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Las Tormentas (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
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Las Tormentas es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Indudablemente Córdoba es una población privilegiada, pues casi siempre se libra de las grandes calamidades que azotan a los pueblos; de los terribles efectos de epidemias, de fenómenos atmosféricos y sísmicos, y si la peste la invade es en forma benigna; si el terremoto la extremece [sic] no hay que lamentar desgracias; si sobre ella se cierne la tempestad no causa víctimas el rayo.

Me gustan las tormentas por lo ligeras” es una frase corriente en nuestra ciudad, pues siempre duran aquellas poco tiempo; el vulgo dice que toman la canal del río y pasan con gran rapidez.

Aun las tempestades más terribles desencadenadas en Córdoba, aquellas que produgeron [sic] un verdadero pánico, no causaron daños de gran consideración y, dentro de la capital, jamás la chispa eléctrica desprendida de la nube dejó sin vida a una persona.

Una de las mayores tormentas de que aún conservan el recuerdo los ancianos, descargó un día de la Virgen de la Fuensanta, en el tiempo en que se le dedicaba una feria.

Formóse tan súbitamente y la acompañó una lluvia tan torrencial que el numerosísimo público reunido en el paseo de Madre de Dios y en sus alrededores tuvo que huir a la desvandada [sic] invadiendo las casas de la calle del Sol, hoy de Agustín Moreno, para ponerse a salvo del inesperado diluvio.

Las calles convirtiéronse en ríos y las aguas arrastraron en su corriente gran parte de las mercancías de los puestos de la feria.

Con este motivo muchos modestos industriales sufrieron pérdidas de consideración.

Un día de Santa Ana, entre nueve y diez de la noche, hubo otra tormenta memorable por su extraordinaria magnitud.

También se formó en pocos minutos y la gente que disfrutaba del fresco en el paseo del Gran Capitán asaltó los casinos para resguardarse de los efectos de la tempestad.

En el Teatro Circo se suspendió la representación y muchos espectadores y bastantes artistas sufrieron síncopes y ataques epilépticos.

En el escenario no había personas suficientes para sujetar a las pobres cómicas que se revolvían presas de horribles convulsiones.

Un día de la feria de Mayo, en que por primera vez se efectuaban en Córdoba ejercicios de aviación, precisamente a la hora de comenzar este interesante espectáculo, se desarrolló otra tormenta con gran aparato de relámpagos y truenos y acompañada de una lluvia torrencial.

El inmenso gentío que se había reunido para presenciar los vuelos de los aviadores, corrió a la desbandada en dirección a la ciudad, invadiendo el cuartel de la Victoria, que era el edificio mis inmediato al aerodromo.

Las chispas eléctricas han producido desperfectos de importancia en varios edificios de Córdoba.

En dos ocasiones los causaron en la torre de la iglesia parroquial de San Lorenzo.

Un día de San José, cuando la familia del conocido industrial señor Cruz, dueño de una sombrerería instalada en la calle del Ayuntamiento, celebraba la fiesta onomástica de aquel, un rayo originó destrozos de consideración en el edificio, principalmente en las habitaciones donde se hallaban los moradores de la casa, sin que estos sufrieran mas que el susto consiguiente.

En una de las callejas de la calle Pedregosa pudieron apreciarse, hará unos quince años, los raros efectos de la chispa que se produce en la nube cargada de electricidad.

Una de esas chispas perforó muros y entresuelos de una casa, fundió varios efectos de cobre que había en la cocina y derrumbó por completo la escalera, quedando ilesas las cuatro o cinco personas que se hallaban dentro del edificio.

Finalmente, otro rayo originó un incendio en la cúpula del altar mayor de nuestra incomparable Basílica.

Merced a la prontitud conque acudieron muchas personas y al trabajo y al esfuerzo de todas ellas, se logró dominar y extinguir el fuego antes de que destruyera ni deteriorara el inmenso tesoro artístico de la incomparable Mezquita.

Y seguramente a esa chispa eléctrica providencial debióse la magnífica instalación de pararrayos que hoy libra de los efectos de las tormentas ese grandioso monumento, sin par en el mundo.

En los alrededores de nuestra población han muerto algunos desgraciados a causa de estos fenómenos atmosféricos: en la estación férrea de Cercadilla una descarga eléctrica privó de la existencia a un empleado que manipulaba en en [sic] el telégrafo; en la fabrica de electricidad de Casillas, recientemente, uno de sus operarios tuvo el mismo fin.

Dentro de los muros de la ciudad las tempestades jamás han hecho víctimas, pues “el Arcángel dorado que corona de Córdoba las torres”, fiel a su juramento, nos libra del rayo, de la inundación, de la epidemia y del terremoto.

Por eso cuando la negra nube nos oculta el azul purísimo del cielo, y el relámpago nos ciega con su lumbre cárdena, y nos ensordece el trueno al retumbar en el espacio, y el espíritu se contrista, y el alma se acongoja, hay un momento en que llega hasta nosotros, muy débil, casi imperceptible, el sonido de una esquila y, súbitamente, desaparecen nuestras angustias y nuestros temores, vuelve la tranquilidad a nuestro ser, un destello de alegría inunda nuestro rostro; aquel sonido que se nos introduce en el alma es el del campanillo de San Rafael , colocado en la torre de la iglesia de San Pedro, el cual sirve de conjuro mágico para que se deshaga la nube tormentosa y vuelva a lucir el sol espléndido o el cielo azul tachonado de estrellas.

Abril, 1921.