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Los Gitanos (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
Revisión del 20:08 24 ago 2026 de Aromeo (discusión | contribs.) (Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis)
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Los Gitanos es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Desde tiempos antiguos Córdoba ha sjdo una de las poblaciones preferidas por los gitanos para fijar su residencia, por el gran desarrollo qui tiene en ella la ganadería y por las numerosas e importantes ferias que se celebran en esta provincia, todo lo cual les proporciona los principales medios de vida, puesto que casi exclusivamente dedícanse al tráfico de las caballerías, ya como compradores y vendedores, ya sólo en calidad de tratantes.

La mayoría de los gitanos habitaba en el barrio de San Lorenzo y en la Pescadería; en el primero los más pobres, los de condición más humilde, y en la segunda los de posición desahogada, los que pudiéramos llamar aristócratas de su raza.

Los de San Lorenzo no intervenían en negocios importantes; únicamente en el cambio de algún pobre jumento, que se acordaba de la burra de Balahán, remozado merced a las artes mágicas en que casi todos los cañís son maestros.

Como tales negocios no les proporcionaban el dinero necesario para atender a su subsistencia y la de sus churumbeles tenian, además, qne [sic] ejercer una industria, no menos modesta y poco lucrativa: la de confeccionar canastas y enjugaderas de mimbre que las gitanas, harapientas y sucias, pregonaban a grandes gritos por esas calles de Dios, al mismo tiempo que importunaban a los transeuntes pretendiendo insistentemente decirles la buenaventura.

Los de la Pescadería convertían la carrera del Puente y la Cruz del Rastro en centro de sus operaciones y campo de prueba de las caballerías, con grave peligro para el vecindario.

Un grupo de gitanos reuníase todas las mañanas en la puerta de un portalillo de la calle del Cardenal González en que tenia su taller un zapatero remendón, dificultando la entrada de los parroquianos y ocasionando los perjuicios consiguientes al maestro de obra prima.

Este ideó un medio ingenioso para acabar con la tertulia; colgar en un ventanillo del portal la piel de una zorra. Cuando los gitanos la vieron penetraron en el taller como una horda salvaje, destruyendo cuanto en él había, pero no volvieron a detenerse ante el aludido portal.

Algunos negociantes en caballerías disfrutaban de buena posición social, como los hermanos Suárez. Uno de estos, domiciliado en el paseo de la Victoria, tenía un criado negro que había sido artista ecuestre, encargado de cuidar de las caballerías. Todas las tardes el negro las sacaba a dicho paseo y allí realizaba verdaderos prodigios en el deporte de la equitación con gran complacencia del numeroso público que se reunía para admirarlo.

Había en Córdoba gitanas de singular belleza; llamaba la atención entre ellas, tanto por su hermosura como por las valiosas alhajas y los ricos mantones de Manila conque solía engalanarse, María Vacas, esposa del popular torero Manuel Díaz (Lavi).

También sobresalía otra, cuyo nombre Flor, le cuadraba perfectamente pues estaba considerada como la flor de las mujeres de la Pescadería.

Cuando el Rey D. Alfonso XIII, a raiz de su coronación, visitó nuestra ciudad, en la calle del Cardenal González fue levantada una tribuna cubierta con mantones de Manila, desde la cual varias gitanas encantadoras arrojaron flores al Soberano.

Esta fue una de las notas más simpáticas y pintorescas del recibimiento tributado al Monarca, a quien llamó la atención la belleza excepcional de aquellas mujeres.

En otros tiempos, durante los días de la Feria de nuestra Señora de la Salud, veíase numerosas y lindas gitanas vestidas con trajes de vivos colores, envuelto el busto arrogante en el pañolón de seda primorosamente bordado, ostentando el collar de gruesas perlas o corales, los largos zarcillos de oro cuajados de pedrería y en la cabeza, peinada con arte, horquillas brillantes, peinecillos polícronos y claveles rojos como los labios de sus poseedoras.

Estas mujeres, en grupos, ya discurrían, bulliciosas y alegres, por los paseos de la Victoria y el Gran Capitán, ya contribuían a aumentar el encanto del cuadro de color que presenta la plaza de toros en tardes de corrida, ya animaban los corros formados por tratantes y ganaderos en las puertas de los cafés, siendo en todas partes una nota original, bella, típica, de la renombrada Feria de Córdoba.

Frecuentemente los gitanos celebraban con espléndidas fiestas los acontecimientos de familia, especialmente las bodas. Recordamos una para asistir a la cual vinieron bellísimas gitanas de casi toda Andalucía.

Los novios y su séquito, ataviados con lujo, a caballo por parejas, recorrieron casi toda la población, arrojando confites al numeroso público que los seguía.

Después reuniéronse en el Teatro Circo del Gran Capitán y allí permanecieron tres días consecutivos en constante diversión.

Durante ellos no cesaron el rasgueo de la guitarra, el canto, el baile y el repiqueteo de los palillos, que se mezclaban y confundían con las palmas, con los olés, con los piropos, con las frases de ingenio, con las carcajadas sonoras, formando un conjunto armónico qne [sic] era algo así como una estrofa del poema vibrante de Andalucía.

Gran número de personas de las diversas clases sociales asistió, invitado, a la juerga , la cual resultó un espectáculo mucho más artístico y agradable que la mayoría de los que hoy vemos en los teatros.

Aunque la raza gitana, apesar de su triste condición, vive feliz y nunca la abandona el buen humor y la alegría, suelen desarrollarse entre ella sucesos trágicos, de los que recordamos dos, ocurridos hace muchos años en Córdoba.

Un día, en la parte más elevada de la torre de la Catedral sonó la detonación de un disparo de arma de fuego y, momentos después, vióse bajar precipitadamente por las escaleras a un extranjero que tenía impreso en el rostro el sello del terror.

¿Qué habla sucedido? Un inglés, apellidado Midleton, subió a la torre indicada, en compañía de un muchacho gitano, que se dedicaba a enseñar a los forasteros los monumentos de Córdoba.

Según las manifestaciones del inglés, su acompañante intentó robarle y él, para defenderse, le mató de un tiro.

Las personas que conocían al gitanillo no concedieron gran crédito a las manifestaciones de Midleton, suponiendo que éste procedió bajo la influencia de un miedo insuperable, ante el temor de ser víctima de un robo.

Y eran dignos de oirse los comentarios que del suceso hacían las gitanas y sus lamentaciones.

¡Probetico, decían algunas, qué muerte ha tenío! Le han matao en lo alto de una torre, lo mismo que a las aguilillas.

Una noche de estío, en el paseo del Gran Capitán, varios gitanos promovieron una verdadera batalla, agrediéndose con armas blancas y de fuego.

Uno de los contendientes cayó exánime a consecuencia de una terrible puñalada y uno de los proyectiles disparados hizo blanco en el general don Santiago Diaz de Ceballos, gobernador militar de Córdoba, que se hallaba sentado en la puerta de un casino.

El señor Días de Ceballos sufrió una herida leve en el pecho.

Estas tragedias y otras semejantes turbaron más de una vez la alegría y el buen humor de esa raza nómada, que sabe convertir la vida en un verdadero festín.

Junio, 1923.