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De Cordobapedia
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== '''Anales de Córdoba por Luis María Ramírez de las Casas Deza'''<ref>''Anales de la Historia de Córdoba''. [[Luis María Ramírez de las Casas-Deza|Luis María Ramírez de las Casas Deza]]. Insertado en Boletín de la [[Real Academia de Córdoba]]. Número 63. [https://storage.e.jimdo.com/file/35984754-5258-4ddc-be81-9702eae5bd62/BRAC-063-14.pdf Disponible en Internet]. Accedido el 3 de agosto de 2026</ref> ==
== '''Anales de Córdoba por Luis María Ramírez de las Casas Deza'''<ref>''Anales de la Historia de Córdoba''. [[Luis María Ramírez de las Casas-Deza|Luis María Ramírez de las Casas Deza]]. Insertado en Boletín de la [[Real Academia de Córdoba]]. Número 63. [https://storage.e.jimdo.com/file/35984754-5258-4ddc-be81-9702eae5bd62/BRAC-063-14.pdf Disponible en Internet]. Accedido el 3 de agosto de 2026</ref> ==
<blockquote>Hubo en Córdoba muchos alborotos sobre el pago de las alcabalas, pués había mandado el Rey que se pagase el diez por ciento, y asimismo por ciertas diferencias que hubo en Cortes con muchas ciudades. Se principió a pagar el Domingo de Ramos y se nombraron fieles de todas las rentas. La carestía de este año en Galicia y Portugal fué causa de que se viniesen a Córdoba muchas familias de estos reinos Llegó allí a valer la fanega de trigo cinco ducados.  
<blockquote>Hubo en Córdoba muchos alborotos sobre el pago de las alcabalas, pués había mandado el Rey que se pagase el diez por ciento, y asimismo por ciertas diferencias que hubo en Cortes con muchas ciudades. Se principió a pagar el Domingo de Ramos y se nombraron fieles de todas las rentas. La carestía de este año en Galicia y Portugal fué causa de que se viniesen a Córdoba muchas familias de estos reinos Llegó allí a valer la fanega de trigo cinco ducados.  


Santa Teresa de Jesús, yendo a la fundación de Sevilla, llegó a Córdoba el último día de Pascua del Espíritu Santo, muy temprano por evitar la curiosidad, y para oir misa se dirigieron las religiosas y el P. Julián de Avila, que las acompañaba, a la igle sia del Campo de la Verdad, sin saber que es su advocación el Espíritu Santo, por lo que aquel día había fiesta y gran concurso de gente.<blockquote><blockquote>«Cuando yo vi ésto, dice la Santa, dióme mucha pena, y a mi parecer era mejor irnos sin oír misa, que entrar en tanta baraúnda. El P. Julián de Avila no le pareció. Apeámonos (del carro) cerca de la iglesia, que aunque no nos podía ver nadie los rostros, porque siempre llevamos delante dellos velos grandes, bastaba vernos con ellos y capas blancas de sayal como traemos, y alpargatas, para alterar a todos. Y así lo fué: aquel sobresalto me debió quitar la calentura del todo, que cierto lo fué grande para mí y para todos Al principio de entrar por la iglesia se llegó a mí un hombre de bien a apartar la gente; yo le rogué mucho nos llevase a alguna capilla; hízolo así y cerróla y no nos dejó hasta tornarnos a sacar de la iglesia y después vino a Sevilla y dijo a un padre de nuestra Orden que por aquella buena obra que había hecho, pensaba que Dios habíale hecho merced, que le habían proveido de una grande hacienda o dado, de que él estaba descuidado. Yo Os digo, hijas, que aunque esto no os pareciese quizá nada, que fué pala mí uno de los malos ratos que he pasado, porque el alboroto de la gente era como si entraran toros ansí no ví la hora que salir de allí...»</blockquote></blockquote></blockquote>
Santa Teresa de Jesús, yendo a la fundación de Sevilla, llegó a Córdoba el último día de Pascua del Espíritu Santo, muy temprano por evitar la curiosidad, y para oir misa se dirigieron las religiosas y el P. Julián de Avila, que las acompañaba, a la igle sia del Campo de la Verdad, sin saber que es su advocación el Espíritu Santo, por lo que aquel día había fiesta y gran concurso de gente.<blockquote><blockquote>«Cuando yo vi ésto, dice la Santa, dióme mucha pena, y a mi parecer era mejor irnos sin oír misa, que entrar en tanta baraúnda. El P. Julián de Avila no le pareció. Apeámonos (del carro) cerca de la iglesia, que aunque no nos podía ver nadie los rostros, porque siempre llevamos delante dellos velos grandes, bastaba vernos con ellos y capas blancas de sayal como traemos, y alpargatas, para alterar a todos. Y así lo fué: aquel sobresalto me debió quitar la calentura del todo, que cierto lo fué grande para mí y para todos Al principio de entrar por la iglesia se llegó a mí un hombre de bien a apartar la gente; yo le rogué mucho nos llevase a alguna capilla; hízolo así y cerróla y no nos dejó hasta tornarnos a sacar de la iglesia y después vino a Sevilla y dijo a un padre de nuestra Orden que por aquella buena obra que había hecho, pensaba que Dios habíale hecho merced, que le habían proveido de una grande hacienda o dado, de que él estaba descuidado. Yo Os digo, hijas, que aunque esto no os pareciese quizá nada, que fué pala mí uno de los malos ratos que he pasado, porque el alboroto de la gente era como si entraran toros ansí no ví la hora que salir de allí...»</blockquote></blockquote></blockquote>

Revisión del 16:12 3 ago 2026

Año 1575
Años: 1572 1573 1574 - 1575 - 1576 1577 1578
Siglos: Siglo XV - Siglo XVI - Siglo XVII


Anales de Córdoba por Luis María Ramírez de las Casas Deza[1]

Hubo en Córdoba muchos alborotos sobre el pago de las alcabalas, pués había mandado el Rey que se pagase el diez por ciento, y asimismo por ciertas diferencias que hubo en Cortes con muchas ciudades. Se principió a pagar el Domingo de Ramos y se nombraron fieles de todas las rentas. La carestía de este año en Galicia y Portugal fué causa de que se viniesen a Córdoba muchas familias de estos reinos Llegó allí a valer la fanega de trigo cinco ducados.


Santa Teresa de Jesús, yendo a la fundación de Sevilla, llegó a Córdoba el último día de Pascua del Espíritu Santo, muy temprano por evitar la curiosidad, y para oir misa se dirigieron las religiosas y el P. Julián de Avila, que las acompañaba, a la igle sia del Campo de la Verdad, sin saber que es su advocación el Espíritu Santo, por lo que aquel día había fiesta y gran concurso de gente.

«Cuando yo vi ésto, dice la Santa, dióme mucha pena, y a mi parecer era mejor irnos sin oír misa, que entrar en tanta baraúnda. El P. Julián de Avila no le pareció. Apeámonos (del carro) cerca de la iglesia, que aunque no nos podía ver nadie los rostros, porque siempre llevamos delante dellos velos grandes, bastaba vernos con ellos y capas blancas de sayal como traemos, y alpargatas, para alterar a todos. Y así lo fué: aquel sobresalto me debió quitar la calentura del todo, que cierto lo fué grande para mí y para todos Al principio de entrar por la iglesia se llegó a mí un hombre de bien a apartar la gente; yo le rogué mucho nos llevase a alguna capilla; hízolo así y cerróla y no nos dejó hasta tornarnos a sacar de la iglesia y después vino a Sevilla y dijo a un padre de nuestra Orden que por aquella buena obra que había hecho, pensaba que Dios habíale hecho merced, que le habían proveido de una grande hacienda o dado, de que él estaba descuidado. Yo Os digo, hijas, que aunque esto no os pareciese quizá nada, que fué pala mí uno de los malos ratos que he pasado, porque el alboroto de la gente era como si entraran toros ansí no ví la hora que salir de allí...»

El día 27 de noviembre se descubrieron las reliquias de los Santos Mártires de Córdoba, que estaban sepultadas en la iglesiaparroquial de San Pedro, en tiempo de romanos y godos basílica de los Tres Santos Fausto, Januario y Marcial. Estas reliquias, que se habían buscado varias veces iuútilmente, fueron descubiertas por casualidad, haciendo una obra en la citada iglesia.

  1. Anales de la Historia de Córdoba. Luis María Ramírez de las Casas Deza. Insertado en Boletín de la Real Academia de Córdoba. Número 63. Disponible en Internet. Accedido el 3 de agosto de 2026