Menú alternativo
Toggle preferences menu
Menú alternativo personal
No has accedido
Tu dirección IP será visible si haces alguna edición

Un Sacristán Con Bigote (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
Revisión del 20:12 24 ago 2026 de Aromeo (discusión | contribs.) (Ordenación alfabética en la categoría Notas cordobesas)
(difs.) ← Revisión anterior | Revisión actual (difs.) | Revisión siguiente → (difs.)


Un Sacristán Con Bigote es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Aquella gran figura de la Iglesia que se llamó fray Ceferino González, acababa de ocupar la Silla de Osio y efectuaba su primera visita pastoral á los pueblos de la Diócesis, inspeccionando minuciosamente el estado del culto y del clero, atendiendo cuantas indicaciones provechosas se le hacían, dando sabios consejos y corrigiendo hasta las menores deficiencias.

Al atardecer de un día de otoño llegó á una pequeña aldea, cansado de su ya largo viaje, é inmediatamente dirigióse, sin que la mayoría del vecindario se hubiese enterado de la presencia del ilustre huésped, á la casa donde se había de albergar.

Fray Ceferino Cioniález, hombre madrugador, despertó el siguiente día mucho antes de que se advirtiese la primera claridad del alba, llamó al familiar que le acompañaba y le dijo: levántate, ve en busca del sacristán de la parroquia y dile que prepare la iglesia, pues dentro de media hora voy á celebrar el Santo Sacrificio.

Señor -objetó el familiar- si todavía es de noche.

No importa, contestóle el Prelado, quiero decir Misa antes de que la gente sepa que estoy aquí y acuda al templo más por curiosidad que por devoción.

Acto seguido el acompañante del insigne filósofo cumplió la orden y poco después el virtuoso Obispo oficiaba en presencia, únicamente, de su familiar y del sacristán que le ayudaba á la Misa. Sólo las débiles luces del altar iluminaban el humilde templo de la aldea.

Al concluir la ceremonia fijóse el Pastor de la Diócesis en el individuo que le había ayudado á la Misa y exclamó en voz baja: ¡en la vida he visto un sacristán con bigote! Y el sujeto en cuestión murmuró en el mismo tono: ¡ni yo un sacristán que no haya cobrado en veinte años!

Ni una palabra más se cruzó entre ambos.

Al llegar Fray Ceferino á la casa en que se hospedaba apuntó en su libro de notas: En la aldea tal el sacristán tiene bigote y no cobra hace veinte años.

Cuando, terminada la visita pastoral, el Prelado regresó á Córdoba una de sus primeras órdenes fué para que se le presentara el sacristán aludido.

Pocos días después compareció ante el sabio insigne, todo turbado y confuso, el pobre aldeano.

Te oí declarar respondiendo á una exclamación mía, le dijo el venerable Pastor, que hace veinte años que no cobras; pues bien, te he llamado para que me expliques cómo ha podido ocurrir eso.

Señor lo explicaré, respondió balbuciente; yo, cuando era muchacho servía de monaguillo en la iglesia; murió el sacristán y el señor cura me propuso que le sustituyera, ofreciéndome, á cambio, gratuitamente un portal para que ejerciera mi oficio de zapatero.

Yo acepté el ofrecimiento y... hasta hoy.

Fray Ceforino meditó unos instantes y despidió á su interlocutor con estas palabras: pues bien, ve á una barbería y manda que te quiten el bigote; vuelve aquí para que yo te vea sin él y márchate inmediatamente á tu pueblo.

El zapatero sacristán cumplió el mandato al pie de la letra y volvió á su aldea completamente rasurado.

En vano preguntáronle los amigos la causa de aquella transformación; á nadie quiso revelársela.

Poco después recibía una cantidad de dinero para él tan fabulosa como inesperada: era el importe de los honorarios que le correspondían por el desempeño de las funciones de sacristán durante una veintena de años, que alguien había estado cobrando indebidamente.