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Eduardo Lorenzo Barrera Stang (Buenos Aires, 4 de septiembre de 1887) fue diplomático. Vicecónsul de Argentina en Córdoba desde 1915.

Biografía

Etapa cordobesa

El consulado argentino en Córdoba estaba situado en su residencia, calle Conde de Torres Cabrera, número 2, duplicado, según consta en el Censo de 1915. Aquí llegó con apenas 27 años y cuatro años después marchó a Alicante. En efecto, en 1919 fue nombrado vicecónsul de Argentina en Alicante.

Casado con Carmen Berro, fueron padres de Manuel, Carmen, Eduardo Lorenzo, María del Tránsito, Enrique, Concepción y Alberto Barrera Berro. Quedó viudo en los primeros años de la década de los 30.

Etapa alicantina

En Alicante vivió desde 1919. Durante la Guerra Civil y junto al embajador en funciones de Argentina en España Edgardo Pérez Quesada, consiguió salvar muchas vidas evacuando a ciudadanos americanos, pero también ciudadano españoles y refugiados. Por ejemplo, en el crucero militar '25 de mayo' desde Puerto Belgrano hacia España. En principio debía ir hacia el País Vasco, pero su capitán Miguel A. Ferreira recibió órdenes a mitad de travesía de desviarse hacia Alicante. Arribó el 22 de agosto al puerto alicantino. El cónsul Eduardo Barrera se encargó de organizar el traslado de refugiados desde Madrid hasta Alicante. También permitió que algunos españoles embarcaran, sobre todo personas católicas que querían escapar del terror rojo que se produjo en la zona republicana durante la guerra. El 27 de agosto el 25 de Mayo partió de Alicante hacia Génova (haciendo escala en Barcelona) con un número indeterminado de refugiados a bordo. Barrera organizó el embarque, permitiendo también que algunos españoles subieran. El 25 de Mayo realizó 4 viajes más desde Alicante: El 12 de septiembre con 72 refugiados, el 15 de octubre con 66 refugiados, el 11 de noviembre con 77 refugiados y el 8 de diciembre con aproximadamente 80 refugiados.[1]

El 5 de noviembre llegó a Alicante el destructor 'Tucumán' capitaneado por Mario Casari para sustituir al '25 de Mayo'. Las evacuaciones organizadas por el embajador Pérez Quesada y el cónsul Barrera prosiguieron. A partir de febrero de 1937 se coordinó con el nuevo embajador interino Felipe Chiappe. El Tucumán partió el 22 de noviembre con 37 refugiados, el 21 de diciembre con 86 refugiados, el 6 de enero de 1937 con 65 refugiados, el 23 de enero con 133 refugiados, el 14 de febrero con 193 refugiados, el 28 de febrero con 51 refugiados, el 14 de marzo con 165 refugiados, el 14 de abril con 21 refugiados, el 24 de abril con 25 refugiados, el 6 de mayo con 51 refugiados, el 2 de mayo con 50 refugiados y el 7 de junio con 73 refugiados. En total unas 1.250 personas escaparon de la guerra a través del Puerto de Alicante a bordo del '25 de Mayo' o del 'Tucumán' en 17 viajes. Eduardo Barrera realizó las gestiones para que el mayor número de personas pudieran escapar. En numerosas ocasiones incluso acogió a refugiados en su casa, y le facilitaba uniformes militares argentinos para que pudieran burlar a las autoridades republicanas aduaneras y así embarcar en los buques argentinos.[2]

En principio el cónsul argentino debía embarcar junto a sus hijos en el último viaje del Tucumán efectuado el 2 de mayo de 1937, pero decidió permanecer para poder seguir protegiendo a algunas personas que todavía tenía bajo su protección como Francisco Alberola Such. En 1938 trasladó a sus hijos hasta Villa Marco, una finca de El Campello propiedad de René Bardin. Poco después llegó a un acuerdo secreto con Antonio Ramos Ayús, funcionario de la Diputación, para esconder la reliquia de la Santa Faz en Villa Marco evitando así que fuera destruida.

Por todos sus servicios prestados tanto en su resguardo de la Santa Faz como su contribución para proteger a tantos refugiados, el Ayuntamiento le concedio la Medalla de Oro de la ciudad el 27 de noviembre de 1939. Igualmente recibió la medalla de plata de la Cruz Roja Española y la Cruz del Mérito de la Orden del Águila alemana de 2º grado.

Su hijo Eduardo Lorenzo Barrera Berro fue un importante ingeniero de minas.

Referencias