus galas; los hombres reuníanse en la sucursal del Cafe Suizo o en los clásicos aguaduchos y, a la vez que refrescaban las secas fauces con la horchata de pasta de almendra o con el vaso de agua endulzada con el panal o el azucarillo, comentaban los incidentes de la corrida sin los absurdos apasionamientos de los modernos aficionados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la noche, después de cenar, la gente volvía a la feria; el pueblo se apiñaba en el lugar donde había de celebrarse los fuegos artificiales porque era una de sus diversiones favoritas; probábanlo la atención conque observaba las transformaciones de ruedas y castillos, el interés conque seguían todas las miradas al cohete en su vertiginosa carrera y la exclamación que se escapaba de todas las bocas cuando aquel, tras la detonación, producía una lluvia de luces de colores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La multitud invadía luego los teatrillos ambulantes, los cosmoramas, las galerías de figuras de cera, las barracas de los fenómenos. y, antes de media noche porque entonces no se trasnochaba tanto como ahora, los vecinos de la vieja ciudad y los forasteros retirábanse a sus hogares, no sin comprar una muñeca o un caballo de cartón para los pequeñuelos, una medida de garbanzos tostados y otra de avellanas cordobesas en cualquiera de los innumerables puestecillos diseminados por el campo de la Victoria o una libra de turrón y unos cocos y dátiles en las tiendas de los moros y judíos, más o menos auténticos, instaladas en los portales de la puerta de Gallegos y de la calle de la Concepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal era, pintada a grandes rasgos esta ciudad hace cincuenta años, durante los días de la renombrada feria de Nuestra Señora de la Salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mayo, 1920.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Categoría:Alacena]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Notas cordobesas|05-010]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Aromeo</name></author>
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