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Las Maravillas De La Ciencia (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
Revisión del 20:08 24 ago 2026 de Aromeo (discusión | contribs.) (Incorporación de Notas cordobesas, de Ricardo de Montis)
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Las Maravillas De La Ciencia es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Hace un tercio de siglo la Prensa de todas las naciones trataba de un invento maravilloso, de un prodigio de la Ciencia; un aparato que recogía y reproducía fielmente todos los sonidos, lo mismo la voz humana que las notas de un instrumento musical.

Poco después, las autoridades y los representantes de la Prensa de Córdoba recibían una atenta invitación de un forastero, para asistir, en e! Hotel de Oriente, a una audición del maravilloso aparato.

Sobre una mesa colocada en el centro de una habitación de la fonda hallábase una cajita pequeña, de la que pendían numerosos tubos de goma, cada uno de los cuales tenía en su extremo un auditivo.

Los concurrentes nos sentamos alrededor de la mesa y aplicamos al oído el aparato en que terminaban los tubos de goma. El dueño del fonógrafo dió cuerda a la máquina, esta puso en movimiento un cilindro y, llenos de asombro, comenzamos a oir, perfectamente, un trozo de opera cantada por un tenor insigne, un discurso dicho por un orador elocuente, una obra musical interpretada por una banda notable, unos cantos populares expresados con exquisito sentimiento.

Después el forastero que nos proporcionaba aquel rato agradabilísimo colocó una bocina al aparato; cerca de ella Marcos Blanco Belmonte y yo recitamos versos y, unos momentos después, el fonógrafo los repetía con la misma entonación, con igual acento, con análogas inflexiones que sus autores, produciéndonos una verdadera estupefacción.

A esta audición siguieron otras para el público, a distintas horas del día y de la noche, y millares de personas desfilaron por el Hotel de Oriente, ávidas de escuchar, mediante el pago de una corta suma, el aparato que, en otros tiempos, hubiera sido considerado una invención diabólica.

El fonógrafo se fue generalizando y, entre los espectáculos de feria, solía figurar en nuestra ciudad, al lado del tútili mundi o mundo por un agujero , la cajita llena de tubos de goma que la gente se aplicaba al oído para escuchar, maravillada, una romanza de Viñas, unas soleares de Juan Breva, una marcha tocada por una banda militar o un chascarrillo del Maestro Domínguez.

Algunos años más tarde, se hablaba de otro invento curiosísimo: la fotografía animada.

Un joven perteneciente a una aristocrática familia andaluza, don Luis Juárez de Negrón, que por genialidades disculpables en su edad se había dedicado al arte de la prestidigitación, vino a Córdoba para celebrar varias funciones en el Gran Teatro. Acompañábale un francés, don Luciano Portes, dueño de un cinematógrafo y un fonógrafo, que completaban los espectáculos del distinguido prestigiditador.

Entonces vimos, por primera vez en nuestra ciudad la fotografía animada, deleitándonos las primitivas películas, mucho más instructivas e interesantes que las modernas, en las que admirábamos paisajes bellísimos, escenas de la vida real, monumentos de extraordinario mérito, comitivas regias llenas de esplendor y fastuosidad, brillantes maniobras y desfiles de tropas de diversas naciones.

Al mismo tiempo que la fotografía, auxiliada de la electricidad, nos presentaba estos cuadros, el fonógrafo, ya preparado para que pudiera oirse perfectamente a distancia, sin necesidad de tubos conductores del sonido, interpretaba selectas composiciones musicales y era excelente el efecto que producía, por ejemplo, una marcha tocada por una banda militar al mismo tiempo que se vela pasar un regimiento en la pantalla del cinematógrafo.

El nuevo aparato comenzó también a popularizarse y el cinematógrafo llegó a ser el principal espectáculo de las ferias. Las lujosas casetas en que lo presentaban La Rosa, Escudero y otros hallábanse constantemente llenas de público.

Andando el tiempo otro invento produjo una revolución en el mundo científico. Tratábase de una luz tan potente que traspasaba los objetos más densos y hasta el cuerpo humano; de unos rayos tan misteriosos que, con razón, denominóseles Rayos X.

Nuevamente don Luciano Portes vino a Córdoba para darnos a conocer este prodigio. En un amplio local de cierto edificio, demolido ya, que fue templo del Arte, pues en él estuvo el teatro del Recreo y después el primitivo Centro Filarmónico de Eduardo Lucena, el señor Portes instaló los Rayos X, el Cinematógrafo y el Fonógrafo, titulando, muy acertadamente aquel conjunto de admirables inventos Las maravillas de la Ciencia .

Infinidad de personas acudía para ver los incomparables efectos de la luz prodigiosa, para admirar los bellos cuadros reproducidos por la fotografía animada, para oir la portentosa máquina parlante.

Aquel era un espectáculo tan interesante como culto. Con justicia se llamó al siglo XIX el siglo del progreso.

Hoy el fonógrafo ya no es un aparato callejero ni una distracción de feria; se ha convertido en un mueble de lujo de las casas principales y sirve para solazar, con variados conciertos, a las familias aristocráticas.

Los Rayos X constituyen un poderoso auxiliar de la Medicina y un elemento indispensable en todas las clínicas modernas.

El cinematógrafo ha descendido; a los cuadros instructivos, de la vida real, que antes nos presentara, han sucedido los episodios inverosímiles producto de la extravagante fantasía yanqui; las sandeces de Charlot y Tontolí; las novelas en series de una pesadez abacadabrante y las absurdas escenas entre policías y ladrones, que exaltan la imaginación infantil y contribuyen, en muchos casos, a pervertir a la juventud.

Todo este con su cohorte de artistas de variedades, digno complemento del cuadro.

¡Quién hubiera creído hace algún tiempo que tal espectáculo había de ser la causa de la decadencia, por no decir de la muerte, del hermoso teatro español!

Junio, 1924.