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Lugares De Reuniones Veraniegas (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
Revisión del 20:07 24 ago 2026 de Aromeo (discusión | contribs.) (Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis)
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Lugares De Reuniones Veraniegas es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Antiguamente -lo hemos dicho en varias ocasiones- las familias tenían mis apego que hoy a la casa y encontraban en ella el solaz y el recreo que ahora buscan fuera del hogar.

Por esta causa no habla tantos lugares de reunión como en la actualidad, especialmente para pasar las noches de verano, pero no faltaban algunos que vamos a recordar en estas notas retrospectivas.

Los conocidos industriales señores Putzi instalaban en el paseo de la Victoria, en vísperas de la Feria de Nuestra

Señora de la Salud, una tienda destinada a confitería y café, la cual permanecía en aquel delicioso paraje durante casi todo el Estío.

Muchas personas se reunían allí para aspirar las brisas

embalsamadas por las flores de los preciosos Jardines Altos, a la vez que refrescaban las secas fauces con la horchata helada o con el azucarillo disuelto en agua y aguardiente.

Cuando el público empezó a conceder su preferencia, entre los paseos de Córdoba, al del Gran Capitán, los citados señores Putzi establecieron una nevería en el solar contiguo al Teatro Circo, a la cual se trasladaba la mayoría de los parroquianos de los dos cafés Suizos; allí formaban animadas tertulias los labradores y ganaderos que, durante las demás estaciones del año se reunían en el llamado Café Suizo nuevo y los cazadores y jugadores de dominó que se congregaban en el Suizo viejo.

El solar del antedicho paseo en que hoy se halla el Salón Ramírez fué convertido, un verano, en café, al que sus dueños pusieron el nombre de Buen Retiro.

Tenía aquel establecimiento un atractivo que contribuía poderosamente a que el público le concediera sus favores; una orquesta formada por Señoras y señoritas austriacas.

Allí acudían no sólo las personas que buscaban un lugar de agradable temperatura, sino los amantes de la música y los admiradores de la belleza femenina.

Alrededor de la plataforma destinada a la orquesta situábanse los galanteadores de las artistas, asediándolas con piropos y obsequios.

En un apartado rincón invariablemente se reunían todas las noches tres hombres de gran respetabilidad por sus méritos y por sus años; un insigne literato, un notable y artistaun [sic] inspirado poeta.

Pasaban horas y horas entretenidos en amena charla, rebosante de gracia y de ingenio, y, a veces, pedían auxilio a las musas para hilvanar un madrigal o una canción erótica dedicada a alguna de las austriacas que seguramente habrian preferido un bistec con patatas a la mejor poesía del mundo.

En resumen, el arte, la belleza femenina y la frescura del paraje eran tres grandes atractivos que llenaban todas las noches de público el café del Buen Retiro y de pesetas la bolsa de su dueño.

Otro industrial, animado por el éxito que obtuviera el establecimiento antedicho, instaló, el verano siguiente, en las inmediaciones de los jardines de la Agricultura, un café restaurant, donde unas noches amenizaba las veladas una orquesta de guitarras y bandurrias y otras una banda militar de música.

La amplia caseta de madera y lienzos que constituía este centro de reunión denominado el Gran Retiro, tenía una especie de azotea bastante elevada, desde la cual veíáase [sic] un hermoso panorama a la luz de la luna.

La gente trasnochadora y aficionada a divertirse dábase cita en el Gran Retiro, donde, generalmente, le sorprendían las primeras claridades del alba.

Otro verano el punto de reunión de muchas familias fué el Martillo Sevillano, tienda destinada a la venta, por medio de subasta, de toda clase de objetos, que también se hallaba en el solar donde hoy está el cinematógrafo del señor Ramírez de Aguilera.

La gente se disputaba las sillas colocadas en la tienda y pasaba horas y horas distraida, sin necesidad de gastar un cuarto, ya en amigable conversación, ya escuchando la charla ocurrente del encargado de subastar los efectos.

Bastantes personas permanecían en el Martillo Sevillano hasta las altas horas de la madrugada, no sólo para disfrutar del fresco sino para adquirir algún objeto a bajo precio pues, como es lógico suponer, a medida que disminuía el público eran también menores las pujas en la subasta.

En el sitio a que nos estamos refiriendo, muy favorecido por las muchachas, se arreglaron bastantes noviazgos, algunos de los cuales terminaron en casorio.

La Caleta titulábase un parque improvisado, durante las temporadas de baños, en la margen izquierda del Guadalquir [sic], frente al paseo de la Ribera.

Servíase en é bebidas y cenas y para atraer al público nunca faltaba un cuadro de cantaores, tocaores y bailaoras del genero flamenco, mucho más típico y agradable que los modernos espectáculos de variedades.

Los hermanos Montes, Juanico y otros populares barqueros no daban paz a la mano, durante la primera media noche, moviendo los remos para trasladar de una a otra orilla del caudaloso río cantado por los poetas más insignes, a las innumerables personas que concurrían a la Caleta o que iban a zambullirse en las ondas del Betis, no siempre cristalinas como asegurase Góngora.

Antes de que se efectuara la prolongación del paseo del Gran Capitán frente a él, en la carrera de los Tejares, había dos tabernas de las más típicas de Córdoba: las de los populares Angel Ordóñez y Francisco Gama.

Ambas tenían grandes patios llenos de plantas y flores, donde se formaban animadas tertulias durante las noches de verano.

Además ante las fachadas de dichos establecimientos, alrededor de mesitas y veladores, reuníanse numerosos parroquianos, que pasaban algunas horas contemplando, sin las molestias que la bulla origina, la pintoresca y animada perspectiva del paseo y apurando, a la vez, varios medios del oloroso Montilla o unas cuantas copas de aguardiente.

Las noches de luna bastantes familias iban a las huertas del pago de la Fuensanta y a los melonares próximos para comer higos-chumbos y melones y con este motivo se improvisaban fiestas de carácter genuinamente andaluz, en las que la guitarra lanzaba al viento sus alegres notas ya acompañando la copla sentida, ya el baile lleno de encantos y atractivos para la juventud.

Finalmente, en los últimos tiempos, el pueblo puso de moda las excursiones nocturnas a un bello paraje de la Sierra comido por la Palomera, con el pretexto de beber las riquísimas aguas de un manantial que allí brota.

Durante todo el Estío, especialmente los sábados, formábanse al anochecer verdaderas caravanas, en su mayoría de mozas y mozos, que se dirigían al lugar mencionado, alegres y bulliciosas.

Y entregados a honestas y agradables expansiones los expedicionarios pasaban la velada en la Palomera hasta que, al alboreal [sic] el nuevo día, emprendían el regreso a la ciudad, satisfechos, gozosos, libre de penas el alma y de preocupaciones el espíritu.

Las mujeres y los muchachos venían provistos de cantarillos y botellas de poroso barro llenos del agua cristalina y fresca que, si apagó la sed de muchos caminantes encendió, en cambio, el fuego del amor abrasando a multitud de corazones juveniles en las típicas y memorables veladas de la Palomera.

Julio, 1921.