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Revisión actual - 20:13 24 ago 2026
Vicente Toscano Quesada es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.
Texto
En la culta ciudad de Cabra nació este escritor, tan infortunado como la mayoría de los hombres que se dedican al cultivo de la Literatura.
Las lecciones de don Luis Herrera le convirtieron en un enamorado de los clásicos y la lectura de las obras de su paisano don Juan Valera le depuraron el gusto; por eso apenas comenzó a demostrar sus aficiones poéticas llamaron la atención los versos de Toscano por su galanura, por su atildamiento, por su corrección irreprochable.
En el periódico titulado El Semanario de Cabra publicó los primeros frutos de su inspiración y en las reuniones de la original sociedad egabrense denominada Lekanaklub leyó inspiradas composiciones poéticas, las cuales merecieron entusiastas elogios de los notables literatos que figuraban en dicha Asociación.
La imperiosa necesidad de buscar en el trabajo los medios de vida de que carecía obligóle a abandonar su tierra natal y marchó a Barcelona, dispuesto a dedicarse al periodismo.
¿Cuál fue su labor allí? La desconocemos. Muchas veces le preguntamos noticias de ella y siempre rehusó contestarnos.
Seguramente no logró satisfacer sus aspiraciones en la ciudad condal, pues bien pronto la abandonó, regresando a su pueblo y trasladándose poco después a Córdoba.
En nuestra capital formó parte de las redacciones del Diario y El Español, pero en ambas estuvo poco tiempo, pues, en honor a la verdad, Vicente Toscano no era periodista, sino únicamente poeta; sólo había nacido para hacer versos, unos versos correctísimos, de sabor ático, escritos con una letra española grande, clara, irreprochable.
Inútil, era preguntarle si se hallaban en el poder los liberales o los conservadores; quién presidía el Consejo de Ministros; quien tenía a su cargo esta o la otra cartera, porque lo ignoraba. En cambio bastaba recitarle un par de versos de cualquier clásico para que, acto seguido digera [sic] el nombre de su autor.
Hacia cualquier información literaria con una exactitud y un lujo de detalles prodigiosos, pero no podía confiársele las de otro género porque resultaban incompletas, deficientes en grado sumo.
En cierta ocasión se le encomendó la descripción de la apertura de curso en un centro docente y sólo recogió un dato de la ceremonia: el nombre de la persona que ocupó la presidencia.
En las redacciones de los periódicos a que pertenecía buscaba, para trabajar, un sitio dónde estuviese aislado de sus compañeros y allí pasaba hora tras hora escribiendo versos, sus notables Crónicas rimadas , que limaba y pulía infinidad de veces, leyéndolas, y releyéndolas en alta voz, con marcado acento catalán, único recuerdo que conservaba de su permanencia en Barcelona, hasta dejarlas sin el menor defecto, impecables.
Aunque no era tardo en la concepción una vez invirtió en escribir una de sus composiciones para la Prensa cinco o seis días y procuró, durante ese tiempo, que nadie viera las cuartillas, cuando acostumbraba a enseñárselas a sus compañeros apenas concluía cada estrofa.
¿A qué obedecía este secreto? Al deseo de Toscano de causar una sorpresa a sus camaradas.
Cuando terminó la obra mostróla muy satisfecho a los redactores del Diario de Córdoba ; había escrito una primorosa poesía, con versos muy armónicos, empleando tan ingeniosa combinación métrica que la composición presentaba la forma de una copa perfectamente dibujada.
En unos juegos florales, los primeros celebrados en Córdoba en que hubo reina de la fiesta, obtuvo el premio de honor y el día en que se verificó la solemne fiesta literaria fué para Vicente Toscano el más feliz de su vida. ¡Como que en él gustó por primera, y quizá, única vez, las mieles del triunfo!
El clásico escritor egabrense también cultivó la literatura dramática, pero con poco éxito, porque solamente era poeta lírico.
Una buena compañía le estrenó en el Gran Teatro, una comedia titulada Los pergaminos de marras , obra escrita con extraordinaria corrección, en versos fáciles y sonoros, pero inocente, sin interés alguno.
El público, respetuoso con el autor, le aplaudió y llamó al palco escénico por cortesía y aquellos aplausos entusiasmaron a Vicente Toscano, haciéndole concebir la esperanza de que su porvenir estaba en el teatro.
Planeó innumerables obras, empezó a escribir varias al mismo tiempo y hasta pensó en instalar su cuarto de trabajo en un establecimiento donde acostumbraban a reunirse los cómicos para estar en contacto con ellos y poder consultarles frecuentemente.
Los actores llegaron a temerle y a huir de él; uno de los más castigados con la narración de argumentos y la lectura de escenas era el señor Rodrigo, quien acabó por dar orden en la fonda donde se hospedaba a fin de que siempre que Vicente Toscano fuese a buscarle dijéranle que estaba ausente.
Un amigo de ambos hombre de buen humor, enterado de la resolución de Rodrigo, se presentó en el domicilio de éste, en compañía del flamante autor dramático, a la hora del almuerzo.
Sin decir palabra entró en el comedor como en país conquistado y puso frente a frente al poeta y al cómico.
Rodrigo no sólo tuvo que invitar a Toscano para que le acompañase a almorzar sino que, de sobremesa, se vió obligado a sufrir la lectura de una comedia de corte clásico en cuatro jornadas.
El notable escritor que se diera a conocer en las originales reuniones de Lekanaklub, de Cabra, se convenció, al fin, de que la Literatura no había de proporcionarle medios de vida y decidióse a invertir el tiempo en algo más práctico que la composición de odas y dramas.
Un día se nos mostró más contento y locuaz que de ordinario; acababa de encontrar una colocación que le proporcionaría algunas pesetas.
Un imbécil de los que, a costa de dinero, logran convertirse en personajes y hasta pasar por eruditos, le había entregado una porción de notas incoherentes, también compradas, para que con ellas le escribiese un libro, merced al cual figuraría mañana entre los hombres de ciencia, con una legítima reputación.
Como es lógico suponer, este trabajo fué pagado espléndidamente : ¡a dos reales el pliego! de igual modo que los quintos pagaban sus cartas a los antiguos memorialistas. Mas tarde,Toscano Quesada abandonó por completo la pluma, como escritor y como escribiente, y se dedicó a más humildes ocupaciones, a la cobranza de contribuciones e impuestos, acaso para imitar a Cervantes.
En una ocasión, oyendo la charla ininteligible de su chicuelo, le preguntamos: ¿por qué no enseñas a hablar a tu hijo? y nos contestó con amargura: porque en este mundo el hombre que rebuzna tiene más suerte que el que habla.
Llegó un momento en que faltó al poeta toda clase de recursos en Córdoba y entonces marchó a su pueblo natal en busca de los auxilios y los consuelos de la familia.
Y en Cabra los dolores morales y físicos le rindieron, tras una interminable y desesperada lucha con el infortunio y cierto día, un buen día para él, entregó el alma a Dios, tal vez recordando aquellos versos que escribiera en horas de gran angustia y desaliento infinito:
Todo aquel que lengua tiene dicen que hasta Roma va; yo tengo lengua y, no obstante, nunca he podido encontrar el camino que conduce al Amor y a la Amistad.
Octubre, 1921.
