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Don Manuel Espejo (Notas cordobesas)

De Cordobapedia


Don Manuel Espejo es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

En la prensa de Madrid hemos leido una noticia que nos ha causado disgusto, la de la muerte del veterano actor don Manuel Espejo.

¿Quien no lo conocía en Córdoba, a quien no había deleitado en nuestros teatros con la gracia natura que poseía, con el arte que dominaba por completo?

Era, sin disputa, uno de nuestros primeros actores cómicos. El poseía el secreto de provocar, a su antojo, la hilaridad del público, sin apelar a recursos de circo, sin hacer payasadas, sin salirse de su papel, sin añadir ni quitar na frase a la obra que representaba, sino valiéndose de la expresión, de las inflecciones [sic] de voz, de los gestos, de los ademanes, de todos los resortes que los grandes artistas solamente saben tocar con acierto.

Don Manuel Espejo trabajó por primera vez en nuestra capital con la compañía de don Miguel Cepillo, cuando este estrenó, en el Gran Teatro, la comedia titulada Militares y paisanos , y la misma noche de su presentación se supo captar las simpatías generales y popularizó de tal modo el tipo del boticario de la citada obra que, durante una larga temporada, mozos y chiquillos repetían constantemente, como si fuera la canción de moda, el principio de la relación con que el gracioso personaje se presentaba a todo el mundo: "farmacéutico por vocación, recién llegado. a esta localidad, etc".

Aunque caracterizaba con rara perfección todos los tipos, sobresalía en los de cesante porque, para representarlos, acompañaba a su talento su figura.

¿Quién no reiría a mandíbula batiente viéndole en Los corridos ? Al equívoco conque empezaba su parlamento al entrar en escena: ¿ dá usted dos pesetas, digo su permiso ? no ha habido actor que le imprima una expresión tan adecuada, tan ingenua y tan cómica como el.

Tampoco en la famosa comedia Los Galeotes , oimos jamás pronunciar la frase: hermano, aquí te buscan unos diplomáticos , con la expresión, acompañada del gesto, conque don Manuel Espejo la sabia pronunciar.

Para mencionar las obras en que sobresalía habría necesidad de citar todo su repertorio que era vastísimo, pues se trataba de un hombre que estuvo trabajando, casi sin interrupción, durante cincuenta años.

En Córdoba, entre las que más éxitos le propórcionaron, figuraban, además de las ya consignadas, Perecito , en la que sólo con su tipo provocaba la carcajada de los espectadores; El libre cambio , en la que hacía un Don Pepito delicioso y La tia de Carlos , una de las obras en que, a nuestro juicio, revelaba mejor su merito, pues, no obstante representar un papel más propio de la pista de un circo que de un teatro, lo sostenía dentro de los límites que nunca deben traspasarse en la escena.

Don Manuel Espejo estuvo gran número de veces en nuestra capital, ya formando parte de una compañía, ya como director y empresario de otras y, por regla general, realizó muy lucidas campañas.

Aquí contrajo matrimonio con la actriz doña Concepción Constán, que fué su compañera en la labor artística durante muchos años.

Pagaba con su cariño el afecto y la admiración que los cordobeses le profesaban, mas no obstante estos lazos que los unían, siempre respetuoso con el público, jamás se permitió dirigirle la más sencilla broma desde la escena, ni tomarse la menor confianza, actitud que no es muy corriente en los actores populares.

En nuestra población estrenó algunas obras de autores locales y varios aficionados al arte teatral, como testimonio de consideración al veterano actor pusieron el título de Manuel Espejo a una sociedad que constituyeron para representar comedias y dramas.

El profundo amor que el artista profesaba a su esposa fué causa de que, ya viejo y a achacoso, sufriera una triste odisea, pues porque la compañera de casi toda su vida no descendiera del pedestal de primera actriz, renunció a buenas contratas y prefirió seguir siendo director y empresario, sin contar ya con elementos que pudieran hacer fructíferas sus campañas.

Al morir Concha Constán, Espejo ingresó en la primer companía dramática española, en la de Maria Guerrero, como director del cuadro cómico.

Por causas que desconocemos permaneció poco tiempo en ella y luego reanudó la triste odisea iniciada en su vejez, hasta caer rendido en el combate de la vida al peso de los setenta años.

Ya que tantas veces nos hizo reir hasta llorar, justo es que hoy vertamos una lágrima por el gran actor.

Enero, 1919.