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El botijo es un recipiente de barro cocido destinado a mantener el agua fresca, cuyo uso ha constituido durante siglos una de las tradiciones más características del verano en Córdoba y en el conjunto de Andalucía. Junto al gazpacho y la sangría, fue considerado uno de los grandes símbolos del verano cordobés, el más intenso y largo de la Península.[1]

Historia y significado

El botijo es un recipiente de larga historia que hunde sus raíces en la tradición alfarera más antigua. Una pintura corintia sobre un vaso antiguo ofrece la primera estampa conocida de un alfarero trabajando en un torno, y un relieve del Giotto y Pisano —situado junto al campanario del «Duomo» de Florencia— muestra a mujeres comprando cacharros en una alfarería, lo que acredita la antigüedad de esta pieza en la vida cotidiana.[2]

La fabricación del botijo parte de la arcilla, que el alfarero trabaja en el torno: toma una porción de barro, la pone sobre la mesa giratoria, hace girar la rueda con las manos y, poco a poco, labra el botijo. La pieza se somete primero a un horno lento; después recibe calor de mil grados en acción progresiva, hasta quedar convertida en el recipiente definitivo.[3]

El secreto de su eficacia reside en la porosidad de la arcilla, que permite que el agua se conserve fresca y se devuelva templada y confortadora. Beber con parsimonia y estilo lento y señorial el agua de un botijo fue descrito por la crónica costumbrista como una experiencia de otro mundo, de espíritu casi olímpico.[4]

El botijo en la vida cordobesa

El escritor Eugenio Solís describió en 1964 la omnipresencia del botijo en la vida andaluza: en el brocal del pozo, en el rincón más fresco de la casa, colgado bajo un arco, expuesto a la corriente en un corredor, en la puerta del corral, en los puestos de agua, en los cines al aire libre, en los trenes de cualquier dirección. Era, en suma, el amigo indispensable del verano.[5]

El pregón del botijero ambulante recorría las calles cordobesas en las horas de la siesta: «¡Botijos de La Rambla...!». Con el tiempo, estos vendedores ambulantes fueron retirándose de la circulación, desplazados por la proliferación de bebidas refrescantes mejor servidas que hicieron variar los gustos de la gente.[6]

La crónica de 1967 recoge con nostalgia cómo el botijo blanco y rezumante resistía el paso del tiempo pese a convivir con otras costumbres modernas. Uno de los establecimientos más citados era el de la calle Cruz Conde, donde con gran diversidad de tipos se exponía a la curiosidad de los turistas, «visitantes de la ciudad evocadora» que mantenían en verdad una industria artesana antaño próspera e imprescindible.[7]

El botijo y la jarra

El escritor Eugenio Solís estableció en 1964 una distinción de carácter y función entre el botijo y la jarra. El botijo, de naturaleza dinámica y callejera, fue descrito como «viril», socrático y apto para el ágora; la jarra, en cambio, era su complemento doméstico: más estable, menos apta para viajes y desplazamientos, aunque capaz de alcanzar calidades de agua superiores. El botijo, sin embargo, es el recipiente imprescindible del verano andaluz.[8]

El botijo de La Rambla

La Rambla es la localidad cordobesa por excelencia en la producción de botijos. Su arcilla —blanca, muy modelable y de gran plasticidad y porosidad— permite enfriar el agua de un modo totalmente natural, una peculiaridad que ha distinguido durante mucho tiempo a sus piezas y las ha convertido en algunas de las más reconocidas a nivel mundial.[9]

La fama del botijo rambleño trascendió la provincia: Córdoba se enorgullecía de poder exportar esta mercancía a muchos puntos de España, presentándola con su sello de frescura y calidad al público.[10] En 1958, La Rambla participó en una exposición nacional en el marco de la tradición y noble artesanía española, presentando lo mejor de sus tornos y de las manos de sus obreros.[11]

Álvaro Montaño, el último alfarero de botijos en La Rambla

Álvaro Montaño es uno de los pocos alfareros —por no decir el último— que fabrica botijos en La Rambla de manera artesanal. Especializado en alfarería típica (botijos, botijas, huchas, jarras de cuatro picos, cántaros, cuencos), fundó su taller en 1968 y desde entonces conserva la forma tradicional de trabajar el barro, el mismo procedimiento que antaño tanto para tornear como para la preparación de la arcilla cuando se trae de la cantera. En 2020 ganó uno de los primeros premios en la 90.ª edición del Concurso Internacional de Alfarería y Cerámica de La Rambla.[12]

El «Emotijo»: el botijo en la estratosfera

En 2017, el municipio de La Rambla protagonizó un acontecimiento singular en el marco de la campaña «Emotijo», cuyo objetivo era conseguir la inclusión del botijo entre los emoticonos de WhatsApp. En la madrugada del 3 de junio de 2017, desde los llanos del Convento de La Rambla, se realizó el primer lanzamiento en globo de un botijo a la estratosfera —denominado «Botijo Sat»—, descrito por sus promotores como un acontecimiento pionero en el mundo.

La ascensión comenzó a las 2:45 horas y, tras alcanzar una altura máxima de 30.800 metros en dos horas y media, el botijo inició el descenso, tomando tierra a las 6:00 horas en El Centenillo, pedanía perteneciente al término municipal de Baños de la Encina (Jaén). El lanzamiento registró una temperatura de −50 °C y fue seguido en su trayectoria mediante sistemas GPS. Para su realización se obtuvieron permisos de las autoridades de seguridad aérea y se contó con la presencia de la policía municipal. El evento congregó a un centenar de personas en el momento del despegue.

La iniciativa fue promovida por el Ayuntamiento de La Rambla y el Centro de Iniciativas Empresariales de la localidad, siendo sus impulsores directos un grupo de vecinos formado por José Alcaide, Alfonso de Cabo, David Merinas y Rafael Rojas.[13]

El botijo frente a la modernidad

La irrupción de los frigoríficos y las neveras eléctricas desplazó progresivamente al botijo del uso doméstico cotidiano. Sin embargo, la crónica costumbrista cordobesa lo defendió con argumentos tanto prácticos como emocionales: el agua del botijo, obtenida directamente en la fuente, era más cristalina, más fresca y más al alcance de todos que la producida artificialmente. El botijo pervivió, ya entrada la segunda mitad del siglo XX, en talleres, obras y paradas de taxis, y como complemento del patio cordobés, donde el porrón seguía siendo el compañero de la amistad.[14]

Referencias

  1. SOLÍS, E. "Símbolos del verano cordobés: el botijo, el gazpacho y la sangría". Diario Córdoba, 25 de junio de 1964.
  2. JUAN LATINO. "El hombre, nacido del barro, halla en este continente arcilloso, el placer del agua fresca". Diario Córdoba, 9 de agosto de 1958.
  3. M. G. "Nacimiento, vida y muerte del botijo. No es un barro cualquiera el de La Rambla". Diario Córdoba, 19 de junio de 1951.
  4. JUAN LATINO. "El hombre, nacido del barro, halla en este continente arcilloso, el placer del agua fresca". Diario Córdoba, 9 de agosto de 1958.
  5. SOLÍS, E. "Símbolos del verano cordobés: el botijo, el gazpacho y la sangría". Diario Córdoba, 25 de junio de 1964.
  6. R. G. "Nuestro amigo el botijo". Diario Córdoba, 28 de junio de 1967.
  7. R. G. "Nuestro amigo el botijo". Diario Córdoba, 28 de junio de 1967.
  8. SOLÍS, E. "Imágenes del verano: el botijo y la jarra". Diario Córdoba, 23 de septiembre de 1964.
  9. ALGABA, A. "El último alfarero que hace botijos en La Rambla". We Love Montilla Moriles, 2021. https://welovemontillamoriles.es/el-ultimo-alfarero-que-hace-botijos-en-la-rambla/
  10. BOTIJOS FINOS. Diario Córdoba, 7 de julio de 1956.
  11. JUAN LATINO. "El hombre, nacido del barro, halla en este continente arcilloso, el placer del agua fresca". Diario Córdoba, 9 de agosto de 1958.
  12. ALGABA, A. "El último alfarero que hace botijos en La Rambla". We Love Montilla Moriles, 2021. https://welovemontillamoriles.es/el-ultimo-alfarero-que-hace-botijos-en-la-rambla/
  13. "El mensaje de un pueblo de Córdoba a WhatsApp: lanzan el primer botijo a la estratosfera para que sea un emoji". El Economista, 3 de junio de 2017. https://www.eleconomista.es/sociedad/noticias/8404971/06/17/
  14. R. G. "Nuestro amigo el botijo". Diario Córdoba, 28 de junio de 1967.