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Los Incendios (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
Revisión del 20:07 24 ago 2026 de Aromeo (discusión | contribs.) (Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis)
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Los Incendios es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

A pesar de ser Córdoba una población de casas antiguas, unidas muchas de ellas por sus armaduras de viejo maderamem, y de haber tenido siempre un pésimo servicio para la extinción de incendios, no se ha registrado aquí, por fortuna, grandes siniestros de esa índole, fuegos de los que destruyen manzanas enteras y originan desgracias personales muy sensibles.

Uno de los mayores ocurridos en el siglo XIX fué el que destruyó cuatro casas en el lado de la plaza de la Corredera contiguo a la calle de Odreros, del cual ya tratamos en una de estas crónicas restropectivas [sic].

En el mismo paraje hubo otro incendio formidable en un almacén de comestibles establecido en el Arco bajo, fuego que estuvo a punto de destruir las edificaciones de los soportales inmediatos, y en la vecina plaza de la Almagra ardió, asímismo, por completo, la casa en que instaló otra tienda análoga a la indicada el dueño de la primera.

Ambos fuegos tuvieron verdadera importancia y se tardó varios días en extinguirlos.

Un voraz incendio convirtió en cenizas la primitiva plaza de toros, que era de madera, construída en el mismo lugar en que hoy se levanta el circo de la carrera de los Tejares o avenida de Canalejas.

No menos violento que los anteriores fué el que redujo a escombros una fábrica de fósforos situada en la carrera de la Fuensanta, frente a la titulada de Santa Matilde y perteneciente a un hermano del propietario de esta.

El mismo día en que terminaron las obras de construcción y decorado de la suntuosa morada de doña Ana de Hoces, donde hoy tiene sus oficinas la Sociedad Carbonell y Compañía, al anochecer declaróse un espantoso incendio que destruyó gran parte de la finca, y muebles y efectos de mucho valor.

Las llamas se reflejaban en la torre de la Catedral que, vista desde lejos, parecía estar iluminada con multitud de luces de bengala rojas.

Otra noche, el viejo y típico Teatro Principal, situado en la calle de Ambrosio de Morales, también fué presa del voraz elemento que en unas cuan horas, nos privó para siempre de aquel bonito templo del arte.

Sólo se pudo salvar las dos o tres filas de butacas del patio que estaban más próximas a la puerta.

Visto el teatro desde las azoteas de la calle de la Feria presentaba un aspecto imponente; era una inmensa hoguera cuyas lenguas de fuego se perdían en el espacio, iluminando casi toda la ciudad.

La víspera de la Feria de Nuestra Señora de la Salud, también poco después de haber anochecido, inicióse un fuego en una de las casetas instaladas eh el Campo de la Victoria, propagándose con extraordinaria rapidez a las contiguas, todas destinadas a la venta de efectos de quincalla y juguetes, de éstas a las barracas de los espectáculos y destruyendo unas y otras en pocos momentos.

Varios modestos industriales y algunos artistas, entre ellos el popular Manolo Cuevas, perdieron cuanto poseían, incluso sus ropas, quedando sumidos en la miseria.

Las Corporaciones oficiales socorriéronles con importantes donativos y el vecindario cooperó espléndidamente a la benéfica obra.

Algunos anos después, ya pasada la Feria, un siniestro análogo redujo a pavesas los lienzos y maderas conque, de modo artístico, había sido cerrada la extensa plaza de Colón o Campo de la Merced, para instalar en él la Exposición Regional Andaluza, organizada por la Cámara de Comercio, que ha sido, sin duda, una de las principales manifestaciones de la vida cordobesa.

Un Jueves Santo interrumpieron el silencio augusto propio de ese día, destinado al rezo y a la meditación, las vibrantes notas de las campanas de todas las iglesias. ¿Qué sucedía? Que acababa de declararse un incendio en un almacén de maderas situado en la Puerta Nueva.

Como el fuego encontró gran cantidad de combustible produjo daños de mucha importancia.

Lo mismo ocurrió en los fuegos que se desarrollaron en otras madererías del Campo de la Merced y del de San Antón.

Un año después, otro día de Semana Santa en que las campanas deben permanecer mudas, tuvieron que lanzar sus notas metálicas al espacio, avisando que se había declarado un incendio; este se inició en una casa del barrio de San Nicolás y tuvo muy poca importancia, por fortuna.

En el Campo Santo de los Mártires las llamas destruyeron, hace ya bastante tiempo, un local destinado a Hospital Militar.

Como aquél lindaba con los torreones de la Cárcel, en la población penal se produjo gran alarma, no obstante la imposibilidad de que el fuego se propagara a la prisión, por impedirlo sus recios muros de antigua fortaleza.

Un rayo originó un incendio que pudo producir una catástrofe nacional. El fuego se inició en la cúpula del altar mayor de nuestra incomparable Basílica y, merced a la prontitud conque innumerables personas acudieron a extinguirlo, no se propagó a las armaduras, destruyendo la Mezquita cordobesa, monumento, en su género, sin rival en el mundo.

Terminaremos esta ya larga relación de siniestros, que podríamos prolongar considerablemente con los de los últimos años, recordando el que sólo dejó los muros calcinados de una antigua y poética ermita, la del Santo Cristo de las Animas, situada en el Campo de la Verdad.

Gracias a la munificencia y piedad de los fieles pudo ser reconstruído el pequeño oratorio y restaurada la imagen del Cristo, objeto hoy, quizá, de mayor veneración que antes de que cayera entre los humeantes escombros, operando el milagro de no desaparecer en la enorme hoguera.

Enero, 1921.