Leyendas cordobesas en la literatura del siglo XIX reúne el conjunto de narraciones, romances, poemas y tradiciones literarias inspiradas en acontecimientos históricos, personajes, monumentos, calles, devociones y relatos populares de Córdoba y su provincia que fueron cultivados por numerosos escritores durante el siglo XIX.
El género alcanzó una presencia considerable dentro de la vida literaria cordobesa. Las leyendas aparecieron tanto en libros y colecciones como dispersas en periódicos y revistas, fueron escritas en prosa y verso y llegaron a convertirse en temas de los Juegos Florales de Córdoba y de otros certámenes literarios.
Rodolfo Gil, al estudiar el movimiento intelectual cordobés del siglo XIX, dedicó un apartado específico a estas composiciones y enumeró decenas de leyendas conocidas, publicadas o inéditas. A finales de la centuria lamentaba que todavía no existiese una recopilación completa de todas las tradiciones locales, pese a la abundancia del material conservado.[1]
La recuperación literaria de las tradiciones cordobesas
Durante la segunda mitad del siglo XIX numerosos escritores vinculados con Córdoba utilizaron la tradición local como materia literaria.
Rodolfo Gil relacionaba el género con lugares, ruinas, inscripciones, edificios religiosos, calles antiguas, episodios históricos y relatos transmitidos popularmente. En su descripción aparecían cementerios, ermitas, palacios, parajes de la Sierra de Córdoba, elementos de la ciudad islámica y lugares vinculados con santos, personajes medievales o acontecimientos históricos.
Esta dimensión territorial constituye una de las características de las leyendas cordobesas decimonónicas. Una parte importante de las composiciones se articulaba alrededor de lugares concretos de la ciudad, de forma que monumentos, calles, cruces, iglesias y parajes adquirían una narración literaria asociada.
Gil consideraba que tales relatos formaban parte de la memoria colectiva cordobesa y señalaba que interesaban al público aun cuando no pudiesen ser utilizados como fuentes históricas en sentido estricto.[2]
Tradiciones cordobesas de 1863
Uno de los primeros intentos de reunir este tipo de literatura durante el periodo estudiado por Gil fue Tradiciones cordobesas. Leyendas históricas y fantásticas escritas por varios literatos.
El primer tomo apareció en 1863 en la imprenta de Rafael Arroyo.[3]
La publicación demuestra que, ya en los primeros años de la década de 1860, existía en Córdoba interés por reunir por escrito las tradiciones históricas y fantásticas de la ciudad.
Gil distinguió dentro de este repertorio diferentes modalidades.
Tradiciones fantásticas en verso
Entre las tradiciones fantásticas redactadas en verso citó:
- Los hermanos Bañuelos.
- La Cueva de la Negra.
- El Corregidor de la casaca blanca.
- El duende de la calle de Almonas.
Tradiciones fantásticas en prosa
Entre las redactadas en prosa aparecían:
Tradiciones históricas en prosa
Gil diferenciaba asimismo una serie de relatos históricos no rimados:
- La Cruz del Rastro.
- El doble de cepa.
- La Cruz de los Martirios.
- La Malmuerta, vinculada con la Torre de la Malmuerta.
Tradiciones históricas en verso
Entre las composiciones históricas sometidas a métrica enumeró:
- Los Comendadores.
- Don Alonso Coronel y el castillo de Aguilar.
- El Vado del Adalid y el Campo de la Verdad.
- La aparición de San Rafael.
- Las mocedades de Góngora.
- Don Diego de los Ríos.
- La Cruz de San Sebastián.
- La prisión del Rey Chico.
- El Cristo del Cautivo.[4]
Este catálogo muestra la variedad de épocas utilizadas como escenario. La tradición literaria abarcaba la Córdoba medieval cristiana, la etapa andalusí, personajes históricos, devociones locales y episodios vinculados con lugares concretos de la ciudad.
Principales cultivadores
Rodolfo Gil enumeró entre los autores que cultivaron la leyenda cordobesa a Carlos Ramírez de Arellano, Teodomiro Ramírez de Arellano, Luis María Ramírez de las Casas-Deza, Antonio Alcalde Valladares, Francisco de Borja Pavón, Jover y Sanz, Luis Maraver y Alfaro, Navarro Porras, Vida Quesada, Martel, Aguayo y Heliodoro del Busto.
Entre los autores activos en las últimas décadas del siglo destacó especialmente a Rafael Ramírez de Arellano y Díaz de Morales y Marcos Rafael Blanco Belmonte.[5]
Rafael Ramírez de Arellano
Rafael Ramírez de Arellano y Díaz de Morales desarrolló una parte importante de su producción alrededor de la arqueología, la historia y las tradiciones cordobesas.
En 1877 reunió en un volumen editado por La Actividad las leyendas árabes Benu-Usra e Ibn-Ammar, junto con las tradiciones cordobesas:
Gil mencionó además entre sus trabajos tradicionales:
- El sepulcro de Alonso Pérez de Guzmán, de 1884.
- En San Andrés, de 1887.
- El duende de la calle de Almonas, de 1888.
En el repertorio general de leyendas añadió otras composiciones del mismo autor:
- El Cristo de la calle de Muñices.
- El mármol del diablo.
- Una conversión del Padre Juan de Ávila.
- El Pozo de las Vírgenes.
Gil señalaba que estas composiciones estaban recogidas en dos libros publicados respectivamente en 1877 y 1896.[6]
La producción de Rafael Ramírez de Arellano muestra además la conexión existente entre el interés arqueológico y la recreación literaria de la ciudad. Su actividad investigadora sobre escritores, imprentas, monumentos y tradiciones convivió con la composición de relatos inspirados en el pasado cordobés.
Teodomiro Ramírez de Arellano
Teodomiro Ramírez de Arellano, autor de Paseos por Córdoba, fue otro de los escritores que recurrió de manera continuada a la tradición local.
En 1884 publicó en la Imprenta Catalana su colección de romances tradicionales Recuerdos de Córdoba.
Rodolfo Gil atribuyó también a Teodomiro Ramírez de Arellano:
El propio Paseos por Córdoba era señalado por Gil como una obra en la que permanecía abundante materia susceptible de ser aprovechada para ampliar el repertorio de leyendas cordobesas.[7]
La obra de Teodomiro Ramírez de Arellano contribuyó de esta manera a relacionar la descripción histórica y urbana de Córdoba con los relatos tradicionales asociados a sus calles, barrios, edificios y monumentos.
Antonio Alcalde Valladares
Antonio Alcalde Valladares reunió en 1883 sus Tradiciones de Córdoba y su provincia, una de las recopilaciones mencionadas expresamente por Rodolfo Gil.
Alcalde Valladares figuraba además entre los escritores que cultivaron de manera habitual los asuntos históricos cordobeses, tanto en poesía como en teatro y narrativa legendaria.
La publicación de una colección dedicada expresamente a Córdoba y su provincia muestra la continuidad adquirida por este género dos décadas después de la aparición de las Tradiciones cordobesas de 1863.[8]
Rafael Blanco Criado y las Antiguallas
Rafael Blanco Criado reunió bajo el título de Antiguallas un conjunto de composiciones en verso y prosa vinculadas con las tradiciones locales.
Rodolfo Gil conocía como inéditas:
- La campana de San Álvaro.
- La Ruzafa.
- El hermano Juan de Dios Manrique.
- Justicia divina.
- La monja ahorcada.
Habían sido publicadas separadamente:
- El caimán de la Fuensanta.
- La calle de la Paciencia.
- Coincidencias.
- La calleja del Mal Fraile.
- El osario desconocido.[9]
Varias de estas composiciones estaban directamente relacionadas con lugares de Córdoba, entre ellos la Fuensanta y antiguas calles y espacios urbanos.
Marcos Rafael Blanco Belmonte
Marcos Rafael Blanco Belmonte fue señalado por Gil como uno de los principales cultivadores del género al finalizar el siglo XIX.
Entre las leyendas que le atribuía figuraban:
La Torre de la Malmuerta, que había generado anteriormente otras recreaciones literarias, volvió así a convertirse en argumento para una nueva composición.
Aureliano González Francés
Aureliano González Francés, establecido en Córdoba desde 1883, cultivó igualmente la leyenda histórica y religiosa.
Rodolfo Gil mencionó entre sus composiciones:
Esta última fue impresa en 1886 en La Puritana.[10]
Su producción muestra dos de los grandes ámbitos temáticos del género: la recreación de la Córdoba andalusí y las tradiciones religiosas vinculadas con la Fuensanta.
Almanzor como personaje legendario
Almanzor fue objeto de varias recreaciones independientes.
Gil citó una leyenda histórica titulada Almanzor de Feliciano Ramírez de Arellano, otra obra del mismo título de Enrique Redel y otra compuesta por el escritor montillano Dámaso Delgado López, autor también de artículos y poesías tradicionales.
A ellas se añadía la ya citada composición de Aureliano González Francés.
La repetición del personaje en distintos autores pone de manifiesto la utilización de la Córdoba califal como uno de los principales escenarios de la literatura legendaria cordobesa del siglo XIX.
Medina Azahara
Medina Azahara constituyó otro de los motivos recurrentes.
En los Juegos Florales de Córdoba celebrados en 1878 en el Teatro Principal, uno de los tres temas del certamen fue una leyenda sobre Medina Azahara de un máximo de quinientos versos.
El premio principal de este tema correspondió a Salvador Barasona, mientras que Miguel José Ruiz recibió el segundo galardón.[11]
Gil volvió a mencionar posteriormente las composiciones dedicadas a Medina Azahara por Salvador Barasona, Miguel José Ruiz y el escritor montoreño Piédrola.
De este modo, Medina Azahara pasó de ser únicamente materia para composiciones individuales a convertirse también en asunto propuesto institucionalmente en los certámenes literarios de la ciudad.
La Torre de la Malmuerta
La Torre de la Malmuerta fue uno de los lugares cordobeses más reiterados en el repertorio legendario recogido por Gil.
Entre las tradiciones históricas en prosa figuraba La Malmuerta, mientras que Marcos Rafael Blanco Belmonte escribió posteriormente La Torre de la Malmuerta.
La reiteración de este motivo ilustra el modo en que un mismo lugar podía generar diferentes versiones y recreaciones literarias a lo largo del siglo.
La Fuensanta
La Fuensanta fue también un espacio especialmente asociado con la tradición literaria.
Entre las obras citadas se encuentran:
- El caimán de la Fuensanta, de Rafael Blanco Criado.
- Aparición de la milagrosa imagen de la Fuensanta, de Aureliano González Francés.
La devoción a la Virgen de la Fuensanta apareció asimismo en los certámenes literarios organizados en torno a la tradicional feria y romería.
El Campo de la Verdad
El Campo de la Verdad aparece en el catálogo de Gil mediante la composición El Vado del Adalid y el Campo de la Verdad, incluida entre las tradiciones históricas escritas en verso.
La asociación de relatos literarios a lugares concretos permitía incorporar al imaginario legendario espacios reconocibles por los habitantes de Córdoba.
Góngora
La memoria de Luis de Góngora también fue objeto de tratamiento legendario mediante Las mocedades de Góngora, citada entre las composiciones históricas en verso.
La figura del poeta formaba parte así del repertorio histórico local utilizado por los autores del siglo XIX junto a santos, guerreros medievales, personajes de la etapa andalusí y lugares monumentales.
San Rafael
La tradición religiosa cordobesa aparece representada por La aparición de San Rafael, incluida por Gil entre las leyendas históricas escritas en verso.
A ella se añadían las composiciones relacionadas con la Fuensanta, San Álvaro y otras devociones locales.
Otras leyendas y autores
El repertorio reunido por Rodolfo Gil incluía numerosas obras publicadas de manera independiente.
Entre ellas se encontraban:
- El arquito quemado, de Salvador Junguito.
- La velada de San Juan, de Francisco de Borja Pavón, definida por Gil como tradición y estudio de costumbres.
- Don Alonso de Aguilar, del médico y poeta José R. Garnelo.
- Almudafar, de Ricardo de Montis.
- Seducción y venganza, de Juan de Dios Montesinos Neira.
Juan de Dios Montesinos Neira había publicado durante 1862 y 1863 escritos en el Diario de Córdoba, entre ellos poesías y la leyenda Seducción y venganza.[12]
La prensa actuó por tanto como uno de los principales medios de difusión de estas composiciones, circunstancia que explica que numerosas leyendas no llegasen a reunirse posteriormente en libros.
Leyendas inéditas
Una parte del repertorio permanecía inédita cuando Rodolfo Gil realizó su inventario.
Manuel Fernández Ruano dejó sin publicar al morir La penitente de Hornachuelos.
Salvador Barasona falleció sin concluir una leyenda titulada El rey Don Sancho el Grande.
A estas se añadían las mencionadas Antiguallas inéditas de Rafael Blanco Criado:
- La campana de San Álvaro.
- La Ruzafa.
- El hermano Juan de Dios Manrique.
- Justicia divina.
- La monja ahorcada.
La existencia de obras inéditas, junto con las publicadas aisladamente en periódicos, dificultaba la elaboración de un repertorio completo.
Las leyendas en los certámenes literarios
El género legendario no quedó limitado a la publicación de libros y periódicos. Los certámenes literarios cordobeses lo incorporaron entre sus temas.
En 1871, la Juventud Católica de Córdoba convocó un certamen en el que una medalla de oro debía premiar el mejor canto épico, leyenda u oda dedicado a la Inmaculada Concepción.
En 1878, los Juegos Florales de Córdoba celebrados en el Teatro Principal incluyeron como tercer tema una leyenda sobre Medina Azahara, con libertad métrica y un límite de quinientos versos. Salvador Barasona consiguió el primer premio y Miguel José Ruiz el segundo.[13]
En el certamen científico, artístico y literario organizado por el Ateneo de Córdoba en 1889, uno de los temas de Literatura fue un romance sobre la tradición cordobesa de Los Comendadores. El premio, consistente en una pluma de oro, correspondió a Esteban de Benito.[14]
La presencia de estos asuntos en los certámenes muestra que las tradiciones locales formaban parte de la producción literaria promovida por las instituciones culturales cordobesas.
Leyenda histórica y leyenda fantástica
La clasificación utilizada por Gil permite distinguir dos grandes grupos.
Las leyendas históricas se construían alrededor de personajes o acontecimientos relacionados con la historia local. Entre ellas figuraban relatos sobre Almanzor, Medina Azahara, Torre de la Malmuerta, Campo de la Verdad, Luis de Góngora, Don Alonso Coronel o el Rey Chico.
Las leyendas fantásticas incorporaban episodios sobrenaturales, apariciones y narraciones vinculadas a calles, cruces, cuevas, imágenes religiosas y otros lugares de la ciudad. Gil incluía en este apartado títulos como La Cueva de la Negra, El duende de la calle de Almonas, La Cruz de la Agonía o El beso de la muerte.
Ambas modalidades podían escribirse en prosa o en verso.
La ciudad como escenario literario
Una característica del repertorio es la utilización reiterada de la propia topografía de Córdoba.
Entre los espacios urbanos y monumentales convertidos en materia literaria aparecen:
- Torre de la Malmuerta.
- Cruz del Rastro.
- Campo de la Verdad.
- Fuensanta.
- Medina Azahara.
- Posada del Potro.
- Calle de los Muñices.
- San Andrés.
- Sierra de Córdoba.
A ellos se unían calles y lugares cuya denominación aparecía directamente en los títulos: la calle de Almonas, la calle de la Paciencia, la calleja del Mal Fraile y otros espacios de la ciudad.
La geografía urbana actuaba así como soporte de la narración. Una cruz, torre, calle, iglesia o paraje podía conservar una tradición que posteriormente era transformada en romance, poema o relato.
El pasado andalusí
El pasado andalusí constituye otro conjunto temático destacado.
Entre las obras citadas por Gil aparecen:
- Almanzor, tratado por varios autores.
- Azzahara, de Aureliano González Francés.
- Las distintas composiciones sobre Medina Azahara.
- Benu-Usra, de Rafael Ramírez de Arellano y Díaz de Morales.
- Ibn-Ammar, del mismo autor.
- Almudafar, de Ricardo de Montis.
- La prisión del Rey Chico.
- Sunna, de Marcos Rafael Blanco Belmonte.
La Córdoba islámica proporcionaba así personajes, espacios y argumentos para una parte importante de la literatura legendaria de la centuria.
Tradiciones religiosas
Otro grupo estuvo relacionado con las devociones y la historia religiosa de Córdoba.
Entre ellas figuraban:
- La aparición de San Rafael.
- Aparición de la milagrosa imagen de la Fuensanta.
- El caimán de la Fuensanta.
- La campana de San Álvaro.
- El Cristo del Cautivo.
- El Cristo de la calle de Muñices.
- Una conversión del Padre Juan de Ávila.
- La Cruz de la Agonía.
- La Cruz del Rastro.
- La Cruz de los Martirios.
- La Cruz de San Sebastián.
Las cruces, imágenes religiosas, santuarios y santos locales constituyeron, por tanto, otro de los principales núcleos argumentales.
La prensa como depósito de las leyendas
Rodolfo Gil señaló expresamente que muchas leyendas habían aparecido de forma dispersa en las columnas de los periódicos.
Esta circunstancia explica la dificultad que encontraba para establecer un inventario cerrado. Algunas composiciones habían sido publicadas en libros, otras aparecieron individualmente y una parte permanecía manuscrita o inédita.
El Diario de Córdoba tuvo un papel dentro de esta transmisión. En sus páginas publicaron autores que cultivaron el género, entre ellos Juan de Dios Montesinos Neira y distintos miembros de la familia Ramírez de Arellano.
La prensa decimonónica actuó de esta forma como archivo de una parte de la literatura tradicional cordobesa que no siempre pasó posteriormente al libro.
El proyecto de una recopilación general
Cuando Rodolfo Gil escribió el segundo tomo de Córdoba contemporánea, Córdoba carecía, según el autor, de una colección que reuniera de forma completa sus tradiciones locales.
Gil consideraba que la suma de las leyendas aparecidas en prensa, las conservadas inéditas y las que pudieran localizarse o escribirse permitiría formar uno o varios volúmenes.
Señalaba también como depósitos de material todavía aprovechable Paseos por Córdoba, de Teodomiro Ramírez de Arellano, los escritos de Vida Quesada y los denominados Casos raros.[15]
Su inventario de finales del siglo XIX constituye así un repertorio de las principales obras y autores que habían convertido la historia, la tradición y la geografía cordobesas en materia literaria.
Cronología
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 1862-1863 | Juan de Dios Montesinos Neira publicó en el Diario de Córdoba diferentes escritos, entre ellos la leyenda Seducción y venganza. |
| 1863 | Se publicó el primer tomo de Tradiciones cordobesas. Leyendas históricas y fantásticas escritas por varios literatos, impreso por Rafael Arroyo. |
| 1871 | La Juventud Católica de Córdoba incluyó la leyenda entre los géneros admitidos en uno de los temas de su certamen literario. |
| 1877 | Rafael Ramírez de Arellano y Díaz de Morales reunió en un volumen editado por La Actividad sus leyendas árabes Benu-Usra e Ibn-Ammar y las tradiciones cordobesas El anillo del rey Don Juan y El beso de la muerte. |
| 1878 | Los Juegos Florales de Córdoba convocaron como uno de sus temas una leyenda sobre Medina Azahara. Salvador Barasona obtuvo el primer premio y Miguel José Ruiz el segundo. |
| 1883 | Antonio Alcalde Valladares publicó Tradiciones de Córdoba y su provincia. |
| 1884 | Teodomiro Ramírez de Arellano publicó en la Imprenta Catalana la colección de romances tradicionales Recuerdos de Córdoba. Rafael Ramírez de Arellano y Díaz de Morales escribió El sepulcro de Alonso Pérez de Guzmán. |
| 1886 | Aureliano González Francés publicó en La Puritana Aparición de la milagrosa imagen de la Fuensanta. |
| 1887 | Rafael Ramírez de Arellano y Díaz de Morales escribió En San Andrés. |
| 1888 | Rafael Ramírez de Arellano y Díaz de Morales escribió El duende de la calle de Almonas. |
| 1889 | El Ateneo de Córdoba incluyó en su certamen literario un romance sobre Los Comendadores. Esteban de Benito obtuvo el premio. |
| 1896 | Rodolfo Gil publicó su inventario de leyendas cordobesas y señaló que todavía no existía una recopilación general de las tradiciones locales. |
Véase también
Referencias
- ↑ Rodolfo Gil, "Córdoba contemporánea. 1892-1895. Apuntes para su historia literaria", Librería de Fernando Fe, 1896, https://archive.org/details/crdobacontempo00gilruoft. Consultado el 7 de agosto de 2026.
- ↑ Rodolfo Gil, "Córdoba contemporánea. 1892-1895. Apuntes para su historia literaria", Librería de Fernando Fe, 1896, https://archive.org/details/crdobacontempo00gilruoft. Consultado el 7 de agosto de 2026.
- ↑ Rodolfo Gil, "Córdoba contemporánea. Apuntes para la Historia de la Literatura en esta provincia desde el año 1859, en que se celebraron los primeros Juegos Florales, hasta el próximo pasado 1891", Imprenta y Papelería Catalana, 1892, https://archive.org/details/crdobacontempo00gilruoft. Consultado el 7 de agosto de 2026.
- ↑ Rodolfo Gil, "Córdoba contemporánea. 1892-1895. Apuntes para su historia literaria", Librería de Fernando Fe, 1896, https://archive.org/details/crdobacontempo00gilruoft. Consultado el 7 de agosto de 2026.
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- ↑ Rodolfo Gil, "Córdoba contemporánea. Apuntes para la Historia de la Literatura en esta provincia desde el año 1859, en que se celebraron los primeros Juegos Florales, hasta el próximo pasado 1891", Imprenta y Papelería Catalana, 1892, https://archive.org/details/crdobacontempo00gilruoft. Consultado el 7 de agosto de 2026.
- ↑ Rodolfo Gil, "Córdoba contemporánea. Apuntes para la Historia de la Literatura en esta provincia desde el año 1859, en que se celebraron los primeros Juegos Florales, hasta el próximo pasado 1891", Imprenta y Papelería Catalana, 1892, https://archive.org/details/crdobacontempo00gilruoft. Consultado el 7 de agosto de 2026.
- ↑ Rodolfo Gil, "Córdoba contemporánea. Apuntes para la Historia de la Literatura en esta provincia desde el año 1859, en que se celebraron los primeros Juegos Florales, hasta el próximo pasado 1891", Imprenta y Papelería Catalana, 1892, https://archive.org/details/crdobacontempo00gilruoft. Consultado el 7 de agosto de 2026.
- ↑ Rodolfo Gil, "Córdoba contemporánea. Apuntes para la Historia de la Literatura en esta provincia desde el año 1859, en que se celebraron los primeros Juegos Florales, hasta el próximo pasado 1891", Imprenta y Papelería Catalana, 1892, https://archive.org/details/crdobacontempo00gilruoft. Consultado el 7 de agosto de 2026.
- ↑ Rodolfo Gil, "Córdoba contemporánea. Apuntes para la Historia de la Literatura en esta provincia desde el año 1859, en que se celebraron los primeros Juegos Florales, hasta el próximo pasado 1891", Imprenta y Papelería Catalana, 1892, https://archive.org/details/crdobacontempo00gilruoft. Consultado el 7 de agosto de 2026.
- ↑ Rodolfo Gil, "Córdoba contemporánea. 1892-1895. Apuntes para su historia literaria", Librería de Fernando Fe, 1896, https://archive.org/details/crdobacontempo00gilruoft. Consultado el 7 de agosto de 2026.
