Menú alternativo
Toggle preferences menu
Menú alternativo personal
No has accedido
Tu dirección IP será visible si haces alguna edición

Cuadros Y Estampas (Notas cordobesas)

De Cordobapedia


Cuadros Y Estampas es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Qué cambio tan radical ha habido, durante los últimos cuarenta años, en este elemento de ornamentación de la casa! y, dicho sea en honor de la verdad, con la modificación ha ganado mucho el arte porque si antiguamente algunas moradas señoriales eran verdaderos museos de obras pictóricas de merito extraordinario, la mayoría de las viviendas, lo mismo de ricos que de pobres, tenían cubiertas las paredes con lienzos pésimamente pintados o con estampas dignas de figurar al lado de tales lienzos.

En los salones de las casas solariegas, constituyendo una excepción de la regla, admirábanse cuadros de artistas insignes, que generalmente representaban asuntos religiosos y retratos de familia, en los que aparecían señoras con extraña indumentaria y caballeros con raros y vistosos uniformes.

En las demás casas, por regla general, sólo se veía afeando más que embelleciendo los recios muros de habitaciones y galerías, cuadros al óleo cada uno de los cuales constituía un atentado contra el arte o estampas litografiadas en las que corría parejas, por su imperfección, el dibujo con el procedimiento de reproducirlo.

En la primera mitad del siglo XIX hubo en Córdoba un pintor de cuadros baratos que era un tipo no exento de originalidad. Apellidábase Monroy, pero no pertenecía a la familia de los artistas del mismo apellido don Diego y don Antonio, y habitaba en una casa de vecinos del barrio de la Magdalena. Considerábase un Velázquez o un Murillo, usaba larga melena, de su boca jamás se caía la negra y humeante pipa cargada de tabaco. y para trabajar envolvíase en una amplia bata que le daba aspecto respetable.

Se dedicaba únicamente a pintar imágenes de Jesús, de vírgenes y de santos. Tenia patrones para dibujar las figuras sobre el lienzo y, cuando estaban dibujadas, con cuatro brochazos de colores puros, sin emplear las medias tintas, dejaba terminada la obra, el Ecce Homo o la Dolorosa, el San Antonio o la Santa Rita que sólo podían inspirar devoción por un milagro de la Fe.

Este émulo de Apeles hacía diariamente dos o tres cuadros y los vendía a precios inverosímiles; por poco más que le costaban el lienzo, el marco y las pinturas.

Sin embargo, jamás logró competir con los pintores sevillanos de su escuela y su categoría , que tenían abarrotado de cuadros el popular establecimiento de don Saturio Morón.

Aquellos Cristos vertiendo torrentes de sangre, aquellos Nazarenos en que el color de la faz casi se confundía con el de la túnica, cautivaban al pueblo que los hubiese preferido a la Concepción de Murillo o al Cristo de Velázquez.

Las mozas, cuando estaba próximo su casamiento, a la vez que la cama de matrimonio adquirían algunos de estos cuadros, para adornar su sala y jamás faltaba en la habitación de la familia obrera, aunque fuese muy pobre, un cuadro al óleo con la imagen de la Virgen, del Crucificado o de San Antonio, adquirido en el establecimiento de don Saturio.

Estos cuadros, con grandes molduras doradas que pronto perdían su brillo y al fin resultaban negras, eran colocados en los sitios preferentes; en la sala del estrado de la clase media y sobre la cabecera de la cama en la habitación del pobre.

Las paredes de las demás dependencias de las casas ostentaban, como adorno, otros cuadros más modestos aún. En marcos, lisos, de madera, pintados de color de caoba, resguardadas por un cristal, aparecían las estampas conque, en aquella época, inundaban a toda España los talleres litográficos malagueños de Mitjana y Rafael Santamaría.

Tales estampas reproducían, en series, los principales episodios de la vida de grandes hombres como Cristóbal Colón y Hernán Cortes o de mártires de la Religión Católica, escenas bíblicas o aventuras entre moros y cristianos, y representaban imágenes de Vírgenes, Cristos e innumerables santos.

Había dos clases de estampas, unas litografiadas en negro y otras iluminadas a mano, con tanto desconocimiento del arte, con tan mal gusto, que resultaban adefesios. Sin embargo, a mucha gente agradaban los colorines y elegían, para decorar sus viviendas la Virgen de manto más azul o el Niño Jesús más coloradote.

Al perfeccionarse la litografía empezaron a sustituir a las estampas malagueñas otras mucho mejores, en su mayoría francesas, que, por regla general, representaban escenas pastoriles y de caza o tipos interesantes de belleza femeninas.

Por último, la aparición del cromo con sus brillantes colores, con sus caprichosos paisajes y bien trazadas figuras, dió el golpe de gracia a las estampas de Mitjana y Santamaria, de las que hoy sólo encontramos algunos ejemplares, amarillentos y rotos, en marcos casi destruidos por la carcoma, entre los trastos viejos amontonados en los desvanes de las casas antiguas.

Muchas de estas ostentaban sobre el portón una estampa con San Rafael y en todas había cuadros con láminas representando al ínclito Arcángel, su aparición al Padre Roelas, la de los mártires de Córdoba al mismo venerable sacerdote y las Vírgenes de la Fuensanta y de Linares.

Algunas de estas estampas fueron grabadas en nuestra ciudad, a principios del siglo XVIII, por Nicolás Carrasco, quien se revela en ellas como un buen dibujante.

Tampoco faltaban en las viviendas de nuestros abuelos un cuadro de San Roque abogado contra la peste, y otro de San Antonio que, cuando se extraviaba una alhaja, una prenda o un documento de interés, pendiente de una cuerda era echado al pozo, donde permanecía hasta que se encontraba el objeto perdido.

En las típicas tabernas cordobesas, que ya han desaparecido casi por completo estaban adornadas las habitaciones y galerías con estampas del Lidia , pegadas sobre tablas o cartones, con cuatro listones cruzados a guisa de marco.

Tales estampas policromadas reproducían los retratos de los toreros más famosos o las principales suertes del toreo, dibujados por el popular artista Perea, verdaderamente notable en este género.

Los aficionados a la fiesta nacional contemplaban con admiración, en dichas láminas, el arriesgado salto de Martincho teniendo los pies sugetos [sic] con grilletes y la muerte del toro cuando el matador, en vez de la muleta y el estoque, usaba un sombrero de anchas alas y un largo y afilado puñal.

En la famosa pastelería de la calle de la Plata había una buena colección de cuadros con los retratos, hechos por medio de la litografía, de todos los toreros celebres de la antigüedad.

Finalmente, las barberías de los barrios bajos y los portales de los zapateros, tenían cubiertas las paredes con láminas del periódico El Motín , en las que ingeniosos dibujantes comentaban con gracia e1 suceso de actualidad y ponían en solfa a los personajes políticos.

Esos caricaturistas popularizaron el tupe de Sagasta, las orejas enormes de Posada Herrera y el largo puntiagudo bigote de Moret.

Noviembre, 1921.