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La Calle De Gondomar (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
Revisión del 20:08 24 ago 2026 de Aromeo (discusión | contribs.) (Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis)
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La Calle De Gondomar es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

¡Qué diferencia entre la primitiva, solitaria calle de Gondomar y la moderna en que, especialmente en determinadas épocas del año, como las de Feria, parece que se concentra toda la animación, toda la vida de la ciudad!

Antiguamente dicha calle no estaba en línea recta, era tortuosa, tan estrecha por algunos sitios que al reedificar un labrador su casa en lugar próximo a la plaza de la Encomienda, tuvo que ceder una parte del solar a la vía pública para que pudiesen entrar las carretas en el domicilio del dueño de la finca.

Sólo había en la citada calle tres edificios de importancia: la casa solariega de los Condes de Gondomar, que la da nombre, después de los Marqueses de Malpica, que era la número 4; la número 10, levantada por la familia vizcaina de Basabru que, por enlace matrimonial con la de Olivares, pasó a ser de los Condes de Casillas de Velasco, y la de la aristocrática familia de Fajardo, que se hallaba a la entrada de la calle de los Leones y tenía una fachada de mérito arquitectónico.

La del Conde de Gondomar, cuando dejó de pertenecer a los Marqueses de Malpica, fue durante algún tiempo casa de vecinos; en sus extensos patios hubo un teatro de verano y algunos años sirvió de Sucursal del Seminario Conciliar de San Pelagio, por ser tan grande el número de alumnos de este centro docente que no se podía albergar a todos en el mismo.

El edificio de referencia fué reconstruido para establecer en él las Escuelas-Asilo de la Infancia, cuya creación se debe a una feliz iniciativa del inolvidable canónigo magistral don Manuel González Francés y entonces la parte baja de la nave de la fachada se habilitó para establecimientos de comercio.

En las Escuelas Asilo de la Infancia estuvieron instaladas la redacción, administración e imprenta del diario católico titulado El Noticiero Cordobés .

La casa de los Condes de Casillas de Velasco sigue perteneciendo a esta familia, que conserva para su vivienda gran parte del hermoso edificio, estando ocupada la parte exterior derecha por el Casino Liberal.

En la casa de la familia Fajardo estuvo establecido en nuestros días, el colegio de don José Calderón, uno de los centros particulares de enseñanza más importantes de esta población.

Por la calle de Gondomar se hallaba cerrada esta casa por un muro de escasa altura y muy poco artístico, tras el cual había un pequeño jardín, muro que, muy acertadamente, fue sustituido por una verja de hierro.

Sucesivamente, al desaparecer el colegio aludido, se estableció varios almacenes de comercio en la casa de los Fajardo, que al fin cayó al peso de la piqueta demoledora para transformarse en un edificio a la moderna, en cuya planta baja está actualmente el Círculo de Labradores.

Una de las primeras casas que ostentaban el sello moderno, construídas en esta calle, fué la destinada a la farmacia de don Manuel Marín Higuera. Su rebotica, durante muchos años, se convertía, todas las noches, en animado centro político. Allí se reunían los primates del partido liberal que pasaban algunas horas entretenidos en amena charla, destacándose entre todos ellos por su corpulencia y por su enorme sombrero de copa alta el prestigioso abogado don Rafael Barroso Lora.

Este improvisado casino sirvió de precursor a los numerosos centros de reunión que en la calle de Gondomar habían de ser establecidos después, algunos de los cuales desaparecieron ya, como el Casino Cívico Militar, que se hallaba en el piso principal del Café Cervecería, hoy Círculo de la Unión Mercantil, y la pequeña y elegante cervecería que don Agustín Ortiz Carrillo abrió en uno de los locales anejos a las Escuelas-Asilo de la Infancia.

Una de las fondas más populares de Córdoba, la de los hermanos Simón, estuvo durante muchos años en una de las mejores casas de la calle en que nos ocupamos, edificio que ha seguido destinado a hospedería de viajeros, excepto en un breve período en que se instaló allí los talleres tipográficos y la papelería titulados La Verdad.

Al morir don José García Córdoba, uno de los mejores fotógrafos de nuestra ciudad en la segunda mitad del siglo XIX, su sucesor don Miguel Bravo trasladó su gabinete a la calle de Gondomar, donde luego también instalaron sus talleres fotográficos don José Oses y don Tomás Molina.

Este, en el portal de la primera casa de las dos que habitó en la repetida calle, exornado por el escultor don Mateo Inurria, estableció una exposición de retratos muy artística.

Cuando la calle de la Librería y las inmediatas dejaron de ser el centro de la animación y la vida de Córdoba a causa de haber comenzado a extenderse la población por su extremo superior el comercio también principió a elegir esta parte de la ciudad y especialmente la calle de Gondomar para establecerse.

En ella se instalaron tiendas de todas clases, cuatro almacenes de muebles, que ya han desaparecido y dos confiterías, de las que sólo queda una.

Los dentistas siempre tuvieron predilección por esta calle; algunas veces han vivido en ella cuatro, por lo cual un individuo en quien el ingenio corre parejas con la gracia la denominó la calle del mayor dolor.

En una casa de esta calle murió un escritor notable don Rafael Vida, de quien ya apenas conservan el recuerdo los cordobeses.

Al principio de dicha importante vía, en su lado derecho, hay una pequeña calleja que sucesivamente se ha llamado de Juan del Pino, Escobar, Don Miguel y Quintero, nombres correspondientes a vecinos de la misma, ninguno de los cuales sobresalió por su significación social.

En una casa contigua a dicha calleja habitaba una señora muy conocida por sus excentricidades quien, para evitar que los transeuntes convirtieran aquella en urinario, la cerró con una cancela de hierro, de la que entregó una llave a cada una de las familias que habitaban en tal calleja.

El alcalde, tan pronto como se enteró de esta medida higiénica, ordenó que desapareciera la cancela e impuso una multa a la original señora.

Esta, en un periódico que publicaba titulado El Extemporáneo , dedicóse desde entonces a fustigar duramente a la primera autoridad local, a la que aplicaba el calificativo de alcalde multador.

Hace medio siglo la calle de Gondomar, silenciosa y solitaria como todas las de la población, animábase extraordinariamente durante la Feria de Nuestra Señora de la Salud.

En sus portales los hebreos establecían los típicos puestos para la venta de dátiles, cocos, turrones y babuchas y, a veces, algunos de aquellos transformábanse en barracas de espectáculos, donde se exhibían el jigante [sic], el liliputiense o el niño de dos cabezas

Hoy la calle de Gondomar, ancha, recta, con buenos edificios, excelente pavimentación y espléndido alumbrado, siempre llena de gente, produce la sensación al viajero que por primera vez nos visita de que se halla en una capital moderna, de primer orden, no en la vieja ciudad que guarda el polvo de cien generaciones y fue colonia romana y emporio de la civilización de los árabes.

Junio, 1923.