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Los Hombres De Carnaval (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
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Los Hombres De Carnaval es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Las fiestas de Carnaval; aunque nunca fueron tan lucidas en Córdoba como en otras poblaciones, demostraban durante la segunda mitad del siglo XIX mejor gusto, mayor ingenio y, por que no decirlo, más cultura que en la actualidad.

Abundaban las máscaras con caprichosos disfraces, no las cubiertas de andrajos, y buenas comparsas y estudiantinas, en lugar de los corrillos y las murgas que hoy nos atormentan los oidos con los inarmónicos sones de instrumentos destemplados y ruborizan a un guardacantón con las coplas más repugnantes y obscenas.

Había hombres con aptitudes artísticas no vulgares, de inventiva, de gracia, que cuando se aproximaban las canestolendas, ponían a contribución todas las dotes indicadas para cooperar al éxito de los festejos en honor de

Momo, para divertirse y divertir a los demás con recreos propios de una población culta, ilustrada.

Uno de esos hombres era Rafael Vivas. ¿Quién de sus tiempos no lo recordará?

El fundó y dirigió la comparsa titulada La Raspa , una de las más populares de Córdoba que, durante buen número de años, mantuvo una verdadera competencia con la Estudiantina del primitivo Centro Filarmónico de Eduardo Lucena, competencia en la que no llegó a ser vencida, porque si en la parte instrumental ,le aventajaba la agrupación de Lucena, en la parte vocal ésta quedaba muy a la zaga de la de Vivas.

El iniciador de La Raspa, apesar de no saber música, componía todas las obras que formaban el repertorio de su comparsa; pasa calles y jotas, polkas y habaneras alegres, originales, inspiradas, muchas de las cuales disputábanse después la popularidad con los números más salientes de las zarzuelas en boga.

El paso doble y la jota de otra comparsa también iniciada por él, la de Los Demonios , que recorrió nuestros paseos una noche de San Juan, estuvimos oyéndolas sin cesar en boca de mozos y mozas durante muchos meses.

Vivas componía su música con facilidad prodigiosa; cogía la guitarra y, al compás de ella, iba tarareando las obras que La Raspa había de interpretar al recorrer nuestras calles triunfalmente el Domingo de Piñata.

Además Rafael Vivas tenía extraordinaria afición al arte dramático y era un cómico excelente. Él constituyó y también dirigió una sociedad de aficionados a dicho arte denominada del Duque de Rivas, la cual representaba comedias y zarzuelas en nuestros teatros con mucho éxito. Algunas obras, famosas en sus tiempos, como la titulada En las astas del toro , le proporcionaron triunfos que hubieran envidiado muchos actores.

Vivas, ya anciano, habita en Madrid, y hace un año próximamente escribió a un artista cordobés una larga epístola en que le recordaba tiempos pasados, amigos que murieron y fiestas y diversiones de otros días.

El artista a quien estaba dirigida la carta dejó de existir hace algunos meses: era Angel García Revuelto.

Tenía el Director de La Raspa un compañero con las mismas aficiones suyas; tan entusiasta como él de las diversiones del Carnaval y del teatro, Rafael Priego.

Mucho antes de que llegaran las carnestolendas sólo pensaba en la compañía, únicamente hablaba del éxito que obtendría aquel año con la nueva música de Vivas, en cuyo elogio se hacia lenguas; con sus coplas satíricas o galantes, con los disfraces graciosos que estaba preparando.

Priego también trabajaba en el teatro y hemos de confesar que reunía excepcionales dotes para actor cómico, a la vez que una buena voz como cantante.

Poseía gracia natural, desenvoltura, movilidad en las facciones y una mímica tan expresiva como adecuada a las situaciones de cada obra.

Jamás se tomó el trabajo de aprender un papel y, no obstante, siempre salía airoso de la representación, más airoso que la mayoría de sus camaradas, pues lograba mantener en hilaridad constante al público y que éste le aplaudiera, expontánea y ruidosamente.

¡Cuántos cómicos de fama no oirían ovaciones tan grandes como proporcionó a Priego el Tío Caracoles .

Después de una excursión carnavalesca o de una representación teatral Rafael Priego, en la tertulia a que solía concurrir o en la Imprenta del Diario de Córdoba , en donde trabajaba, refería a sus amigos y compañeros los incidentes de aquellas, narrándolos con tanta gracia y naturalidad, describiéndolos con tan vivos colores y tal lujo de detalles que el auditorio seguía el relato con verdadera delectación.

En el bando contrario al de Vivas y Priego, en el Centro Filarmónico de Eduardo Lucena, distanciado siempre por antagonismos profesionales de La Raspa; figuraba otro hombre popularísimo, elemento indispensable en las fiestas de Carnaval, Pepe Serrano.

Era pintor, músico, cantante y reunía tal cúmulo de habilidades que se le podía aplicar el calificativo de enciclopedia humana.

El festivo poeta Emilio López Domínguez le retrató fielmente en un soneto semblanza cuyos once primeros versos dicen así:

Delgado, con bigote y con perilla,

aflautada la voz, larga melena,

con la cara de cómico sin cena,

es pintor escenógrafo y polilla.

Si pandera o violín su mano pilla

los maneja tan bién que nos atruena

levita, pantalón y aun la colmena

son prendas que el las hace y las cepilla.

Él baila con palillos el bolero,

la guitarra maneja con gran arte,

es fino, servicial, dicharachero

La discreción nos impide reproducir los tres versos restantes en que López Domínguez, escudado en la íntima amistad que le unía con Pepe Serrano, aplicábale algunas frases excesivamente satíricas.

Este hombre enciclopedia era una de las figuras más salientes del Centro Filarmónico, indispensable en su estudiantina, principal iniciador de sus bromas y fiestas memorables.

Los días en que el cuadro artístico del Centro Filarmónico no recorría las calles deleitandonos con la música inspirada, retozona; genuinamente cordobesa de Eduardo Lucena, Pepe Serrano, el Chato, como él mismo se llamaba, disfrazábase de modo original siempre, en unión sus amigos, siendo una de las máscaras que más llamaban la atención; una delas notas salientes de nuestro carnaval.

Con no menor entusiasmo rendía culto a Momo aquel modesto músico, gran admirador de Lucena, que se llamaba José Prieto.

Ya lo veíamos en la estudiantina del Centro Filarmónico tocando el triángulo, ya en la comparsa de La Raspa llevando la enorme espina de pescado que le servía de emblema, ya disfrazado de negro bailando el tango en compañía de otros guachindanguitos , también apócrifos.

Ni en los últimos años de su vida rehusaba cubrir la nieve de su cabeza con el clásico sombrero de estudiante, envolver su cuerpo encorvado en el airoso manteo y lanzarse a la calle con la marcial estudiantina en busca de las primaverales auras de la juventud.

Hoy de los hombres de nuestro antiguo Carnaval sólo queda uno que persiste en sus aficiones, que no ha perdido sus primitivos entusiasmos, el popularísimo panderetólogo Pepe Fernández.

Él, con su ropilla de estudiante, agitando los dorados platillos de la pandereta, es una evocación de tiempos pasados, de días más venturosos y apacibles que los actuales.

15 Febrero, 1920.