
El molino Sotomelero es un antiguo molino de aceite, que pertenece al término municipal de Écija, entre las poblaciones de Fuente Palmera, Cañada de Rabadán y Villar.
Descripción
- Antiguo molino de aceite de más de dos siglos de vida que conserva gran parte de sus instalaciones: prensa, bidones, vasijas, torre contrapesada, etc.
- Actualmente en buen estado de conservación y reformado para su explotación como salón de actos y eventos tales como bodas, exposiciones, reuniones de empresas,...
- Cuenta con un salón de celebraciones, una zona ajardinada, cocina industrial, comedor, dormitorios y grandes explanadas, además de parte de las herramientas y elementos de trabajo de su pasado reciente.
- Considerado de interés arquitectónico medio, con torre de molino.
Historia y otros datos
- A principios del siglo XX se produjo un suceso luctuoso (asesinato) en el contexto de este molino.[1][2]
Situación
El molino está situado en el paraje del mismo nombre, carretera Fuente Palmera-Villar Pk10,
Vías de acceso: Desde Écija por las carreteras A8203 y CO4311; desde Fuente Palmera por la carretera; también desde La Carlota; siempre accediendo finalmente por caminos rurales ya que el molino está enclavado en un paraje rural.
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Galería
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Vecino de la zona Soto Melero, carné de circulación, 1937.
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Poesía de Currete, de Cañada del Rabadán, año 2026.
- ↑ “Hallazgo de un esqueleto. Sevilla 18. Al hacer excavaciones en un molino aceitero de Soto Melero, término de Écija, para colocar una caldera, ha sido hallado un esqueleto. El rumor público sospecha sean los restos de Don Juan Martínez de la Cámara, que desapareció hace veintidós años. Entonces se sospechó lo había asesinado su esposa Joaquina Jiménez, en unión de sus convecinos Antonio Rodríguez Salamanca y José Borja Castillo. Por disposición del Juez, la Guardia Civil ha detenido a doña Joaquina en Córdoba y al Rodríguez en una finca próxima a Écija. Borja está actualmente en la cárcel de Posadas por otro delito. Despierta interés el esclarecimiento de este asunto” - La Correspondencia de España del día 9 de Abril de 1906.
- ↑ “UN RECURSO INTERESANTE. El año 1879 contrajeron matrimonio en Sevilla D. José (en la otra nota informativa lo citan como Juan) Martínez de la Cámara y Doña Joaquina Jiménez, mujer de cuantiosa fortuna y de juventud muy borrascosa, que no hubiera pensado probablemente en tan lícita unión, a no tener un hijo, fruto de amores anteriores. Tres años después doña Joaquina denunciaba a las autoridades la desaparición de su esposo y se practicaban las primeras diligencias para averiguar el paradero de D. José. Nadie, sin embargo, supo poner a la Policía en la pista de los criminales y aunque el 7 de Octubre de 1882 dirigió al alcalde de Écija el Juez de Instrucción un escrito en el cual hacíase eco del rumor público, rumor que señala a doña Joaquina y a su cochero con quien sostenía a la sazón amorosas relaciones, como autores de la muerte del Sr. Martínez de la Cámara, nada se consiguió averiguar y hubo de sobreseerse la causa provisionalmente. En fechas posteriores se abrió de nuevo el sumario con idéntico resultado, pues es lo cierto que los criminales habían borrado todas las huellas de su horrendo delito y ni aun siendo directamente acusados, como lo fueron por dos presos del penal de Ocaña, trasladados a Écija con tal motivo, perdieron en serenidad incurriendo en una sola sospechosa contradicción. Bien es cierto que los años iban transcurriendo y con ellos se extinguía por lo visto sus recuerdos y sus remordimientos, si es que alguna vez se arrepintieron de su execrable crimen. Así las cosas y cuando por todos parecía olvidada la desaparición del Sr. Martínez, vino a interrumpir la dicha que disfrutaba la viuda, y su cochero Antonio Rodríguez Salamanca el macabro hallazgo de un esqueleto en la finca Soto Melero, en la que vivía precisamente doña Joaquina con su esposo Martínez de la Cámara, cuando este desapareció como por encanto. El nuevo propietario del coto denunció el hallazgo a las autoridades. Estas detuvieron a doña Joaquina, a su cochero y a un mozo de mulas y como esta vez no les acusaban dos desdichados presos de un penal, ni se trataba tampoco de un rumor vago y sin fundamento, sino de un descubrimiento decretado por quien todo lo puede, para impedir por más tiempo la impunidad de tan tremendo crimen, los culpables se amedrentaron, incurrieron en varias contradicciones y por último, confesaron su delito, manifestando que en efecto, ellos, los tres, habían asesinado al Sr. Martínez de la Cámara y enterrado su cadáver en el acto. Procesados los tres por la Audiencia de Sevilla, los condenó a muerte, pero entendiendo los procesados que su delito prescribió a los veinte años de su realización, confiaron al Sr. Canalejas el recurso que ayer tarde se vio ante el Tribunal Supremo. La cuestión que ahora ha de resolverse es la de si la prescripción se ha interrumpido, cosa que parece fuera de duda, desde el momento en que dos presos del penal de Ocaña sostienen la acusación contra los verdaderos autores el año 1888, si bien no pudieron probar lo que al fin ha venido a demostrarse de un modo evidente. La Audiencia de Sevilla así lo entendió también y por ello abrió el juicio y condenó a los criminales. Ahora falta conocer el criterio del Supremo en este, a todas luces interesante asunto, pues si contra la opinión de la Audiencia sevillana entiende que la prescripción no se ha interrumpido, los tres condenados volverán libres y tranquilos al seno de la sociedad. Publicaremos la sentencia que recaiga. UN PASANTE”. - Diario ABC de Madrid, el domingo 26 de Enero de 1908,
