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El Campo De La Victoria (Notas cordobesas)

De Cordobapedia


El Campo De La Victoria es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Este paraje, uno de los más interesantes de nuestra población, en el transcurso de dos siglos ha sido objeto de múltiples e importantes reformas, merced a las cuales se han transformado en amplios paseos y frondosos jardines los terrenos que fueron en la antigüedad un egido de la ciudad y una dehesa.

La denominación de Campo de la Victoria procede de un convento que hubo en el lugar en que nos ocupamos, respecto a cuyo origen no han logrado ponerse de acuerdo los historiadores.

Algunos, como Ambrosio de Morales, creen que allí estuvo el monasterio de Cuteclara, el cual, según otros, hallábase en las inmediaciones de la Arruzafa.

Lo cierto es que en el sitio mencionado tuvieron su retiro unas religiosas conocidas por las emparedadas y que tal convento se llamaba de Nuestra Señora de las Huertas, por estar rodeado de esta clase de tincas, denominación que variaron por la de Nuestra señora de la Victoria los Reyes Católicos, una de las veces que visitaron a esta ciudad, siendo conocido desde entonces por Campo de la Victoria todo aquel paraje.

Desaparecieron de el las emparedadas y en el año 1509 fue cedido el edificio a los religiosos de San Francisco de Paula o Mínimos quien, al establecer en dicho monasterio una comunidad, conservaron los titulos de Nuestra Señora de las Huertas y de la Victoria.

Córdoba carecía de paseos, tal vez porque sus hijos, descendientes de la raza árabe, no gustaban de exhibiciones, sino de vivir en el grato aislamiento del hogar, y en el año 1776 el corregidor don Francisco Carvajal y Mendoza concibió el proyecto de crear uno de aquellos en el sitio indicado.

La realización de su idea costóle no pocas censuras de las personas apegadas a la tradición.

Mandó allanar el terreno contiguo al convento, que formaba varios montículos, plantar álamos negros, acacias y otros árboles y colocar asientos de mampostería, formando así el primer paseo de nuestra ciudad que, en sus comienzos, estuvo muy poco favorecido por el público.

Varios sucesores del señor Carvajal en el cargo de corregidor ampliaron y modificaron el paseo de la Victoria y en 1854 el alcalde don Francisco de Paula Portocarrero lo reformó por completo, embelleciéndolo extraordi-nariamente.

Hizo en el centro un espacioso salón, con asientos de piedra negra y respaldos de hierro, el cual se hallaba rodeado por unos preciosos jardines en los que abundaban las plantas y flores de mérito.

Había delante del salón un cenador, cubierto de rosales y campánulas con pedestales y estatuas de yeso y una bonita fuente de piedra enmedio, que contribuía poderosamente a aumentar la belleza del paraje.

Ya en estos tiempos gran número de personas acudía al paseo referido para tomar el sol en el Invierno y para aspirar el delicado perfume de las flores en Primavera.

A causa de resultar pequeño el sitio qne [sic] se destinaba a la Feria de Nuestra Señora de la Salud, por el gran incremento de esta, el Municipio lo amplió en el año 1865 comprando y demoliendo el ya ruinoso edificio que fue convento de la Victoria.

La imagen de la Virgen de esta advocación fué trasladada a la iglesia de San Hipólito y luego a la Catedral.

Hízose desaparecer entonces las sinuosidades del terreno contiguo al monasterio, en el que los religiosos mínimos habían establecido un Via Crucis, así como los grandes montones de granzas que había en aquellos alrededores y quedó una extensa explanada, contigua al paseo y los jardines.

Las reformas de más importancia verificadas en este paraje se efectuaron durante el último tercio del siglo XIX.

El Ayuntamiento, por iniciativa del alcalde don José Ramón de Hoces y González de Canales, duque de Hornachuelos, acordó formar unos nuevos jardines, a los que se denominó de la Agricultura, en una dehesa próxima a la Estación de los Ferrocarriles, en el centro de la cual había una casilla destinada a la fabricación de fósforos.

En los nuevos jardines, mayores que bs primitivos, se hizo grandes cuadros llenos de plantas y arbustos de todas clases, abriéronse amplias calles con árboles que les prestaran sombras y asientos de hierro y piedra para el público, y se construy6 varias fuentes circulares, en las que brotaba el agua de caprichosos saltadores, llenándolas de peces multicolores y plantas acuáticas.

Entre los árboles, de los que había gran variedad, no faltaban los característicos de nuestra región: el naranjo y la palmera.

Una de estas de gran tamaño, hermoso ejemplar de los tiempos del Califato cordobés, que se hallaba en la actual calle de Claudio Marcelo, al verificarse la apertura de esta, fue trasladada, no sin muchas dificultades, por su gran peso y extraordinaria altura, a los jardines de que tratamos, pero al poco tiempo de haber sido colocada en el sitio que se le destinó y cuando un jardinero, subido en ella, dedicábase a despojarla de las ramas secas, se tronchó y perdimos aquella magnifica palmera, la mejor y quizá más antigua que había en nuestra ciudad.

Los jardines de la Agricultura eran generalmente conocidos por jardines bajos y llamábase jardines altos a los primitivos, a causa de la gran diferencia de nivel que había entre unos y otros.

Puede decirse que servía de línea divisoria de los mismos un estanque de grandes dimensiones, el que se denominaba la ría, rodeado de un asiento de piedra con respaldo de hierro.

El Campo de la Victoria, después de la reforma efectuada por el duque de Hornachuelos, quedó convertido en un paseo verdaderamente delicioso y digno de nuestra ciudad.

Innumerables familias acudían allí, durante las mañanas de Primavera, para aspirar las puras brisas cargadas de perfumes y por las tardes del Invierno y Verano, ya para dedicarse a la ocupación favorita de los españoles, tomar el sol, ya para disfrutar de la fresca sombra de los copudos árboles de los jardines.

Los domingos la buena sociedad se congregaba en el salón y mientras las personas mayores sentadas en las sillas del Asilo o en los poyos de piedra, departían animadamente, las jóvenes, en grupos, vestidas con sencillez, luciendo el peinado libre del antiestético sombrero, paseaban alegres, locuaces, ligeras, como bandadas de pájaros canoros, o conversaban, muy quedo, con sus novios, abstrayéndose, por completo del mundo de la realidad para vivir unos instantes en el de las ilusiones.

¡Cuántas promesas se hicieron en aquel salón y cuántos noviazgos comenzaron allí para terminar en la iglesia, a los pies del sacerdote!

Lamentábase el elemento militar de que en Córdoba no hubiese un lugar apropósito para la enseñanza de la instrucción, los ejercicios y prácticas de la tropa y a la vez se quejaban los comerciantes, industriales y dueños de barracas con espectáculos que cada año venían en mayor número a la renombrada feria de Nuestra señora de la Salud, de la falta de espacio para presentar sus instalaciones en forma adecuada y conveniente.

Tales quejas y lamentaciones decidieron al alcalde don Bartolomé Belmonte y Cárdenas, después Conde de Cárdenas, a proponer a la Corporación municipal, que aprobó el proyecto, la supresión del paseo y los jardines llamados altos con el objeto de poner aquella parte del Campo de la Victoria al mismo nivel de la contigua en que estuvo el convento de los religiosos de San Francisco de Paula, formando así una explanada de grandes dimensiones.

Las obras se realizaron muy activamente y poco después desaparecieron para siempre el salón en que paseara la buena sociedad cordobesa y los preciosos jardines que lo rodeaban.

La enorme cantidad de tierra producida por el desmonte se utilizó en llenar parte de la hollada que había frente al camino del cementerio de Nuestra señora de la Salud y que servía de depósito de granzas y de campo de pedreas y de juegos distintos, especialmente el de elevar cometas, para los muchachos.

Todo aquel paraje quedó nivelado hasta la ría, donde se formó una suave pendiente para descender a los jardines de la Agricultura.

Dicho estanque perdió gran parte de su profundidad y en él sustituyóse el asiento de piedra que lo rodeaba por unos cuadros con plantas y arbustos cercados por una alambrada.

La ría, que más de una vez sirvió de tema de sátiras y coplas picarescas, andando el tiempo, fué cubierta de tierra, descubierta al poco y vuelta a cubrir, so pretexto de que las aguas se corrompían en ella, constituyendo un foco de infección.

En sustitución de la fuente que había en el centro del / cenador de los jardines altos se construyó una delante de la huerta de Camila, destinada al servicio del público y a abrevadero de las caballerías.

A la mayoría del vecindario no agradó esta reforma pues, a causa de ella, los jardines más bellos de Córdoba quedaron convertidos en una llanura polvorienta, desprovista de vegetación.

¡Cómo los echaban de menos las muchachas que, en las poéticas mañanas de Abril y Mayo iban allí a pasear y a pedir unos capullitos de olor al popular jardinero Corrales!

Los dueños de los típicos aguaduchos que había en el Campo de la Victoria y de los puestos de leche de vaca instalados en la puerta de Gallegos perdieron gran parte de sus parroquianos y algunos tuvieron que declararse en quiebra.

El publico eligió entonces para paseo los jardines de la Agricultura, salvo algunas personas apegadas a la tradición que siguieron concurriendo todas las tardes al lugar en que estuvieran los jardines altos aunque las heladas ventiscas del invierno les traspasasen los huesos o los abrasadores rayos del sol del estío les achicharrara.

El alcalde don Juan Tejón y Marín tuvo la plausible idea, que llevó a feliz termino, de formar unos jardines a la inglesa en una parte considerable de dicha esplanada, jardines que constituyeron algo semejante a un oasis en aquel árido desierto.

Aproximábase la feria de Nuestra Señora de la Salud .y como el señor Tejón desease que en tal época los nuevos jardines presentaran un bello conjunto, se le ocurrió y puso en practica un pensamiento original: el de imponer a todos los empleados del Municipio una especie de contribución, consistente en que donaran a los flamantes jardines, un arbusto, una planta ouna maceta con flores.

Gracias a este procedimiento aparecieron cubiertos de lozana vegetación durante los días de nuestro famoso mercado.

La oportuna idea del alcalde fue objeto de muchos comentarios y un periódico satírico que entonces veía la luz en esta capital publicó una caricatura alusiva al asunto con la siguiente cuarteta al pie:

Barea el municipal ayer pasó por aquí; llevaba al hombro un rosal, por eso lo conocí.

A los nuevos jardines se les denominó del Duque de Rivas y el señor Tejón y Marin trató de erigir en el centro de los mismos una estátua [sic] al inmortal autor de El Moro Expósito, monumento para el cual fue colocada solemnemente la primera piedra, :pero tal proyecto no llegó a convertirse en realidad; corrió la misma suerte de todos los análogos que se han concebido en Córdoba.

Al formarse los jardines del Duque de Rivas la fuente abrevadero que había delante de la huerta de Camila fué trasladado al sitio que ocupa en la actualidad.

Algún tiempo después el Municipio, siendo alcalde don Juan Rodríguez Sánchez, instaló una fuente monumental de piedra, en el extremo de la calle central del paseo destinada a carruajes, contigua a la carrera de los Tejares, hoy avenida de Canalejas.

Finalmente, hace pocos años, el alcalde don Salvador Muñoz Pérez mandó ensanchar la calle referida por ser pequeña para el gran número de carruajes y automóviles que en ella se reunen durante las festividades y, al efectuarse la mejora indicada, se dispuso el traslado de la fuente monumental al centro del Campo de la Merced o plaza de Colón, en que se halla.

Tales han sido las principales transformaciones y reformas verificadas en el paseo de la Victoria desde su creación hasta nuestros días.

De todos los actos y fiestas que se han celebrado y se celebran en el Campo de la Victoria, los más importantes han sido y continúan siendo nuestras ferias, que gozan de renombre en toda España.

En el año 1665, en las afueras de la población, fue encontrada, dentro de un pozo, una imagen de la Virgen.

Erigiósele una capilla en el lugar en que se la hallara, y allí se le rindió culto bajo la advocación de Nuestra Señora de la Salud.

En la Pascua de Pentecostés dedicábasele una solemne fiesta y al mismo tiempo se efectuaba en los alrededores de la capilla una velada a la que concurrían muchos vendedores y numeroso público.

La velada adquirió tal incremento que el Concejo municipal acordó convertirla en una feria, acogiéndose al privilegio concedido a esta ciudad para efectuar dicha clase de fiestas por el Rey D. Sancho IV en el año 1284.

Instalábase la feria en el mismo paraje que la velada, o bien en las afueras de la puerta de Sevilla y en parte del lugar ocupado hoy por el cementerio a que también dió nombre la mencionada Virgen.

Desde los tiempos más antiguos uno de los principales atractivos de este mercado eran las corridas de toros que se celebraban en la plaza construida en el Campo de la Merced y, en su consecuencia, en el año 1803 el Ayuntamiento acordó trasladar la feria a las afueras de la puerta de Gallegos, para que estuviese mas próxima al circo taurino.

Unos años verificóse allí y otros en torno de la capilla de Nuestra Señora de la Salud, hasta el 1820, fecha desde la cual se efectúa, sin variación, en el Campo de la Victoria.

Tan extraordinario desarrollo tuvo nuestro mercado que llegó a ser uno de los principales de España.

Concurrían a él numerosos ganaderos y comerciantes y durante los días de la Pascua de Pentecostés, en que se celebraba, innumerables forasteros venían a nuestra población, para efectuar compras y disfrutar de las fiestas y espectáculos.

Con el objeto de que la feria presentara un conjunto agradable, el Municipio mandó construir gran número de casetas iguales, para los vendedores, unas sencillas casetas de madera y lienzo, pintadas de blanco y azul, a las que sustituyeron las de estilo árabe que hay en la actualidad.

El Ayuntamiento y el Circulo de la Amistad levantaron, algunos años después, las magníficas tiendas de hierro y mampostería que poseen.

En 1855 el Concejo Municipal, por causas que ignoramos, determinó que la Feria de la Salud se celebrara durante los días 7, 8, 9 y 10 de Mayo, pero tal variación fué recibida con desagrado por el público y, en su virtud, desde el año siguiente volvió a celebrarse en su fecha primitiva.

En el 1890, a solicitud de la Hermandad de Labradores, fue trasladada al 25 de Mayo; los comerciantes opusiéronse a esta variación y en 1897 comenzó a efectuarse de nuevo en la Pascua de Pentecostés; pero el pleito entre los agricultores y el Comercio continuó sin que cedieran unos ni otros y en 1905 la Corporación municipal lo resolvió en definitiva, acordando que la Feria de Nuestra señora de la Salud comenzara en lo sucesivo el día 25 de Mayo.

Con motivo de esta Feria en el Campo de la Victoria se ha celebrado numerosos actos y festejos, tales como exposiciones de ganados, plantas y flores y una provincial de industria y arte, organizada por la Cámara de Comercio, que sirvió de ensayo para la regional verificada por la misma entidad en el Campo de la Merced; conciertos, funciones de fuegos artificiales,elevación de figuras grotescas, exhibición de cuadros disolventes y películas cinematográficas y funciones de las llamadas vulgarmente de títeres.

Un año también hubo bailes regionales a cargo de hombres y mujeres del pueblo de diversas provincias de España, qne [sic] vestían los trajes típicos de aquellas, y otro año un coso blanco; espectáculos que, por ser nuevos en Córdoba, agradaron bastante al público.

En el año 1889 fué suprimida la Feria de Nuestra Señora de la Fuensanta, creándose, en su lugar, a instancia de la Hermandad de Labradores, la llamada de Otoño.

Esta, que principia el 25 de Septiembre y también se celebra en el Campo de la Victoria, dicho sea en honor de la verdad, nunca ha tenido gran importancia y acaso muera por consunción.

En cambio la de la Fuensanta llegó a competir, en negocio y popularidad, con la de la Salud.

Finalmente, en 1862, también se verificó en el paraje a que nos referimos una feria extraordinaria en honor de la Reina D.ª Isabel II, con motivo de su visita a Córdoba.

Resultó muy lucida, pues en ella abundaron los festejos y para presenciarlos vino gran número de personas de los pueblos de esta provincia.

En el lugar mas apropósito del paseo se construyó un extenso tablado en el que se celebraron los bailes populares típicos de la región.

A la augusta dama llamaron la atención y los elogió extraordinariamente el fandanguillo de los campesinos y, sobre todo, el famoso patatús de Obejo, que, acaso desde entonces, no lo hayan vuelto a ver bailar los cordobeses.

Entre las fiestas celebradas en el Campo de la Victoria con mas animación y lucimiento merecen también ser consignadas las de Carnaval.

Antiguamente concurrían pocas máscaras a dicho paseo, porque las personas que se disfrazaban preferían recorrer las calles y visitar las casas de sus amigos para embromarles.

Como los días de carnestolendas eran festivos, las familias que no los pasaban en el campo iban por la tarde al citado paseo donde estaban un par de horas tomando el sol y entretenidas en amena charla.

Y mientras las personas mayores formaban corros en las sillas, las jóvenes discurrían alegremente por el salón o los jardines y las pocas mascaras que se decidían a llegar hasta el paraje a que nos referimos, entregábanse al baile al compás de la música del maestro Hilario.

En los comienzos de este siglo fomentáronse en Córdoba las fiestas de Carnaval, que tuvieron su principal teatro en el Campo de la Victoria.

En él se instalaron tribunas desde las cuales el público libraba verdaderas batallas con las personas qne [sic] ocupaban los carruajes y las sillas del paseo, utilizando como proyectiles ramos de flores, papelillos picados y serpentinas.

Algunos años también se celebraron concursos de estudiantinas y mascaras organizados por el Ayuntamiento.

Frecuentemente, cuando las diversiones estaban en todo su apogeo, cuando se desarrollaban la alegría y el buen humor y ni una sombra de tristeza nublaba el espíritu de los concurrentes a la fiesta, el paso de un cortejo fúnebre que se dirigía al próximo cementerio, traía a nuestra memoria el recuerdo de la terrible sentencia memento homo ... conque la Iglesia pone fin a la orgía carnavalesca, y este inesperado contraste entre la vida y la muerte, el gozo y el sufrimiento sumía en hondas meditaciones al hombre menos reflexivo.

Hoy la supresión del Carnaval callejero ha quitado mucha animación al paseo de la Victoria durante los días de Carnestolendas.

En la antigüedad también se celebraron algunos años en dicho lugar las tradicionales y poéticas veladas de San Juan y San Pedro.

Los jardines altos iluminábanse con farolillos a la veneciana que, semiocultos entre la arboleda, contribuían a que presentara el paraje un bonito golpe de vista.

En los alrededores del salón instalábanse numerosos puestos de almendras, arropías, helados, avellanas y otras menudencias, que constituían una feria en pequeño.

Numerosísimo público acudía a tales veladas y, puede asegurarse que muchas familias sólo trasnochaban el 23 y el 28 de Junio porque la tradición imponía el deber de asistir a las dos veladas más típicas de Córdoba.

En ambas y especialmente en la de San Pedro abundaban las máscaras, muchas de ellas luciendo disfraces caprichosos.

Los novios obsequiaban a sus novias, si no con el alfil como los árabes, con alcartaces de anises y almendras de las populares confiterías de la Fuenseca o de Castillo y entre bromas cultas y discreteos las horas pasaban inadvertidas hasta que las lentas campanadas del Alba invitaban al vecindario a recluirse en sus hogares.

El Campo de la Victoria ha sido teatro de otros actos y fiestas muy diversos, Allí se han celebrado paradas y revistas militares y la jura de la bandera por los reclutas.

En el salón de los jardines altos el Ayuntamiento obsequió con una comida a uno de los regimientos que pasaron por esta capital para tomar parte en la guerra de Africa del año 1859.

Como detalle curioso consignaremos que la comida consistió en arroz con conejos y que estos fueron cazados en la Arruzafa por hombres que envió el Municipio, abonándoles dos reales por cada conejo.

En el mismo sitio, cerrado con lienzos, se verificó el espectáculo, desconocido hasta entonces aquí, de inflar un globo con gas del alumbrado. En dicho globo se elevó a gran altura una hermosa aeronauta.

En el Campo de la Victoria también se efectuó, en distintas ocasiones, la Fiesta del Arbol.

En las tiendas del Ayuntamiento y del Círculo de la Amistad, que han sido objeto de varias reformas, entre las cuales figura la variación de lugar de la primera para igualarla cerca del paseo, ha habido Misas de campaña, banquetes, conciertos, bailes y festivales infantiles.

Por último, en los jardines de la Agricultura, se ha verificado tómbolas con fines benéficos y en los del Duque de Rivas verbenas andaluzas, cuyos productos también se destinaba a obras de caridad, fiestas organizadas siempre por señoras y señoritas de la buena sociedad de Córdoba.

Más que todos los actos a que nos hemos referido excitó la curiosidad del vecindario la circulación de trenes a raiz de haber sido implantado este servicio en nuestra población.

Constantemente acudían innumerables personas a las inmediaciones de los jardines de la Agricultura, para ver por encima de la valla de madera que cercaba la estación, ya las complicadas maniobras, ya la carga y descarga de los vagones, ya el paso majestuoso de la locomotora, lanzando silbidos estridentes, coronada por penachos de humo denso.

Durante mucho tiempo aquellos lugares y los pasos a nivel próximos fueron los paseos favoritos de los cordobeses.

Al ser demolido el convento de la Victoria no quedó edificio alguno digno de mención en el Campo a que aquel diera nombre; campo que se hallaba limitado, a la izquierda, por la muralla que lo separaba de la ciudad y a la derecha por huertas y hazas.

Poco a poco, a impulso de un mal entendido espíritu de reforma fue desapareciendo la muralla para constuir fatachadas de casas desprovistas de mérito arquitectónico.

Asimismo de las dos artísticas puertas que comunicaban dicho Campo con la población, las de Almodóvar y Gallegos, desapareció la segunda que era de las más antiguas de Córdoba.

Análoga suerte corrió una esbelta torre, parecida a la de la Malmuerta, que se levantaba a la derecha saliendo, por esta última puerta y que fue demolida en el año 1821.

En los comienzos del siglo XVIII, los hortelanos del pago de la Victoria erigieron una pequeña capilla en la que se veneraba una imagen de Jesús Preso, a la izquierda de la repetida puerta, y no pasaba por allí un campesino que no se detuviese y, sombrero en mano, rezara con fervor un Padre Nuestro.

La capilla a que nos referimos, a través de cuyas cancelas se veía la imagen, sólo abría sus puertas al público el Jueves Santo y los días de la Feria de Nuestra Señora de la Salud en que aparecía adornada e iluminada profusamente y eran muchos los fieles que acudían a orar en ella.

Este poético humilladero igualmente desapareció ya en nuestros días, al efectuarse la reconstrucción del edificio en que se hallaba.

Las gestiones que se realizaba desde hacia largo tiempo a fin de que el Estado dotara a Córdoba de cuarteles dignos de la importancia militar de nuestra población, tuvieron un feliz éxito, siendo alcalde de esta ciudad don Juan Tejón y Marín.

Dicha autoridad, para celebrar dignamente el cuarto centenario del descubrimiento de América, organizó importantes actos y festejos, entre los cuales figuró la inauguración de las obras de los dos magníficos cuarteles de la Victoria y San Rafael, obras en las que también intervino directamenie en su calidad de ingeniero.

Los edificios indicados, que se levantan en el Campo de la Victoria, honran a nuestra ciudad y figuran entre los mejores de España construidos para el albergue de tropas.

Aquí, donde se prodiga hasta la exageración el honor de perpetuar el nombre de las personas que se distinguieron por algo, poniéndoles sus nombres a las calles, nadie se ha acordado de rendir este tributo al señor Tejón y Marín que sobradamente lo mereció por las obras antedichas, amén de la creación de los jardines del Duque de Rivas y de la primitiva Escuela de Artes y Oficios.

Don Juan Tejón también construyó, en la carrera de la Estación, hoy avenida de Cervantes, la primer casa de recreo a estilo de las extranjeras llamadas “chalets”, que hubo en Córdoba, por encargo del periodista y literato don José Ortega Munilla.

El Campo de la Victoria, como lugar de mucho tránsito y donde se aglomera numeroso público en determinadas épocas, más de una vez ha sido teatro de crímenes, riñas sangrientas, robos y accidentes desgraciados.

No somos partidarios de la crónica negra; por tanto sólo consignaremos aquí tres de los sucesos más importantes y de muy diversa índole ocurridos en el paraje mencionado.

En un deposito de aguas conocido por el Sombrero del Rey, que se hallaba frente a la puerta de la Trinidad, apareció el cadáver de un hombre sin cabeza, la cual fué encontrada bastante tiempo después en una haza próixima a esta capital; un rayo mató a una mujer que, para resguardarse de la lluvia, durante una tormenta, se refugió bajo un árbol de dicho paseo, y un incendio destruyó varias tiendas de comerciantes y barracas de espectáculos, en una Feria de Nuestra Señora de la Salud, quedando a consecuencia del siniestro algunas familias en completo estado de miseria.

Cuéntase que una horda de moros asaltó el primitivo convento de monjas que hubo donde luego se estableció una comunidad de frailes de la Orden de Mínimos; y las religiosas, antes que caer en manos de los infieles, prefirieron la muerte y, entonando dulces cánticos y llevando velas encendidas, dirigiéronse al pozo del monasterio y se arrojaron en él, con la serenidad y el valor de los mártires.

Desde entonces, todas las noches, según la tradición, a la hora del rezo de los Maitines, surgían del pozo unas figuras luminosas impalpables, envueltas en blancas túnicas, que recorrían, en procesión, las naves del claustro y sumergíanse nuevamente en el pozo llamado de las Vírgenes por la leyenda.

Transcurrieron los años, desapareció el convento, llamado en sus últimos tiempos de Nuestra Señora de las Huertas y de la Victoria y, sin embargo, el pueblo no olvidó la tradición referida.

Todavía a mediados del siglo XIX la gente sencilla aseguraba que todas las noches, a las doce en punto, se veía en el Campo de la Victoria una extraña y misteriosa procesión, la cual se formaba y se desvanecía como las nubes, y más de cuatro hombres de valor acreditado rehusaban pasar por allí a la hora indicada.

Varios escritores antiguos y modernos y algunos poetas han narrado en forma galana la bella tradición del Pozo de las Virgenes.

Noviembre, 1922.