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Fernando Guzmán "El Pavo"

Limpiabotas

Fallecimiento: Octubre de 1917
Córdoba (Hospital de Crónicos)
Profesion: Limpiabotas
Actividad: Aeronauta ocasional y novillero
Destacado: Primer cordobés en ascender en globo (1900)
El ascenso en globo de El Pavo. 10 de julio de 1900.

Fernando Guzmán "El Pavo" (fallecido en Córdoba en octubre de 1917) fue un limpiabotas y personaje popular cordobés de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que intentó ser torero y otras cosas más, todas audaces y sorprendentes. Pasó a la historia local por ser el primer cordobés que ascendió en globo, lo que le da derecho a figurar en la historia aeronáutica cordobesa con todos los honores.

Biografía

Fernando Guzmán, que añadía a su nombre el sobrenombre de "el Bueno" —ignorándose si con derecho o no a tal apellido compuesto—, prestó sus servicios a la patria como artillero en Cuba, donde, según su propio testimonio, realizó proezas análogas a las de su supuesto antepasado el héroe de Tarifa, por las que obtuvo los galones de sargento.[1]

Al terminar sus deberes militares regresó a su tierra natal y, como carecía de oficio y no encontró mejor ocupación, se dedicó a la limpieza de calzado. No exento de originalidad, ejercía su humilde oficio en las esquinas de Córdoba limpiando el calzado con arte y haciendo juegos malabares con los cepillos para divertir a sus parroquianos.[2]

El limpiabotas torero

Meditando sobre el negro porvenir que le esperaba, decidió ensayar sus aptitudes para el único arte que proporcionaba dinero en España: un día apareció en las esquinas de la ciudad un gran cartelón anunciando una corrida de novillos en la que actuaba, como matador y por primera vez, "Fernando Guzmán (a) el Pavo". La plaza de toros se llenó de público la tarde de la presentación del nuevo diestro, que cumplió su cometido ni peor ni mejor que otros novilleros de la época; pero, como era imposible tomarlo en serio, fracasó en su empeño y hubiera fracasado aun siendo uno de los fenómenos de su tiempo.[3]

Su nombre siguió apareciendo en carteles y gacetillas taurinas durante años. Hacia 1901, la compañía gimnástica de Pepito López anunciaba en la plaza de toros de Córdoba la lidia de una vaca brava a cargo del decano de los toreros cordobeses Rafael Sánchez "Conejo Viejo", que presentaba como sobresaliente a Fernando Guzmán, El Pavo, junto a banderilleros como José de Dios, Gallinero, Vicente Luque, Cúchares, Antonio Luque, Almendro, y Antonio del Campo, Tremendo de San Lorenzo.[4]

En septiembre de 1902, en las fiestas de Posadas, participó en una novillada en la que la prensa lo presentaba ya como "el popular aeronauta Fernando Guzmán, El Pavo", dando la derecha al novel espada Rafael Salcedo, Alegrías. Según la crónica, banderilleó al novillo "con todos los adelantos del arte": cambios provocados y sin provocar, quiebros de cintura y hasta pasos de bolero en los cuatro pares que colocó, siendo objeto de ovaciones delirantes y de gran número de regalos.[5]

Pionero de la aeronáutica cordobesa

La aventura que más nombre le dio fue la de ser el primer cordobés que ascendió en globo, en julio de 1900, aunque la proeza no estuvo exenta por parte de él de algún incidente digestivo trasero.

Por aquel tiempo llegó a Córdoba una compañía de titiriteros en la que figuraba el aeronauta Enrique Moscardó. El empresario de la compañía tuvo una idea feliz: contratar al Pavo para que efectuase una ascensión en globo y después matara un novillo. Fernando Guzmán aceptó la proposición viendo en lontananza algunas pesetas; firmó un contrato y la noche anterior al día en que debía ponerse a prueba su valor, por partida doble, fue encerrado, ante el temor, muy justificado por cierto, de que se arrepintiera de su proyectada acción heroica.[6]

Llegado el momento de surcar el espacio, sujeto en unas anillas y vistiendo un blanco traje de marino que armonizaba perfectamente con la mortal palidez de su rostro, salió a la plaza, donde una gran multitud lo esperaba con impaciencia. Al verse en el centro, con el montgolfier hinchando para desasirse de las amarras, el pánico más espantoso se apoderó del limpiabotas. Pero el recuerdo de las pesetas que iba a perder y la visión no lejana de la cárcel decidiéronle a realizar el sacrificio: el Pavo voló, mucho más alto que las aves de su especie, y estuvo a punto de morir asfixiado porque el globo empezó a caerse encima. Volvió al circo taurino, donde el público lo recibió con una ovación —la primera que escuchaba en su vida— y mató al novillo entusiasmado por el éxito. Pocos días después, con menos miedo, efectuó otra ascensión.[7]

Entre el general alborozo y griterío del público que llenaba el coso, fue elevándose con el piloto en la barquilla del globo hasta desaparecer a una altura de unos cien metros y, tras dar unos bandazos, fue a recalar salvo y sano allá por las Margaritas. Al respecto se cantaba, en la murga del Antonio Torres Figueroa "Toreri", la siguiente cupletilla:

"El Pavo" subió al cielo,
tanto alto como un cohete,
cuando bajó, traía una plasta
tan grande como la de un camello.

Desde entonces se titulaba aeronauta con el mismo orgullo con que se llamaba descendiente de Guzmán el Bueno. En una ocasión en que tuvo que declarar como testigo en la Audiencia, al ser preguntado por su profesión en el interrogatorio previo que marca la ley, contestó muy serio: "limpiabotas y aeronauta"; y el presidente del Tribunal, hombre de extraordinaria sencillez que ignoraba sus aventuras, le advirtió con tono severo que en cuanto dijera otra tontería lo mandaría a la cárcel.[8]

Anécdotas

Guerrita en su casa en el año 1899

Entre las muchas anécdotas que se le atribuyen se recoge la siguiente:

Un grupo de amigos se fueron de "perol" a la finca del Patriarca, que era propiedad de Rafael Guerra "Guerrita", y entre ellos estaba invitado El Pavo. El famoso torero pasó por allí a caballo y se acercó para saludar a los reunidos, muchos de los cuales eran conocidos, entre ellos el famoso betunero.

El Guerra les dijo:

– ¡Qué buenos pavos tenéis para la comida!

Le respondió el llamado "Niño de las Margaritas" con las siguientes palabras:

– ¡Rafaé quiere alguno!

El califa le contestó:

– ¡Hombre sí!

A los perolistas se les fue el "santo al cielo" y, con los "medios ingeridos", prolongaron la fiesta hasta bien llegada la madrugada, olvidándose del ofrecimiento hecho al Guerra.

Sin embargo, por algún motivo el "limpias" fue a la casa del Guerra. Preguntó la doncella:

– ¿Quería algo?

A lo

  1. Ricardo de Montis (1917): "El Pavo" (Recuerdos de otros días), en Diario de Córdoba, núm. 20.886, 15 de octubre de 1917.
  2. Ricardo de Montis (1917): "El Pavo" (Recuerdos de otros días), en Diario de Córdoba, núm. 20.886, 15 de octubre de 1917.
  3. Ricardo de Montis (1917): "El Pavo" (Recuerdos de otros días), en Diario de Córdoba, núm. 20.886, 15 de octubre de 1917.
  4. Diario de Córdoba, sección Gacetillas ("Plaza de toros"), hacia 1901.
  5. Diario de Córdoba (1902): "Toros en Posadas", septiembre de 1902.
  6. Ricardo de Montis (1917): "El Pavo" (Recuerdos de otros días), en Diario de Córdoba, núm. 20.886, 15 de octubre de 1917.
  7. Ricardo de Montis (1917): "El Pavo" (Recuerdos de otros días), en Diario de Córdoba, núm. 20.886, 15 de octubre de 1917.
  8. Ricardo de Montis (1917): "El Pavo" (Recuerdos de otros días), en Diario de Córdoba, núm. 20.886, 15 de octubre de 1917.