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Doña Rosario Vazquez Viuda De Alfaro (Notas cordobesas)

De Cordobapedia


Doña Rosario Vazquez Viuda De Alfaro es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Hoy se cumple el cuarto aniversario de la muerte de una mujer que fue modelo de cordobesas, doña Rosario Vázquez, viuda de Alfaro, y nos parece justo dedicarle un recuerdo.

Después de Isabel Losa fué la poetisa más inspirada, hasta sus tiempos, que hubo en nuestra capital; mas apesar de poseer grandes méritos como escritora, sobresalió más aún como dechado de todas las virtudes cristianas, como esposa y como madre ejemplar.

Para demostrarlo consignaremos suscintamente [sic] algunos datos y detalles de su vida.

Nació el 4 de Octubre del año 1839. Sus padres, que tenían la errónea opinión, muy generalizada en la antigüedad, de que la mujer debía permanecer en la ignorancia más absoluta, falta de toda ilustración, apenas le permitieron que aprendiera a leer y escribir con dificultad, pero doña Rosario Vázquez, poseedora de un entendimiento privilegiado y quizá presintiendo la odisea que le esperaba, sentía ansias de saber, de adquirir una cultura sólida y, a hurtadillas de su familia, leía, estudiaba mucho, en libros que le proporcionaban sus amigas y, según ella misma decía, el hombre que después fué su esposo enseñóle el idioma francés, que dominaba con admirable perfección, en los dulces ratos que dedicaban a rimar el idilio del amor en la reja

Contrajo matrimonio y formó un hogar modesto, exhausto de riquezas materiales, pero en el que abundaban los tesoros de la virtud y el cariño que constituyen la verdadera felicidad.

Mas como la dicha dura poco, pronto las sombras del infortunio cerniéronse sobre la sencilla y alegre morada de la poetisa; la muerte le arrebató al compañero amante y la esposa modelo quedó viuda a los cuarenta y cinco años, con cinco hijos de muy corta edad, que apenas conocieron a su padre, con el horrible dolor de que, en breve, nacería otro que sólo conocería de aquel los recuerdos que ella le inculcara y sumida en el desamparo más espantoso.

En este trance supremo la figura de la desventurada mujer se agigantó, convirtiéndose en una verdadera heroina.

La señora viuda de Alfaro completó sus estudios hasta obtener el título de maestra de instrucción primaria y cuando tuvo concluida la carrera ofrecióse a las familias mas distinguidas de Córdoba con las que la habían relacionado sus dotes literarias, para hacerse cargo de la educación de los pequeñuelos, para dar lecciones de francés, para confeccionar primores, y de este modo, ya entregada a la noble labor educativa, ya sin dar reposo a la pluma o a la aguja, trabajando constantemeute [sic], durante el día y la noche, con energías impropias de una débil mujer, logró poner sólidos puntales a su hogar para que no se hundiera, rodear de cuidados a sus hijos, educarles e instruirles dentro de las más sanas doctrinas de la Religión católica para que fuesen, en su día, ciudadanos ejemplares.

Al fin vió logradas sus aspiraciones, aunque la adversidad no quiso jamás abandonarla por completo y la hirió en los sentimientos más profundos, privando de la luz de la razón a uno de los seres idolatrados, que tuvo un fin trágico.

Doña Rosario Vázquez era una poetisa clásica, de gran inspiración, que dominaba por completo la forma; así sus versos resultaban pulcros, irreprochables.

Dedicóse, especialmente, al genero religioso, escribiendo composiciones sentidísimas, bellas, delicadas, muchas con un sabor místico que deleita.

Leyendo sus producciones se aprecia perfectamente la lucha por la existencia que sostuvo, serena y heróicamente, los sufrimientos que laceraron su alma y su espíritu y la resignación con que los soportó, al comparar su insignificancia con la magnitud de los que padeciera el Divino Salvador por redimir a los hombres.

Doña Rosario Vázquez fue asídua concurrente a las famosas veladas literarias que hace cincuenta años celebraban el Conde de Torres Cabrera y el Barón de Fuente de Quinto; formó parte de los jurados de algunos de nuestros primitivos juegos florales y la Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba le dispensó el honor, que hasta entonces no había concedido a mujer alguna, de incluirla entre sus miembros, en calidad de correspondiente.

Colaboró con asiduidad en el Diario de Córdoba, La Crónica, La Lealtad, La Verdad, El Noticiero Cordobés y en cuantas revistas católicas se publicaron en esta capital, así como en muchos periódicos importantes de otras poblaciones.

Publicó un tomo de “Cuentos caldeos”, una novela titulada “La Leona reconocida”, ambas traducciones del francés; un estudio denominado “La Inteligencia” (importancia del desarrollo de esta facultad en la mujer), la novela “Rosina o la corona de siemprevivas” y un opúsculo en prosa y verso explicando el Santo Sacrificio de la Misa.

Dejó inéditas varias comedias muy estimables.

Como premio a su vida ejemplar disfrutó de una vejez tranquila, rodeada de sus hijos que sentían ¡cómo no! Verdadera idolatría por su madre.

Ocho o diez años antes de morir faltó la luz a sus ojos, su oido torpe apenas percibía los sonidos, pero su alma y su cerebro no habían perdido el calor de los nobles sentimientos ni de los elevados ideales y todavía doña Rosario Vázquez escribía versos cantando las. grandezas de nuestra Religión.

Aislada del mundo por la falta de los principales sentidos de relación, consagróse a la vida subjetiva, preparándose para el más allá, vida de la que sólo la sacaban, produciéndole dulces estremecimientos, los besos de sus hijos, las caricias de sus nietezuelos, cuyas voces argentinas, como trinos de pájaros, no podía percibir.

Doña Rosario Vázquez dejó de existir el 20 de Marzo de 1915 en la casa número 38 de la calle de San Pablo, casi donde mismo naciera, pues vió la primera luz en la número 35 de la citada calle.

El Ayuntamiento acordó concederle una sepultura perpetua gratuita, poner en ella una lápida y otra en la fachada de la casa que sirvió de cuna a doña Rosario Vázquez.

Los dos últimos extremos del acuerdo no se han cumplido aún y acerca de este olvido nos permitimos llamar la atención de la Corporación municipal, para que rinda los homenajes a que se hizo acreedora la ilustre poetisa, esposa y madre ejemplar y modelo de abnegación cristiana.

20 Marzo, 1919.