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Revisión del 20:12 24 ago 2026 de Aromeo (discusión | contribs.) (Ordenación alfabética en la categoría Notas cordobesas)
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Iii es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Las buenas y variadas lecturas á que doña Camelia Cocina dedicó los primeros años de su juventud, las lecciones que, sin necesidad de maestro, recibiera en aquella apartada habitación del solar de sus mayores, donde estos almacenaron libros de todas clases, pero sanos y escogidos, con los auxiliares poderosos de una inteligencia despejada, de un talento claro, fueron insensiblemente proporcionando á nuestra biografiada una gran cultura, que si reporta extraordinarios beneficios á todas las personas, es indispensable al escritor.

Por eso las producciones literarias de la señora Cociña no resultan frívolas como las de muchas cultivadoras de la Gaya Ciencia; en ellas hay fondo, ideas profundas, pensamientos hermosos y originales, sin que les falte el dulce sentimentalismo que constituye una de las mayores galas de la poesía y el delicado perfume del corazón de la mujer.

Bellas imágenes avaloran las composiciones de nuestra paisana que sabe, además, vestirlas con el augusto ropaje del verso, vibrante y pulido.

Los tres sublimes ideales á que siempre rindió culto el poeta, la Patria, la Fé y el Amor, inspiran y enardecen á la señora Cociña que los canta en magistrales estrofas.

¡Qué admirable explicación de lo que es la bandera pone en boca de un marinero, al mostrar este á sus hijos la enseña roja y gualda!

Oídla sólo estos cuatro versos:

"Era mi amor mi bandera

que iba arriba repitiendo:

Lucha y vence. ¡Soy la Patria!

no desmayes. ¡Te sostengo!"

¡Qué bien se compenetra con el espíritu de la mística Doctora cuando glosa una de sus poesías y qué consuelo se desprende de sus máximas!

"Si de virtud el celestial tesoro

guarda tu alma, cual guardó la nube

la bienhechora, refrescante lluvia,

nada te turbe".

¡Y con cuánto acierto y galanura describe el amor de este modo:

"Del pecho juvenil es el suspiro;

el afanar intenso

que en tu pupila candorosa miro;

es de la vida el horizonte inmenso

que la mente traspone en un segundo;

la luz del claro día,

del antro iluminado lo profundo,..

esa se llama amor, hermosa mia!"

Entre las composiciones de la señora Cociña hay algunas con tan profundos conceptos filosóficos, que después de leerlas se nos viene á las mientes aquella famosa exclamación relativa á doña Concepción Arenal: ¡es mucho hombre esta mujer!

Entre las poesías de tal orden sobresale la titulada La vida.

Pero, apesar [sic] de sus arranques varoniles, nuestra escritora es ante todo y sobre todo mujer; ella lo demuestra en algunos párrafos de sus cartas que anteriormente hemos reproducido, ella lo pregona cuando, dirigiéndose también á la mujer, se expresa de este modo:

«La aurora del progreso alzándose esplendente

las sombras de tu mente, mujer, borrando está,

ensancha tu horizonte, eleva tu mirada...

más alza en tu jornada tu templo en el hogar".

Y este consejo lo practicó la poetisa, convirtiendo en sagrario el nido de sus santos amores, que la muerte implacable destruyera.

La señora Cociña, cuando describe, convierte en pincel la pluma y traza cuadros de una justeza de color insuperable, sin las exageraciones en que suelen incurrir los poetas meridionales, por exceso de fantasía.

Su descripción del Tibidabo puede presentarse como un modelo.

Posee, además, un dominio absoluto de la forma; el acento y la rima no tienen secretos ni dificultades para la escritora cordobesa, que usa todos los metros, todas las formas y todas las combinaciones con igual fortuna.

Como testimonio de tal afirmación, y con el objeto de que los lectores conozcan á nuestra ilustre paisana, reproduciremos al final de estos apuntes biográfico-críticos una composición en verso libre de doña Camelia Cociña que bastaría para dar renombre á un poeta.

En el corazón y en el cerebro de nuestra paisana no han logrado fructificar las simientes esparcidas hoy en todas direcciones por el huracán que azota los más nobles ideales y los más puros sentimientos.

Ella nos lo dice con su sinceridad característica:

"Al presente escribo poco. Amo la Poesía con el mismo entusiasmo de mis años juveniles y sigo con interés, y no sin inquietud, las evoluciones de la métrica.

"Ya sé que la forma no es la esencia de las cosas. Sé también que romper los antiguos moldes y remontarse anchamente, acusa una vida en plenitud.

"Lo que me descorazona es esa corriente de excepticismo, cada vez más acentuada en nuestra época, que socavando va los más bellos ideales".

Nuestra biografiada, á causa de la excesiva modestia que la adorna, jamás quiso coleccionar sus producciones, pero con las que tiene publicadas é inéditas, entre las que figuran, además de innumerables poesías líricas, el drama que ya hemos citado y un monólogo, podría formar varios volúmenes que enriquecerían el arsenal valioso de la literatura española.

Entre los grandes amores que conserva el corazón de la señora Cociña figura el amor á la ciudad donde naciera, apesar de que no la conoce, y para ella tiene constantes recuerdos.

-- "Quiero á Córdoba sin conocerla- nos dice; -sé algo de sus grandezas pasadas y ansío su prosperidad presente.

"Todo lo de esa región donde vi la primera luz me atrae con la magia misteriosa de la fantasía y la devoción á esa tumba del cementerio de la Salud".

He aquí, ahora, para terminar, la poesía cuya reproducción ofrecimos:

EL PROGRESO MORAL

Vuelve, noche, á venir. Velen tus sombras

el inmenso horizonte que descubro

del proceloso mar siempre agitado.

Reine el silencio en derredor y escuche

sólo el aletear del pensamiento,

-otro mar insondable- por regiones

que le acercan á Dios, iY á él pluguiera

que no volviese á descender, y, libre,

se anegase en la luz del infinito!

Tengo sed de vivir. Pero la vida

que en mis sueños me finjo locamente,

no la que en torno bulle y disimula

mortíferos miasmas en el fondo,

¡cieno asqueroso de pasiones viles!

Mi afán me lleva á investigar la causa

del de los pueblos malestar insano,

y miro la Ambición que, tinto en sangre,

levanta su estandarte maldecido

para asolar los débiles ó ineptos;

la ruin Envidia que en lo obscuro teje,

como la araña, la sutil urdimbre

y cautelosa al confiado burla;

quién, vendiendo á su Dios en el mercado

el ara prostituye y la conciencia;

cuál, más fiero que el tigre á quien obliga

el hambre á la defensa, con instinto

de carnaje cruel destruye y mata

sin Dios ni fé. sin ideal acaso!

Y mientras el Progreso que deslumbra

avanza más y más. Las Ciencias abren

horizontes de luz; el Arte crea,

y la Industria sus dones multiplica ...

¡Todo se agranda y se hermosea todo

á impulsos de la mente que concibe

y del obscuro brazo que ejecuta!

En esa intensa vibración de ideas

las distancias se borran, y los pueblos

al unísono marchan. Es la fiebre

que á la moderna Humanidad fustiga

la del trabajo: del Saber el ansia.

y, sin embargo, el egoísmo logra

con su impulso brutal, que los raudales

tuerzan el cauce redentor, asolen,

y al corazón en erial conviertan.

Veces mil ¡oh Progreso! he renegado

de tu alienta creador. He puesto en duda

las ventajas que aportas, y á despecho

de esa secreta voz que grita "¡avaute!",

de esa eternal aspiración humana

que nos impele á proseguir, mil veces

he envidiado la vida del que nunca

te vió llegar hasta su choza humilde

con el soberbio tren de tus conquistas.

Pero. nó. De la mente los tesoros

nos los dió el Hacedor. No improductivos

se estanquen, sino en círculos sus ondas

al infinito lleguen. Que, Universo,

por trono señaló á la Inteligencia,

y por tales peldaños sube el hombre

á la Verdad y á la Belleza suma.

Si hay viles que esos dones bastardean,

¡sobre ellos caiga execración divina!

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Vuelve, noche, á venir. Sueño ó delirio

me finja nuevamente en el sosiego

augusto de natura, una inefable

promesa, una esperanza halagadora

de consuelo, de paz. A soñar vuelva

que una corriente misteriosa iba

la perfección labrando de loa hombres,

¡el Progreso Mora! Oh, ¡Cómo el alma

se extasiaba al mirar aquel concierto

donde las razas todas confundían

su aspiración futura y su presente

en amoroso y fraternal abrazo,

limpio su corazón, alta la frente!

Tal es la poetisa cordobesa doña Camelia Cociña y Riveira, viuda de Llasó.

Una feliz casualidad nos ha deparado el honor de poder presentarla á sus paisanos; orgullosos nos sentimos de ello y de que sirva de epílogo á estas Notas la hermosa composición transcrita, pues cierra con broche de oro un libro tan pobre y humilde como el presente.