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El Mojoso Y Vasija (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
Revisión del 20:07 24 ago 2026 de Aromeo (discusión | contribs.) (Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis)
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El Mojoso Y Vasija es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Pocos tipos cordobeses han obtenido una popularidad tan extraordinaria como los mozos de estoques de los dos indiscutibles maestros del arte taurino Lagartijo y Guerrita .

Principalmente la fama del Mojoso traspasó los limites de su tierra natal, Córdoba, extendiéndose por toda España; dos frases, una suya y otra relacionada con él, corrieron y aún siguen corriendo de boca en boca y los escritores taurinos mas reputados y los periódicos de mayor importancia sacaron a colación infinidad de veces al servicial criado de Rafael Molina.

El Mojoso , en su juventud, pretendió dedicarse al toreo y ensayó sus facultades en las novilladas que frecuentemente organizaba Lagartijo , pero el miedo se sobreponía a la afición en el mozo, de tal manera, que no había medio de que rematara una suerte, ni de que pusiera un par de banderillas en su sitio, ni de que diera una estocada aceptable.

Sus compañeros tenían que echarle del callejón o de los burladeros a empujones y la tarde en que no le retiraban sus novillos al corral era porque se retiraba él a la enfermería con un ataque de pánico enorme.

Tan desastrosas resultaban sus campañas como novillero, que de ellas nació una de las frases a que antes nos referimos, la de has quedado más mal que el Mojoso , popularísima en todas partes.

El torero fracasado, convencido de que nunca podría desechar el miedo insuperable que le dominaba, apenas se veía frente a frente, no ya de un Miura, sino de un caracol, decidió abandonar el traje de luces y agarrarse a los estoques, pero enfundados, para ir entregándoselos al maestro, desde la barrera y con toda clase de precauciones.

Lagartijo no sólo utilizaba los servicios del Mojoso en la plaza; llevábale a sus tertulias y juergas para que sostuviera la nota cómica, porque no carecía de ingenio, era ocurrente, tenía buenos golpes , como dice el vulgo.

¿Quién no ha oido referir la frase suya que se ha hecho célebre, a la que también aludimos en el comienzo de estas líneas, frase llena de originalidad y gracia, al par que reveladora de la extraordinaria valentía de nuestro hombre?

Verificábase una de las inolvidables novilladas de que era empresario y organizador Rafael Molina; aquellas corridas en que tomaban parte T orerito, Manene, Conejito y otros muchachos que después fueron diestros de renombre; salió un novillo bravo y de excelentes condiciones para la lidia y Lagartijo se dispuso a lucirse con él. Cogió un par de rehiletes, llamó a su mozo de estoques y le ordenó que se colocara casi tendido en el suelo, entre las piernas de aquel. El Mojoso rehusó cumplir la orden pero al fin se decidió a obedecer al maestro, por temor de que le dejase sin los miserables garbanzos, y temblando como un azogado adoptó la posición que el diestro incomparable le indicara.

Lagartijo citó a la res y en el momento de arrancársele, el Mojoso , que vió su fin inminente, se acordó de la muerte de una persona de la familia del veterano matador, ocurrida pocos días antes, y con voz débil, apagada, exclamó lleno de angustia: Rafael, ¿quieres algo pa tu tía?

Tal es la frase grafica, precisa, rotunda, que se ha perpetuado pasando de boca en boca, mejor que si estuviera grabada en mármoles y bronces.

Otras muchas podría consignarse dignas compañeras de la mencionada.

El Mojoso temía casi tanto como a los toros al agua y, para oirle y pasar un rato agradable con el, le propuso su amo efectuar un viaje, por mar, desde Cartagena a Málaga.

El mozo de estoques opuso gran resistencia a embarcarse pero, al fin, Rafael Molina y sus amigos lograron convencerle de que iría perfectamente, sin notar siquiera el movimiento del barco.

Subió a bordo y apenas habían transcurrido unos minutos empezó a sentir los efectos terribles del mareo. El Mojoso creyó que no salía de aquel trance.

Cuando, pasado un escaso tiempo, logró darse cuenta de que aún existía y pudo tenerse en pie, exclamó malhumorado: ¿dónde está el hombre que manda aquí? Hagan ustedes el favor de decírmelo que le quiero hablar.

Los pasajeros que le rodeaban presentáronle al capitán del barco y nuestro hombre, dirigiéndose a él en tono despectivo, se expresó así: “¿Usted es el que dirige este tinglao ? ¡Pues en su vida ha dirigido usted ni una cometa!”.

Tan popular como el Mojoso fue Vasija en Córdoba, pero la fama de este no se extendió tanto como la de aquél, apesar de que el mozo de estoques de Guerrita era hombre de más provecho que el criado de Lagafiijo .

No intentó, que sepamos, dedicarse al toreo, quizá porque reconocía que le faltaban aptitudes para esta arriesgada profesión, pero se dedicó a otra íntimamente relacionada con la antedicha, en la que tuvo muy escasos competidores.

Tal profesión era la de conductor de reses bravas. Nadie como él conocía nuestra Sierra, los caminos y veredas, más intrincados, los sotos mejores para sestear, los regajos y arroyos que podían servir de abrevadero; nadie con tanta destreza como el manejaba el cayado y la honda para reducir a la obediencia al toro que se desmandaba, haciéndole blanco, a distancias enormes, con una piedra o, con el garrote, en los cuernos, aunque los tuviera mas finos que agujas.

Los ganaderos de mayor fama estimaban a Vasija , reconociendo su extraordinaria habilidad para el manejo de las reses y algunos como el Marques de Saltillo contábale en el número de sus amigos y le colmaba de agasajos y distinciones.

Ya en calidad de vaquero, ya en concepto de mozo de estoques de Guerrita , nunca le faltaba ocasión de ahorrar unas pesetas, pero apenas se veía en posesión de varios duros anhelaba que llegase el momento de poder abandonar sus ocupaciones para gastarlos.

Y cuando encontraba una oportunidad venía a Córdoba, si se hallaba en otra población o en el campo, pues él sólo aquí sabia divertirse, y en opíparas comidas en el Restaurant Suizo, copas de aguardiente y medios de Montilla invertía hasta el último céntimo, aunque supiera que al día siguiente había de quedarse sin comer.

El vicio de la bebida llegó a dominar de tal manera a Vasija que éste fué una de las numerosas víctimas del alcoholismo.

Abandonó por completo el trabajo, perdió la lucidez intelectual y pasó, de la bohemia, al último límite de la degradación humana.

Con un traje de pana hecho girones [sic], con un sombrero mugriento y roto, de alas revueltas en forma inverosímil, vacilante el paso, torpe la lengua, siempre beodo, veíamosle recorrer las calles seguido de una turba de chiquillos que se mofaba de él, dirigiéndoles insultos, blasfemando, importunando al transeunte conocido para que le diese una perra que, al momento de recibirla gastaba en aguardiente, sin comer días y días, sin tener un rincón donde resguardarse de las inclemencias del tiempo ni un pobre lecho en que entregarse al reposo.

Dormía en un poyo de un paseo, en una cuneta de un camino, cuando la borrachera no le hacia caer enmedio de la calle y sobre las duras guijas se quedaba lo mismo que si estuviese en un colchón de plumas, o un agente de la autoridad compasivo le conducía al Arresto municipal.

Así pasó los últimos años de su existencia aquel hombre, que pudo vivir bien y murió en el arroyo, de hambre, de frío y de miseria; ni siquiera se abrieron para él las puertas del último albergue de los desheredados de la fortuna, las puertas del sombrío, del tenebroso hospital.

Julio, 1919.