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El Crimen De Un Loco (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
Revisión del 20:08 24 ago 2026 de Aromeo (discusión | contribs.) (Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis)
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El Crimen De Un Loco es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Hace ya muchos años habitaba en Córdoba una señora, que había pasado de la juventud, en compañía de un hijo suyo adolescente.

Reveses de fortunas, desgracias o disgustos de familia, teníanla aislada por completo de la sociedad.

Unicamente se trataba con las personas cuyos servicios tenia que utilizar y sólo se la veía en la calle cuando los deberes religiosos la llevaban al templo.

El hijo de la señora aludida era un verdadero misántropo. Grave, serio, adusto, de carácter sombrío, veíasele constantemente vagar por los parajes más solitarios, triste, con la mirada vaga, abstraído por completo del mundo.

La gente aseguraba que aquel joven tenía perturbadas las facultades mentales.

Madre e hijo, merced a este sistema de vida, pasaban casi inadvertidos entre el vecindario, librándose de sus hablillas y murmuraciones.

Un día circuló la noticia de que la señora a quien nos referimos había aparecido exánime en su lecho. La muerte fué repentina; no la procedió [sic] enfermedad alguna

El médico forense efectuó un minucioso reconocimiento del cadáver y como consecuencia de él certificó que la defunción habla sido originada por un derrame seroso.

La Prensa dió cuenta del suceso, al que el público no concedió importancia y, a las pocas horas de haber ocurrido, nadie se acordaba de la pobre señora, que pasó por el mundo entre la general indiferencia.

El joven de carácter sombrío, serio y adusto, perturbado según la opinión general, continuó vagando sin cesar, como el judío errante, cada vez más triste, cada vez mas ensimismado, con la vista incierta, con el terrible sello de la locura en la faz.

Ya no podía dudarse de que se trataba de un demente.

Transcurrieron algunos años y una mañana el infeliz perturbado presentóse en el despacho del juez de instrucción pretendiendo ver a éste, pues tenía que hacerle importante revelaciones.

La citada autoridad rehusó, en un principio, recibirle, pero en virtud de la persistencia del demente en sus deseos, ordenó al fin, que pasara.

El joven, que se hallaba presa de una extraordinaria excitación, exclamó con voz temblorosa: señor juez, vengo para que disponga usted mi detención y procesamiento porque yo maté a mi madre.

El funcionario judicial, sabiendo que tenía en su presencia a un loco, no dió crédito a sus palabras y le dijo: esta bien; váyase usted tranquilo, que ya se haré lo que proceda.

El autor de la terrible confesión marchóse visiblemente contrariado.

Pocos días después volvió a presentarse ante la autoridad judicial insistiendo en sus manifestaciones.

Quiero, agregó, espiar mi horrible delito y no saldré de aquí hasta que usted disponga mi encarcelamiento.

¿Y cómo mató a su madre? preguntóle el juez, intrigadoya por las declaraciones de aquel hombre.

Aproveché la ocasión, contestó el interrogado, de que mi presunta víctima se hallaba en el lecho, entregada al descanso; me acerqué a ella sigilosamente y le clavé una aguja de hacer media en el cerebro.

Mi pobre madre pasó de esta vida a otra mejor sin extremecerse siquiera.

Cuando me convencí de que estaba muerta procuré introducirle toda la aguja en la cabeza, ocultando el orificio de entrada con el cabello para que no pudiera ser descubierto el crimen.

Había una firmeza, una seguridad tan grande en las palabras del loco, se expresaba éste con tal acento de convicción, que el juez mandó exhumar los restos de la señora aludida para que fueran reconocidos minuciosamente.

Y, en efecto, al verificarse tal diligencia, se encontró entre las vértebras cervicales una larga aguja de acero enmohecida.

El parricida, inconsciente, fue recluido en un manicomio.

El médico forense que certificó la defunción de la señora, atribuyéndola a un derrame seroso, abandonó el ejercicio de su carrera y trasladóse a Madrid para dedicar sus talentos y actividades a otras tareas.

Allí consagróse de lleno al periodismo, en el que hizo sus primeros ensayos en Córdoba, y al lado de aquel veterano periodista a quien sus camaradas denominaban el moro Ferreras, trabajó durante muchos años en “El Correo”, logrando dar a su firma autoridad y prestigio.

Al mismo tiempo realizó importantes estudios literarios, que le proporcionaron una vasta cultura, y fruto de ellos fueron algunos trabajos de extraordinario interés, merced a los cuales obtuvo, con justicia, el dictado de escritor cervantino.

También figuró entre los funcionarios del Estado más dignos y competentes.

Hace algunos meses rindióse en la jornada de la vida, al peso de los años, el antiguo medico a quien un error convirtió en excelente periodista y literato notable.

Abril, 1922.