El Adorno De La Casa es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.
Texto
Antiguamente, cuando las familias tenían más apego a la casa que en la actualidad y poseían amplias y cómodas viviendas en las que disfrutaban del solaz y el recreo que hoy buscan en otras partes, poníase en el adorno de aquellas especial cuidado.
Las mansiones suntuosas eran museos llenos de obras de arte y joyas de gran valor y las moradas de la clase media hallábanse convertidas en exposiciones de múltiples objetos que, por su sencillez y variedad, formaban un conjunto no desprovisto de encanto.
En los palacios de la aristocracia, en las casonas solariegas, veíase, en el salón principal, sobre la mesa de caoba con tablero de mármol, el reloj de bronce, los jarrones de china y los candelabros de plata; en las paredes los cuadros de lienzo o de cobre y las cornucopias doradas; en el centro del artesonado la lámpara de metal, envuelta en una gasa, de la que solo se la despojaba en las grandes solemnidades, al mismo tiempo que se quitaba la funda blanca a la sillería de damasco.,
En la sala de reunión de la familia y de los amigos íntimos, sobre un velador, el juego de ajedrez de marfil, y en la repisa de la chimenea los candelabros de bronce y la tabaquera con la tapa llena de figuras de relieve o de incrustaciones de nácar.
En el chinero del comedor el servicio para té, de plata o de china, y en la meseta de la escalera los pedestales con jarrones o estatuas.
En las casas de la clase media todas las mesas hallábanse abarrotadas de urnitas y fanales con imágenes, floreros de cristal, figuras de barro, candeleros de metal, portarretratos con fotografías y otra infinidad de cachivaches, sin que faltaran en algunas, puestos de canto apoyados en la pared, los pintarrajeados azafates de hojalata.
En veladores cubiertos con tapetes de punto de ganchillo veíase pequeñas cestas de mimbre o de paja con frutas y flores artificiales.
Sobre el piano se destacaba una pareja de aquellas figuras de yeso que a cada paso nos ofrecían, en la calle, los italianos astrosos dedicados a la venta de santi, boniti e barati.
En el dormitorio jamás faltaban, sobre el lecho, la pila del agua bendita y el rosario colgado en forma de María.
En casi todos los ángulos de las habitaciones había rinconeras y sobre ellas macetitas con brusco, heno o carrizos teñidos de colores.
También constituían elemento principal del adorno de las casas los animales disecados.
Los quinqués lucían pantallas de papel plegado o de encaje, hechas por las jóvenes durante las veladas del Invierno.
Muchas puertas tenían pequeñas cortinas rojas, en forma de pabellones, sujetas en galerías de madera, forradas de papel o cubiertas de adornos de latón, cortinas que, hace ya muchos años, quedaron relegadas a las tabernas y hoy han desaparecido por completo.
Las paredes estaban cubiertas de corazones y angelitos de hojalata y de pequeños marcos de paja o papel picado con estampas, muchos de ellos regalos de las monjas.
En lugar preferente aparecía el primer bordado en cañamazo que hizo la niña mimada de la familia, encerrado en un marco de lujo
Del techo pendían jardineras con flores artificiales y vistosas esferas de cristal, doradas o plateadas, de aquellas que vendía el popular don Saturio
En la habitación de la clase pobre la cómoda, mueble indispensable, también se hallaba repleta de baratijas; el costurerito de la pequeñuela, los floreros comprados en el barato de real y medio, el acerico de forma caprichosa, el sortijero de cristal y las cajitas cubiertas de conchas y caracoles nacarinos
Ni aún en la casa de campo se prescindía de los adornos y hasta en la cocina del cortijo se colocaba franjas y flecos de papel al jarrero y a las tablas del bazar.
Tales eran los adornos de la antigua casa cordobesa en los tiempos felices en que había más apego que hoy al hogar y las familias lo engalanaban y exornaban con cuidado exquisito, como se engalana a la novia para conducirla ante el altar y se exorna el templo en las grandes fiestas.
Noviembre, 1923.
