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Los Antecesores Del Cinematografo (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
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Los Antecesores Del Cinematografo es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Antiguamente, cuando había más apego que hoy a la casa, las familias pasaban en sus hogares, entregadas a sencillas e inocentes distracciones, lo mismo las interminables y crudas noches del Invierno que las breves y calurosas del Estío.

Uno de los entretenimientos preferidos por los muchachos y que también agradaba a las personas mayores era el que pudiéramos llamar precursor del cinematógrafo: las sombras chinescas.

Consistía este espectáculo, y valga la palabra, en la proyección en un lienzo, colocado en el bastidor de una puerta e iluminado con un quinqué, de diversas figurillas de cartón recortadas y articuladas por medio de hilos y alambres.

Algunos chiquillos poseían una variadísima colección de muñecos, que pregonaban el ingenio y la paciencia de sus autores. Desde el primitivo Juan de las Viñas hasta el gitano esquilando el burro que no cesaba de cocear y mover las orejas había una serie interminable de figurones, en la que nunca faltaban el beodo empinándose la botella, la vieja haciendo calceta, el escuálido maestro de escuela propinando una tremenda azotaina a un chico, ni el soldado adiestrándose en el manejo de la bayoneta.

Todos estos personajes desfilaban por detrás del lienzo y producían la hilaridad de chicos y grandes.

Las funciones de sombras chinescas solían concluir con lo que pudiéramos llamar un cuadro de gran espectáculo; el paso de una procesión, en la que nunca faltaban dos nazarenos que se golpeasen con los cirios o la corrida de toros en que la fiera propinaba tremendas cornadas a picadores y toreros.

A la aparición de estos precedía la de un figurón que accionaba mucho y abría y cerraba la boca desmesuradamente; era el pregonero, encargado de comunicar al público las advertencias de la autoridad, inventadas por el chiquillo que hablaba y movía los muñecos y con las que ponía de relieve su ingenio y gracia.

A veces terminaban dichas funciones con la proyección de siluetas hechas con las manos, trabajo que requería cierta habilidad y que llegó a agradar y n popularizarse tanto que lo efectuaban en los teatros prestidigitadores de fama como el Conde Patrizzio.

Cuando las sombras chinescas pasaron de moda fue ron sustituidas, con ventaja, por los cuadros disolventes, pues ya no aparecían en el lienzo iluminado sólo las negras siluetas de los muñecos de cartón, sino toda clase de cuadros, en colores, pintados sobre cristales.

Las personas que poseían una linterna mágica todas las noches tenían que asistir a la casa de algún amigo para amenizar la velada con una sesión de cuadros disolventes.

Las horas pasaban inadvertidas para los concurrentes a la reunión que, con verdadero deleite, contemplaban ya un bello paisaje, ya un precioso efecto de luna, ya el descenso de una copiosa nevada o la erupción de un volcán; lo mismo la vista de una ciudad fantástica que de un grandioso monumento; de igual modo el retrato de un personaje que una figura grotesca. Por medio de ingeniosas combinaciones presentábase algunos cuadros de movimiento y causaban la admiración de las gentes sencillas la estrella de múltiples colores que daba vueltas con extraordinaria rapidez, la nave a de zozobrar entre las encrespadas olas, el paso de un tren por un puente, o le desternillaba de risa el individuo que se cortaba la enorme nariz con unas tijeras y el que se comía los ratones.

En los teatros casi todas las funciones de magia, espectáculo entonces en boga, terminaban con la exhición [sic] de cuadros disolventes y en Córdoba los famosos artistas Cayetano Nicolay y Benita Anguinet presentaron colecciones de aquellos muy notables.

Hace muchos años anuncióse una serie de funciones en el Gran Teatro que sólo consistirían en la exhibión [sic] de cuadros disolventes; no faltó quien le augurara un fracaso, pero se equivocó de medio a medio, porque el público llenó por completo, en todas ellas, el amplio coliseo de la calle de la Alegría.

En el programa de festejos gratuitos de la Feria de Nuestra Señora de la Salud solían figurar, antaño, funciones de cuadros disolventes, que se verificaba en el Campo de la Victoria y, en una Feria de Nuestra Señora de la Fuensanta, un joven muy conocido en esta capital pretendió solazar al público desinteresadamente con este espectáculo, pero no pudo enfocar la linterna y los espectadores, que nada veían, llamáronse a engaño y rompieron el aparato de las proyecciones a pedradas.

Un popular vecino del barrio de la Catedral entretenía antiguamente, durante las noches de verano, a los moradores de las casas próximas a la Mezquita, con la proyección de cuadros disolventes en un lienzo que colocaba en la puerta del taller de un zapatero remendón

Tanto generalizáronse los espectáculos a que nos referimos que muchos periódicos titulaban sombras chinescas una de sus secciones, generalmente la satírica, y en Madrid se publicó un semanario festivo, titulado La linterna mágica, en el que colaboraban notables literatos.

Por último, de los gabinetes de Física salió para servir de juguete a los muchachos el que pudieramos denominar cinematógrafo primitivo, el praxinóscopo. o zootropo, consistente en una caja redonda colocada sobre un eje, alrededor del cual giraba, viéndose por las aberturas que tenia en su parte superior, moverse las figuras, pintadas en diversas actitudes en una larga tira de papel, la cual colocábase en el interior de la caja.

Este entretenimiento no consiguió popularizarse como las sombras chinescas y los cuadros disolventes.

¡Quien le había de decir que, andando el tiempo, su sucesor el cinematógrafo seria el espectáculo predilecto del público de todas las clases sociales y de todos los países del mundo!

Julio, 1924.