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En Honor De Un Poeta (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
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En Honor De Un Poeta es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

El cantor de Andalucía, Salvador Rueda, que en la época de su apogeo literario no escribía sino bordaba los versos con hebras de sol en polícromos mantones de Manila, profesó, durante su juventud, gran afecto a Córdoba y vino varias veces a admirar sus tesoros artísticos y la belleza insuperable de sus campos.

Entre nuestros artistas y escritores tenia amigos íntimos, como los hermanos Romero de Torres y Valdelomar y Enrique Redel.

En una de sus visitas el Club Mahometano, Sociedad constituida por gente de buen humor, cuya única finalidad era divertirse con cualquier pretexto, acordó rendirle un tributo y, con este objeto, organizó diversos actos que regocijaron extraordinariamente al poeta.

El principal de todos ellos fue una excursión, en burros, a las Ermitas, con todo el fresco de las tres de la tarde de un día del mes de Agosto.

A esa hora los expedicionarios, después de haberse despedido de sus respectivas familias por si eran víctimas de un tabardillo y no volvían a verlas, se reunieron en el Campo de la Merced, montaron en los pollinos que el popular Pepillo el aguador proporcionara y emprendieron la marcha sin importarles un ardite el sol que les derretía los sesos.

La cabalgadura de Salvador Rueda iba vistosamente enjaezada y, por una excepción y un acto de galantería, al autor de El gusano de luz se le permitió que llevara una sombrilla para librarse de las caricias de Febo.

Detrás de la larga fila de aspirantes a una insolación marchaba un intrépido mozo, a caballo, provisto de un látigo de correr liebres para tener en continuo jaque a pacíficos jumentos.

No es necesario decir que algunos jinetes comprobaron, con las costillas, la dureza de casi todas las piedras del camino.

¡Cuántos chistes, qué de frases ingeniosas se le ocurrieron, en presencia de tales accidentes, al graciosísimo Miguel Algaba!

Al penetrar aquella turba en el Desierto de Belén su silencio augusto y su tristeza imponente fueron interrumpidos por un torrente de risas y charlas y por una oleada de alegría.

Los expedicionarios recorrieron todo el misterio y poético recinto en que viven, felices, los ermitaños, lejos del mundo y muy cerca del Cielo, sin que hiciera cruzar por su Cerebro una idea triste ni aún la terrible sentencia

"Como te ves yo me vi como me ves te veras"

escrita al pie de la calavera.

Contemplando el panorama que se descubre desde el “Sillón del Obispo” Salvador Rueda improvisó un verdadero poema en prosa, en el que hizo gala de su soberana fantasía.

Al regresar a la ciudad jinetes y cabalgaduras, con raras excepciones, descendieron rodando la “Cuesta de Reventón”.

El dueño de una finca próxima a las Ermitas obsequiócon un gazpacho a los excursionistas, y uno de ellos, taningenioso como travieso, intentó prender fuego a un almiar para ofrecer un espectáculo al poeta.

Los jumentos llegaron en tan deplorable estado que algunos tuvieron que ser conducidos al desolladero y Pepillo el aguador estuvo a punto de matar a los socios del Club Mahometano.

Estos, después de la excursión relatada, obsequiaron a Salvador Rueda con un banquete en el restaurant de la Estación Central de los ferrocarriles.

El ingenioso periodista José Navarro Prieto envió, para postres, varias docenas de las clásicas arropías de clavo.

De sobremesa Miguel Algaba leyó un poema filosófico modernista en treinta y dos cantos titulado El caos , que fué el asombro de los comensales.

Aquel día sirvió de epílogo a los actos en obsequio del poeta una fiesta andaluza verificada en el patio de una de las tabernas más típicas de Córdoba; un patio lleno de plantas y de flores, mezcla de jardin y huerto.

Allí la guitarra lanzó sus notas más vibrantes y la copla popular llenó el espacio de tristezas y melancolías.

En el día siguiente la Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes se reunió en sesión extraordinaria para dar la bienvenida a Salvador Rueda y escuchar algunas de sus admirables composiciones, que fueron leídas, por el autor de estos recuerdos.

Y aquella noche, en uno de los rincones más interesantes de nuestra ciudad, en la morada de una familia de artistas ilustres, se celebró una velada donde el poeta pudo admirar un precioso ramillete de muchachas encantadoras; la más genuina representación de la mujer cordobesa.

Una de aquellas muchachas, de ojos grandes y negros, con la atracción del abismo y el fuego de un volcán, le inspiró el cantar más delicado y bello que ha brotado de la pluma de salvador Rueda:

Cuando me esté retratando en tus pupilas de fuego cierra, de pronto, los ojos a ver si me quedo dentro.

Septiembre, 1921.