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	<title>Castillo El Charlatan (Notas cordobesas) - Historial de revisiones</title>
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	<updated>2026-08-25T04:56:32Z</updated>
	<subtitle>Historial de revisiones de esta página en la wiki</subtitle>
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		<title>Aromeo: Ordenación alfabética en la categoría Notas cordobesas</title>
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		<updated>2026-08-24T18:12:55Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ordenación alfabética en la categoría Notas cordobesas&lt;/p&gt;
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&lt;/table&gt;</summary>
		<author><name>Aromeo</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://cordobapedia.datta.capital/wiki/index.php?title=Castillo_El_Charlatan_(Notas_cordobesas)&amp;diff=146009&amp;oldid=prev</id>
		<title>Aromeo: Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis</title>
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		<updated>2026-08-24T18:07:43Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;b&gt;Página nueva&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;{{#seo:&lt;br /&gt;
|title=Castillo El Charlatan (Notas cordobesas)&lt;br /&gt;
|title_mode=append&lt;br /&gt;
|keywords=Notas cordobesas, Ricardo de Montis, Córdoba&lt;br /&gt;
|description=Castillo El Charlatan, texto de Ricardo de Montis incluido en Notas cordobesas.&lt;br /&gt;
}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#039;&amp;#039;&amp;#039;Castillo El Charlatan&amp;#039;&amp;#039;&amp;#039; es una de las notas incluidas en &amp;#039;&amp;#039;Notas cordobesas. Recuerdos del pasado&amp;#039;&amp;#039;, de [[Ricardo de Montis]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Texto ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante más de diez años consecutivos no dejó de visitar a Córdoba en los días de las renombradas ferias de Nuestra Señora de la Salud y de Nuestra Señora de la Fuensanta y en otras épocas, especialmente la Pascua de Navidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la mañana, muy temprano, sentaba sus reales en la calle del Ayuntamiento y por la tarde en la carrera de los Tejares, en el Campo de Madre de Dios o en la plaza de las Tendillas, según fuera cada uno de estos el paraje de mayor tránsito del público en virtud de las fiestas que se celebraran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Colocaba una mesa a guisa de tribuna, provista de una porción de cajas con los específicos y el instrumental de su profesión y encaramábase sobre la mesilla, dispuesto a perorar, durante cuatro o cinco horas, a hacer prodigios en el arte de la cirugía y a sacar las perras a los incautos vendiéndoles específicos que eran una especie de bálsamo de Fíerabrás o de sanalotodo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante un largo rato agitaba sin cesar una campanilla para llamar a la gente; cuando se habla formado un pequeño corro alrededor de la improvisada tribuna, como prólogo de la sesión hacía algunos juegos de manos para despertar la curiosidad de su auditorio y conseguir que aumentase y seguidamente comenzaba el discurso, siempre tan original como pintoresco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Describía sus viajes fantásticos e imaginarios al centro del Africa, a las pampas de América o a las islas más recónditas de la Occeanía [sic], parajes en que había tenido la suerte de encontrar los productos animales, vegetales o minerales que ofrecía al público y que realizaban curas infalibles, verdaderamente maravillosas, en múltiples enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces narraba sus excursiones científicas a los misteriosos paises del Oriente, en los que había aprendido procedimientos quirúrgicos admirables y de resultados estupendos, por completo desconocidos en las naciones europeas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego explicaba, de una manera peregrina, el origen de las dolencias que desaparecían por completo con el uso de las raices, los polvos o las yerbas de que él era portador y cuando tenia completamente embaucado a su ya crecidísimo auditorio; no siempre compuesto sólo de personas ignorantes; principiaba el negocio, o sea la venta de específicos y medicinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ninguno de ellos, apesar de sus excepcionales virtudes, costaba más de dos cuartos y esta extraordinaria baratura contribuía a que el público se los arrebatara de las manos y a que el charlatan reuniese en pocos momentos un buen puñado de pesetas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No llevaba mucho más caro por la extracción de muelas o de cataratas; bien es verdad que realizaba estas operaciones con una facilidad pasmosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un rábano le bastaba para sacar la muela que estuviese más arraigada a la encía; unas vulgares pinzas para arrancar una catarata. Huelga decir que estas operaciones se asemejaban mucho a los juegos de manos conque Castillo amenizaba sus conferencias; dentro del rábano iba oculto un botador y la catarata que mostraba entre las pinzas jamás se había formado en el ojo del supuesto paciente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando en el corro no quedaban personas que demandaran paquetes de los preciosos medicamentos o los auxilios del hábil operador éste reanudaba su charla y cuando el público se había renovado y lo tenía plenamente convencido , dejaba la lengua unos momentos en reposo para no dar paz a las manos dedicadas a la fructífera tarea de vender centenares de paquetes con los polvos, las yerbas o las raices de sorprendentes cualidades curativas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Castillo, cada vez que venía a Córdoba, se presentaba en su tribuna con una indumentaria distinta; ya vestía de rigurosa etiqueta; ya envolvíase en una amplia bata de vivos colores; ya aparecía con traje de hebreo; ya con la vistosa chaquetilla y el amplio calzón del moro tunecino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ocasiones hubiera sido difícil reconocerle si se hubiese despojapo de su larga y entrecana perilla, de la que nunca quiso prescindir porque, según él decía, le daba respetabilidad y cierto carácter de mago o de cosa por el estilo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El original curandero gozaba en Córdoba de mucha popularidad y tenía aquí bastantes amigos a los que, en ratos de expansión, narraba curiosas aventuras de su vida y hacia intresantes confidencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche de feria de la Salud, festejaba el buen negocio hecho durante el día, apurando unas botellas de Montilla en unión de tres o cuatro personas, conocidas suyas desde hacía tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los contertulios, tratante de ganados, lamentóse de las pocas ganancias que había obtenido y Castillo, al oirle, le dirigió la siguiente filípica: eso les ocurre a ustedes porque son unos inocentes; se las dan de listos y de corridos y no tienen de mundología. Pasan toda clase de fatigas y malos ratos, hablan más que yo y cuando terminan su trabajo no han reunido, a veces, ni para pagar la posada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aprendan de mi, que todo lo convierto en dinero; las yerbas silvestres, las raíces de cualquier arbusto, hasta el polvo de las carreteras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esa vara que tiene usted en la mano, que sólo le sirve para arrear a las caballerías y a la que no concede valor alguno, me proporcionaría un puñado de pesetas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Usted está loco, le contestó su interlocutor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Loco? Objetó Castillo: démela usted y mañana, a primera hora, vaya a la calle del Ayuntamiento, donde verá cómo me la arrebata el público de la mano, convertida en una medicina portentosa y por la noche nos reuniremos aquí para gastar alegremente el producto de esa verdadera varita de virtud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Media hora después el charlatán se hallaba en su laboratorio , una humilde habitación de una posada, transformando la vara de olivo en un sanalotodo .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La descascaró cuidadosamente, cortóla en pequeños trozos y envolvió cada uno de estos en un pedazo de papel de seda rojo cuyos extremos aparecían cortados en forma de flecos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la mañana siguiente el famoso curandero en su improvisada tribuna, pregonaba las excelencias de un producto vegetal desconocido en España, la raiz del lirio americano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un cocimiento de ella tomado en ayunas tres o cuatro dias, bastaba para hacer desaparecer el más pertinaz dolor de estómago; unas gárgaras del mismo potinge [sic] curaban las escoriaciones de la garganta y la inflamación de las encías; lavándose con aquel liquido, diariamente, los ojos estaban libres de la más ligera irritación y un pedacito de raiz bien hervido, si se aplicaba sobre un callo lo destruía en veinticuatro horas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro hombre, en muy poco tiempo, vendió varios cientos de paquetes de raiz de lirio americano , procedente de la vara del tratante de caballos y de otras muchas que compró en el mercado para que no se le acabara a lo mejor la medicina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquella noche, los amigos del charlatán disfrutaron de un espléndido ágape, a costa de la ignorancia y la candidez del público.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿A qué se dedica usted ahora? le preguntamos en un ocasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estos meses de mucho frío, nos contestó, siempre ejerzo con preferencia la profesión de oculista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y que relación. tiene el frio con los ojos? le objetamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Voy a explicársela a usted, añadíó. Yo recorro los pueblos pequeños con preferencia a las grades poblaciones y a las capitales, porque el vecindario de aquellos es más crédulo y sencillo que el de estas; en los pueblos el sistema de calefacción que se usa es la candela de llama para la que se utiliza leña verde en bastantes ocasiones, la cual produce mucho humo que causa grandes irritaciones en los ojos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo me presento ofreciendo un específico que los pone buenos infaliblemente en un par de días y negocio seguro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además he ideado una extratagema sorprendente para hacer la propaganda. En cada pueblo que visito busco a un desgraciado que por unas pesetas se preste a representar una sencilla farsa; lo llevo al pueblo inmediato; unos momentos antes de empezar mi conferencia en la plaza pública le coloco cuidadosamente sobre la pupila de un ojo un pedacito de la delicada película que envuelve los huevos y le tapo el ojo con una venda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
,En medio de mi discurso el supuesto paciente, ya aleccionado, se presenta en demanda de mis auxilios, pues tiene una catarata que le ha dejado tuerto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, al punto, lo despojo de la venda, le efectúo un minucioso reconocimiento, cojo unas pinzas y al minuto aparece pendiente de ellas, ante la asombrada multitud, la terrible catarata, esto es, el trozo de película de un huevo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No creo necesario esforzarme para convencer a usted de que la gente se atropella por adquirir mis colirios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si alguna vez se le presenta un verdadero enfermo de cataratas para que le opere ¿qué hace usted? le preguntamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues sencillamente, decirle que todavía no están en condiciones para ser operadas, nos contestó sin vacilar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La última vez que vimos a Castillo notamos en él una gran transformación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Parecía triste, preocupado; hasta había perdido locuacidad. Su traje demostraba que los rendimientos del negocio eran escasísimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amigo, me dijo, esta profesión va mal; se están acabando los tontos. Ya, lo mismo vestido de moro que de cristiano, me conocen en todas partes. ¿Y quien cambia de oficio a la vejez?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde la ocasión en que nos hizo estas tristes e ingénuas manifestaciones, hace ya bastantes años, no hemos vuelto a tener noticias de Castillo el charlatán ¡Quién sabe si moriría en el pajar de una posada o en el lecho de un hospital, sin que pudiera salvarle su nuevo bálsamo de Fierabrás ni sus milagrosas yerbas, verdadero sanalotodo !&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Septiembre, 1919.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Categoría:Alacena]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Notas cordobesas|05-024]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Aromeo</name></author>
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