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El Círculo De La Amistad (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
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El Círculo De La Amistad es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Muchas páginas brillantes de la historia contemporánea de nuestra población están escritas en el Círculo de la Amistad, no en balde llamado la casa de Córdoba, pues Córdoba lo tiene siempre a su disposición para todos los actos de cultura, para todo cuanto siguifique [sic] un homenaje a los hombres de valía, para rendir tributo a las ciencias, las artes, las letras o las armas, para cooperar a cualquier fin patriótico, para defender los intereses de la ciudad, para recibir dignamente a las personas ilustres que nos honran con su visita, para enaltecer y realzar la hermosura de nuestras mujeres en las fiestas que en su honor organiza.

El origen de esta sociedad es ya bastante antiguo: en el año 1842 varios distinguidos aficionados al arte teatral, se reunieron y adquirieron en arrendamiento el amplio edificio que fue monasterio de Nuestra Señora de las Nieves, formando en él un teatro en el que representaron comedias, zarzuelas y hasta óperas.

Dicha sociedad obtuvo gran desarrollo en muy poco tiempo y entonces los individuos que la formaban decidieron comprar la finca y construir en ella un gran casino.

Realizado este propósito, el 24 de Marzo de 1845 empezaron las obras, que no concluyeron hasta el 1848, no sólo por la importancia de las mismas, sino por que estuvieron paralizadas bastante tiempo, a causa de divergencias de criterio entre los socios.

El nuevo centro de recreo, al que se puso el nombre de Círculo de la Amistad, Liceo Artístico y Literario, resultó un casino verdaderamente suntuoso, que honraba a nuestra ciudad.

Amplias y cómodas dependencias para reuniones, billares, café, biblioteca, gabinete de lectura, comedor y cuanto se deseara; hermosos patios y jardines; interminables galerías en que poder pasear; un mirador con vistas admirables; cuarto de baño; de todo había allí, sobresaliendo el salón de actos de tan extraordinarias dimensiones que muy pocos casinos de España tienen otro semejante.

Decoran este salón grandes cuadros representando pasajes de la historia de Córdoba, pintados al óleo por don José Rodríguez Losada y magníficos espejos, también de excepcional tamaño.

En distintas épocas el Circulo de la Amistad ha sido objeto de importantes reformas, de las que merecen mención especial la ampliación de los claros de la fachada, la apertura reciente de los que hay en el ángulo que forma el edificio en el ensanche de la calle de Alfonso Xlll y la ornamentación y decorado del precioso salón de conferencias, del tocador para las señoras y de la salita que hay a la entrada en el lado derecho, trabajos que la sociedad, con gran acierto, encomendó a los ilustres artistas cordobeses don Julio Romero de Torres y don Mateo Inurria.

Tampoco puede pasar inadvertida, entre las mejoras de este centro, la creación de su actual biblioteca, muy rica en obras modernas, tanto de ciencia como de literatura, debida a la iniciativa de uno de los presidentes del Circulo, don José Marín Cadenas.

Y al hablar de esta depedencia [sic] justo es, asímismo, dedicar un recuerdo a la primer persona que de ella estuvo encargada, al malogrado joven don Cristeto Rodríguez Aparicio, hombre de gran cultura y actividad incansable, que cooperó eficazmente a la labor del señor Marín Cadenas.

Al desaparecer el antiguo convento de Nuestra Señorade las Nieves y levantarse en el sitio que ocupó el primer casino de Córdoba, el Ayuntamiento cambió a la calle en que está su primitivo nombre de las Nieves por el del Liceo, el cual fue luego sustituído por el de Alfonso XIII.

No ha venido a Córdoba persona de alta significación, en cualquier orden de la vida, que haya dejado de visitar el Círculo de la Amistad.

Los Reyes don Alfonso XII y don Alfonso Xlll honraron con su presencia este culto centro y el primero, al ver el salón de actos, exclamó sorprendido: ¡que más quisiera yo sino que tuviera mi palacio un salón como este!

También estuvieron en el primero de nuestros casinos otras personas de estirpe regia como la Infanta doña Isabel de Borbón, en honor de quien organizó la citada sociedad una brillante recepción.

Asimismo fué lucidísima otra conque obsequió al malogrado marino don lsaac Peral, cuando a raiz de su invento, vino a nuestra capital para recibir uno de los homenajes más entusiásticos que, en aquella época, tributóle el pueblo español.

Actos análogos verificó en diversas ocasiones para recibir o despedir a fuerzas del Ejercito que marchaba a la guerra.

El Circulo de la Amistad ofreció hospedaje durante las breves horas que permanecieron aquí y obsequió con esplendidas comidas a los jefes, oficiales y soldados de la primera expedición de tiradores Maüsser enviada a la campana de Cuba, de la que volvieron muy pocos de aquellos bravos defensores de la Patria.

Y en aquellos amplios salones se han verificado numerosos banquetes ya como testimonio de afecto a tropas que abandonaban nuestra guarnición, ya para festejar el triunfo de hombres de ciencia, artistas, literatos e industriales.

En el Círculo se efectuaron solemnes repartos de premios a alumnos de nuestros centros de enseñanza.

Y si toda esta es una laudable labor de cultura realizóla mucho más intensa, mucho más provechosa en otros actos brillantísimos, de que haremos breve mención.

En las espaciosas galerías de este gran Liceo la Escuela provincial de Bellas Artes organizó importantes exposiciones con los trabajos más notables, no sólo de sus alumnos sino de sus profesores. los cuales llamaron la atención y fueron justamente elogiados.

En el salón contiguo al de actos, la sociedad humanitaria titulada La Caridad también instaló una exposición muy lucida de vitelas ilustradas por pintores y poetas que se rifaron en un festival celebrado en el Gran Teatro a beneficio de dicha institución

Maestros insignes del divino arte celebraron conciertos en la Casa de Córdoba, entre los que merecen especial mención los de la admirable Orquesta de Madrid dirigida por maestros tan eminentes como Bretón y Arbós, alternando dichos conciertos con las gratísimas veladas musicales que también han ofrecido notables profesores y aficionados de nuestra población.

Pero de todos los actos que llenan las páginas de la historia del Círculo de la Amistad ningunos tan brillantes como los juegos florales celebrados durante varios años la víspera de la feria de Nuestra Señora de la Salud.

En ellos se rendía verdadero culto a la belleza, al talento, a la elocuencia y a la inspiración.

En dichos festivales pronunciaron discursos, en concepto de mantenedores, hombres de tanta valía como el malogrado Canalejas, el exministro Gasset y el ministro Burell, y fueron leidos otros, verdaderas joyas de la literatura castellana, del insigne don Juan Valera, del ilustre don Francisco Rodríguez Marín y del gran poeta cordobés don Marcos R. Blanco Belmonte.

El ya citado presidente del Círculo don José Marín Cadenas inició varios cursos de conferencias, para las cuales fue habilitado el precioso salón decorado por Julio Romero de Torres con hermosos cuadros, a que ya en otro lugar nos hemos referido.

Estas disertaciones estuvieron a cargo de las personas más ilustradas de Córdoba y de algunas de otras poblaciones que fueron invitadas por el señor Marín, y versaron sobre asuntos interesantísimos de ciencias, artes y literatura.

Con ellas alternaron veladas políticas, no menos agradables.

En uno de los cursos de conferencias ocurrió un caso curioso: un forastero, casi desconocido en nuestra capital, puso en juego todas sus influencias para que se le permitiera pronunciar una disertación; la sociedad accedió a los deseos de aquel; vino el orador, que se había aprendido de memoria su discurso, y a poco de comenzarlo tuvo la desgracia inmensa de que se le olvidase.

Realizó esfuerzos inauditos para reconstituir su oración, repitiendo una y otra vez lo ya dicho, pero todo fue inútil.

El pobre hombre, cuya faz bañaban sudores de muerte, apeló entonces al único recurso que le quedaba; abandonó la tribuna sin pronunciar palabra, penetró rápidamente por la puerta que había detrás del estrado y desapareció como una figura fantasmagórica.

Nadie pudo averiguar por dónde se marchó ni creemos que nadie le ha vuelto a ver en Córdoba.

Además de las conferencias de estos cursos en distintas ocasiones ilustres personalidades que visitaron nuestra capital pronunciaron otras, desarrollando temas de gran importancia o tratando cuestiones de actualidad.

De ellas citaremos una del almirante Cervera, que expuso y justificó el desastre ocurrido a la escuadra de su mando en Santiago de Cuba y otra sobre Agricultura, muy notable, del Vizconde de Eza.

También en el Círculo de la Amistad se han celebrado varias asambleas, dos agrarias, una de secretarios de Ayuntamientos y otra de la Federación Gremial, e infinidad de reuniones para tratar de múltiples asuntos, relacionados todos con los intereses de esta población.

En cuanto a fiestas, las mis brillantes organizadas por la buena sociedad cordobesa se han efectuado en aquellos magníficos salones.

Entre ellas han sobresalido siempre los bailes, especialmente los de Carnaval.

En algunos ha sido tal la aglomeración de concurrentes, en su mayoría mujeres encantadoras, que el extenso local del casino resultaba pequeño para contener al selecto público.

Recuérdense, como ejemplo de esta afirmación, el baile del domingo de Piñata a que asistió la embajada extraordinaria marroquí de Sidi Brisa, el diplomático abofeteado en Madrid por un general, y el del segundo día de Carnaval en que celebraron un concierto las estudiantinas forasteras que vinieron a tomar parte en el concurso iniciado por el Municipio.

También han resultado muy lucidas las típicas verbenas andaluzas verificadas algunos años en los patios y jardines del Círculo, que tenían el sabor popular de nuestras clásicas veladas y todos los elementos de ellas; puestos de juguetes y chucherías, barracas de polichinelas y el indispensable Tío vivo, con su destemplada música.

Pero las fiestas más simpáticas de todas las celebradas en el Círculo puede asegurarse que han resultado siempre las del día de los Santos Reyes organizadas para repartir a los niños los juguetes conque los Magos les obsequian.

Como que en tales fiestas se reunen mujeres, niños y flores; lo más bello de la creación, lo que más alegra nuestra vida.

Cuando los socios del Circulo de la Amistad asistían a él más asiduamente que ahora, improvisábanse, sobre todo en las noches de invierno, muchas agradables tertulias, en las que pasaban las horas inadvertidas.

Una de las más favorecidas era la del ingenioso y ocurrente escritor don Rafael Conde Salazar que con sus chispeantes narraciones, sus anécdotas y sus chascarrillos mantenía continuamente la hilaridad de sus contertulios

Estos, como otros socios de buen humor, hacían blanco de sus bromas a Capote, el viejo y populasisimo [sic] camarero de la Sociedad, que era lo que llamamos un tipo de gracia.

De muy corta estatura, excesivamente obeso, serio y grave, cualquiera, en otros tiempos, le hubiese tomado por el bufón de un rey.

Y este hombre, no obstante su seriedad, era uno de esos seres que toman el mundo y la sociedad a broma, y a la vez un satírico formidable.

Había que oirle las frases que murmuraba por lo bajo cuando los socios le llamaban repetidas veces para pedirle un periódico, un palillo de dientes, un vaso de agua, todo aquello, en fin, por lo que no se acostumbra a dar propina.

Y también merecían conocerse los sobrenombres que aplicaba a ciertos socios, según sus caracteres, usos o costumbres.

Como demostración del humorismo de Capote y para terminar estos ya largos recuerdos de otros días, consignaremos una de sus frases más felices.

Servía en una ocasión de guía a unas señoras forasteras que visitaban el Círculo. Las buenas señoras le tenían atosigado con sus incesantes preguntas, muchas de ellas reveladoras de una candidez extremada y algunas difíciles de contestar.

Al llegar al patio, las damas se detuvieron ante la fuente para ver los peces multicolores y como observaran que en el fondo del pilón había algunas tejas, apresuráronse a preguntar al viejo camarero: diga usted, ¿esas tejas para que sirven?

Y Capote, sin vacilar, con su gravedad característica, respondió: para que, cuando llueve, se resguarden los peces debajo de ellas.

Diciembre 1918.