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Auto de fe de Córdoba de 1655

De Cordobapedia
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El Auto de fe de Córdoba de 1665 fue un auto de fe general celebrado por el Tribunal de la Inquisición de Córdoba el lunes 29 de junio de 1665, festividad de San Pedro y San Pablo, en la Plaza de la Corredera.

Fue uno de los grandes actos públicos organizados por la Inquisición cordobesa durante el siglo XVII. Su desarrollo es conocido con gran detalle gracias a varias relaciones impresas inmediatamente después del acontecimiento, particularmente la escrita por el dominico fray Pedro de Herrera, lector de Prima del Convento de San Pablo, titulada Auto general de la fee. Laureadas las triunfadoras sienes de la religión cathólica..., impresa en Córdoba por Andrés Carrillo de Paniagua en el mismo año de 1665.[1]

La celebración tuvo una importante repercusión dentro y fuera de Córdoba, especialmente por el elevado número de personas procesadas por prácticas judaizantes y por la presencia entre los condenados de numerosos cristianos nuevos portugueses.

Contexto

El auto de 1665 se produjo durante una etapa de intensa actividad del Tribunal de la Inquisición de Córdoba contra las familias de cristianos nuevos de origen portugués instaladas en Andalucía.

El historiador Marcos Rafael Cañas Pelayo ha identificado el período comprendido entre 1651 y 1670 como una fase de especial concentración de procesos contra este colectivo en la jurisdicción cordobesa. Tras una etapa de relativa permisividad, numerosas familias portuguesas asentadas en ciudades y villas andaluzas fueron procesadas en los autos de 1655, 1662, 1663 y 1665.[2]

Muchos de los acusados estaban vinculados al comercio, la ganadería y otras actividades económicas y mantenían relaciones familiares y mercantiles entre distintas poblaciones de Andalucía y Portugal.

La Plaza de la Corredera

El escenario escogido fue la Plaza de la Corredera, convertida para la ocasión en un enorme espacio ceremonial.

Se levantó un gran cadalso destinado al tribunal, autoridades, religiosos y procesados. La estructura estaba conectada mediante pasos y corredores con algunas de las casas de la propia plaza, utilizadas como dependencias auxiliares.

Uno de los elementos más llamativos era la denominada media naranja, una estructura escalonada destinada a los reos. En su parte superior se colocaron siete sillas correspondientes a los siete condenados que iban a ser relajados en persona.

El recinto disponía además de púlpitos para la lectura de las causas y sentencias, altar, cruz, espacios diferenciados para autoridades y público y zonas reservadas para los oficiales del Santo Oficio.

La estructura fue cubierta parcialmente mediante un gran toldo, elemento necesario al celebrarse el acto a finales de junio y prolongarse durante prácticamente todo el día.[1]

La Corredera quedó de esta forma convertida en un verdadero teatro del poder, en el que la disposición física de cada participante reflejaba su posición institucional y social.

La víspera del auto

La dimensión pública de la ceremonia comenzó el día anterior.

Durante la tarde del 28 de junio recorrió Córdoba la procesión general vinculada al Santo Oficio.

Uno de los grupos más numerosos fue la Cofradía de San Pedro Mártir, formada por familiares y ministros de la Inquisición procedentes de todo el distrito cordobés.

El historiador Juan Aranda Doncel, utilizando la propia relación de Pedro de Herrera, señala que participaron más de quinientos ministros del Santo Oficio de Córdoba y su partido.[3]

Cada uno llevaba las insignias de la cofradía y un gran cirio encendido.

La cifra da una idea de la capacidad de movilización del tribunal: no se trataba únicamente de los inquisidores instalados en Córdoba, sino de una extensa red de familiares, comisarios y ministros distribuida por todo su territorio jurisdiccional.

29 de junio de 1665

El auto comenzó durante la mañana del lunes 29 de junio.

La jornada incluía elementos religiosos, judiciales y ceremoniales. Los penitentes fueron trasladados desde las cárceles inquisitoriales hasta la Corredera formando una procesión ordenada según las condenas y categorías establecidas por el tribunal.

Junto a los reos vivos aparecieron también estatuas o efigies que representaban a personas fallecidas o fugitivas que habían sido juzgadas en ausencia.

Los representantes de la Inquisición, las órdenes religiosas, miembros de los cabildos y demás autoridades ocuparon los lugares que les habían sido reservados en el gran cadalso.

Fernando Villegas

El tribunal estuvo presidido por Fernando Villegas, entonces inquisidor más antiguo de Córdoba.

Villegas había sido fiscal de las inquisiciones de Córdoba y Granada y posteriormente inquisidor cordobés. Su carrera continuaría en los órganos superiores del Santo Oficio hasta llegar a ser fiscal y posteriormente decano del Consejo de la Suprema Inquisición.

Las fuentes posteriores recuerdan expresamente que, por su condición de inquisidor más antiguo:

«presidió el auto general de fe que en aquella ciudad se celebró en 29 de junio de 1665».[4]

El sermón

El sermón del auto fue pronunciado por fray Cristóbal Serrano, dominico del Convento de San Pablo, que ocupaba además el puesto de calificador más antiguo del Santo Oficio.

Pedro de Herrera, autor de la relación, no fue por tanto el predicador del auto, sino el cronista de la ceremonia.

Fray Cristóbal Serrano tomó como punto de partida un pasaje del Evangelio de San Mateo y desarrolló el habitual discurso de exaltación de la fe católica y de la actividad inquisitorial.[1]

El sermón fue deliberadamente abreviado debido a la extraordinaria duración prevista para la jornada.

Profesión pública de fe

Finalizado el sermón tuvo lugar una solemne profesión de fe.

El secretario Juan Docen, uno de los principales oficiales del tribunal, dirigió el juramento mediante el cual las autoridades y participantes manifestaban públicamente su adhesión a la doctrina católica y su obligación de defender al Santo Oficio.

Comenzó inmediatamente después la lectura de las causas y sentencias.

El secretario Juan de Navas Collantes inició la lectura, alternándose posteriormente otros oficiales y religiosos debido al elevado número de procesos.[1]

Hacia las diez de la mañana comenzaron las causas correspondientes a los condenados de mayor gravedad.

Los procesados

El auto reunió un elevado número de causas.

Una parte fundamental estaba relacionada con personas acusadas por el tribunal de judaizar o mantener prácticas vinculadas a la religión judía.

También hubo condenas relacionadas con otros delitos perseguidos por la Inquisición, como la bigamia y la hechicería.

Las fuentes posteriores hablan de 55 penitenciados, además de personas relajadas en persona y numerosos condenados representados mediante estatuas o efigies.[5]

La abundante presencia de personas de origen portugués refleja la ofensiva inquisitorial desarrollada durante estas décadas contra las redes de cristianos nuevos establecidas en el reino de Córdoba y otras zonas de Andalucía.[2]

Los siete relajados en persona

La relación de Pedro de Herrera señala la existencia de siete personas relajadas en persona.

La expresión relajado al brazo secular indicaba que la Inquisición entregaba formalmente al condenado a la justicia real, que era la encargada de ejecutar la pena capital.

Entre los siete condenados destacan tres personas cuya memoria trascendió posteriormente al ámbito sefardí europeo.

Jorge Méndez de Castro

Jorge Méndez de Castro tenía unos 75 años. Era natural de Portugal y vecino de Córdoba, donde se dedicaba a los negocios.

El tribunal lo condenó como judaizante, relapso y pertinaz.

Fue entregado a la justicia secular y quemado vivo.

Su figura alcanzó posteriormente especial relevancia en la literatura sefardí producida fuera de España.[6]

Domingo Rodríguez de Cáceres

Domingo Rodríguez de Cáceres, de unos 36 años, era portugués y residía en Plasencia. Trabajaba como tratante de mulas.

Había sido procesado como judaizante, relapso y pertinaz.

Fue conducido al quemadero, pero cuando comenzó la ejecución manifestó su voluntad de reconciliarse, pidió un crucifijo y se confesó. Como consecuencia de ello fue ejecutado mediante garrote antes de que su cadáver fuese entregado a las llamas.[6]

Su trayectoria aparece también documentada en la investigación de Marcos Cañas Pelayo sobre la presencia de comerciantes y ganaderos portugueses en el distrito inquisitorial cordobés.[2]

Leonor María Enríquez

Leonor María Enríquez era una joven soltera de unos 24 años, natural y vecina de Utrera, hija del portugués Jorge Núñez.

Fue condenada por el tribunal por prácticas judaizantes y entregada igualmente al brazo secular.[6]

Los tres habían estado vinculados a procesos inquisitoriales anteriores y alcanzaron una notable repercusión en las comunidades sefardíes del norte de Europa.

Del cadalso al Marrubial

Uno de los aspectos importantes para interpretar correctamente el acontecimiento es que las ejecuciones no tuvieron lugar en la Plaza de la Corredera.

En la Corredera se desarrollaron el auto, el sermón, las sentencias y la entrega formal de los condenados a la justicia real.

Los relajados fueron posteriormente puestos bajo la autoridad del alcalde mayor y de los ministros de justicia y conducidos fuera del recinto urbano.

La relación de Pedro de Herrera señala expresamente que fueron llevados:

«al campo del Marrubial, fuera de la Puerta de Plasencia».[1]

Allí se encontraba el quemadero de la Inquisición, lugar utilizado para ejecutar las sentencias de muerte dictadas tras los autos de fe.

La salida se realizaba por la antigua Puerta de Plasencia, situada en el sector oriental de la muralla.

Las ejecuciones

Las fuentes contemporáneas y posteriores indican que entre los condenados hubo personas ejecutadas vivas, otras previamente mediante garrote y diversas efigies correspondientes a fugitivos o fallecidos.

Teodomiro Ramírez de Arellano resumió posteriormente que en el auto del 29 de junio de 1665 fueron quemados en persona dos hombres y una mujer, además de numerosas estatuas, señalando también el caso del condenado que se arrepintió poco antes de morir y recibió garrote antes de ser quemado.[7]

La ceremonia del auto y la ejecución constituían, por tanto, dos espacios diferentes: la Corredera como escenario religioso y judicial y el Marrubial como lugar de cumplimiento de las penas capitales.

El auto continuó hasta la noche

La salida de los condenados a muerte no significó el final de la ceremonia.

En la Corredera continuó la lectura de las restantes causas durante muchas horas.

La relación señala que las actuaciones no terminaron hasta aproximadamente las nueve de la noche.[1]

A continuación, los penitentes que permanecían ante el tribunal realizaron las correspondientes abjuraciones.

El inquisidor presidente Fernando Villegas se revistió con sobrepelliz y estola y procedió a reconciliar y absolver a aquellos a quienes correspondía.

La ceremonia concluyó con oraciones, el canto del Te Deum y la celebración religiosa correspondiente.

Alrededor de las diez de la noche el tribunal inició el regreso hacia los Alcázares, sede de la Inquisición cordobesa.

Los procesados fueron devueltos a las cárceles para cumplir las restantes penas.

La comida del tribunal

La relación de Pedro de Herrera dedica incluso un apartado específico a la comida ofrecida por el tribunal durante aquella jornada.

Las descripciones conservadas muestran que se organizó un gran banquete para inquisidores, autoridades, oficiales y convidados, distribuido en diferentes mesas según la categoría de los asistentes.

La existencia de esta comida refuerza el carácter complejo de los autos generales de fe del Barroco: al procedimiento judicial y religioso se añadían elementos propios de las grandes ceremonias públicas, con protocolos de precedencia, banquetes, música, procesiones y una elaborada escenografía urbana.[1]

La memoria sefardí del auto

El auto de Córdoba tuvo una repercusión excepcional fuera de España.

El escritor sefardí Miguel de Barrios, establecido en los Países Bajos, transformó a tres de los ejecutados en protagonistas de una obra alegórica publicada también en 1665.

En la literatura sefardí fueron recordados mediante nombres hebreos:

Condenado en Córdoba Nombre utilizado en la literatura sefardí
Jorge Méndez de Castro Abraham Atías
Domingo Rodríguez de Cáceres Jacob Rodríguez Cáceres
Leonor María Enríquez Raquel Núñez Fernández

Miguel de Barrios los presentó como mártires del judaísmo y utilizó el acontecimiento cordobés para elaborar una dura crítica contra la Inquisición española.[6]

De este modo, un acontecimiento ocurrido en la Plaza de la Corredera pasó rápidamente a formar parte de la memoria de las comunidades sefardíes de Ámsterdam y otros centros europeos.

Una extraordinaria difusión impresa

El auto de 1665 generó una notable producción impresa.

La principal relación conocida es la de fray Pedro de Herrera, publicada en Córdoba por Andrés Carrillo de Paniagua. El impreso constaba de varias hojas en folio y ofrecía una minuciosa descripción del desarrollo de la ceremonia.[1]

Pero no fue la única.

El franciscano fray Pedro Mateo de Lara, lector de Teología del convento de San Pedro el Real, escribió otra relación del mismo acontecimiento.[3]

También se publicó el:

Compendio métrico del auto de fe que celebró el Tribunal Santo de la Inquisición de la muy noble ciudad de Córdoba a 29 de junio, día de los gloriosos apóstoles San Pedro y San Pablo, año de 1665,

obra de Baltasar de Bolívar.[8]

La existencia de varias relaciones en prosa y verso evidencia la voluntad del Santo Oficio y de los autores contemporáneos de dar una amplia difusión al acontecimiento.

El auto como espectáculo urbano

El auto de 1665 permite observar la utilización de la ciudad como escenario para representar públicamente el poder.

Durante dos jornadas participaron en el ceremonial inquisidores, religiosos, familiares del Santo Oficio, representantes institucionales, soldados y una enorme cantidad de espectadores.

La Plaza de la Corredera se convirtió temporalmente en un espacio cerrado y jerarquizado en el que cada grupo ocupaba una posición determinada.

Los grandes cirios, estandartes, cruces, procesiones, púlpitos, gradas y toldos convertían el procedimiento judicial en una gigantesca ceremonia barroca.

La presencia documentada de más de quinientos ministros del Santo Oficio procedentes de Córdoba y de todo su partido permite hacerse una idea de la magnitud del acontecimiento.[3]

Importancia histórica

El Auto de fe de Córdoba de 1665 constituye una fuente especialmente valiosa para conocer la sociedad cordobesa de mediados del siglo XVII.

Permite estudiar simultáneamente el funcionamiento del Tribunal de la Inquisición de Córdoba, las redes familiares y económicas de los cristianos nuevos portugueses, la utilización ceremonial de la Plaza de la Corredera, las relaciones entre las autoridades civiles y religiosas y los mecanismos de comunicación pública de la sociedad barroca.

Su repercusión resulta además singular porque generó relatos desde perspectivas contrapuestas.

Mientras las relaciones inquisitoriales presentaban la ceremonia como triunfo de la religión católica, las comunidades sefardíes europeas transformaron a algunos de los ejecutados en mártires de su fe.

La existencia de ambas memorias convierte el auto cordobés de 1665 en un episodio de dimensión no solamente local, sino también europea.

Fuentes y bibliografía

  • HERRERA, Pedro de: Auto general de la fee. Laureadas las triunfadoras sienes de la religión cathólica... Celebrado en Córdoba lunes veinte y nuebe de junio día de los Apóstoles y Príncipes de la Iglesia S. Pedro y S. Pablo, Córdoba, Andrés Carrillo de Paniagua, 1665.
  • BOLÍVAR, Baltasar de: Compendio métrico del auto de fe que celebró el Tribunal Santo de la Inquisición de la muy noble ciudad de Córdoba a 29 de junio..., Córdoba, 1665.
  • ARANDA DONCEL, Juan: «Los dominicos de San Pablo el Real de Córdoba y la cofradía de San Pedro Mártir de Verona en el siglo XVII», Archivo Dominicano, nº 39, 2018, pp. 7-43.
  • CAÑAS PELAYO, Marcos Rafael: Los judeoconversos portugueses en el Tribunal inquisitorial de Córdoba: un análisis social (siglos XVI-XVII), Universidad de Córdoba, 2016.
  • GRACIA BOIX, Rafael: Autos de fe y causas de la Inquisición de Córdoba, Diputación Provincial de Córdoba, Córdoba, 1983, pp. 447-494.
  • RAMÍREZ DE LAS CASAS-DEZA, Luis María: Colección de los autos generales y particulares de fe celebrados por el Tribunal de la Inquisición de Córdoba, Córdoba, 1839.
  • SEDEÑO RODRÍGUEZ, Francisco Javier; MOREAU CUETO, Juan Javier: «Ataques contra la Inquisición española: la sátira de Miguel de Barrios», eHumanista, nº 17, 2011.
  • RAMÍREZ DE ARELLANO, Teodomiro: Paseos por Córdoba.

Véase también

Referencias

  1. 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6 1,7 HERRERA, Pedro de: Auto general de la fee. Laureadas las triunfadoras sienes de la religión cathólica... Celebrado en Córdoba lunes veinte y nuebe de junio día de los Apóstoles y Príncipes de la Iglesia S. Pedro y S. Pablo, Córdoba, Andrés Carrillo de Paniagua, 1665.
  2. 2,0 2,1 2,2 CAÑAS PELAYO, Marcos Rafael: Los judeoconversos portugueses en el Tribunal inquisitorial de Córdoba: un análisis social (siglos XVI-XVII), tesis doctoral, Universidad de Córdoba, 2016.
  3. 3,0 3,1 3,2 ARANDA DONCEL, Juan: «Los dominicos de San Pablo el Real de Córdoba y la cofradía de San Pedro Mártir de Verona en el siglo XVII», Archivo Dominicano, nº 39, 2018, pp. 7-43.
  4. Relación biográfica de Fernando Villegas en documentación del Consejo de la Suprema Inquisición.
  5. RAMÍREZ DE LAS CASAS-DEZA, Luis María: Colección de los autos generales y particulares de fe celebrados por el Tribunal de la Inquisición de Córdoba, Córdoba, 1839.
  6. 6,0 6,1 6,2 6,3 SEDEÑO RODRÍGUEZ, Francisco Javier; MOREAU CUETO, Juan Javier: «Ataques contra la Inquisición española: la sátira de Miguel de Barrios», eHumanista, nº 17, 2011.
  7. RAMÍREZ DE ARELLANO, Teodomiro: Paseos por Córdoba, paseo por el barrio de San Lorenzo.
  8. BOLÍVAR, Baltasar de: Compendio métrico del auto de fe que celebró el Tribunal Santo de la Inquisición de la muy noble ciudad de Córdoba a 29 de junio..., Córdoba, 1665.