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Las Campanas De Cordoba (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
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Las Campanas De Cordoba es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Pocas poblaciones tendrán campanas tan sonoras, tan vibrantes como las de Córdoba, a pesar de que muchas de las antiguas, que la acción del tiempo inutilizó, han sido sustituídas por otras de timbre menos agradable, a causa de no poseer la riqueza de metales que las primitivas.

El cordobés que, tras larga ausencia, regresaba a su tierra natal, en el momento de llegar a ella y oir las alegres notas de sus campanas, sentía un júbilo indescriptible, parecíale que se le ensanchaba el alma, que penetraba en sus pulmones una oleada de oxígeno cargada de perfumes.

Entre las campanas de nuestras iglesias sobresalen las de la Catedral, cuyo sonido hermoso no se confunde con el de las que ostentan en las torres los demás templos.

La Basílica tiene diez campanas, dos esquilas y el campanillo que corona la torre.

Ignórase la fecha en que fuera fundida la mayor, dos lo fueron en el siglo XVII, cuatro en el XVIII y las restantes en el XIX y en el actual.

Llámanse las campanas Santa María, Santa Bárbara, San Zoilo, Santísimo, San Pedro, San Rafael, la Purísima, San Antonio, Santa Victoria y Santa Maria de la Paz y las esquiles la Ascensión y la Asunción.

La campana mayor, la Santa María, cuyos ecos graves, majestuosos, repercuten en toda la ciudad, es seguramente la más antigua y ha sido necesario reforzarle con un aro el borde, gastado por el uso.

Se utiliza para llamar al Clero Catedral a coro, para hacer la señal de fuego, en el repique, en el doble solemne, y para anunciar todos los actos más importantes.

El pueblo la denomina la campana gorda y le aplica la siguiente leyenda, compuesta en malos versos:

Santa María me llamo, cien quintales peso; el que no lo crea que me tome en peso, me de una vuelta por la ciudad y aquí me vuelva luego a dejar.

Los chiquillos, cuando al aproximarse la Noche Buena recorren las casas cantando villancicos al son de panderetas y zambombas, suelen entonar una copla en la que piden el aguinaldo y a la que ponen el estribillo siguiente:

La campana gorda de la Catedral se te caiga encima si no me lo das.

La campana llamada el Santísimo sirve para el toque de Animas y para anunciar la salida del Viático y la que ostenta el nombre de Santa Bárbara para los toques del Alba y de la Oración, de la tarde y de la noche.

Hay una, Santa Victoria, que se dedica exclusivamente al repique de las fiestas de Minerva y al anuncio de la salida de Su Divina Majestad para administrar la Comunión a los hermanos de la Cofradía del Santísimo establecida en el Sagrario de la Catedral.

En las rogativas y en los repiques se tocan todas las campanas de la Basílica.

¡Qué concierto tan grandioso, tan solemne, forman en las fiestas del Corpus Christi y en la Hora Santa del día de la Ascensión del Señor; cómo llenan el alma de júbilo al romper el silencio de la noche para recordar el momento en que vino al mundo el Hijo de Dios!

En las rogativas semejan fervientes súplicas que brotan de corazones acongojados; en el doble ayes de dolor inmenso; oraciones fúnebres cuando tocan la cepa, instituida por un Prelado ilustre de esta Diócesis para los caballeros que murieron en la memorable batalla del Campo de la Verdad y para todos sus descendientes.

Y en las poéticas tardes primaverales de la Cuaresma preludian un himno dulce y poético al tocar la Salve.

Es verdaderamente sensible que hoy se utilicen para los repiques menos campanas que antiguamente y que se haya disminuido el número y la duración de esos agradables conciertos que inundaban el espacio de notas alegres y vibrantes..

Además de las campanas de la Basílica se distinguen por su buen timbre, por su sonoridad, las de la Colegiata de San Hipólito, de las iglesias parroquiales de San Nicolás de la Villa y de San Pedro y del templo en que se rinde culto al ínclito Arcángel Custodio de esta ciudad.

En el convento de la Merced había una campana de gran valor por su riqueza de metales que se inutilizó y ha sido sustituida recientemente por otra de sonido análogo al de aquella, pues está hecha con el metal de la primitiva.

No dejaremos de mencionar el campanillo de San Rafael, colocado en la torre de la iglesia de San Pedro y que solamente es tocado cuando se desencadena una furiosa tempestad, para ahuyentarla.

Tristes, plañideras, son las esquilas de los cementerios; parece que lanzan verdaderos ayes de dolor siempre que un cortejo fúnebre traspasa los dinteles del camposanto.

No menos tristes resuenan, en el silencio y la soledad augustos del campo, los campanillas que coronan las poéticas ermitas del Desierto de Belén.

Y lúgubre debe ser el eco de la campana fatídica que en el convento de Scala Coeli tañía sola cuando iba a entregar el alma a Dios algún religioso de aquel monasterio y que nadie se atreve a tocar porque, según la tradición, quien la tocaba moría a los pocos momentos.

Las campanas de nuestra ciudad han originado diversos accidentes, algunos muy sensibles.

Hace muchos años, la llamada la Purísima, de la Catedral, cayó dentro de la torre, causando la muerte a un campanero e hiriendo a otro.

Posteriormente se desprendió el badajo de la misma cayendo al Patio de los Naranjos, donde causó un profundo hoyo en el pavimento y algunos años antes también cayó, a la calle del Cardenal Herrero, el de la llamada San Rafael, sin que, milagrosamente, en uno ni en otro caso hubiera que lamentar desgracias personales.

Algunos jóvenes fueron despedidos por las campanas, al repicarlas, desde las torres de varias iglesias, sufriendo tan graves lesiones que a causa de ellas, dejaron de existir.

¡Las campanas de Córdoba! ¡Con qué inmenso júbilo las oímos cuando, después de prolongada ausencia, regresamos al suelo natal! Sus vibraciones repercuten en nuestra alma; sus ecos nos traen el recuerdo de una edad feliz, de los venturosos días de la juventud, alegres como el repique de las campanas de la Catedral.

Octubre, 1921.