El Motín del Pan de 1652, también conocido como Motín del Hambre, fue una insurrección popular ocurrida en Córdoba entre los días 6 de mayo y 8 de mayo de 1652, cuyos efectos se prolongaron durante los meses siguientes. El levantamiento estuvo motivado por la grave crisis de subsistencias que atravesaba la ciudad, agravada por la especulación con el trigo, la elevada presión fiscal, la reciente epidemia de peste y la crisis política y económica que afectaba a la Monarquía Hispánica durante el reinado de Felipe IV.
Aunque tradicionalmente ha sido conocido como Motín del Hambre, el historiador Juan Díaz del Moral sostuvo que esta denominación resulta impropia, ya que el hambre constituía una realidad recurrente en el reino de Córdoba desde hacía siglos. A su juicio, el levantamiento fue la consecuencia de una situación general de descontento político y social, siendo la carestía del pan únicamente el detonante inmediato.[1]
Contexto histórico
Durante la primera mitad del siglo XVII, el reino de Córdoba sufrió una sucesión de epidemias, malas cosechas, sequías, inundaciones y plagas que provocaron continuas crisis alimentarias. Entre 1648 y 1650 una epidemia de peste causó una elevadísima mortalidad en la ciudad, mientras que las cosechas de 1651 y 1652 resultaron muy deficientes por la sequía.[2]
A esta situación se unieron:
- la escasez de trigo;
- el acaparamiento de grano por parte de particulares;
- la subida del precio del pan;
- la reforma monetaria impulsada por la Corona, que agravó la inflación;
- el incremento de la presión fiscal para financiar las guerras de la Monarquía Hispánica.
La situación cordobesa se enmarcaba además en un período de profunda crisis política del reinado de Felipe IV, con las rebeliones de Cataluña y Portugal, la reciente conspiración del duque de Medina Sidonia y el creciente descrédito del gobierno del conde-duque de Olivares y de sus sucesores.[3]
El detonante
En la mañana del 6 de mayo de 1652, al término de la primera misa celebrada en la Iglesia de San Lorenzo, una mujer de origen gallego recorrió las inmediaciones del templo portando el cadáver de su hijo, fallecido por inanición. Entre lágrimas reclamaba justicia mientras acusaba a los responsables de la situación de hambre que sufría la población.
Su gesto provocó una inmediata reacción popular. Las mujeres del barrio comenzaron a increpar a los hombres por permanecer pasivos ante la miseria, animándolos a actuar. En pocos minutos cientos de vecinos se armaron con cuchillos, palos, alabardas y chuzos, iniciándose una revuelta espontánea.[4]
La identidad de aquella mujer nunca llegó a conocerse, convirtiéndose en uno de los personajes anónimos más simbólicos de la historia social cordobesa.
Desarrollo del motín
Los amotinados se dirigieron inicialmente a la residencia del corregidor Pedro Alonso Flórez de Montenegro, vizconde de Peñaparda. Advertido del peligro, logró refugiarse en el convento de la Trinidad, mientras su vivienda era saqueada.
La protesta se extendió rápidamente por la ciudad.
Miles de vecinos recorrieron las calles requisando trigo almacenado en casas particulares, palacios y graneros pertenecientes a miembros de la nobleza y del clero, trasladándolo al Pósito y a la Iglesia de San Lorenzo, donde se improvisó un depósito público de cereal.
Los manifestantes ocuparon las puertas de la ciudad, instalaron retenes armados en San Lorenzo y San Nicolás de la Ajerquía y llegaron incluso a trasladar piezas de artillería desde la Torre de la Calahorra hasta las puertas del Puente y de Gallegos para defender la ciudad ante un posible ataque exterior.[5]
Entre los cabecillas más conocidos figuraban:
- Juan Tocino.
- Francisco Antonio.
- Antonio Rojas.
- Alonso Baptista.
- Juan de la Cruz.
- Joseph Duque.
- el llamado Tío Arrancacepas.
El lema más repetido durante la revuelta fue:
- «¡Viva el Rey y muera el mal gobierno!»
Este grito reflejaba una característica habitual de numerosos motines populares de la España de los Austrias: la protesta se dirigía contra los gobernantes locales y no contra la institución monárquica.
El papel del obispo Pedro de Tapia
El obispo Pedro de Tapia desempeñó un papel decisivo durante la crisis.
Mientras buena parte de la nobleza buscó refugio en conventos, el prelado permaneció en la ciudad intentando contener a los amotinados. Diversas fuentes discrepan acerca de si fue insultado por la multitud o, por el contrario, mantuvo siempre el respeto del pueblo.
Por iniciativa suya, frailes de distintos conventos patrullaron las calles durante la noche para impedir saqueos y asesinatos. Asimismo promovió negociaciones entre el cabildo municipal, el cabildo catedralicio y representantes de la población para encontrar una salida pacífica al conflicto.[6]
Diego Fernández de Córdoba
Ante la desaparición efectiva de la autoridad municipal, la multitud reclamó el nombramiento de Diego Fernández de Córdoba, caballero de la Orden de Calatrava y señor de La Campana, como nuevo corregidor.
Inicialmente rechazó el cargo, pero terminó aceptándolo a petición del obispo y de las autoridades reunidas en las Casas Capitulares.
El 8 de mayo recibió públicamente la vara de corregidor de manos del obispo, siendo aclamado por miles de personas.
Desde los balcones del Ayuntamiento prometió garantizar el abastecimiento de pan a precio tasado, lo que contribuyó decisivamente a calmar la situación.[7]
Consecuencias
Felipe IV confirmó el nombramiento del nuevo corregidor y autorizó el envío de importantes cantidades de trigo y fondos para garantizar el abastecimiento de la ciudad.
El precio del pan descendió de forma inmediata.
No obstante, durante varias semanas continuaron produciéndose altercados y nuevos intentos de sublevación, especialmente con motivo de la festividad de San Juan, lo que obligó a reforzar la vigilancia de la ciudad y de su entorno.
Finalmente, la Corona concedió varios indultos generales, aunque numerosos participantes fueron procesados y algunos cabecillas resultaron ejecutados o condenados a galeras.[8]
El levantamiento tuvo repercusiones en otras localidades del reino de Córdoba, como Bujalance y Palma del Río, y coincidió con otros motines de subsistencias registrados en Sevilla, Málaga y diversas ciudades andaluzas.[9]
Interpretación historiográfica
La interpretación tradicional, representada por Teodomiro Ramírez de Arellano, consideró el episodio principalmente como un motín provocado por el hambre y la especulación del trigo.
Sin embargo, Juan Díaz del Moral amplió notablemente esta interpretación al situarlo dentro de un proceso más amplio de crisis política, económica y social que afectaba a Andalucía y a la Monarquía Hispánica en el siglo XVII. Según su análisis, el hambre actuó únicamente como detonante de una sociedad profundamente descontenta con el funcionamiento del poder político y la administración.[10]
Investigaciones posteriores, como las de José Calvo Poyato y Manuel García Parody, han destacado igualmente el protagonismo desempeñado por las mujeres, especialmente por la desconocida vecina de San Lorenzo cuyo gesto desencadenó la revuelta.[11]
Véase también
- ↑ Juan Díaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, Alianza Universidad, 1929 (ediciones posteriores). Consultado el DÍA DE HOY.
- ↑ Manuel García Parody, «La anónima mujer del Motín del Hambre», Arte, Arqueología e Historia, n.º 27-28, 2019-2020. Consultado el DÍA DE HOY.
- ↑ Juan Díaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas. Consultado el DÍA DE HOY.
- ↑ Manuel García Parody, «La anónima mujer del Motín del Hambre», Arte, Arqueología e Historia, n.º 27-28, 2019-2020. Consultado el DÍA DE HOY.
- ↑ Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, Córdoba, 1873. Consultado el DÍA DE HOY.
- ↑ Juan Díaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas. Consultado el DÍA DE HOY.
- ↑ Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, Córdoba, 1873. Consultado el DÍA DE HOY.
- ↑ Manuel García Parody, «La anónima mujer del Motín del Hambre», Arte, Arqueología e Historia, n.º 27-28, 2019-2020. Consultado el DÍA DE HOY.
- ↑ José Calvo Poyato, «La revuelta de Córdoba de 1652», La Revista de la Historia, n.º 65, 2004. Consultado el DÍA DE HOY.
- ↑ Juan Díaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas. Consultado el DÍA DE HOY.
- ↑ Manuel García Parody, «La anónima mujer del Motín del Hambre», Arte, Arqueología e Historia, n.º 27-28, 2019-2020. Consultado el DÍA DE HOY.
