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Don Manuel Caballero Y La "Mari-Clara" (Notas cordobesas)

De Cordobapedia


Don Manuel Caballero Y La "Mari-Clara" es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Un día, hace ya muchos años, llegó a Córdoba, no se sabe de dónde, una familia original. Formábanla un matrimonio y un hijo suyo de cortos años.

Marido y mujer eran altos, delgados, huesudos; parecían dos esqueletos envueltos en ropas que denotaban la pobreza excesiva de sus poseedores.

Nuestros huéspedes se instalaron en una casa muy pequeña, modestísima, de uno de los barrios mas apartados de la población y en el portal, de tan reducidas dimensiones como todas las dependencias del humilde albergue, establecieron un taller tipográfico.

Era una imprenta primitiva; sus artefactos se hubieran confundido con los que usó Guttemberg.

Reducíanse a una prensa de palanca rota por cincuenta partes; tres o cuatro cajas con tipos viejísimos y gastados, verdaderos clavos como los tipógrafos llaman a las fundiciones inservibles; unos galerines a los que estaba llamando a voces el hornillo de colar y un par de componedores tan deteriorados como mugrientos.

¿Qué hizo aquella pobre gente con su original tipografía? preguntará el lector. Pues ¡asómbrese! la utilizó para editar un periódico que, como es lógico suponer, corría parejas con sus talleres.

Los propietarios de la imprenta formaban, a la vez, la empresa periodística; don Manuel Caballero, el cabeza de familia, actuaba de director y administrador; su hijo de redactor, ambos de obreros encargados de confeccionar la publicación, y la esposa de aquel hombre tan laborioso como digno de mejor suerte también ejercía múltiples y variadas funciones en la sociedad científico-literaria industrial constituida por los tres miembros de la familia. Ella repartía el periódico, doblaba y fajaba los ejemplares que habían de remitirse por correo, cobraba las suscripciones y cuando la prensa se descomponía, que era cada jueves y cada viernes, sustituíala para imprimir el gran rotativo .

¿Cómo? Colocaba las formas en el suelo, después de entintadas extendía sobre ellas el papel bien mojado y luego se sentaba encima, haciendo toda la presión que le permitían sus fuerzas.

Tan original como sus confeccionadores era el título de este periódico; llamábase La Mari-Clara.

Tenia un tamaño muy pequeño, aparecía semanalmente y aunque ostentaba el calificativo de científico, literario y defensor de los intereses de Córdoba, sólo contenía algunos recortes de la prensa de Madrid y cuatro noticias, sin interés, trasnochadas y, generalmente, muy mal escritas.

Don Manuel Caballero tomó tan en serio la profesión de periodista que jamás faltaba a acto, reunión o fiesta a que la prensa estuviera invitada, siempre acompañado de su hijo en quien veía un escritor precoz, aunque el resto de los mortales le tuviera por un desgraciado, imbécil o tonto.

Cuando se celebraba un banquete don Manuel Caballero minaba la tierra, si era preciso, para que no le dejasen de invitar como director de La Mari-Clara y no sólo asistía él sino que iba también su hijo y, como pudieran, ambos procuraban guardar algunos manjares para la mujer-prensa, que impaciente les esperaba en las inmediaciones del sitio donde se celebraba el festín.

Cuando había espectáculos en los teatros procuraban obtener entradas para todos, aunque fuera de paraiso y si no lo conseguían cada acto era presenciado por un miembro de la familia y los otros dos le aguardaban, para turnar, sentados en los poyos del paseo del Gran Capitán, aunque estuviera nevando.

Don Manuel Caballero, según él afirmaba, fue actor dramático en su juventud y después escultor adornista de los que se dedican a hacer trabajos de ornamentación para las fachadas de los edificios y otros análogos.

Aquí pretendió demostrar sus aptitudes escénicas en una función organizada por aficionados, representando al protagonista de la comedia clásica Don Gil de las Calzas Verdes , pero la figura de aquel espectro viviente con jubón, trusa y mallas, en el momento de aparecer en el proscenio produjo la hilaridad de los espectadores y el cómico fracaso por completo.

El pobre hombre anuncióse en la prensa como constructor de ménsulas, rosetones, cornisas y demás adornos semejantes pero no hubo persona que le hiciera un encargo.

Poseía el original director-propietario de La Mari-Clara cierta cultura literaria la cual demostró en una serie de artículos publicados en el periódico La Unión conteniendo breves estudios biográfico-críticos de los escritores dramáticos mis eminentes del siglo de Oro de las letras españolas.

También escribió un drama en tres actos y en verso, el cual trató de someter a la censura de los literatos y periodistas cordobeses.

Con este fin rogó al Decano de la prensa cordobesa que los convocara a una reunión; complacióle el respetable maestro y en su casa se congregaron algunos profesionales del periodismo, varios aficionados al manejo de la pluma y no pocos jóvenes de buen humor que hacían su aprendizaje artístico en un centro popular de enseñanza.

Don Manuel Caballero, alternando con su hijo que no podía pronunciar la mayoría de las letras, declamó la obra con un énfasis verdaderamente cómico.

Su auditorio, que apenas podía contener la carcajada, al final de cada escena se deshacía en elogios y prorrumpía en aplausos que llenaban de jübilo [sic] al autor.

Casi todo el drama, inocente, pesado y sin interés, estaba escrito en redondillas y el poeta abusaba en ellas, de un modo extraordinario, de los consonantes noche y coche.

Uno de los concurrentes, persona de buen humor y de gracia, se atrevió, al fin, a hacer una observación al flamante dramaturgo.

Si no he entendido mal -dijo- la acción de la obra se desarrolla en Cádiz, ¿verdad?

Si señor, le contestó el autor.

Pues entonces -agregó el crítico debe usted suprimir algunos coches porque allí no hay tantos como aparecen en el drama.

El consejo produjo una explosión general de risa y puso fin a la lectura.

Al día siguiente Enrique Redel, en un periódico satírico de muy corta vida que el fundara y escribiera publicó la siguiente gacetilla:

“SAINETE. - Anoche, en el domicilio del Decano de la prensa local el director de La Mari-Clara don Manuel Caballero leyó un sainete ante varios periodistas y numerosos alumnos de la Escuela de Bellas Artes”.

El infatigable luchador modificó el título y el carácter de su semanario, convirtiéndolo en republicano, para ver si de este modo le proporcionaba algunos beneficios, pero no consiguió su objeto y la situación de aquel desventurado fué cada vez mas crítica hasta que una noche murió de frío y de hambre en un miserable albergue de la calle del Portillo.

Su esposa y su hijo, los socios de su empresa, sus asíduos compañeros de trabajo, siguieron la terrible odisea, acentuada aunque esto parezca imposible, faltos siempre de alimentos y de ropas, comiendo las sobras del rancho en las puertas de los cuarteles, durmiendo al raso, sujetos a toda clase de privaciones y de martirios.

¿Pregunta el lector que fin tuvieron? ¡Quien sabe! Acaso una mañana encontraríaseles muertos en la cuneta de un camino o en un antro de los más grandes infortunios y de las mis asquerosas lacerias.

donde amontona la orgía

toda la carne que sobra” .

como dijo el insigne dramaturgo.

Agosto, 1919.