La Visita De Isaac Peral es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.
Texto
Entre los acontecimientos que registra la historia de Córdoba en las postrimerías del siglo XIX es uno de los principales la visita conque honró a nuestra ciudad el ilustre marino don lsaac Peral y Caballero, aquel hombre insigne en quien España entera tuvo un día fijas sus miradas y le hizo objeto de las mayores muestras de admiración, para olvidarle al poco y dejarle morir en el abandono, lo mismo que a Cristóbal Colón y al Gran Capitán.
El 24 de Julio de 1890, cuando el mundo entero seguía con interés las pruebas del submarino inventado por Peral, este sabio nauta pasó por Córdoba, procedente de Madrid y con dirección a San Fernando.
Aunque sólo se detuvo aquí media hora, bastó ese tiempo, que permaneció en la Estación Central de los ferrocarriles, para que se le rindiese un homenaje tan sincero como entusiástico.
Un inmenso gentío, en el que estaban representadas todas las clases de la sociedad, con el elemento oficial a la cabeza, invadió los andenes de la Estación y sus alrededores, deseoso de aclamar al egregio marino.
Cuando este apareció en la portezuela del coche en que viajaba, estalló un aplauso unánime, ensordecedor, con el que se mezclaron los vítores, las notas de la música, las detonaciones de los cohetes, no cesando un momento mientras permaneció entre nosotros don lsaac Peral.
Este, con grandes trabajos por impedírselo la muchedumbre, descendió del tren y se dirigió al restaurant de la Estación, donde el Ayuntamiento le obsequió con un almuerzo.
Varias significadas personalidades pronunciaron elocuentes y patrióticos brindis y don Angel de Torres y Gómez propuso, al usar de la palabra, que Peral fuese nombrado hijo predilecto de Córdoba.
La multitud, que deseaba oir los discursos, penetró como una avalancha en el restaurant , causando destrozos considerables en las puertas, ventanas y efectos.
Las autoridades, en nombre del vecindario, rogaron a don lsaac Peral que se detuviese algunas horas entre nosotros y el inventor del submarino, después de justificar la imposibilidad de acceder a tal deseo, prometió solemnemente visitarnos tan pronto como sus ocupaciones se lo permitiesen.
No tardó en cumplir su ofrecimiento, pues el 28 del mes y año citados vino a nuestra capital.
Dicho día fue de júbilo extraordinario, de gran fiesta para los cordobeses
El comercio cerró sus establecimientos mucho antes de que llegara el tren que conducía al egregio marino y casi todas las casas de la población aparecieron engalanadas con vistosas colgaduras.
Córdoba entera marchó a la Estación Central de los ferrocarriles para recibir a Peral.
Este dirigióse a las Casas Consistoriales, en un carruaje a la Dumont, perteneciente a los Duques de Hornachuelos, seguido de una interminable comitiva, en la que figuraban las autoridades y corporaciones de todas clases, comisiones de los centros artísticos, literarios y recreativos, la Prensa, los gremios y las sociedades obreras, con banderas y estandartes.
En toda la carrera apiñábase una extraordinaria mnchedumbre [sic] que aplaudía y vitoreaba sin cesar a nuestro ilustre huesped y las señoras, desde los balcones, le arrojaban flores, palomas y hojas de papel de colores con poesías impresas.
Peral, desde el balcón central de la Casa Ayuntamiento, presenció el desfile de la comitiva y dirigió la palabra al pueblo, saludándolo en términos muy efusivos.
Tras un breve descanso en la Fonda Suiza, donde, por encargo de la Diputación provincial, se le destinó el mejor departamento, marchó a admirar la Sierra, acompañado de gran número de personas.
Detúvose en las huertas denominadas de los Arcos y Chica.
En la primera, don Manuel Matilla, presidente de la Diputación y administrador del Marqués de la Vega de Armijo, dueño de la finca, le obsequió con un refresco.
Hubo brindis entusiásticos y Peral escribió en el álbum de la huerta un expresivo saludo a Córdoba.
El constructor de coches don Tomás Jaén, con los operarios de su taller, presentóse en la mencionada finca y, en términos muy elocuentes, dirigió una salutación al ilustre marino.
Este, al regresar a la ciudad, visitó el Ateneo Científico, Literario y Artístico, situado en la calle del Paraíso, centro del que fué una numerosa comisión a esperarle al límite de nuestra provincia.
También escribió un pensamiento en el álbum del Ateneo y el presidente de éste, don Angel de Torres, le entregó el título de socio honorario.
La multitud que le seguía a todas partes obligóle, con sus aplausos, a salir a un balcón, desde el cual dirigió la palabra al público el inventor del submarino.
Después el Ayuntamiento obsequió a don Isaac Peral con un banquete en el salón de sesiones de las Casas Consistoriales.
En dicho acto el alcalde don Pedro Rey Gorrindo le entregó un mensaje de la ciudad; brindaron elocuentemente varios comensales y leyeron composiciones poéticas don Francisco de Borja Pavón, don Rafael García Lovera, don José Navarro Prieto y el autor de esta crónica restropectiva [sic].
A la terminación de la comida ocurrió un incidente lamentable: uno de los concurrentes, que había abusado de las bebidas alcohólicas, comenzó a dirigir denuestos a otro porque, siendo republicano, acababa de elogiar a las reinas protectoras de Colón y de Peral.
Una tempestad de aplausos ahogó las palabras del inoportuno orador, para que no las oyera el nauta insigne y, a costa de grandes esfuerzos, el beodo fué lanzado del salón.
Luego, en el Círculo de la Amistad, celebróse un baile en honor del gran marino, fiesta que resultó brillantísima.
Durante toda la noche las casas del centro de la población lucieron en sus fachadas colgaduras e iluminaciones y un gentío inmenso no cesó de circular por las calles, aclamando y vitoreando a Peral.
Entre la muchedumbre figuraban los gremios con sus banderas, una estudiantina y las bandas de música, que inundaban el espacio de alegres notas.
Jamás el entusiasmo se ha desbordado en Córdoba como aquella noche.
El día 29 de Julio por la mañana el señor Peral, siempre acompañado de autoridades, corporaciones, gremios y numeroso público, estuvo en la Mezquita y en la Academia Politécnica establecida por don Manuel Sidro de la Torre en la casa de Jerónimo Páez.
Desde dicho centro docente saludó a las redacciones de los periódicos locales por el teléfono que el señor Sidro acababa de instalar en Córdoba.
La Diputación provincial le ofreció un almuerzo en la Fonda Suiza. Uno de los comensales que usaron de la palabra en aquel acto, don José Ramón de Hoces y González de Canales, Duque de Hornachuelos, propuso, y la idea fué acogida con gran entusiasmo, que la Diputación excitara a los Ayuntamientos de esta provincia con el fin de que abrieran una suscripción para costear un submarino, al que se impondría el nombre de “Peral Cordobés”.
Como detalle simpático en grado sumo consignaremos que el cocinero de la Fonda Suiza, Fernando Gutiérrez, ofreció sus salarios de un mes para dicha suscripción.
Por la tarde visitó el gabinete fotográfico de don Eleuterio Almenara, quien había mostrado deseo de retratar al inventor insigne; el Museo provincial Arqueológico y de Bellas Artes; la Casa Socorro Hospicio; la Plaza de Toros y el Gran Teatro.
El Ateneo Científico, Literario y Artístico y la Cámara de Comercio le obsequiaron aquella noche con un banquete en la Fonda Suiza, acto en el cual abundaron los brindis patrióticos y sentidos.
La comida fué amenizada por una estudiantina con un agradable concierto.
Al final de aquella don lsaac Peral, obligado por la muchedumbre que invadía los alrededores de la Fonda, tuvo que asomarse a un balcón para dirigir nuevamente la palabra al publico.
Marchó luego al Circulo de la Amistad para asistir a otro baile organizado en su honor, que resultó tan brillante como el primero, y desde allí regresó a la Fonda para efectuar los preparativos del viaje.
La despedida que Córdoba tributó al inventor del submarino fué una de las manifestaciones más grandiosas e imponentes que registra nuestra historia.
Desde la Fonda hasta la Estación de los ferrocarriles acompañáronle las autoridades, numerosos representantes de todos los centros y corporaciones, la Prensa, los gremios, las sociedades obreras, las bandas de música y una extraordinaria muchedumbre. Seguían al carruaje de Peral unos doscientos coches particulares y de alquiler.
En las calles de la carrera y en las inmediaciones de la Estación agolpábase un inmenso gentío El vecindario en masa había ido a rendir el tributo de su admiración al marino insigne.
La mayoría de los balcones ostentaba colgaduras e iluminaciones, presentando un magnífico golpe de vista.
En la Estación se desbordó el entusiasmo de los cordobeses. Algunos gremios y sociedades regalaron sus banderas y estandartes al señor Peral.
La locomotora que había de conducirle a Sevilla estaba exornada con gallardetes y guirnaldas de flores Al emprender su marcha el tren, en dirección a Sevilla, a las dos de la madrugada del día 30, estalló un aplauso ensordecedor, al que se unieron los vítores, las notas de las músicas, las detonaciones de los cohetes, constituyendo un conjunto indescriptible, emocionante.
Don lsaac Peral y Caballero, en quien el talento corría parejas con la bondad, durante su permanencia entre nosotros socorrió a cuantas personas se le acercaron demandando el óbolo de la caridad y entregó a las autoridades un donativo para los niños pobres.
La Diputación provincial también festejó la estancia en esta capital del inventor eminente distribuyendo una abundante limosna de pan.
De este modo Córdoba recibió y agasajó al marino insigne en los días en que España entera elevábale a la cumbre de la gloria para hacerle víctima, al poco, de la más negra de las ingratitudes, hundiéndole en el abismo de la indiferencia y el abandono.
Sin embargo nuestra ciudad perpetuó la memoria del sabio inventor del submarino sustituyendo el nombre de la calle del Lodo por el nombre ilustre de Isaac Peral.
Julio, 1924.
