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Las fuentes del tiempo de Góngora la sitúan aproximadamente a media legua de la ciudad. Esta distancia se corresponde con unos tres kilómetros desde el límite histórico de Córdoba.<ref>Amelia de Paz, "Biografía", Cátedra Luis de Góngora de la Universidad de Córdoba, s. f., [https://www.uco.es/catedragongora/?page_id=3399](https://www.uco.es/catedragongora/?page_id=3399). Consultado el 1 de agosto de 2026.</ref> | Las fuentes del tiempo de Góngora la sitúan aproximadamente a media legua de la ciudad. Esta distancia se corresponde con unos tres kilómetros desde el límite histórico de Córdoba.<ref>Amelia de Paz, "Biografía", Cátedra Luis de Góngora de la Universidad de Córdoba, s. f., [https://www.uco.es/catedragongora/?page_id=3399](https://www.uco.es/catedragongora/?page_id=3399). Consultado el 1 de agosto de 2026.</ref> | ||
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Sus escritos contribuyeron a difundir noticias sobre la vida del poeta, aunque algunas procedían de testimonios indirectos o fueron incorporadas sin documentación suficiente. | Sus escritos contribuyeron a difundir noticias sobre la vida del poeta, aunque algunas procedían de testimonios indirectos o fueron incorporadas sin documentación suficiente. | ||
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Para este investigador, Góngora habría encontrado en ella una forma de retiro intelectual próximo a Córdoba. El poeta podía apartarse temporalmente de la actividad urbana sin romper sus vínculos con la ciudad, el cabildo y sus amistades. | |||
La huerta aparecía como lugar de reunión, ocio y trabajo literario. Este marco permitía relacionar la experiencia personal de Góngora con el tema del alejamiento de la corte y la idealización de la vida rural. | La huerta aparecía como lugar de reunión, ocio y trabajo literario. Este marco permitía relacionar la experiencia personal de Góngora con el tema del alejamiento de la corte y la idealización de la vida rural. | ||
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Revisión actual - 19:32 1 ago 2026
La Huerta de Don Marcos fue una explotación agrícola y oleícola situada en el valle del Arroyo Pedroche, aproximadamente a tres kilómetros al noreste de Córdoba, en las proximidades del Barrio Naranjo, el Castillo de Maimón y el Puente de Hierro. La finca, documentada desde la Edad Media, perteneció durante siglos al Cabildo Catedral de Córdoba y estuvo dotada de tierras de cultivo, árboles, viñas, olivares, edificaciones, un molino de aceite y un sistema subterráneo de captación de agua.
Su principal relevancia histórica procede del arrendamiento formalizado por Luis de Góngora y Argote el 17 de junio de 1602. El poeta recibió la explotación por el tiempo de su vida y la de su sobrino Luis de Saavedra y Góngora, a cambio de una renta anual de 18.000 maravedís y dieciocho pares de gallinas, además del pago de 600 reales por los frutos pendientes en el momento de la adjudicación.[1][2]
Desde comienzos del Siglo XX, distintos biógrafos y estudiosos relacionaron la finca con la composición de la Fábula de Polifemo y Galatea y las Soledades. Esta identificación convirtió la Huerta de Don Marcos en uno de los lugares centrales de la memoria gongorina de Córdoba. No obstante, la documentación conocida acredita el arrendamiento y la explotación económica de la propiedad, pero no permite demostrar que Góngora residiera de forma habitual en ella ni que escribiera allí esas obras.
La investigación de Amelia de Paz ha revisado esta tradición y ha señalado que la imagen del poeta retirado en la huerta para componer sus poemas mayores constituye una construcción biográfica desarrollada con posterioridad. La hipótesis continúa siendo posible como interpretación, pero no puede presentarse como un hecho documentado.[3]
El interés del enclave no se limita a su vinculación con Góngora. Bajo la antigua hacienda se conserva una extensa mina de agua o qanat, parcialmente explorada y estudiada, que pudo relacionarse con los sistemas históricos de abastecimiento de Córdoba. En el entorno permanecen también restos del Molino de Don Marcos, del sistema de riego y de antiguas conducciones hidráulicas próximas al trazado del Acueducto Aqua Nova Domitiana Augusta.
Denominación
La finca tomó su nombre de un eclesiástico llamado don Marcos, relacionado con el Cabildo Catedral de Córdoba y propietario de la heredad durante la Edad Media.
Las referencias divulgadas sobre la propiedad sitúan a este personaje en la segunda mitad del Siglo XIII. Se le ha identificado probablemente con Marcos González, canónigo cordobés fallecido antes del 18 de enero de 1275.
La transmisión de la finca se relaciona con su sobrina Elvira. Según la documentación estudiada y difundida desde mediados del Siglo XX, don Marcos le dejó la propiedad, que terminó incorporándose al patrimonio del cabildo catedralicio.
Una escritura del 18 de mayo de 1305 documenta a Elvira como sobrina del canónigo don Marcos y recoge diferentes disposiciones testamentarias y fundaciones piadosas relacionadas con su tío. La transmisión de la huerta al cabildo debió producirse dentro de este proceso sucesorio.[4]
Algunas síntesis anteriores situaban la donación de la propiedad en 1245. Sin embargo, esta fecha no coincide con la cronología ofrecida por los estudios consultados, que sitúan las primeras referencias conocidas en torno a 1275 y relacionan la transmisión testamentaria con documentación de comienzos del Siglo XIV.[5]
El nombre de Don Marcos quedó asociado no solo a la finca, sino también a su caserío, su molino, sus aguas y los caminos que comunicaban la propiedad con Córdoba y con el Santuario de Santo Domingo de Scala Coeli.
Localización

La Huerta de Don Marcos se encontraba en el piedemonte meridional de la Sierra de Córdoba, dentro del valle formado por el Arroyo Pedroche.
Las fuentes del tiempo de Góngora la sitúan aproximadamente a media legua de la ciudad. Esta distancia se corresponde con unos tres kilómetros desde el límite histórico de Córdoba.[6]
El enclave se localiza aguas abajo del Puente de Hierro, en un sector situado entre el Arroyo Pedroche, el Arroyo de la Palomera, el Barrio del Naranjo y los terrenos de Mirabueno.
Entre los lugares próximos se encuentran:
- El Castillo de Maimón.
- El Puente de Hierro.
- El Arroyo Pedroche.
- El Arroyo de la Palomera.
- La antigua fundición de plomo.
- El trazado del ferrocarril de Córdoba a Belmez.
- El Molino de Don Marcos.
- Restos del Acueducto Aqua Nova Domitiana Augusta.
- El antiguo camino de Córdoba a Santo Domingo de Scala Coeli.
La situación junto al arroyo proporcionaba agua, suelos fértiles y una vía natural de comunicación entre la ciudad y las estribaciones de la sierra.
El paisaje del arroyo Pedroche
El entorno de la huerta forma parte del corredor natural del Arroyo Pedroche, uno de los principales cauces que descienden desde la Sierra de Córdoba hacia el área urbana.
El paisaje combina terrenos de ribera, antiguas huertas, superficies agrícolas, afloramientos de calcarenitas, pequeñas elevaciones y caminos históricos. La vegetación documentada en las descripciones de la finca incluía álamos, almeces, olivos, vides y otros árboles asociados a los cultivos y al bosque de ribera.
El cauce proporcionaba un espacio favorable para el establecimiento de molinos, huertas y sistemas de captación. La presencia de agua permanente o estacional permitía regar las tierras, abastecer las edificaciones y accionar las instalaciones vinculadas a la transformación agrícola.
Las formaciones geológicas del entorno incluyen materiales calizos y calcarenitas que favorecen la infiltración del agua y la formación de cavidades, manantiales y conductos subterráneos. Estas características explican la existencia de minas de agua y captaciones históricas en diferentes puntos del valle.
Incorporación al patrimonio del Cabildo Catedral
Después de pasar por la herencia de Elvira, la Huerta de Don Marcos quedó incorporada a los bienes del Cabildo Catedral de Córdoba.
El cabildo poseía numerosas propiedades urbanas y rurales destinadas a proporcionar rentas para el mantenimiento de la Catedral de Córdoba, sus celebraciones litúrgicas, el clero capitular y las diferentes fundaciones vinculadas a la institución.
Las fincas rurales podían ser explotadas mediante contratos de arrendamiento. El cabildo conservaba la propiedad y adjudicaba el aprovechamiento a particulares a cambio de una renta en dinero, productos agrícolas o animales.
La Huerta de Don Marcos permaneció durante siglos dentro de este sistema patrimonial. Los arrendatarios asumían la explotación de las tierras, el aprovechamiento de los frutos, el cuidado de las edificaciones y el mantenimiento de las instalaciones hidráulicas.
La transmisión al cabildo permitió conservar la unidad de la hacienda y explica que Góngora pudiera acceder a ella desde su posición como racionero de la catedral.
Organización de la finca
La Huerta de Don Marcos no era únicamente un lugar de recreo. Constituía una explotación agrícola compleja formada por terrenos cultivados, edificaciones, agua, instalaciones productivas y derechos asociados.
Las descripciones históricas de la propiedad mencionan:
- Suelo agrícola.
- Árboles frutales y forestales.
- Olivares.
- Viñas.
- Casas y dependencias.
- Una torre.
- Una viga de molino.
- Una piedra para molturar aceitunas.
- Entradas y caminos.
- Derechos de agua.
- Instalaciones de captación y almacenamiento.
- Un molino de aceite.
Estos elementos muestran que la propiedad combinaba la producción hortícola con el cultivo del olivo y la elaboración de aceite.
La existencia de viviendas permitía alojar a los hortelanos, molineros, trabajadores y administradores. La torre pudo cumplir funciones de vigilancia, almacenamiento o protección de la explotación, aunque su configuración no se encuentra suficientemente documentada.
La huerta y los cultivos
La disponibilidad de agua permitió desarrollar cultivos de regadío en las terrazas próximas al Arroyo Pedroche.
El agua captada bajo la hacienda era conducida hasta una alberca y distribuida después entre los diferentes bancales. Este sistema permitía mantener una huerta productiva incluso durante los meses de menor precipitación.
Además de los cultivos hortícolas, la documentación menciona viñas, olivares y diferentes árboles. La combinación de secano y regadío respondía a una estrategia habitual en las propiedades rurales próximas a Córdoba.
Las zonas más cercanas a los puntos de agua se reservaban para los productos que requerían riego frecuente. Las tierras más elevadas podían destinarse al olivar, la vid y otros cultivos adaptados al clima mediterráneo.
El arbolado de ribera protegía parcialmente el terreno frente a la erosión y proporcionaba madera, sombra y materia vegetal. Algunos álamos y almeces continúan formando parte del paisaje del arroyo.[7]
El Molino de Don Marcos
La finca dispuso de un molino de aceite cuya existencia aparece mencionada desde las primeras descripciones conocidas de la propiedad.
El conjunto contaba con una viga y una piedra para moler aceitunas. Estas instalaciones permitían transformar la cosecha de los olivares de la propia finca y posiblemente la procedente de otras explotaciones próximas.
El molino estaba situado cerca del cauce del Arroyo Pedroche, aunque su funcionamiento no dependía necesariamente de la fuerza directa del agua, como ocurría en los molinos harineros. El agua era necesaria para diferentes fases del proceso de elaboración del aceite y para el abastecimiento general de la hacienda.
Los restos del Molino de Don Marcos han llegado parcialmente hasta la actualidad. Su conservación permite reconocer la dimensión productiva de la finca y evita reducirla a la imagen posterior de retiro literario.
El molino, la alberca, la mina de agua y los terrenos cultivados formaban un mismo sistema económico. Cada elemento dependía de la conservación de los demás para asegurar el funcionamiento de la explotación.
El manantial y la alberca
La huerta era abastecida por un manantial captado mediante una galería subterránea situada bajo el caserío.
El agua salía de la mina y alimentaba una alberca, desde la que era distribuida hacia las terrazas agrícolas y las instalaciones del molino.
La alberca permitía regular el caudal y almacenar el agua durante las horas en las que no era utilizada directamente. El sistema facilitaba el reparto entre los cultivos y evitaba que las variaciones del manantial interrumpieran el riego.
La configuración visible fue considerada de posible origen medieval por los exploradores que estudiaron la conducción. Sin embargo, el sistema experimentó reformas en diferentes épocas y no resulta posible asignar todo el conjunto a una única fase cronológica.[8]
La mina de agua
Bajo la Huerta de Don Marcos existe una extensa mina de agua o qanat destinada a captar y conducir las aguas subterráneas.
La estructura fue estudiada por investigadores y grupos espeleológicos dentro de un proyecto dedicado a las captaciones históricas situadas entre el norte de Córdoba y las estribaciones de Sierra Morena.
El sistema está excavado en calcarenitas y conglomerados miocenos. Su trazado aprovecha una formación natural por la que circulaba el agua subterránea, posteriormente ampliada y acondicionada mediante excavación artificial.
La captación se encuentra identificada en los estudios científicos como un qanat situado aproximadamente a 154 metros sobre el nivel del mar. La investigación permitió cartografiar su recorrido, localizar sus lumbreras y reconstruir parte de su alzado.[9]
Acceso
El acceso se realiza mediante una pequeña abertura situada bajo el antiguo cortijo, en un rebaje del terreno próximo a las huertas.
El primer sector consiste en un conducto revestido de aproximadamente 1,80 metros de altura y 70 centímetros de anchura. Sus paredes están realizadas con mampostería y ladrillos, recubiertos parcialmente con mortero.
La cubierta está formada por grandes losas de piedra labrada. Tras los primeros metros, el revestimiento se limita a la zona inferior, donde se dispuso un canal para conducir el agua.
Este primer sector parece corresponder a una reforma posterior de la mina original, posiblemente realizada durante la Edad Media para desviar el caudal hacia la huerta y la alberca.
Galería principal
Después de unos treinta metros, el conducto de acceso comunica con la galería principal.
La mina fue excavada siguiendo un protoconducto natural de origen freático. La zona inferior fue ampliada artificialmente hasta alcanzar una anchura relativamente regular de entre 50 y 60 centímetros.
La altura varía considerablemente. En los primeros sectores se aproxima a 1,60 metros, pero en algunos puntos el desarrollo ascendente del conducto natural permite alcanzar alturas de seis o siete metros.
Las paredes y techos presentan concreciones calcáreas formadas por la circulación continuada del agua. En el suelo se conservan depósitos y pequeños escalones minerales producidos por el flujo lento.
La circulación a baja velocidad reducía la erosión y la acumulación de materiales. Esta característica era necesaria para mantener la calidad del agua y prolongar la vida útil de la conducción.
Galerías laterales
En el comienzo de la mina se localizaron pequeñas bifurcaciones.
Una de las galerías laterales alcanza aproximadamente veinte metros y termina en un sifón. Su función no ha podido determinarse con seguridad.
Se ha planteado que pudiera servir para la decantación de limos, para captar un curso secundario o como parte de un trazado original posteriormente modificado.
La exploración completa de estos ramales está condicionada por la presencia de agua, sedimentos, estrechamientos y sectores taponados.
Lumbreras
La galería dispone de lumbreras o pozos verticales que comunicaban la conducción con la superficie.
Estas aberturas permitían:
- Excavar la mina desde diferentes puntos.
- Extraer los materiales.
- Ventilar las galerías.
- Acceder para realizar reparaciones.
- Limpiar sedimentos.
- Comprobar el estado de la conducción.
Las lumbreras se encuentran separadas habitualmente por distancias próximas a quince metros, aunque en algunos sectores el intervalo alcanza treinta metros.
Varias presentan una sección rectangular aproximada de 1,30 por 0,90 metros. Algunas llegan a alcanzar cerca de treinta metros de profundidad y conservan mechinales utilizados para apoyar manos y pies durante el descenso.
Una parte de las lumbreras permanece taponada, alterada por movimientos de tierra o afectada por transformaciones realizadas en la superficie.
Longitud
La exploración permitió recorrer alrededor de 700 metros de galería hasta alcanzar una lumbrera completamente obstruida.
Los investigadores plantearon que el desarrollo total pudiera superar un kilómetro, aunque esta estimación no ha podido confirmarse mediante una exploración continua de todo el trazado.
Las dimensiones sitúan la mina entre las obras hidráulicas subterráneas de mayor interés documentadas en el piedemonte de la Sierra de Córdoba.[10]
Posible origen romano
Las características constructivas de algunos sectores han permitido plantear un posible origen romano de la captación.
Entre los elementos considerados se encuentran la regularidad de la excavación, la anchura de la galería, el patrón de separación de las lumbreras, las marcas de herramientas y la proximidad al trazado del Acueducto Aqua Nova Domitiana Augusta.
Este acueducto fue construido en época romana para ampliar el abastecimiento de Corduba. Sus distintos ramales captaban aguas procedentes del entorno del Arroyo Pedroche, la Palomera y las estribaciones de la sierra.
La mina de la Huerta de Don Marcos pudo constituir una aportación al sistema, pero esta relación no se encuentra demostrada de manera definitiva. Los estudios científicos la plantean como posibilidad basada en su localización y morfología.[11]
La conducción experimentó modificaciones posteriores. El tramo final que lleva el agua hacia la finca parece corresponder a una reforma medieval o cristiana destinada a adaptar una captación anterior a las necesidades de la huerta y del molino.
Debe distinguirse, por tanto, entre:
- La posible antigüedad romana de la mina principal.
- Las reformas medievales del acceso y de la conducción.
- Las intervenciones posteriores relacionadas con la explotación agrícola.
- El uso continuado o intermitente de las aguas durante varios siglos.
Arrendamiento por Luis de Góngora
Luis de Góngora y Argote arrendó la Huerta de Don Marcos el 17 de junio de 1602.
El poeta tenía entonces cuarenta años y llevaba desde 1585 desempeñando el cargo de racionero de la Catedral de Córdoba. La adquisición del derecho de explotación se produjo durante un periodo marcado por la epidemia que afectó a la ciudad en 1601 y 1602.[12]
El propietario continuó siendo el Cabildo Catedral de Córdoba. Góngora no compró la finca ni la incorporó a su patrimonio familiar. Recibió el derecho a explotarla mediante un contrato de larga duración.
La expresión «por los días de su vida» empleada en la documentación indica que el contrato tenía carácter vitalicio. La inclusión de su sobrino permitía prolongar el aprovechamiento durante una segunda vida después de la muerte del poeta.
Condiciones económicas
La renta anual quedó establecida en:
- 18.000 maravedís.
- Dieciocho pares de gallinas.
Góngora pagó además 600 reales por los frutos que se encontraban pendientes de recogida en el momento de formalizarse el arrendamiento.
La cantidad de 18.000 maravedís ha aparecido reducida erróneamente a dieciocho maravedís en algunas publicaciones contemporáneas. La transcripción realizada por Manuel González y Francés recoge expresamente «diez y ocho mil» maravedís.[13]
La renta en dinero se completaba mediante una prestación en especie. La entrega de gallinas formaba parte de los sistemas de arrendamiento utilizados en las propiedades rurales y urbanas de la época.
Las dos vidas
El contrato fue formalizado a favor de Góngora y de su sobrino Luis de Saavedra y Góngora, que tenía alrededor de trece años.
El sobrino era hijo de Francisca de Argote, hermana del poeta. Años después, en 1611, fue nombrado coadjutor de la ración catedralicia de Góngora y quedó situado como su sucesor dentro de la estructura eclesiástica familiar.
La inclusión del joven en el contrato de la huerta formaba parte de una política de protección y transmisión de rentas dentro del linaje.
El acuerdo garantizaba una explotación prolongada y proporcionaba al sobrino un derecho que podía sobrevivir al primer arrendatario.
Explotación y subarriendos
La documentación estudiada permite comprobar que Góngora no explotó directamente de manera permanente todas las tierras de la huerta.
En 1607 y 1613 se formalizaron subarriendos a favor de hortelanos encargados de cultivar la propiedad. En 1623, cuando el poeta residía en la corte, su coadjutor intervino en una nueva cesión de la explotación.[14]
Estos contratos muestran que la huerta constituía principalmente una inversión productiva. Góngora podía recibir rentas sin encargarse personalmente del cultivo, mientras los hortelanos asumían las tareas agrícolas y el mantenimiento ordinario.
El subarriendo no excluye que el poeta visitara la finca o permaneciera temporalmente en ella. Sin embargo, demuestra que la propiedad se encontraba ocupada y trabajada por otras personas durante una parte significativa del periodo.
La huerta debía generar suficientes frutos para cubrir:
- La renta debida al cabildo.
- Los gastos de mantenimiento.
- La remuneración o beneficio de los cultivadores.
- El rendimiento económico reservado al arrendatario principal.
La huerta dentro de la vida de Góngora
La relación documentada de Góngora con la finca comenzó en 1602, nueve años antes de que redujera sus obligaciones de asistencia en la catedral.
Durante aquellos años, el poeta continuó desempeñando cargos administrativos en el cabildo, realizando viajes y residiendo principalmente en Córdoba.
En 1603 viajó para realizar una información de limpieza y posteriormente se desplazó a la corte. En los años siguientes ejerció como contador, diputado y responsable de diferentes asuntos capitulares.
La Huerta de Don Marcos formaba parte de un conjunto más amplio de bienes, rentas y actividades. No constituía necesariamente su residencia principal ni el centro exclusivo de su vida.
En febrero de 1611, Góngora cedió parte de sus beneficios eclesiásticos a sus sobrinos y redujo sus obligaciones más exigentes en el coro. Al mismo tiempo, arrendó unas casas del cabildo en la Plaza de la Trinidad.
Los años siguientes fueron los de mayor producción literaria. Durante esta etapa escribió la Fábula de Polifemo y Galatea, las Soledades y otras obras fundamentales.
La coincidencia entre la disponibilidad de la huerta y la composición de estos poemas favoreció la interpretación posterior de que el poeta se había retirado allí para escribirlos.
El origen de la tradición literaria
La identificación de la Huerta de Don Marcos como lugar de composición de las obras mayores de Góngora no procede de una declaración conservada del poeta.
No se conoce ninguna carta, escritura, manuscrito o testimonio contemporáneo que afirme expresamente que el Polifemo o las Soledades fueran escritos en la finca.
La tradición se formó mediante la combinación de diferentes elementos:
- Góngora tenía arrendada una huerta próxima a Córdoba.
- En 1611 redujo sus obligaciones catedralicias.
- Entre 1612 y 1614 escribió sus poemas principales.
- Las obras contienen paisajes naturales, montes, arroyos, bosques, cuevas y escenas pastoriles.
- La finca ofrecía un entorno rural adecuado para imaginar un retiro literario.
- Los biógrafos posteriores completaron los vacíos documentales mediante interpretaciones verosímiles.
La imagen resultante convirtió la huerta en escenario biográfico y en supuesto origen material del paisaje gongorino.
José Pellicer y los primeros relatos biográficos
José Pellicer de Ossau Salas y Tovar fue uno de los primeros comentaristas y biógrafos de Góngora.
Sus escritos contribuyeron a difundir noticias sobre la vida del poeta, aunque algunas procedían de testimonios indirectos o fueron incorporadas sin documentación suficiente.
La posterior historiografía utilizó estas noticias para reconstruir los años de composición de las obras mayores. La huerta pasó a representar el espacio de retiro que explicaba la transformación de Góngora en autor plenamente dedicado a la poesía.
La repetición de esta escena en biografías y estudios terminó otorgándole apariencia de dato documental.
Miguel Artigas
La interpretación adquirió especial difusión con la biografía publicada por Miguel Artigas en 1925.
Artigas sostuvo que, liberado de la asistencia al coro y de las comisiones del cabildo, Góngora se habría dirigido a la Huerta de Don Marcos y habría escrito allí el Polifemo y la primera Soledad.
La formulación utilizada por el biógrafo tenía carácter hipotético. Verbos como «iríase» y «escribiría» mostraban que estaba reconstruyendo una escena probable, no transcribiendo un documento.
Sin embargo, las publicaciones posteriores eliminaron progresivamente estos matices. La posibilidad planteada por Artigas terminó convertida en una afirmación categórica.
Robert Jammes y la soledad estudiosa
Robert Jammes incorporó la huerta a su interpretación biográfica y literaria de las Soledades. Para este investigador, Góngora habría encontrado en ella una forma de retiro intelectual próximo a Córdoba. El poeta podía apartarse temporalmente de la actividad urbana sin romper sus vínculos con la ciudad, el cabildo y sus amistades.
La huerta aparecía como lugar de reunión, ocio y trabajo literario. Este marco permitía relacionar la experiencia personal de Góngora con el tema del alejamiento de la corte y la idealización de la vida rural.
Antonio Carreira analizó esta lectura al estudiar la edición de las Soledades preparada por Jammes. La interpretación resulta coherente desde el punto de vista literario, pero depende de una reconstrucción biográfica que no puede demostrarse mediante documentos directos.[15]
Emilio Orozco y la nostalgia del paisaje
Emilio Orozco Díaz relacionó la huerta con la necesidad de independencia y soledad que percibía en la trayectoria de Góngora.
En su interpretación, los ruiseñores, las aguas y los árboles del retiro cordobés ayudaban a explicar la sensibilidad natural de las obras mayores.
La relación no se limitaba a identificar físicamente determinados lugares. La huerta representaba el espacio espiritual desde el que el poeta podía construir un mundo alejado del ruido cortesano.
Esta lectura influyó en la recepción cultural del enclave y en su presentación como lugar donde paisaje, biografía y creación poética formaban una misma unidad.
La revisión de Amelia de Paz
La investigadora Amelia de Paz examinó de forma específica la documentación y la tradición historiográfica de la Huerta de Don Marcos.
Su estudio diferenció el hecho probado del arrendamiento de la imagen literaria construida alrededor de la finca.
Según esta revisión, puede afirmarse que:
- Góngora arrendó la huerta en 1602.
- La propiedad pertenecía al Cabildo Catedral de Córdoba.
- El contrato incluía a su sobrino.
- La finca tenía una función económica.
- Parte de la explotación fue cedida a hortelanos.
- Góngora pudo visitarla o permanecer en ella.
- No existe una prueba de que escribiera allí el Polifemo o las Soledades.
La autora ha definido el retiro del poeta en la huerta para componer sus obras mayores como una fantasía que alcanzó una amplia difusión.[16]
Esta revisión no elimina el interés gongorino del lugar. La finca continúa siendo una propiedad documentada del entorno vital y económico del poeta, aunque su función debe interpretarse con mayor precisión.
Posiciones historiográficas
La relación entre Góngora y la huerta puede organizarse en tres niveles.
Hechos documentados
Está acreditado que el poeta arrendó la finca el 17 de junio de 1602, que el contrato se formalizó para dos vidas y que la explotación tuvo continuidad mediante diferentes subarriendos.
Posibilidades biográficas
Es posible que Góngora visitara la huerta, pasara temporadas breves en ella, recibiera amigos o utilizara el espacio para descansar y escribir. La proximidad a Córdoba y la duración del arrendamiento hacen razonable esta posibilidad.
No obstante, ninguna de estas actividades se encuentra demostrada para fechas o composiciones concretas.
Tradición literaria
La identificación de la huerta como lugar donde se escribieron el Polifemo y las Soledades pertenece a una tradición historiográfica y cultural.
La hipótesis ha sido defendida por diferentes investigadores, entre ellos Antonio Cruz Casado, quien ha relacionado algunos paisajes de las obras gongorinas con la Sierra de Córdoba y con el valle del Arroyo Pedroche.[17]
Debe presentarse como interpretación posible, no como certeza documental.
La naturaleza en las obras mayores
La Fábula de Polifemo y Galatea y las Soledades contienen una abundante representación de montañas, aguas, bosques, cuevas, ganados, aves, cultivos y espacios pastoriles.
Estos paisajes se construyen a partir de fuentes diversas:
- La tradición clásica.
- La poesía pastoril.
- Las lecturas mitológicas.
- Los viajes realizados por Góngora.
- La experiencia de los paisajes cordobeses.
- La observación del campo y de las actividades rurales.
- La imaginación poética.
No es posible reducir la geografía de estas obras a un único paraje real.
El paisaje de las Soledades reúne costas, montañas, ríos, islas, bosques, escenas de caza, fiestas campesinas y actividades marítimas. Parte de estos elementos se ha relacionado con los viajes de Góngora y con espacios alejados de Córdoba.
La Sierra de Córdoba pudo proporcionar imágenes y experiencias incorporadas después a los poemas, pero la relación entre cada descripción y un lugar concreto continúa abierta a la interpretación.
El Polifemo y las cuevas del arroyo Pedroche
La descripción de la gruta del cíclope en la Fábula de Polifemo y Galatea ha favorecido su comparación con las cavidades existentes en el valle del Arroyo Pedroche.
En el entorno se han documentado varias cuevas, entre ellas la Cueva de las Cabras, también denominada Cueva del Tempranillo, situada aguas arriba de la huerta.
La presencia de una abertura rocosa, rebaños, vegetación y relieves calizos ha permitido proponer que este paisaje pudo contribuir a la imaginación visual del poema.
La interpretación no dispone de una confirmación documental. Góngora conocía el territorio de la sierra y pudo recorrer distintos caminos rurales, pero no se ha demostrado que visitara esa cueva ni que la tomara como modelo directo.
La comparación posee valor para estudiar la recepción local del poema y la forma en que Córdoba ha identificado sus paisajes con las imágenes creadas por el escritor.[18]
No vayas, Gil, al Sotillo
La letrilla No vayas, Gil, al Sotillo fue relacionada durante el Siglo XX con el soto situado junto al Arroyo Pedroche y el Molino de Don Marcos.
El poema menciona álamos verdes, ruiseñores, cornejas, cucos y otros componentes de un paisaje de ribera.
En 1929, miembros de la Real Academia de Córdoba visitaron el enclave y recitaron la composición en las proximidades del molino. Los participantes consideraban que el paraje podía haber inspirado la letrilla.
Entre los asistentes se encontraba José de la Torre y del Cerro, que leyó el contrato de arrendamiento formalizado por Góngora en 1602.[19]
La asociación forma parte de la memoria cultural del lugar, aunque tampoco existe un testimonio del poeta que identifique el sotillo del poema con este tramo del arroyo.
La visita de la Real Academia de Córdoba
La visita realizada en 1929 se inscribió en las actividades de recuperación de la figura de Góngora desarrolladas alrededor del tercer centenario de su muerte.
Los académicos recorrieron el entorno, recordaron el contrato de la finca y celebraron un acto literario junto al arroyo.
La iniciativa contribuyó a consolidar la Huerta de Don Marcos como lugar gongorino de Córdoba. El espacio dejó de ser conocido únicamente como antigua explotación rural y pasó a integrarse en una geografía conmemorativa formada también por:
- La Catedral de Córdoba.
- La Capilla de San Esteban y San Bartolomé.
- Las casas del Barrio de San Bartolomé.
- La Plaza de la Trinidad.
- Santa María de Trassierra.
- La Casa Góngora.
- El Monumento a Luis de Góngora.
El acto académico otorgó una dimensión pública a una tradición que hasta entonces había circulado principalmente en biografías y estudios literarios.
El camino de la Huerta de Don Marcos
La importancia territorial de la finca quedó reflejada en la denominación de uno de los caminos históricos que comunicaban Córdoba con la sierra.
Las Ordenanzas municipales de Córdoba de 1884 describían un camino vecinal que atravesaba los terrenos de la Huerta de Don Marcos, alcanzaba la azuda del Arroyo Pedroche y continuaba por las huertas de la Trinidad, los Mártires, Orive Bajo, la Cueva de las Cabras y los lagares de Barrionuevo y de Jesús hasta terminar en Santo Domingo de Scala Coeli.
El bosquejo planimétrico agronómico de 1871 lo representó con la denominación de Camino de la Huerta de Don Marcos.
El trazado partía del Camino de los Santos Pintados, junto a la antigua fundición de plomo, atravesaba el Caserío de Don Marcos, cruzaba el Arroyo Pedroche y continuaba hacia Santo Domingo.
En la cartografía de 1872 aparece nuevamente con ese nombre. El recorrido pasaba por:
- El Caserío de Don Marcos.
- El Caserío de la Trinidad.
- El Caserío de Barrio Nuevo.
- La ermita de Santo Domingo.
En las series cartográficas de 1896, 1929 y 1939, el camino continuaba siendo reconocible, aunque parte de su recorrido recibió la denominación de Camino de Orive.
La cartografía de 2005 muestra la continuidad aproximada del itinerario desde el Polígono Industrial de Chinales, el arroyo y los terrenos de la Trinidad y Orive Bajo hasta Santo Domingo.[20]
El caserío en la cartografía histórica
El Caserío de Don Marcos aparece identificado en los levantamientos planimétricos del Siglo XIX.
La cartografía permite confirmar la persistencia del topónimo mucho después del arrendamiento de Góngora. La denominación sobrevivió a los cambios de propietarios, cultivadores y usos.
Los mapas reflejan también la relación de la finca con:
- La línea ferroviaria.
- La fundición de plomo.
- Los caminos de la sierra.
- El vado o azuda del arroyo.
- Las huertas próximas.
- El santuario de Santo Domingo.
La lectura conjunta de estas representaciones permite reconstruir un paisaje rural actualmente alterado por el crecimiento urbano, las infraestructuras y la fragmentación de las antiguas propiedades.
Transformación del enclave
La expansión de Córdoba y las modificaciones del territorio alteraron progresivamente la unidad de la antigua huerta.
La construcción del ferrocarril, los caminos modernos, las instalaciones industriales y las urbanizaciones próximas fragmentaron el espacio rural.
El caserío y las dependencias agrícolas perdieron parte de sus funciones originales. Algunas estructuras quedaron abandonadas, mientras otras fueron transformadas o incorporadas a parcelas de utilización particular.
La desaparición de la explotación histórica como unidad productiva no supuso la pérdida completa de sus elementos. Continúan siendo reconocibles la mina de agua, la alberca, sectores cultivados, restos del molino y parte de la red de caminos.
Estado de conservación
Los restos de la Huerta de Don Marcos presentan un estado desigual.
La mina conserva una parte importante de sus galerías, aunque existen sectores obstruidos, lumbreras taponadas y puntos afectados por intervenciones realizadas desde la superficie.
El caserío y las instalaciones agrícolas han experimentado un proceso de deterioro. El molino se encuentra arruinado y su entorno ha sido modificado mediante cerramientos y ocupaciones.
En 2023, Ecologistas en Acción Córdoba y la plataforma A Desalambrar denunciaron ante la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir diferentes ocupaciones del dominio público hidráulico y de la zona de servidumbre del Arroyo Pedroche.
Según el informe presentado por ambas organizaciones, una de las parcelas ocupadas afectaba directamente a las ruinas del Molino de Don Marcos. El terreno, que se encontraba libre al comienzo de 2023, habría sido cerrado posteriormente mediante una empalizada y ocupado por huertos y construcciones precarias.[21]
La denuncia señaló también la existencia de vallados que dificultaban el tránsito por la zona de servidumbre y el acceso al cauce.
En 2025, una visita publicada por Diario Córdoba describió el molino cercado mediante ramajes, somieres y otros materiales. El artículo reclamaba la intervención de las administraciones para proteger el patrimonio histórico y natural del enclave.[22]
Protección territorial
Los terrenos del entorno del Arroyo Pedroche están clasificados por el planeamiento municipal como suelo no urbanizable de especial protección.
El Plan General de Ordenación Urbana de Córdoba de 2001 incluyó el sector dentro del ámbito de la Palomera y el arroyo Pedroche.
El Plan Especial de Protección del Medio Físico de la Provincia de Córdoba lo identifica como espacio forestal de interés recreativo.
Estas figuras reconocen los valores ambientales del corredor, aunque no han evitado completamente la aparición de vallados, ocupaciones, construcciones y alteraciones.
La conservación de la Huerta de Don Marcos requiere considerar conjuntamente:
- El cauce y su zona de servidumbre.
- El bosque de ribera.
- Los restos del molino.
- La mina de agua.
- La alberca.
- Los caminos históricos.
- El paisaje relacionado con Góngora.
- Los elementos arqueológicos próximos.
Valor histórico
La Huerta de Don Marcos reúne valores pertenecientes a diferentes periodos de la historia de Córdoba.
Su interés medieval procede de su vinculación con el canónigo don Marcos, la posterior transmisión al cabildo y la continuidad de la explotación agrícola.
La relación con Luis de Góngora y Argote permite documentar los sistemas de arrendamiento, las estrategias económicas familiares y el entorno rural conocido por el poeta.
La mina de agua representa un ejemplo de las técnicas históricas de captación subterránea utilizadas en el piedemonte de la sierra.
Los restos del molino muestran la importancia de la producción oleícola en las propiedades próximas a la ciudad.
La cartografía conserva la memoria de los caminos que comunicaban Córdoba con las huertas, lagares y santuarios de la sierra.
Finalmente, la tradición literaria convirtió el enclave en un lugar simbólico relacionado con el Polifemo, las Soledades y la interpretación cordobesa del paisaje gongorino.
Valor hidráulico
La mina de agua constituye uno de los principales elementos patrimoniales del conjunto.
Su longitud, sus lumbreras y la combinación de sectores naturales y artificiales permiten estudiar la evolución de las técnicas de captación.
La posible relación con el Acueducto Aqua Nova Domitiana Augusta ampliaría su importancia dentro del sistema hidráulico de la Córdoba romana. Sin embargo, esta vinculación debe mantenerse como hipótesis mientras no se disponga de una datación arqueológica concluyente.
Las reformas medievales y modernas muestran la reutilización de las infraestructuras hidráulicas. Una captación antigua pudo ser adaptada sucesivamente para abastecer un acueducto, una huerta, una alberca y un molino.
Valor ambiental
El enclave forma parte del corredor ecológico del Arroyo Pedroche, que comunica las estribaciones de la Sierra de Córdoba con el borde urbano.
El bosque de ribera proporciona refugio y desplazamiento a diferentes especies. También reduce la erosión, retiene sedimentos y favorece la infiltración.
Las antiguas huertas contribuyeron a crear un paisaje en mosaico formado por cultivos, árboles, cauces, setos, caminos y edificaciones rurales.
La conservación de esta diversidad resulta compatible con la recuperación de los elementos históricos y con un uso público ordenado de los caminos.
Valor literario y simbólico
La Huerta de Don Marcos es un lugar documentado de la biografía económica de Góngora y un espacio construido por la memoria literaria posterior.
Su importancia no depende de demostrar que una obra concreta fue escrita allí. El arrendamiento basta para relacionar el enclave con la vida cotidiana del poeta y con su conocimiento del entorno rural de Córdoba.
La tradición sobre el Polifemo y las Soledades forma parte de la recepción de Góngora. Su estudio permite conocer cómo los investigadores, académicos y lectores buscaron en el territorio cordobés los paisajes imaginados en sus versos.
La revisión documental añade precisión sin borrar esa memoria. El lugar puede presentarse simultáneamente como:
- Una explotación histórica del Cabildo Catedral de Córdoba.
- Una finca arrendada por Luis de Góngora y Argote.
- Un sistema agrícola e hidráulico.
- Un paisaje próximo al Arroyo Pedroche.
- Un espacio asociado por la tradición a las obras mayores del poeta.
- Un enclave patrimonial necesitado de estudio y conservación.
Lugares próximos
Véase también
- Luis de Góngora y Argote
- Luis de Góngora y Córdoba
- Casas de Luis de Góngora en Córdoba
- Góngora y Trassierra
- Góngora en la Catedral de Córdoba
- Córdoba en la obra de Luis de Góngora
- Cabildo Catedral de Córdoba
- Catedral de Córdoba
- Real Academia de Córdoba
- Patrimonio hidráulico de Córdoba
- Huertas de Córdoba
Referencias
- ↑ Manuel González y Francés, "Góngora, racionero: noticias auténticas de hechos eclesiásticos del gran poeta sacadas de libros y expedientes capitulares", Imprenta y Librería del Diario, 1896, [1](https://www.bibliotecadigitaldeandalucia.es/catalogo/es/consulta/registro.do?id=1046439). Consultado el 1 de agosto de 2026.
- ↑ Amelia de Paz, "La huerta de don Marcos", Nueva Revista de Filología Hispánica, 2012, [2](https://www.redalyc.org/pdf/602/60229094009.pdf). Consultado el 1 de agosto de 2026.
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- ↑ Juan Ruiz Jiménez, "Foundation of the chapel of Omnium Sanctorum, San Esteban and San Bartolomé in the Cathedral of Cordova", Historical Soundscapes, 2025, [4](https://www.historicalsoundscapes.com/en/evento/1726/cordoba). Consultado el 1 de agosto de 2026.
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- ↑ Francisco Gamero Gutiérrez, José Manuel Recio Espejo, Alfonso García-Ferrer Porras y César Borja Barrera, "Localización y caracterización de captaciones y antiguos qanats de abastecimiento a la ciudad de Córdoba desde Sierra Morena", Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 24 de julio de 2017, [9](https://bage.age-geografia.es/ojs/index.php/bage/article/view/2460). Consultado el 1 de agosto de 2026.
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- ↑ Carmen Reina, "Denuncian la existencia de seis construcciones usurpando suelo público en el arroyo Pedroche", Cordópolis, 24 de diciembre de 2023, [21](https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/denuncian-existencia-seis-construcciones-usurpando-suelo-publico-arroyo-pedroche_1_10790145.html). Consultado el 1 de agosto de 2026.
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