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Revisión actual - 19:51 12 jul 2026

Bernabé Álvarez Jiménez «Catalino», uno de los picadores cordobeses más destacados del primer tercio del siglo XX.

Bernabé Álvarez Jiménez, conocido profesionalmente como «Catalino» (Córdoba, 15 de febrero de 1885-Córdoba, 22 de diciembre de 1958), fue un picador de toros cordobés. Considerado uno de los varilargueros más solicitados del primer tercio del siglo XX, formó parte de las cuadrillas de figuras como Machaquito, Juan Belmonte, Joselito el Gallo, Ignacio Sánchez Mejías, Marcial Lalanda, Antonio Márquez, Cagancho y Manolete.

De gran estatura, extraordinaria fortaleza física y carácter decidido, desarrolló una carrera profesional cercana a las cuatro décadas. Su trayectoria discurrió durante el periodo de transformación de la tauromaquia protagonizado por Machaquito, Joselito y Belmonte y alcanzó todavía los primeros años de la época de Manolete. Fue apreciado por los matadores por su capacidad para sujetar a los toros, ejecutar el puyazo en lo alto y soportar las embestidas en una época anterior a la generalización del peto protector de los caballos.

Nombre y apodo

Diversas publicaciones lo han citado como Bernabé Álvarez Fernández, aunque las investigaciones basadas en el testimonio que ofreció en 1953 señalan que fue hijo de Catalino Álvarez Gómez y de Adela Jiménez Fernández. De acuerdo con esta filiación, su nombre completo habría sido Bernabé Álvarez Jiménez.

El sobrenombre de Catalino procedía del nombre de su padre, aunque algunas semblanzas posteriores afirmaron que el propio picador desconocía exactamente por qué había terminado consolidándose como su nombre profesional.

Nació en la calle Valencia de Córdoba y fue bautizado en la Iglesia de Santa Marina. Su padre, manchego de nacimiento y pariente del médico Luis Jiménez Guinea, se ganaba la vida realizando portes con un pequeño carro tirado por una mula. Entre sus clientes se encontraban profesionales taurinos, a quienes transportaba equipajes hasta la estación ferroviaria.

Juventud y oficio de calderero

Bernabé Álvarez no pertenecía a ninguna de las conocidas familias taurinas cordobesas ni manifestó durante su infancia una vocación especial por los toros. A los quince años comenzó a trabajar como faenero en un almacén de aceitunas y cereales propiedad de José Delgado. Su corpulencia le permitía cargar sacos de entre ochenta y cien kilogramos.

Más tarde entró como trabajador en la calderería del Depósito de Máquinas del ferrocarril y posteriormente en el taller de Antonio Caro, instalado en un corralón próximo a la Torre de la Malmuerta. Allí trabajó a las órdenes de un encargado conocido como el Filipino.

Sus compañeros, impresionados por su altura, la anchura de sus hombros y la fuerza de sus brazos, comenzaron a insistirle en que reunía las condiciones físicas necesarias para ser picador. Según el relato conservado por Rafael Sánchez González, aquella insistencia terminó convirtiendo una broma entre obreros en una de las carreras más prolongadas del toreo a caballo cordobés.

Debut en Córdoba

La versión más documentada sitúa su primera actuación el 8 de septiembre de 1903, durante una novillada celebrada en la antigua Plaza de Toros de Los Tejares con motivo de la festividad de la Virgen de la Fuensanta. En el cartel figuraban el granadino Serafín Ibáñez Corcelito y los cordobeses Rafael Rodríguez Chaqueta y Rafael Sanz, con novillos de Juan Galdón.

Catalino se presentó como picador de reserva sin experiencia profesional, con indumentaria prestada y sin haber comunicado a su familia la aventura. Su conocimiento de los caballos se reducía prácticamente a la mula empleada por su padre y a algunas ocasiones en las que había manejado el coche de caballos de un tío suyo.

A pesar de ello, intervino en los seis novillos y no fue derribado. Su actuación convenció al contratista sevillano de caballos Antonio Arenas, quien lo contrató para actuar dos días después en Andújar, en una novillada con Rafael Molina Lagartijo Chico y Antonio Fuentes frente a reses de Conradi.

Por ambas actuaciones recibió veinticinco pesetas. La remuneración, superior a la que obtenía en la calderería, y el buen resultado de su debut terminaron de decidirlo. Durante algún tiempo alternó todavía el trabajo con el metal y sus intervenciones taurinas, pero acabó abandonando el taller para dedicarse profesionalmente a la vara.

Algunas semblanzas antiguas fechan su debut el 4 de septiembre de 1904. La datación de 1903 procede del relato personal del propio Catalino, aunque la diferencia debe mantenerse como una cuestión historiográfica no completamente resuelta.

Aprendizaje y primeros años

Consciente de sus limitaciones como jinete, comenzó a practicar con un potro medio domado en una huerta de la Fuensanta, acompañado por su amigo Rafael González Gómez Gordoncho, que también llegaría a ser picador.

Catalino no destacó por una conducción refinada de la cabalgadura. Su fuerza se encontraba en las piernas, con las que sujetaba el caballo, y en un brazo especialmente poderoso. Prefería monturas grandes, pues su alzada le permitía inclinarse sobre el toro, alargar la vara y cargar con mayor presión.

Durante sus primeros años actuó como reserva en Córdoba y a las órdenes de diferentes novilleros. Entre ellos estuvieron Corchaíto II, Manolete y el joven Machaquito. Su progresión fue constante y pronto comenzó a ser reclamado fuera de la capital cordobesa.

Traslado a Madrid

En 1909 decidió establecerse en Madrid. Contó con la ayuda del picador cordobés Manuel del Pino Monerri, esposo de la célebre lotera conocida como Doña Manolita.

Su presentación en la antigua plaza madrileña anterior a Las Ventas se produjo, según la investigación de Rafael Sánchez González, en 1912, formando parte de la cuadrilla del novillero valenciano Antonio Mata Copao. En aquel festejo también actuaron Isidoro Martí Flores y Pacomio Peribáñez, con reses de Moreno Santa María.

Posteriormente trabajó con Alfonso Cela Celita, Moreno de Alcalá y el mexicano Vicente Segura. Estas actuaciones sirvieron de preparación para su incorporación definitiva a una cuadrilla de primer nivel.

Con Machaquito

Rafael González Madrid «Machaquito» reparó en las condiciones del picador y lo incorporó a su cuadrilla. Las fuentes sitúan el ingreso entre 1911 y 1912, aunque parece seguro que Catalino permaneció junto al espada durante sus dos últimas temporadas completas y hasta su retirada en octubre de 1913.

Catalino recordaba de Machaquito su capacidad como estoqueador y su extraordinario pundonor. Junto a él participó en ferias como las de Pamplona, Valencia, Santander y Madrid.

Entre los acontecimientos más destacados de 1913 figuró la denominada corrida monstruo de Santander, celebrada el 26 de junio, en la que se lidiaron dieciocho toros en tres sesiones. Catalino evocaba la presencia de decenas de caballos de picar, distribuidos incluso por dependencias próximas a la plaza.

También formó parte de la cuadrilla de Machaquito durante su despedida de los ruedos, celebrada en Madrid el 13 de octubre de 1913. En aquella accidentada corrida, en la que Machaquito concedió la alternativa a Juan Belmonte, salieron once toros y cinco fueron devueltos.

Paco Madrid y la temporada de 1914

Tras la retirada de Machaquito, Catalino pasó en 1914 a la cuadrilla de Paco Madrid. Con él participó en cuarenta y nueve corridas.

Una de las actuaciones que consideraba más completas de su carrera tuvo lugar el 29 de septiembre en Madrid, durante una corrida concurso de ganaderías salmantinas. Al picar un toro de Andrés Sánchez fue muy aplaudido por el público y felicitado por el ganadero.

Durante esa temporada actuó también en Francia. En Burdeos participó en la lidia de un toro de Miura de enorme peso y poder, al que fue necesario administrar numerosos puyazos.

Picador de Juan Belmonte

Al concluir la temporada de 1914, el apoderado de Juan Belmonte le ofreció incorporarse a su cuadrilla. Catalino aceptó y comenzó a trabajar con el torero trianero en 1915.

Su primera actuación con Belmonte tuvo lugar en Málaga, en el primer mano a mano del trianero con Joselito, celebrado el 28 de febrero de 1915 con toros de Murube. La temporada fue una de las más intensas de su carrera y permitió a Catalino participar en algunos de los grandes acontecimientos taurinos de la Edad de Oro.

Estuvo presente en triunfos de Belmonte en Sevilla y Madrid y acompañó al matador durante buena parte de las temporadas de 1915 y 1916. Tras la grave cornada sufrida por Belmonte en La Línea de la Concepción el 16 de julio de 1916, Catalino obtuvo autorización del espada para trabajar temporalmente con otros toreros.

Volvió a formar parte de su cuadrilla en distintas etapas, especialmente entre 1919 y 1921. Con el trianero realizó dos campañas en Lima y otras actuaciones americanas.

Con Joselito el Gallo

Durante la feria de Bilbao de 1916 se incorporó a la cuadrilla de Joselito el Gallo, en la que ya figuraban los picadores Carriles y Farnesio.

Catalino acompañó a Joselito durante las temporadas de 1916 y 1917, años en los que el sevillano desarrolló una actividad extraordinaria. El picador cordobés recordaba especialmente la corrida de la Prensa de Sevilla del 24 de junio de 1917, en la que Joselito actuó como único espada frente a toros de Carmen de Federico y obtuvo uno de los triunfos más importantes de su carrera.

Años después Catalino resumió aquella etapa afirmando que podía presumir de haber trabajado con los dos toreros más importantes de su tiempo: Joselito y Belmonte.

Viajes a América

Finalizada la temporada de 1917, Juan Belmonte volvió a contratarlo para una campaña americana. La expedición embarcó en Santander el 30 de noviembre y estuvo integrada, entre otros, por los matadores Diego Mazquiarán Fortuna y Rufino San Vicente Chiquito de Begoña.

Belmonte debutó en la plaza de Acho de Lima dos días antes de la Navidad. La campaña comprendió nueve corridas ordinarias, una corrida en beneficio del matador, otra actuación en Panamá y tres festejos en el Circo Metropolitano de Caracas.

Catalino regresó nuevamente a América con Belmonte en 1920. También actuó en México, por lo que su trayectoria tuvo una proyección internacional poco frecuente entre los subalternos cordobeses de su generación.

Camará, Sánchez Mejías y Marcial Lalanda

En 1918, año marcado por la epidemia de gripe y por la ausencia de Belmonte de los ruedos españoles, Catalino aceptó la oferta del torero cordobés José Flores «Camará». Participó con él en numerosas corridas, entre ellas varias celebradas durante la feria de Córdoba y en plazas como Bilbao y Madrid.

En 1922 ingresó en la cuadrilla de Ignacio Sánchez Mejías, de quien admiraba su personalidad, valor y capacidad para entusiasmar al público.

Durante las temporadas de 1923 y 1924 acompañó a Marcial Lalanda, uno de los toreros técnicamente más completos de su tiempo. El trabajo con Lalanda consolidó definitivamente su reputación como picador de confianza para los espadas situados en los primeros puestos del escalafón.

Antonio Márquez y otros matadores

Después de su etapa con Lalanda volvió a trabajar con Juan Belmonte y formó parte sucesivamente de las cuadrillas de Algabeño, Niño de la Palma, Cagancho y Antonio Márquez.

Un cartel de la plaza de toros de Madrid correspondiente al 27 de septiembre de 1928 lo anunciaba entre los picadores de una corrida extraordinaria en la que actuaron Victoriano Roger Valencia II, Marcial Lalanda y Nicanor Villalta con toros del marqués de Villamarta.

Su permanencia durante tantos años junto a figuras de estilos y personalidades distintas demuestra la estima profesional que alcanzó. Catalino elegía cuidadosamente sus contratos y concedía gran importancia a las condiciones económicas, cambiando de cuadrilla cuando recibía una oferta más ventajosa.

Estilo como picador

Catalino fue considerado un picador duro, poderoso y eficaz. Su forma de ejecutar la suerte se apoyaba en tres cualidades principales:

  • una extraordinaria fortaleza física;
  • la capacidad de sujetar caballos grandes con las piernas;
  • un brazo seguro con el que buscaba el morrillo y cargaba el peso sobre la puya.

Las crónicas destacaban que acudía con decisión al encuentro, agarraba a los toros en lo alto y trataba de impedir que llegasen enteros al último tercio. Aquella dureza era valorada por los matadores, que encontraban en él a un subalterno capaz de corregir, sujetar o quebrantar a los astados más poderosos.

Ejerció durante una época especialmente peligrosa para los picadores. Antes de la obligatoriedad del peto, implantada a finales de la década de 1920, los caballos quedaban expuestos directamente a las cornadas y las caídas eran continuas. Catalino sufrió numerosos golpes que, con el paso de los años, deformaron su corpulencia y afectaron gravemente a su movilidad.

Cogidas y lesiones

A lo largo de su carrera sufrió diversas cornadas y accidentes, aunque logró mantenerse activo durante más de tres décadas. Entre los percances conocidos figuran:

  • El 7 de julio de 1913, en Pamplona, un toro de Vicente Martínez le produjo una cornada en la cara.
  • El 11 de septiembre de 1917, en Salamanca, un toro de Veragua le infirió una cornada en el muslo izquierdo.
  • El 12 de abril de 1925, en Murcia, otro toro de Vicente Martínez le causó una herida de unos diez centímetros en la pierna derecha.
  • El 15 de mayo de 1925, cuando todavía no se había recuperado completamente, sufrió una nueva herida en la región submaxilar derecha.

La prensa cordobesa informó en abril de 1925 de que se encontraba mejorado de una cogida reciente y esperaba reanudar pronto su actividad profesional.

También sufrió fuertes derribos sin cornada. Él mismo recordaba el encuentro con un toro llamado Palillero, de Aleas, que derribó primero al picador Camero y después lanzó sobre Catalino el caballo que montaba, causándole un fuerte golpe en el costado.

Relación con Manolete y retirada

En la etapa final de su carrera se incorporó a la cuadrilla de Manolete. Su veteranía lo convirtió en una figura de enlace entre la tauromaquia de Machaquito, Joselito y Belmonte y la nueva época representada por el cuarto Califa cordobés.

Según la tradición biográfica, su última actuación tuvo lugar en Salamanca el 16 de septiembre de 1940, con Manolete. El último toro que picó pertenecía a la ganadería de Antonio Pérez.

La fecha supondría el cierre de una carrera de aproximadamente treinta y siete años, iniciada en la plaza cordobesa de Los Tejares cuando todavía trabajaba como calderero.

Vida personal y tertulias cordobesas

Catalino mantuvo siempre una estrecha relación con Córdoba. Vivió durante sus últimos años cerca de la calle Muñices y fue asiduo de distintas tabernas y tertulias populares.

Entre los establecimientos que frecuentó se encontraba la Taberna El Seis de las Cinco Calles, donde coincidió con otros personajes taurinos, especialmente con el picador Rafael Carnago. En aquellas reuniones relataba episodios de sus viajes a América, sus experiencias con las grandes figuras y numerosas anécdotas de carácter personal.

También acudía a Casa Castillo, posteriormente denominada Taberna Santi, en la plaza del Realejo. Allí mantuvo en 1953 una larga entrevista con aficionados cordobeses, entre ellos Rafael Sánchez González, su padre y Pepe Guerra. Durante casi tres horas repasó su trayectoria profesional apoyándose en recortes de prensa y anotaciones guardadas en una carpeta.

A pesar de su deterioro físico conservaba una memoria excepcional. Recordaba carteles, ganaderías, caballos, fechas, toreros y detalles de numerosas corridas celebradas varias décadas antes. La conversación constituye una de las principales fuentes para reconstruir su biografía.

En diciembre de 1928, con motivo de la celebración de sus bodas de plata profesionales, numerosos amigos organizaron una comida homenaje en el restaurante Hijos de Miguel Gómez. La prensa cordobesa destacó la buena acogida de la iniciativa entre los aficionados.

Últimos años y fallecimiento

Los golpes y caídas sufridos durante su vida profesional dejaron importantes secuelas. En sus últimos años necesitaba utilizar simultáneamente una muleta y un bastón para desplazarse. Su elevada estatura y sus anchos hombros continuaban siendo visibles, aunque el cuerpo aparecía ya deformado por décadas de ejercicio taurino.

Falleció en Córdoba durante la madrugada del 22 de diciembre de 1958, a los setenta y tres años. La prensa publicó la noticia al día siguiente, recordando que había trabajado con Machaquito, Joselito, Belmonte y Manolete.

Algunas fuentes consignan como fecha de fallecimiento el 23 de diciembre, probablemente por coincidir con el día de publicación de la noticia necrológica. El relato testimonial de Rafael Sánchez González, que afirma que murió cinco años después de la entrevista celebrada en 1953, señala expresamente el día 22.

Valoración

Bernabé Álvarez Catalino pertenece a la generación de subalternos que sostuvo desde el caballo la gran transformación del toreo durante las primeras décadas del siglo XX. Aunque su nombre quedó parcialmente oculto tras el de los matadores a quienes acompañó, su trayectoria permite recorrer casi cuarenta años de historia taurina.

Fue testigo directo de la retirada de Machaquito, de la rivalidad entre Joselito y Belmonte, de las campañas americanas del trianero, del ascenso de Sánchez Mejías y Marcial Lalanda y de la aparición de Manolete.

Su relevancia no se debió únicamente a la duración de su carrera. Fue requerido reiteradamente por los toreros más importantes de cada etapa, que encontraron en él a un picador fuerte, experimentado y capaz de resolver el primer tercio frente a toros de muy distintas ganaderías.

Hemeroteca

La prensa histórica documentó distintos momentos de su vida profesional y personal:

  • En junio de 1907 aparece anunciado entre los picadores de una novillada organizada en Córdoba.
  • En 1912 la prensa comunicó el bautizo de un hijo suyo, al que se impuso el nombre de Joaquín.
  • En abril de 1925 se informó de su mejoría después de una cornada sufrida en Murcia.
  • En la década de 1920 apareció reiteradamente en carteles y noticias relacionadas con corridas celebradas en Madrid, Sevilla, Córdoba y otras plazas.
  • En diciembre de 1928 se anunció una comida homenaje con motivo de sus bodas de plata con el toro.
  • En diciembre de 1958 la prensa nacional publicó la noticia de su fallecimiento.

Galería de imágenes

Referencias

  1. SÁNCHEZ GONZÁLEZ, Rafael: «Bernabé Álvarez “Catalino”, un picador “muy especial” (I)», Plaza de la Lagunilla, 21 de noviembre de 2020.
  2. SÁNCHEZ GONZÁLEZ, Rafael: «Bernabé Álvarez “Catalino”, un picador “muy especial” (y II)», Plaza de la Lagunilla, 27 de noviembre de 2020.
  3. MUÑOZ ROMERO, Francisco: «Taberna El Seis de las Cinco Calles», Notas Cordobesas, 14 de mayo de 2012.
  4. «Falleció el ex picador Bernabé Álvarez “Catalino”», diario Arriba, diciembre de 1958.
  5. Noticias y anuncios conservados en la Hemeroteca Digital del Ministerio de Cultura relativos a Bernabé Álvarez Catalino, 1907-1928.


Bibliografía

  • SÁNCHEZ GONZÁLEZ, Rafael: «Bernabé Álvarez “Catalino”, un picador “muy especial”», partes I y II, 2020.
  • COSSÍO, José María de: Los toros. Tratado técnico e histórico.
  • Colecciones históricas de los periódicos La Voz, Diario de Córdoba y otras publicaciones taurinas.
  • Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.
  • Centro de Documentación de las Artes Escénicas y de la Música.

Véase también