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La Casa De Los Espantos (Notas cordobesas)

De Cordobapedia
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La Casa De Los Espantos es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

En el señorial y tranquilo barrio de la Catedral, en una de las silenciosas calles que conducen a la Mezquita, hay un edificio que, hace medio siglo, era denominado por el vulgo la casa de los espantos.

No sólo la gente ignorante sino muchas personas cultas creían y narraban multitud de leyendas inverosímiles relativas a la casa a que nos referimos.

Quién aseguraba que era mansión de duendes y trasgos, quién que en ella aparecían espectros y sombras macabras, quien que, a media noche, oíase allí alaridos espantosos y ruido de cadenas, al mismo tiempo que se percibía un fuerte olor a azufre.

Las comadres se santiguaban al pasar ante la casa de los espantos y los guías encargados de acompañar a los forasteros obligábanles a detenerse para contemplarla, como si se tratase de un monumento de merito extraordinario.

¿Tenía algo de particular el edificio en cuestión? Tratábase de una vieja casa, tristona, sombría, con habitaciones irregulares, llena de escalones, coronada en la parte correspondiente a la fachada por una amplia torre y uno de aquellos famosos palomares que abundaban en Córdoba hace cincuenta años.

Lo excepcional de esta casona era un sótano muy grande y profundo, que terminaba en una mina cuya longitud no se podía apreciar, pues sus reducidas dimensiones impedían penetrar en ella a una persona; un naranjo, plantado delante de un muro del patio, cuyo tronco había sido cortado de modo que por él se subía a los tejados con la misma facilidad que por una escalera, y en la galería contigua a la torre una alacena o ropero, en el fondo del cual hallábase, perfectamente disimulada, la puerta de una habitación que recibía la luz por dos mechinales abiertos cerca del tejado.

Tal era la disposición de la oculta dependencia que ni un arquitecto la descubriría al hacer el plano de la casa.

Algunos viejos aseguraban que un revolucionario condenado a muerte logró burlar la persecución de que era objeto encerrándose en aquel camaranchón, donde pasó los últimos anos de su vida.

Por todas estas circunstancias el edificio estaba desalquilado casi siempre; sus inquilinos procuraban rescindir el contrato, aunque sin determinar los fnndamentos [sic] de esta resolución.

Un amigo intimo del dueño de la casa de los espantos tuvo que variar de domicilio antes del 24 de junio y tropezó con los obstáculos casi insuperables que ántiguamente se oponían en Córdoba al cambio de vivienda en cualquier fecha que no fuese la indicada.

El propietario de la finca aludida ofreciósela incondicionalmente y el amigo, que no era supertsticioso, ni conocía el miedo, aceptó la oferta.

Muy tranquilo, instalóse, con su familia, en la vieja casona del barrio de la Catedral, sin preocuparse de fantasmas ni apariciones de seres del otro mundo.

Un día, los moradores de la supuesta mansión de los duendes efectuaron una jira campestre y, al regresar a su domicilio, sorprendióles la presencia de dos hombres que huyeron por los tejados.

Una legión de agentes de las autoridades registró la casa, no atreviéndose a penetrar en el sótano por temor a encontrar allí a otra legión de malhechores. Fué preciso que la Guardia Civil acudiera a practicar este registro, el cual tranquilizó los ánimos de las personas de poco espíritu pues, como era lógico suponer, el sótano estaba desierto.

Los ladrones sólo se apoderaron de una escribanía de plata, que dejaron abandonada en un tejado, en unión de un par de botas casi nuevas.

Uno de los habitantes de la casona, poco menos que encantada según el vulgo, tuvo que bajar una noche al sótano y, al aproximarse a un pozo muy profundo que hay en él, oyó en su fondo ruidos extraños; semejaban golpes de mazo a los que seguía algo así como la vibración de una moneda de plata al chocar contra una superficie dura.

Tales ruidos ¿cómo y dónde se producían? No fué posible averiguarlo.

Obreros metalúrgicos aseguraron que el golpe seco, duro, casi isócrono, parecido al de un mazo, era de un troquel y la vibración que le seguía de una moneda de cinco pesetas.

No faltó quien bajara al pozo, encontrando, casi a nivel del agua, una mina abierta en sentido horizontal, en la que no cabía un hombre, y desde cuya boca se percibían muy claramente los ruidos.

Estos comenzaban a media noche y cesaban al clarear el día.

No faltó quien asegurase que procedían de una fábrica de moneda instalada en un subterráneo mas profundo que el sótano donde repercutían.

La familia que hizo tales observaciones cambió de domicilio tan pronto como le fue posible, no porque creyera que había duendes en la casa de los espantos, sino porque, en realidad, esta tenia mala sombra, como dice la gente.

Noviembre, 1924.