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Diferencia entre revisiones de «Un Salto Mortal (Notas cordobesas)»

De Cordobapedia
Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis
 
Ordenación alfabética en la categoría Notas cordobesas
 
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Revisión actual - 20:13 24 ago 2026


Un Salto Mortal es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Hace unos cuarenta años fué presidente de la Diputación provincial uno de los políticos más populares que ha habido en Córdoba.

Cierto día se le ocurrió visitar el Departamento de Dementes del Hospital de Agudos. En unión de varios empleados del mismo empezó a recorrer las dependencias del establecimiento y, en una de ellas, se le incorporó un hombre corpulento, simpático, muy locuaz y muy cortés que empezó a explicar al visitante el regimen del manicomio, la clase de locura que padecía cada recluso, el tratamiento a que se hallaba sometido, la distribución de los servicios y otra multitud de detalles, expresándose como un consumado alienista.

¿Quién es este señor? Preguntó el presidente de la Diputación a uno de sus acompañantes.

Un demente, contestó el interrogado.

La repuesta causó gran sorpresa al popular político quien ordenó a los empleados que le dejasen solo con aquel loco extraño, pues quería observarle detenidamente.

Ambos continuaron recorriendo el triste caserón de San Pedro Alcántara y el alienado siguió sus explicaciones que constituían una verdadera disertación científica, llena de interés.

¿Cómo es posible, se preguntaba el visitante, que este hombre tenga perturbada la razón? Aquí hay un misterio; tal vez se trate de un error o de una gran injusticia.

Llegaron a una dependencia del piso alto y el loco incomprensible invitó al presidente de la corporación provincial para que se asomase a un balcón desde el cual se descubría un hermoso panorama.

Los dos se reclinaron sobre el antepecho de aquel y, tras unos instantes de silencio, el hombre locuaz lo interrumpió diciendo con júbilo: se me ha ocurrido una idea feliz, original; de un salto vamos a bajar de aquí al patio; será de mucho efecto.

El popular político sintió un calofrío de terror. Opino, contestó a su guía, que debemos dejar para una ocasión más oportuna la realización de ese pensamiento.

¡Quiá! Replicó el loco, vamos a dar el salto ahora mismo y asió de la cintura a su interlocutor, dispuesto a arrojarle por el balcón.

La presunta víctima de aquel desgraciado fué quien tuvo entonces una idea feliz. ¿No sería de mejor efecto, dijo con voz temblorosa, que bajásemos al patio y desde él, de un salto, nos encaramásemos aquí? ¡Bravo, bravo! Eso es sublime, exclamó el demente, presa de un verdadero entusiasmo: vamos, sin pedida de momento, a efectuar ese ejercicio sorprendente y, al mismo tiempo que se expresaba así, dirigíase a todo correr hacia la escalera.

Él presidente de la Diputación respiró; fué en busca de los empleados del establecimiento y contóles la aventura.

A los pocos momentos el alienado sufría una tremenda crisis.

Y algunos años más tarde el popular político, que estuvo a punto de ser víctima de un salto mortal, concluía su existencia trágicamente, destrozado por el tren.

Julio, 1921.