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	<title>Los Andarines (Notas cordobesas) - Historial de revisiones</title>
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	<updated>2026-08-25T04:56:08Z</updated>
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		<title>Aromeo: Ordenación alfabética en la categoría Notas cordobesas</title>
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		<updated>2026-08-24T18:13:10Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ordenación alfabética en la categoría Notas cordobesas&lt;/p&gt;
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&lt;/table&gt;</summary>
		<author><name>Aromeo</name></author>
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		<title>Aromeo: Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis</title>
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		<updated>2026-08-24T18:07:59Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;b&gt;Página nueva&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;{{#seo:&lt;br /&gt;
|title=Los Andarines (Notas cordobesas)&lt;br /&gt;
|title_mode=append&lt;br /&gt;
|keywords=Notas cordobesas, Ricardo de Montis, Córdoba&lt;br /&gt;
|description=Los Andarines, texto de Ricardo de Montis incluido en Notas cordobesas.&lt;br /&gt;
}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;#039;&amp;#039;&amp;#039;Los Andarines&amp;#039;&amp;#039;&amp;#039; es una de las notas incluidas en &amp;#039;&amp;#039;Notas cordobesas. Recuerdos del pasado&amp;#039;&amp;#039;, de [[Ricardo de Montis]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Texto ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hace cuarenta y tanto años dos aragoneses, Vargosi y Bielsa se dedicaron al deporte de la locomoción pedestre, asombrando, por su resistencia física, a las personas más andariegas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquellos dos hombres menuditos, cenceños, recorrían enormes distancias en una sola jornada, permanecían horas y horas dando vueltas en una pista, rendían a los caballos más fogosos y, al final de sus interminables carreras, bailaban la jota sin mostrar el menor cansancio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los andarines mencionados lograban interesar al público que acudía a verles correr y apostaba por ellos importantes sumas lo mismo que si se tratara de unas carreras de caballos o de unas riñas de gallos ingleses.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Plaza de Toros de Córdoba se ejercitó en su deporte Bielsa, consiguiendo rendir a un brioso caballo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos individuos de esos que, a todo trance, quieren vivir sin trabajar y sin poseer bienes de fortuna, comprendieron que podían satisfacer sus aspiraciones imitando a Vargosi y se dedicaron a la nueva profesión de andarín, la más adecuada para un bohemio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos hombres eran felices, no tenían preocupaciones, gozaban de la libertad omnímoda del pájaro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin más indumentaria que unas mallas y una camiseta, descolorida, unas alpargatas y un pañuelo atado a la cabeza, a guisa de venda, con unas ajorcas llenas de cascabeles y una vara corta y delgada en la mano, iban de pueblo en pueblo, lo mismo visitaban la capital que la aldea, andando siempre, sin detenerse jamás, como el judío errante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cualquier lugar indicaban una pista de varios centenares de metros y en ella daban vueltas y vueltas, sin demostrar cansancio, produciendo la admiración de hombres, mujeres y chiquillos que se detenían para verles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando concluían el rudo ejercicio pasaban de nuevo ante los espectadores presentándoles un platillo para que echaran en él unas monedas y, de ordinario, reunían sumas no despreciables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los andarines repetían varias veces, diariamente, en sitios diversos las carreras y al anochecer, con la bolsa bien repleta, después de haber reparado las fuerzas en cualquier bodegón, se entregaban al descanso en el camastro de un mesón o en el pajar de una cortijada, para continuar el deporte al día siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tantos atractivos debla tener la profesión indicada que no solamente se dedicaban a ella hombres jóvenes y robustos, capaces de realizar el más rudo trabajo, sino ancianos decrépitos y hasta mujeres, presentando un espectáculo desconsolador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El abuso de este deporte fué causa de que llegara a aburrir a la gente en vez de llamarle la atención y comenzó la que podríamos llamar decadencia de los andarines.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Qué diferencia había entre el Hombre antílope y el Esparterito !&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero, un joven de complexión atlélica, daba treinta vueltas en quince minutos al paseo del Gran Capitán, antes de que fuese prolongado, en presencia de numerosísimo público que le aplaudía y recompensaba el trabajo con largueza, y el segundo, un pobre viejo demacrado y con las huellas del hambre en el rostro, pasaba todo el día corriendo por calles y plazas, sin llamar la atención ni aún de los chiquillos y, muchas veces, al final de la penosa jornada no había reunido las monedas necesarias para reparar malamente las fuerzas con la bazofia de un bodegón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El éxito de los primitivos andarines aguzó el ingenio de los amigos de vivir sin trabajar, surgiriéndoles la idea de dar la vuelta al mundo, a pie y sin dinero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La curiosidad o la novelería de las gentes favoreció de modo extraordinario a los primeros individuos que acometieron tal empresa. En todas partes les atendían, les obsequiaban. Los dueños de las mejores fondas ofrecíanles hospedaje gratuíto, nunca faltaba en casinos y cafés quien les convidase y recibían donativos espléndidos a cambio de tarjetas postales con los retratos o un autógrafo de los nuevos andarines.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Huelga decir que, en virtud del extraordinario éxito conseguido por los globe troters , como se denominaban estos vividores, innumerables individuos de todas las naciones se lanzaron a dar el timo de recorrer el mundo a pie y sin dinero, porque, dicho sea en honor de la verdad, solamente se trataba de un timo bien tramado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos estos aventureros, según ellos mismos afirmaban, habían emprendido su larga y penosa excursión para ganar una apuesta imaginaria o para obtener un premio consistente en una suma cuantiosa, ofrecido por una sociedad que nadie conocía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no crea el lector que los inventores de tales fábulas recorrían el mundo ni mucho menos que viajaban a pie; limitábanse a elegir, para desarrollar su plan, dos o tres naciones contiguas y a esas si les daban, no una sino cien vueltas, todas las que podían mientras encontraban incautos que explotar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El procedimiento a que recurrían para efectuar los viajes no dejaba de ser curioso. El globe troters , cuando le era imposible continuar en una población porque ya empezaban a conocerle, salía de ella, a pie, pero en la estación mis próxima subía al primer tren que pasaba, abandonándolo poco antes de llegar al punto en que había de detenerse, a fin de continuar la farsa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos de estos andarines iban acompañados de una mujer o de un enorme perro; muchos lucían exóticos uniformes militares y no pocos llevaban, a la espalda, grandes armatostes, camas de campaña, maletas y otros efectos, con los que le hubiera sido imposible recorrer a pie media docena de kilómetros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero de estos individuos que visitó a Córdoba era francés y se apellidaba Arduin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permaneció entre nosotros varios días, hospedado gratuitamente en el Hotel Suizo, siendo muy atendido y agasajado en todas partes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche anunció que, en la mañana siguiente, reanudaría el viaje, a pie, en dirección a Sevilla y citó a sus amigos en la fonda para despedirse de ellos pero, a las pocas horas de haber hecho tales manifestaciones, emprendió la marcha en un tren mixto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por nuestra capital desolaron innumerables aventureros de esta clase pertenecientes a diversos países, entre ellos un portugués que venía cada cinco o seis meses y otro que se hacía pasar por oficial de Artillería del ejército boer y que, según pudo comprobarse, ignoraba hasta el funcionamiento del cañón más primitivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre esta serie de andarines se presentó otro extranjero que, según decía, estaba dando la vuelta al mundo a caballo para adquirir datos e impresiones con destino a una obra que se proponía publicar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vestía pantalón de punto y botas de montar y llevaba siempre, en la mano, una pequeña fusta a guisa de bastón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro hombre también permaneció en Córdoba algunos días, pronunció una conferencia en el Casino de La Peña y cobró el valor de bastantes ejemplares de su proyectado libro, marchándose, como vino, en un tren, pues lo del viaje a caballo era una farsa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto abusaron los globe troters de la generosa hospitalidad de las autoridades, los casinos y el público, que todos acabaron por negarse a entregarles dinero, ya en concepto de donativo, de pago de disertaciones o por la adquisición de tarjetas postales con retratos y autógrafos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su virtud comenzó la decadencia de la nueva profesión, que desapareció por completo al iniciarse la guerra mundial y con ella la crítica situación en que aún se encuentran casi todas las naciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hoy quedan muy pocos andarines que se dediquen a correr por las calles o a dar la vuelta al mundo a pie por que [sic] se han convencido de que cuesta mucho trabajo vivir sin trabajar y porque, a la vez, la gente muestra es poco propicia a proteger a la vagancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Septiembre, 1921.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Categoría:Alacena]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Notas cordobesas|06-035]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Aromeo</name></author>
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