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El Poeta Del Dos De Mayo (Notas cordobesas)

De Cordobapedia


El Poeta Del Dos De Mayo es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Córdoba, la ciudad pacifica, la ciudad callada, que por su tranquilidad y silencio parecía, de ordinario, dormida o desierta era entonces presa de una agitación extraordinaria, advertíase en ella un inusitado movimiento.

Significadas personalidades políticas bullían sin cesar. Encontrábaselas en todas partes y no era precisa mucha perspicacia para observar en ellas signos evidentes de honda preocupación.

Ya se veí>a a las personas aludidas ir a los domicilios de otras de menos significación; ya visitar a las autoridades; ya acudir a las oficinas de Correos o Telégrafos para recoger una carta esperada con impaciencia o para expedir un telegrama enigmático; ya reunirse, formando animados corros, en el Casino Industrial o en el café de Cervantes.

Cuando tres o cuatro personas de estas se encontraban en la calle y deteníanse para hablar producían la espectación del público que comentaba la entrevista de mil modos.

La gente, poco aficionada en aquellos tiempos a la lectura de periódicos, arrebataba de las manos de los vendedores “La Correspondencia de España” y “La Iberia”, ávida de saber las últimas noticias, anhelante de conocer el resultado de lo que se tramaba.

¿Que hay? era la frase que sustituía al saludo siempre que se encontraban dos amigos. Y las familias en el hogar, y los contertulios en los pocos centros de reunión que entonces había, y los ancianos en el Patio de los Naranjos o en El Triunfo, sus casinos predilectos, charlaban de lo mismo, cada cual exponía su opinión, más o menos acaloradamennte [sic], y todos coincidían en que se avecinaban extraordinarios y transcendentales acontecimientos.

En efecto, España tenía en gestación un movimiento revolucionario, el cual había de producir un cambio de régimen tan efímero que podríasele aplicar la comparación del poeta:

¿que es más que el heno a la mañana verde” seco a la tarde?

Entre los hombres que con mas entusiasmo, con mayor actividad cooperaban a este movimiento, sobresalía en Córdoba don Angel de Torres y Gómez, político prestigioso, abogado notable, orador de elocuencia extraordinaria que, si se hubiera consolidado la República, indudablemente habría sido una de sus figuras más culminantes.

También se destacaba por sus entusiasmos, por sus energías y sobre todo por su verborrea, don Francisco Leiva Muñoz,el incansable propagandista de sus ideales, que en cualquier sitio y a cualquier hora improvisaba una tribuna para arengar a las masas y, de paso, dedicarse un autobombo.

Con las personas de nuestra ciudad que laboraban en pro del cambio de régimen siempre hallábase mezclado y confundido un joven forastero, alto, enjuto de carnes, de mirada viva y penetrante, reveladora de una gran inteligencia, de aspecto simpático.

Vestía muy modestamente, siendo elemento imprescindible de su indumentaria un largo y raido gabán, que parecía formar parte integrante de su persona, como dijo muy oportunamente el ingenioso y festivo escritor don Emilio López Dominguez.

Este joven inquieto, nervioso, rivalizaba en entusiasmo con los partidarios más acérrimos de la República, en pro de la cual daba rienda suelta frecuentemente, a su verbo cálido y fogoso, siempre al servicio de una inteligencia superior y de una imaginación volcánica.

Famoso en aquellos tiempos fue el discurso que pronunció aquí abogando por la Federación republicana andaluza.

Mostrábase enemigo de los temperamentos de templanza que se avenía mal con su carácter; él prefería la lucha en las barricadas a las negociaciones en que la diplomacia, interpusiera sus buenos oficios.

Pero no sólo encontrábase al mozo aludido en las reuniones de los revolucionarios; También se le veía frecuentemente en el paseo de San Martín, que después, ampliado y reformado fué del Gran Capitán, departiendo con las muchachas; formando parte de sus alegres corrillos.

Y si entre los políticos su voz resonaba enérgica y de su boca salían apóstrofes violentos, con las lindas cordobesas su acento era dulce, como una balada de amor, y de sus labios solo brotaban madrigales bellísimos que sonaban en los oídos de las jóvenes como una música divina.

Por eso las muchachas que acudían al Paseo de San Martín, animándolo con su incesante charla de parleras golondrinas, rifábanse, nunca mejor que ahora se puede aplicar esta palabra, al mozo de la mirada viva y penetrante, que tenía para cada una un piropo tan oportuno como delicado.

'También el forastero de quien tratamos constituía un elemento esencial, valiosísimo, de las reuniones literarias que en aquella época celebraban el barón de Fuente de Quinto, el marques de Jover y otros amantes de la gaya ciencia.

En ellas deleitaba a los concurrentes recitando de modo admirable hermosas composiciones poéticas fruto de su lozana inspiración.

Y siempre el auditorio solicitaba que repitiera, una y cien veces, pues no se cansaba de oírlo, un canto patriótico que hacía hervir la sangre provocaba el entusiasmo de las multitudes; que todo buen español sabía de memoria.

¿Quien era este hombre excepcional? Era Bernardo López García, el gran poeta jienense; el autor de las inmortales décimas al Dos de Mayo, que parecen inspiradas por los manes de Daoiz y Velarde y en las que palpitan todo el patriotismo de nuestro pueblo y toda la fiereza indomable de nuestra raza.

Por cierto que en una de las reuniones literarias aludidas un escritor festivo que no desperdiciaba la ocasión de hacer un epigrama, aunque fuese contra el mismo, improvisó los siguientes versos:

Que se oiga nacer la grama ya resulta una camama, frase propia de un guasón, pues el gran López García ha oido ¡quien lo creería! de la Patria la aflicción.

Aunque el poeta celebró la ocurrencia asegurábase que no le agradó aquella ligera crítica del primer verso de sus sonoras décimas, la única quizá de que haya sido objeto el admirable poema del Dos de Mayo.

Mayo, 1922.