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Revisión actual - 20:12 24 ago 2026
I es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.
Texto
En el artículo titulado Los cementerios, que forma parte de este volumen, al tratar del campo-santo de Nuestra Señora de la Salud decimos lo siguiente:
"En una bovedilla del segundo patio hay una lápida de mármol blanco con un busto en alto relieve y una inscripción, según la cual ocupan aquel nicho las cenizas de un "escritor destinguido", de quien no hemos podido adquirir noticia alguna; llamóse don Vicente Manuel Cociña y murió el 29 de Abril de 1854, á los treinta y cinco años de edad".
Tal artículo, antes que en el presente libro, apareció en las columnas del Diario de Córdoba, y poco tiempo después de su publicación fuimos sorprendidos por una carta, tan interesante como galanamente escrita, que hemos de reproducir íntegra, pidiendo á su autora mil perdones por la libertad.
Dice asi:
"Señor don Ricardo de Montis.
Barcelona 15-XII-13.
Distinguido señor mío: un amigo residente en esa ciudad, hubo de enviarme el Diario de Córdoba fechado en 1º de Noviembre del próximo pasado. Tuve, pues, el gusto de saborear el ameno y sentido trabajo necrológico de usted. Y uno de sus párrafos es el que pone la pluma en mi mano, á riesgo de molestar su atención.
El Escritor distinguido que entre "Los muertos ilustres" del Cementerio de la Salud duerme su eterno sueño desde 1854, fue mi padre, don Vicente Manuel Cociña.
Por si, para el segundo tomo de sus Notas cordobesas pueden serle de alguna utilidad los datos de su paso por la vida -yo me holgara mucho de ello y quedaríale reconocida al recuerdo- sírvase leer la biografía trazada muchos años después de su fallecimiento por su ilustre conterráneo [sic] el señor Parga Sanjurjo. A ese efecto, por este mismo correo, mando á usted el número de la revista España, Octubre de 1899, donde inserta la verá.
Nacida en esa ciudad, sultana de la Leyenda, madre de la Poesía, quiérola sin conocerla. A raiz del luctuoso suceso, y hallándome aún en la cuna, trasladóse mi familia á Galicia, no menos bella.
Sin recordar tampoco la imagen bendita del hombre que me dió el ser; viviendo desde muy joven en las provincias levantinas, conservo en mi corazón -como en un altar las preciadas reliquias- aquellos amores y aquellas añoranzas. El de Córdoba, guardadora de llorados restos, cuya visión se nutre al calor de mi fantasía, y el de Galicia, mi segunda madre, cuna de mi estirpe...
¡Quién no ama el dulce nido que cobijó nuestra niñez desvalida y triste!
Complázcome, señor mío, en testimoniarle mi consideración y ofrecerme á sus órdenes como su más segura servidora q. b. s. m., CAMELIA COCIÑA, Viuda de Llansó".
Acompañaban á la bellísima carta reproducida un número de la revista España con el trabajo aludido y unas notas de la señora Cociña, ampliando y rectificando algunos puntos del estudio del señor Parga.
Por la lectura de tales documentos pudimos apreciar que el muerto desconocido que citábamos en el capítulo referente á Los cementerios, fué una gran figura de su época, digna de que la conozcan los cordobeses.
Con este objeto vamos á extractar muy sucintamente la extensa y notable necrología original del docto magistrado don José Antonio de Parga y Sanjurjo, completando el extracto con los apuntes de doña Camelia Cociña.
El señor Parga presenta con gran relieve la personalidad de su biografiado en los primeros párrafos del estudio á que nos referimos.
"Hace cuarenta y cinco años -dice- que la muerte arrebató á Galicia uno de sus hijos más ilustres cuando el porvenir le sonreía y le reservaba, quizá, merecidas bienandanzas. Murió en medio del fragor del combate, valeroso el espíritu, indomable el corazón, desafiando las iras de un poder arbitrario y despótico, cuyas persecuciones afrontó llevado del amor que le inspiraba la patria.
Tal fué, en suma, don Vicente Manuel Cociña, patricio integérrimo cuyos merecimientos menospreciaron sus contemporáneos, relegándole á un olvido rayano en la injusticia.
Fué su vida breve, pero brillante, y al bajar al sepulcro ceñía ya en sus juveniles sienes la envidiable aureola del periodista imcomparable que consagra su vida á la realización de progresivos ideales. Su talento, rico y vario, acertó á producir, enmedio del bullicio de las redacciones, una labor periodística que fué regocijo y delicia de sus admiradores".
En los párrafos precedentes queda hecha, de modo admirable, la apología del distinguido escritor; réstanos, solamente, coordinar sus datos biográficos.
Don Vicente Manuel Cociña nació en Vivero, pueblo de Galicia, en el año 1820.
Empezó á estudiar, en la Universidad de Compostela, la carrera de Leyes y á poco reveló su precoz inteligencia y sus aficiones literarias publicando un interesantísimo folleto relativo á política europea, titulado Un sueño en Stambul.
En aquel trabajo auguraba los desastres coloniales que muchos años después había de sufrir la pobre España.
Tras este folleto dió á luz otro nominado Opúsculo filosófico sobre la historia del Derecho romano precedido de una sucinta idea sobre el patrio.
La acerba crítica de que hacía objeto en esta obra á los jurisconsultos romanos, provocó el enojo de los profesores del joven estudiante y este abandonó la carrera de Leyes, que no le inspiraba grandes simpatías, para dedicarse al periodismo, objeto de todos sus amores.
Trasladóse á la Coruña y allí fundó el primer periódico que tuvo la región gallega, titulado El Centinela de Galicia.
Pocos años después marchó á Madrid y luego á Córdoba, donde fijó la residencia de su familia, pues él más tiempo que en esta capital permanecía en la Corte, consagrado á la política y al periodismo.
No obstante, en nuestra ciudad nacieron dos de los tres hijos del señor Cociña, don Aliatar y doña Camelia, y en uno de los más importantes pueblos de la provincia, Montilla, adquirió varias fincas rústicas.
Elegido diputado á Cortes por su pueblo natal, Vivero, contando con esta representación, decidióse á fundar en Madrid un periódico, El Oriente, donde se reveló como escritor habilísimo, hombre de grandes energías y político de honradez acrisolada.
En el primer número de este batallador periódico, campeón de las ideas liberales, su fundador y director transcribía valientemente una carta de don Pedro Egaña, entonces ministro de la Gobernación, en la que proponía al señor Cociña, con mil ofertas presentes y futuras, la venta de su privilegiada pluma y el servilismo de aquellas columnas en pró del Gobierno.
Con tal golpe de despreciativa audacia contestó el escritor al cinismo del gobernante.
A don Vicente Manuel Cociña debiósele el transcendental y hermoso pensamiento de crear en Madrid la Asociación de la prensa independiente, en el año de 1853.
Tal idea atribuyóla alguien á don Angel Fernández de los Ríos, pero he aquí lo que éste decía en el periódico Luchas Politicas:
"Haría más que consentir en un error si dejara atribuirme una honra que debo restituir á la memoria del malogrado Cociña. El y sólo él fué el promovedor de aquel feliz pensamiento.
Yo no tuve mas parte que aprobarlo plenamente cuando me eligió para consultarlo sin que nos conociéramos personalmente".
El Oriente, apesar de su breve vida, costó á su fundador una fortuna. Sólo en una ocasión originóle un desembolso de catorce mil duros.
La circunstancia de que se reunieran frecuentemente en la redacción del citado periódico varios generales conocidos por los hombres de corazón hizo sospechar al gobierno que estaba tramándose una conjura y, en su consecuencia, dictóse auto de prisión contra don Vicente Manuel Cociña y su compañero don Antonio Romero Ortiz.
Ambos vinieron á ocultarse á Córdoba donde la muerte sorprendió al señor Cociña, en plena juventud, el 29 de Abril de 1854.
El ilustre periodista gallego, merced á sus dotes excepcionales, logró hacerse digno de la consideración general y ejercía influencia extraordinaria en varios pueblos de nuestra provincia como lo demuestra el hecho de que, en cierta ocasión en que el ilustre poeta y estadista don Nicolás Pastor Díaz fue despojado del acta de diputado á Córtes por Vivero, su paisano señor Cociña logró que obtuviera la representación del distrito de Pozoblanco.
Acerca del malogrado escritor en que nos ocupamos, apesar de sus meritos excepcionales, únicamente se ha publicado, además del estudio del señor Parga, una biografía en La Ilustración Española y Americana del año 1855, suscrita por don Luis de Trelles y unos apuntes en el Almanaque Gallego de Buenos Aires, correspondiente al año 1910.
Empezamos este articulo con unos párrafos del señor Parga Sanjurjo y vamos á concluirlo con otros del mismo autor, en los que presenta el retrato físico y moral de don Vicente Manuel Cociña:
"Era nuestro biografiado de aventajada estatura, de varonil continente y de distinguidos modales, destacándose sobre sus escultóricos hombros aquella equilibrada cabeza, en la cual el talento y el ingenio idearon la brillante y áurea labor á que dió cima en su batallador periódico. No era hermoso su mirar ni dulce su sonrisa, ni correctos y delicados los perfiles de su expresivo rostro; pero los movimientos de la pasión y los transportes del entusiasmo, al sentirse enardecidos por la contradicción y la polémica, le transfiguraban y le embellecían. Era de ver entonces cómo las centelleantes pupilas de sus vivaces ojos brillaban con fulgor semejante al que irradian en noche de tempestad los luminares del cielo y cuál reflejaban las variadas impresiones que se sucedían al compás de la discusión en su agitado espíritu y conmovían todo su ser.
Su corazón, abierto á las efusiones de la ternura y á los más dulces afectos, era en cambio, inaccesible á las inspiraciones de la envidia. Jamás cimentó Cociña la propia reputación sobre las ruinas de las demás, antes reconocía de buen grado el mérito allí donde brillaba, con un desinterés que le granjeó en vida numerosas amistades".
Tal fué el "escritor distinguido" cuyas cenizas tiene Córdoba el triste honor de guardar para siempre en una bovedilla del cementerio de Nuestra Señora de la Salud.
