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Diferencia entre revisiones de «Capas Y Estufas (Notas cordobesas)»

De Cordobapedia
Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis
 
Ordenación alfabética en la categoría Notas cordobesas
 
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Revisión actual - 20:13 24 ago 2026


Capas Y Estufas es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Muchas personas aseguran que, como consecuencia, de los terribles terremotos del 25 de Diciembre de 1885, modificáronse por completo las estaciones del año.

Tal afirmación podrá tener o no fundamento, pero lo cierto es que desde hace mucho tiempo no disfrutamos de Otoño ni de Primavera y del crudo Invierno pasamos al riguroso Estío, comenzando ambos bastante después de las fechas que indica el Almanaque.

Antiguamente empezaba a refrescar a principios de Septiembre, muchas personas iban a la Feria de la Fuensanta, por la noche, con abrigo, y al fin del citado mes las familias que disfrutaban de una casa entera para vivir trasladaban su residencia a los pisos altos, a los cuarteles de invierno, y vestían las ropas gruesas de paño o de lana.

Invariablemente el día primero de Noviembre, festividad de Todos los Santos, comenzaba a utilizarse la mesaestufa y los hombres salían a la calle con capa.

La estufa. ¡Que encanto poseía ese mueble, hoy postergado por la chimenea, el calorífero y otros aparatos de calefacción que nunca podrán sustituirla con ventaja!

Era indispensable en todas las casas, lo mismo en la del rico que en la del pobre, en la del aristócrata que en la del plebeyo.

En las moradas señoriales lucía faldas de paño finísimo y rico tapete de terciopelo; en las viviendas de la clase media estaba vestida de franela y ostentaba una cubierta confeccionada por hábiles manos femeninas a punto de ganchillo y en el albergue de los pobres cubríanla humildes bayetas y pintarrajeados tapetes de hule.

En el centro ostentaba una rueda de paño, gutapercha, cartón o madera para colocar sobre ella la artística lámpara de bronce, el quinqué de porcelana o el típico velón de Lucena.

La estufa lo mismo servía para bufete que para mesa de comedor o banco de trabajo. Muchas tenían un cajón con el fondo de listones cruzados que indistintamente se utilizaba para calentar los alimentos y para secar las ropas del niño en tiempo lluvioso.

Durante el día solamente los ancianos se acercaban a la estufa, pero durante la noche toda la familia sentábase alrededor de aquella para pasar las interminables veladas del Invierno. Los hombres se dedicaban a trabajos fáciles o a la lectura de obras recreativas; las mujeres jóvenes a coser o confeccionar primores; las viejas a hilar o hacer calceta; los estudiantes a repasar las lecciones; mozos y mozas a rimar el eterno idilio del amor.

Los domingos sustituíase las tareas mencionadas por inocentes juegos, como la brisa, la mona o la lotería de cartones.

Apenas los relojes indicaban las diez concluía la reunión porque era la hora de descansar, la de que cada mochuelo se marchase a su olivo , según la frase corriente.

A fines de Octubre las mujeres sacaban del fondo de los arcones las capas, con objeto de que se desarrugasen y perdiesen el penetrante olor a alcanfor que les servía de preservativo contra la polilla, y el día de Todos los Santos comenzaban los hombres a usar la típica prenda española, hoy sustituida por el gabán, mucho menos estético y airoso que ella.

La capa, en la antigüedad, pasaba de padres a hijos y era indispensable en ciertos actos de la vida.

Las personas bien acomodadas envolvíanse en capas de paño azul, de aquellos excelentes paños que ya no se fabrican; la gente del pueblo usábalas de recio paño pardo, muy larga, con grandes esclavinas; los toreros cortas, llenas de galones y trencillas, con vueltas de terciopelo de vivos colores, con ricos pasadores de oro en el cuello.

Los cordobeses eran maestros en el arte de embozarse, que no deja de ser un arte difícil, y los mozos llevábanla terciada, como los estudiantes el manteo, con singular gentileza.

No se concebía que un hombre de la clase media o de la proletaria fuera sin capa a la iglesia para contraer matrimonio, a una visita de pésame o a un funeral, aunque hubiera pasado la estación de los fríos.

En todas las casas guardábanse las capas viejas, ya casi inservibles, porque ellas prestaban un importante servicio en la vida doméstica. El jefe de la familia poniásela diariamente, aún en los días más calurosos, para ir por la mañana al mercado a comprar las viandas, a hacer la despensa, segün la frase gráfica de los cordobeses.

Esta costumbre, exclusiva de nuestra ciudad, no puede calificarse de extravagancia; tenia un fin práctico; el de ocultar el cenacho para que nadie pudiese ver lo que se comía en cada casa.

Las familias sentían algo así como veneración hacia la capa heredada de sus mayores, en unión del enorme paraguas encarnado, la colcha de Damasco, el mantón de alfombra, la mantilla de felpa y el vestido de seda, negro, para las grandes solemnidades.

En nuestros días la capa está llamada a desaparecer; es muy escaso el número de las personas que la usan. En Córdoba aún queda un hombre que no la abandona jamás en el Invierno; que luce con singular donaire y majeza extraordinaria una magnífica capa de rico paño, llena de trencillas y galones, con esclavina corta, con embozos y broches de gran lujo; ese hombre es el famoso exmatador de toros Rafael Guerra, Guerrita .

Noviembre, 1923.