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Francisco Zapata y Cisneros

De Cordobapedia


Francisco Zapata de Cisneros

Corregidor de Córdoba, I conde de Barajas y presidente del Consejo de Castilla

Nacimiento: Primer tercio del siglo XVI
Probablemente Madrid
Fallecimiento: 1594
Barajas (Madrid)
Profesion: Noble, administrador y hombre de Estado
Actividad: Corregidor de Córdoba, asistente de Sevilla, consejero de Estado y presidente de los consejos de Órdenes y Castilla
Reconocimientos: I conde de Barajas; caballero y trece de la Orden de Santiago
Destacado: Impulsó las Caballerizas Reales, la Puerta Nueva, las fuentes de la plaza de la Corredera y del Salvador y la movilización militar de Córdoba durante la Rebelión de las Alpujarras

Contexto histórico

Décadas: 1560 -

Francisco Zapata de Cisneros y Osorio, citado también como Francisco Zapata y Cisneros y conocido desde 1572 como I conde de Barajas, fue un noble, administrador y hombre de Estado de la época de Felipe II. Ejerció como corregidor de Córdoba entre 1566 y 1570, periodo durante el cual dirigió algunas de las actuaciones urbanísticas, hidráulicas, militares e institucionales más importantes de la Córdoba del siglo XVI.[1]

Su gobierno coincidió con uno de los momentos de mayor prosperidad demográfica y económica de la Córdoba moderna, una ciudad que superaba los cincuenta mil habitantes y que actuaba como nudo comercial entre la Campiña, la Sierra, Granada, Extremadura y Sevilla.[2]

Durante sus años en Córdoba se pusieron en marcha las Caballerizas Reales, se construyeron fuentes monumentales, se preparó la entrada de Felipe II por la Ajerquía, se reforzó el carácter representativo de la plaza de la Corredera y se organizaron los contingentes cordobeses destinados a combatir la rebelión morisca de Granada.

Juan Rufo, que conoció personalmente su actuación, le dedicó uno de los elogios más extensos de La Austríada. El poeta lo presentó como el primer gobernante que comprendió la gravedad de la rebelión de las Alpujarras y destacó que sus edificios y fuentes conservarían su memoria en Córdoba.

Origen familiar

Francisco Zapata de Cisneros pertenecía a una familia nobiliaria vinculada a Madrid y a las villas de Barajas, la Alameda, Rejas y Torrejoncillo. Fue hijo de Juan Zapata Osorio, señor de Barajas y de la Alameda, y de María de Cisneros, perteneciente al linaje del Cardenal Cisneros.[3]

Contrajo matrimonio con María de Mendoza. Entre sus hijos se encontró Antonio Zapata y Cisneros, que llegó a ser obispo de Cádiz y Pamplona, arzobispo de Burgos, cardenal, virrey de Nápoles e inquisidor general.[4]

Francisco Zapata fue caballero y trece de la Orden de Santiago, señor de Barajas y de la Alameda y comendador de varias encomiendas de la Orden. La confianza de Felipe II en su capacidad administrativa le permitió desarrollar una carrera ascendente al servicio de la Monarquía.

Carrera política

Antes de llegar a Córdoba había ejercido funciones municipales y administrativas al servicio de la Corona. Fue regidor de Madrid y desempeñó responsabilidades en el marquesado de Villena.

Su trayectoria principal fue la siguiente:

Periodo Cargo Actuación
1566-1570 Corregidor de Córdoba Gobierno de la ciudad, establecimiento de las Caballerizas Reales, obras públicas, preparación de la estancia de Felipe II y movilización militar contra la rebelión de Granada.
1572 I conde de Barajas Felipe II elevó el señorío familiar a condado como reconocimiento a sus servicios.
1573-1579 Asistente y capitán general de Sevilla Impulsó la Alameda de Hércules, obras hidráulicas, puertas, caminos y reformas defensivas.
Desde 1573 Consejero de Estado Participó en los órganos superiores de gobierno de la Monarquía.
1580-1583 Presidente del Consejo de Órdenes Dirigió la administración de las órdenes militares.
1583-1591 Presidente del Consejo de Castilla Ocupó uno de los cargos políticos y judiciales más importantes de la Monarquía Hispánica.

También fue mayordomo mayor de la reina Ana de Austria y ayo o responsable de la casa de algunos de los hijos de Felipe II.[3]

Corregidor de Córdoba

Francisco Zapata fue nombrado corregidor de Córdoba en 1566 y ejerció el cargo hasta 1570. El corregidor era el principal representante de la Corona en la ciudad y presidía el gobierno municipal, supervisaba la administración de justicia, dirigía la defensa del territorio y vigilaba la gestión económica del concejo.

Su nombramiento respondía a la voluntad de Felipe II de disponer en Córdoba de un funcionario de absoluta confianza. La ciudad tenía un gran valor estratégico por su proximidad al reino de Granada, por su riqueza, por la importancia de sus linajes nobiliarios y por su capacidad para aportar caballos, soldados, armas y recursos económicos.

Zapata tuvo que gobernar un concejo dominado por poderosas familias locales, coordinarse con el Cabildo Catedralicio, atender las órdenes de la Corte y ejecutar proyectos reales que, como las Caballerizas, afectaban a los bienes comunales y a los intereses de numerosos propietarios.

Su gestión no se limitó a la administración ordinaria. Se distinguió por una concepción representativa del espacio urbano: las fuentes, las puertas, las plazas y los recorridos ceremoniales debían ser útiles, pero también transmitir la autoridad de la Corona y la grandeza de la ciudad.

Las Caballerizas Reales

La principal actuación institucional de Zapata en Córdoba fue su intervención en la fundación de las Caballerizas Reales.

Felipe II eligió Córdoba en 1567 para establecer una gran yeguada destinada a seleccionar, criar y mejorar el caballo que con el tiempo sería conocido como caballo andaluz o caballo de pura raza española. La elección se apoyaba en la tradición ecuestre cordobesa, la calidad de sus animales, la disponibilidad de dehesas y la posición geográfica de la ciudad.[1]

El proyecto debía reunir inicialmente las yeguadas reales de Córdoba, Jerez y Jaén, con varios centenares de yeguas. Para ello resultaban necesarios:

  • Una caballeriza urbana capaz de alojar los potros.
  • Dehesas de invierno y de verano.
  • Caballos sementales seleccionados.
  • Personal especializado.
  • Un sistema de identificación y registro de los animales.
  • Una organización administrativa y contable.
  • Una fuente permanente de financiación.

Responsabilidad de Zapata

La ejecución fue encomendada principalmente a dos personas:

  • Francisco Zapata de Cisneros, como corregidor y representante político de Felipe II.
  • Diego López de Haro Sotomayor, veinticuatro de Córdoba y primer caballerizo mayor.

Zapata debía facilitar los terrenos, coordinar al Ayuntamiento, garantizar el cumplimiento de las órdenes reales y resolver los conflictos jurídicos y económicos que surgieran.

En abril de 1568, Zapata y Diego López de Haro negociaron con los inquisidores cordobeses la disponibilidad de los terrenos próximos al Alcázar de los Reyes Cristianos en los que se levantaría la caballeriza. La presencia de propiedades, murallas y dependencias de la Inquisición obligó a delimitar cuidadosamente el espacio.[5]

El edificio comenzó a levantarse en 1568. Aunque fue profundamente reconstruido después del incendio de 1734, conserva la memoria del establecimiento creado durante el corregimiento de Zapata.

Las dehesas

La organización de la yeguada obligó a seleccionar y deslindar grandes zonas de pasto. Entre las dehesas vinculadas al primer proyecto se encontraban:

  • La Ribera, junto al Guadalquivir.
  • Pendolillas, en las proximidades de Alcolea.
  • Gamonosas, en terrenos cercanos a Espiel y al Guadiato.
  • Otros baldíos y fincas particulares situados en el término cordobés.

En 1568, Zapata participó junto a Diego López de Haro en el amojonamiento y delimitación de algunos de estos espacios. La utilización de baldíos y tierras comunales provocó tensiones, ya que los vecinos perdían temporalmente pastos que hasta entonces habían aprovechado libremente.[1]

Las Caballerizas Reales fueron, por tanto, mucho más que un edificio. Constituyeron una institución territorial, económica y administrativa cuya puesta en marcha exigió la intervención directa del corregidor.

Política hidráulica y fuentes monumentales

Otra de las grandes aportaciones de Zapata fue la construcción de fuentes públicas.

En el urbanismo renacentista, una fuente monumental cumplía varias funciones:

  • Abastecía de agua a los vecinos.
  • Permitía abrevar a las caballerías.
  • Mejoraba las condiciones higiénicas.
  • Ordenaba y embellecía las plazas.
  • Mostraba los escudos de la Corona y la ciudad.
  • Convertía el agua en símbolo de buen gobierno.

La historiografía identifica con seguridad dos fuentes monumentales promovidas durante su corregimiento: la de la Corredera y la del Salvador.[2]

Fuente de la Corredera

La fuente de la plaza de la Corredera fue construida en 1568 y colocada en el centro de la plaza. Su instalación reforzó el carácter representativo de un espacio que servía como mercado, lugar de fiestas, escenario de corridas, actos públicos y concentraciones militares.

Cuando Felipe II entró en Córdoba en 1570, la fuente llamó su atención. La relación de la visita regia señala que el monarca se detuvo a contemplarla.

La fuente tenía un gran pilón y un cuerpo central de carácter monumental, probablemente decorado con mármoles y elementos heráldicos. En 1607 fue retirada de la Corredera porque dificultaba la celebración de corridas de toros y juegos de cañas. Se trasladó primero a la plaza de las Cañas y después a la plaza de San Pedro, donde acabó siendo destruida en 1821.[2]

Fuente de la plaza del Salvador

La segunda obra hidráulica documentada fue la fuente de la plaza del Salvador, situada en el entorno de las actuales calles Capitulares, Alfonso XIII, Alfaros y San Pablo.

Estaba adornada con las armas de la Monarquía de los Austrias y formaba parte del centro cívico que el Ayuntamiento estaba consolidando en la Ajerquía.

La fuente sufrió graves daños en 1813. Los restos conservados fueron trasladados y recompuestos en 1863 en la plaza de San Andrés, donde permanece una fuente procedente de aquella instalación renacentista.[2]

Características de las fuentes

Las fuentes promovidas durante su mandato seguían un esquema semejante:

  • Pilón exento, normalmente poligonal.
  • Vástago o columna central.
  • Taza o tazas superpuestas.
  • Surtidores situados en el cuerpo superior.
  • Remate escultórico o heráldico.
  • Utilización de piedra y mármoles de distintos tonos.

La monumentalidad no anulaba su carácter práctico. Eran al mismo tiempo obras de abastecimiento, abrevaderos y ornamentos urbanos.

La Fuente del Potro: atribución discutida

Tradicionalmente se ha afirmado que Zapata promovió también la Fuente del Potro. Sin embargo, esta atribución debe manejarse con cautela.

La Fuente del Potro está documentada en 1577, varios años después de la salida de Zapata del corregimiento cordobés. Su diseño pertenece a la misma tipología que las fuentes de la Corredera y del Salvador, pero la semejanza formal no demuestra que fuera construida por iniciativa del antiguo corregidor.

Por ello, las obras hidráulicas que pueden vincularse con mayor seguridad a Francisco Zapata son:

  1. La fuente de la Corredera.
  2. La fuente de la plaza del Salvador.

La Fuente del Potro puede citarse como ejemplo conservado del modelo de fuente monumental desarrollado en la Córdoba del Renacimiento, pero no como obra segura de Zapata.

Transformación de la plaza de la Corredera

La Corredera había comenzado a configurarse como plaza mayor desde mediados del siglo XVI. El Ayuntamiento compró y ordenó inmuebles, construyó edificios públicos y trató de regularizar un espacio que todavía presentaba entrantes, salientes y fachadas desiguales.

Zapata contribuyó a esa transformación mediante la fuente central y el acondicionamiento del recinto para celebraciones públicas. La plaza concentraba:

  • El Pósito.
  • La Casa de la Romana.
  • La casa del corregidor.
  • El cadalso o lugar de ejecución de penas.
  • Espacios comerciales.
  • Construcciones temporales para fiestas y ceremonias.

Teodomiro Ramírez de Arellano atribuyó también a Zapata la construcción, en 1568 y 1569, de algunos de los primeros portales regulares de la plaza y la eliminación del lugar elevado conocido como el Teatro, en el que se exponía públicamente a determinados condenados.[6]

Esta atribución procede de la historiografía tradicional y no está tan sólidamente documentada como la construcción de la fuente.

La Puerta Nueva y la entrada de Felipe II

Una de las actuaciones urbanísticas más significativas de Zapata fue la transformación de un portillo oriental de la muralla en la denominada Puerta Nueva.

El portillo había sido abierto en 1518 en el lienzo oriental de la muralla de la Ajerquía. Con motivo de la llegada de Felipe II, fue ampliado, monumentalizado y decorado con las armas de la Corona y de Córdoba.[2]

Zapata tomó una decisión de importante contenido político: Felipe II no entraría directamente por la tradicional Puerta del Puente, vinculada al sector catedralicio y nobiliario, sino por la Ajerquía, atravesando el centro comercial y municipal.

El recorrido permitió mostrar al rey:

  1. La nueva puerta ceremonial.
  2. Las calles y parroquias de la Ajerquía.
  3. La iglesia de San Pedro.
  4. La plaza de la Corredera y su fuente.
  5. La Espartería.
  6. La plaza del Salvador.
  7. El centro comercial de la ciudad.
  8. La Catedral y el palacio episcopal.

La Puerta Nueva se convirtió desde entonces en entrada de reyes y visitantes ilustres. Fue reformada en 1729 y nuevamente en 1798, antes de desaparecer con el derribo de las murallas.

Diferencia con la Puerta del Puente

La Puerta Nueva promovida por Zapata no debe confundirse con la actual Puerta del Puente.

La monumentalización definitiva de la Puerta del Puente fue acordada en 1572, cuando Zapata ya no gobernaba Córdoba, y fue encomendada a Hernán Ruiz III. Aunque la visita de Felipe II pudo influir en la posterior reforma, no existe base suficiente para considerar la puerta conservada como una obra personal de Zapata.[7]

Felipe II y las Cortes de Córdoba

Felipe II permaneció en Córdoba durante varios meses de 1570. La ciudad fue utilizada como centro político y militar desde el que seguir la guerra de Granada.

La estancia real convirtió a Córdoba temporalmente en corte de la Monarquía. Se reunieron procuradores, consejeros, militares, servidores reales y representantes de ciudades. El rey asistió a ceremonias religiosas, recibió informes sobre la rebelión y trató asuntos relacionados con la financiación de la guerra.

Zapata tuvo que organizar:

  • El alojamiento del monarca y de la Corte.
  • La entrada ceremonial.
  • La seguridad de la ciudad.
  • El abastecimiento de alimentos.
  • El adorno de calles y plazas.
  • La coordinación con el Cabildo Catedralicio.
  • La preparación de actos públicos y religiosos.

El palacio episcopal sirvió de alojamiento principal al rey. La estancia contribuyó a consolidar la imagen de Córdoba como ciudad estratégica entre Castilla, Andalucía y el reino de Granada.

La Rebelión de las Alpujarras

El gobierno de Zapata coincidió con la Rebelión de las Alpujarras, iniciada a finales de 1568.

La proximidad de Córdoba al territorio granadino convirtió al corregidor en uno de los responsables de organizar los auxilios. Tras recibir noticias del levantamiento, convocó a los caballeros, hidalgos, jurados y hombres de las distintas collaciones.

El 4 de enero de 1569 se realizó una muestra de armas en el Campo de la Verdad, donde se reunieron hombres a pie y a caballo. Se formaron compañías, se nombraron capitanes y se prepararon armas, caballos, bastimentos y dinero.[8]

Zapata dirigió personalmente uno de los contingentes más importantes. Según Luis del Mármol Carvajal, salió de Córdoba el 28 de octubre con:

  • Doscientos caballos.
  • Mil soldados de infantería.
  • Cuatro capitanes de infantería.
  • Capitanes de caballería.
  • Trompetas, ministriles, tambores y pífanos.
  • Estandartes con las armas de Córdoba.
  • Bastimentos y animales de carga.

El ejército llegó el día 30 a Alhendín, en la Vega de Granada. Mármol destacó la buena preparación, la apariencia y la disciplina de las tropas cordobesas:

«Iba toda esta gente tan bien aderezada y proveída de armas y de caballos, que representaban bien la pompa de su ciudad y de su capitán».

[9]

Las tropas llevaban los estandartes de la ciudad, con el león y la bordura de castillos y leones. Los músicos y servidores vestían libreas de terciopelo carmesí, azul y amarillo, adornadas con franjas y pasamanos de oro.

Expulsión de los moriscos granadinos

Zapata intervino también en la operación de concentración y deportación de la población morisca del reino de Granada.

Después de la derrota de los rebeldes, miles de moriscos, incluidas mujeres, ancianos y niños, fueron encerrados, agrupados y trasladados hacia Castilla, Extremadura y otros territorios. Mármol Carvajal afirma que Zapata recibió el encargo de conducir a varios miles de ellos.[9]

Esta actuación formó parte de una política general de la Monarquía destinada a desarticular las comunidades moriscas granadinas. Constituyó uno de los aspectos más duros de la represión posterior a la guerra.

Juan Rufo y el elogio de Zapata

La actuación de Francisco Zapata en Córdoba fue celebrada por Juan Rufo en el canto VI de La Austríada, publicado en 1584.

Rufo lo presenta como un gobernante prudente que comprendió antes que otros la gravedad de la rebelión:

Es fama, es la verdad, es evidencia,
que a la cruel morisca exorbitancia
fue el que primero hizo resistencia,
socorros enviando de importancia;
de suerte que venció con la prudencia
la turbación, el tiempo y la distancia,
pues fue el que por la mano dio a Granada
favor en su aflicción con mano armada.

El poeta dedica inmediatamente otra octava a sus obras públicas:

Los edificios que fundó excelentes
en Córdoba le alaban cada día,
y alabarán nuestros descendientes,
movidos de razón y cortesía;
las cristalinas y hermosas fuentes,
en su ruido dulce y armonía,
celebrarán su nombre, y como efecto
a su causa tendrán digno respeto.

[10]

Los versos demuestran que las fuentes y edificios promovidos por Zapata fueron considerados por sus contemporáneos como la parte más visible de su legado cordobés.

Rufo enlaza además la actuación cordobesa con su posterior gobierno de Sevilla, donde Zapata transformó un terreno insalubre en la Alameda de Hércules. El poeta interpreta ambas etapas como manifestaciones de una misma política: ordenar el espacio urbano, conducir el agua, sanear lugares degradados y convertirlos en escenarios representativos.

Actuaciones atribuidas en Córdoba

Actuación Fecha Grado de certeza Observaciones
Fundación de las Caballerizas Reales 1567-1568 Muy alto Zapata recibió responsabilidades directas como corregidor y colaboró con Diego López de Haro en la elección de terrenos, dehesas y organización inicial.
Fuente de la plaza de la Corredera 1568 Muy alto Fue contemplada por Felipe II en 1570. Tras varios traslados, desapareció en 1821.
Fuente de la plaza del Salvador Hacia 1568 Muy alto Decorada con las armas de los Austrias. Sus restos fueron instalados en la plaza de San Andrés.
Puerta Nueva 1569-1570 Muy alto Monumentalización de un portillo de la Ajerquía para la entrada de Felipe II.
Ordenación ceremonial del recorrido de Felipe II 1570 Muy alto Conectó la Ajerquía, San Pedro, la Corredera, el Salvador, la Catedral y el palacio episcopal.
Primeros portales de la Corredera 1568-1569 Atribución tradicional Citados por Ramírez de Arellano, aunque con menor respaldo documental que la fuente.
Eliminación del «Teatro» de la Corredera Hacia 1568 Atribución tradicional Lugar elevado utilizado para exponer y castigar públicamente a los condenados.
Fuente del Potro 1577 No confirmada La cronología es posterior a su corregimiento. No debe atribuirse como obra segura.
Actual Puerta del Puente Desde 1572 No atribuible directamente La reforma monumental conservada fue emprendida después de su salida de Córdoba.

Etapa sevillana

Después de su gobierno cordobés, Zapata fue nombrado asistente y capitán general de Sevilla.

Entre sus actuaciones destacó la creación de la Alameda de Hércules, sobre una zona baja, pantanosa e insalubre. El proyecto incluyó drenajes, plantaciones, fuentes, paseos y la colocación de columnas romanas.

La experiencia acumulada en Córdoba parece haber influido en esta política. Tanto las fuentes cordobesas como la Alameda sevillana respondían a un mismo concepto renacentista de gobierno urbano, basado en:

  • El abastecimiento de agua.
  • El saneamiento.
  • La creación de paseos.
  • La monumentalidad.
  • La recuperación simbólica de la Antigüedad.
  • La asociación entre obra pública y memoria del gobernante.

En 1572, Felipe II le concedió el título de conde de Barajas.

Presidente del Consejo de Castilla

Tras su etapa andaluza, Zapata regresó a la Corte. Fue presidente del Consejo de Órdenes y, posteriormente, presidente del Consejo de Castilla, uno de los órganos centrales de la Monarquía.

El Consejo de Castilla tenía atribuciones judiciales, legislativas y administrativas. Su presidente intervenía en el nombramiento de corregidores, magistrados y altos funcionarios y mantenía una relación directa con el rey.

Zapata compatibilizó estas responsabilidades con cargos palatinos y con su pertenencia a los consejos de Estado y Guerra. Su carrera muestra la importancia que Felipe II concedía a la experiencia adquirida por los corregidores en el gobierno de las grandes ciudades.

Falleció en 1594, probablemente en sus posesiones de Barajas.[11]

Valoración de su gobierno cordobés

Francisco Zapata de Cisneros puede ser considerado uno de los corregidores más influyentes de la Córdoba del siglo XVI.

Su aportación se desarrolló en cinco ámbitos principales:

Gobierno y representación real

Reforzó la presencia de la Corona en una ciudad gobernada por poderosos linajes y convirtió el corregimiento en instrumento de ejecución de grandes proyectos reales.

Transformación urbana

Intervino en la monumentalización de la Ajerquía, la Corredera y el Salvador, dando mayor cohesión al centro cívico y comercial.

Abastecimiento y ornato

Las fuentes de la Corredera y el Salvador unieron utilidad, decoración, heráldica y propaganda política.

Desarrollo ecuestre

Su participación en las Caballerizas Reales contribuyó a crear una institución que marcaría durante siglos la identidad ecuestre de Córdoba.

Organización militar

Movilizó con rapidez hombres, caballos, armas y recursos para la guerra de Granada y dirigió personalmente un contingente cordobés.

Legado

Gran parte de las obras promovidas durante su mandato desapareció o fue profundamente transformada. La fuente de la Corredera fue destruida, la Puerta Nueva fue demolida y las Caballerizas Reales fueron reconstruidas tras el incendio del siglo XVIII.

Sin embargo, su huella permanece en:

  • El edificio y la institución histórica de las Caballerizas Reales.
  • La fuente trasladada a la plaza de San Andrés.
  • La configuración de la plaza de la Corredera como espacio representativo.
  • El itinerario histórico de la entrada de Felipe II.
  • La tradición ecuestre cordobesa.
  • Los versos de Juan Rufo.
  • La documentación municipal y real relacionada con la rebelión de Granada.

Su gobierno representa uno de los momentos en que Córdoba trató de abandonar parte de su estructura urbana medieval para presentarse como una ciudad de la Monarquía renacentista. Zapata utilizó el agua, las plazas, las puertas, los caballos y las ceremonias como piezas de una misma política urbana.

Bibliografía

  • FORTEA PÉREZ, José Ignacio: Córdoba en el siglo XVI: las bases demográficas y económicas de una expansión urbana. Córdoba, 1981.
  • GARCÍA CANO, María Isabel: «Caballerizas Reales. El gran proyecto de Felipe II para Córdoba», Boletín de la Real Academia de Córdoba, número 166, 2017, pp. 53-82.
  • MÁRMOL CARVAJAL, Luis del: Historia del rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada. Málaga, 1600.
  • PUCHOL CABALLERO, María Dolores: Urbanismo del Renacimiento en la ciudad de Córdoba. Córdoba, Diputación Provincial, 1992.
  • RAMÍREZ DE ARELLANO, Teodomiro: Paseos por Córdoba.
  • RUFO, Juan: La Austríada. Madrid, Alonso Gómez, 1584.
  • VILLAR MOVELLÁN, Alberto: «Esquemas urbanos de la Córdoba renacentista», Laboratorio de Arte, número 11, 1998, pp. 101-120.
  • VILLAR MOVELLÁN, Alberto y DABRIO GONZÁLEZ, María Teresa: «Relaciones urbanas del cabildo catedralicio en la Córdoba del Quinientos», Laboratorio de Arte, número 5, 1992, pp. 163-193.

Véase también

Referencias

  1. 1,0 1,1 1,2 GARCÍA CANO, María Isabel: «Caballerizas Reales. El gran proyecto de Felipe II para Córdoba», Boletín de la Real Academia de Córdoba, número 166, 2017, pp. 53-82. Texto completo.
  2. 2,0 2,1 2,2 2,3 2,4 VILLAR MOVELLÁN, Alberto: «Esquemas urbanos de la Córdoba renacentista», Laboratorio de Arte, número 11, 1998, pp. 101-120. Texto completo.
  3. 3,0 3,1 EZQUERRA REVILLA, Ignacio: «Francisco Zapata de Cisneros», Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia. Consulta en línea.
  4. «Zapata Cisneros, Antonio (1550-1635)», Portal de Archivos Españoles.
  5. RUIZ GÁLVEZ, Ángel María: «Una catedral para los caballos del rey. Las Reales Caballerizas de Córdoba», estudio sobre la fundación y evolución histórica del edificio.
  6. RAMÍREZ DE ARELLANO, Teodomiro: Paseos por Córdoba, paseo por el barrio de San Pedro. Biblioteca Municipal de Córdoba.
  7. VILLAR MOVELLÁN, Alberto y DABRIO GONZÁLEZ, María Teresa: «Relaciones urbanas del cabildo catedralicio en la Córdoba del Quinientos», Laboratorio de Arte, número 5, 1992, pp. 163-193. Texto completo.
  8. RAMÍREZ DE ARELLANO, Teodomiro: Paseos por Córdoba, paseo por el barrio de Santa Marina. Biblioteca Municipal de Córdoba.
  9. 9,0 9,1 MÁRMOL CARVAJAL, Luis del: Historia del rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada, libro VIII. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
  10. RUFO, Juan: La Austríada, canto VI. Madrid, Alonso Gómez, 1584, pp. 249-250 del ejemplar digital consultado; folios 105-106 de la edición original.
  11. Portal de Archivos Españoles, referencias a Francisco Zapata de Cisneros, fallecido en 1594.



Predecesor
Antonio de la Cueva
Corregidores de Córdoba
1566-1570
Sucesor
Alonso Pérez de Arteaga