Religioso trinitario y obispo de Buenos Aires | |
| Nacimiento: | 3 de septiembre de 1663 Córdoba |
|---|---|
| Fallecimiento: | 16 de diciembre de 1729 Buenos Aires, actual Argentina |
| Profesion: | Religioso |
| Actividad: | Obispo de Buenos Aires |
| Destacado: | Cordobés que gobernó una de las diócesis más extensas de la América española |
Contexto histórico | |
| Décadas: 1660 - 1670 - 1680 - 1690 - 1700 - 1710 - 1720 | |
Fray Pedro Fajardo (Córdoba, 3 de septiembre de 1663 - Buenos Aires, 16 de diciembre de 1729) fue un religioso de la Orden Trinitaria y obispo de Buenos Aires durante el primer tercio del siglo XVIII. Su trayectoria constituye una de las relaciones personales más antiguas y relevantes entre un cordobés de España y el territorio de la actual Argentina.
Formado en el ambiente conventual de la Córdoba barroca, Fajardo llegó a gobernar una diócesis americana de dimensiones extraordinarias, cuyos límites se extendían por territorios pertenecientes actualmente a Argentina y Uruguay, además de áreas relacionadas con las misiones del Paraguay. Su episcopado estuvo marcado por la reorganización territorial de la Iglesia rioplatense, la atención de las poblaciones rurales e indígenas, la reparación de templos, la formación del clero y la delimitación de las jurisdicciones eclesiásticas de Buenos Aires y Paraguay.[1]
Aunque tradicionalmente fue presentado como un prelado bondadoso pero poco favorable a la creación de nuevas parroquias, las investigaciones contemporáneas muestran una actuación mucho más compleja. Fajardo desarrolló una política diocesana adaptada a las condiciones de cada territorio: fortaleció doctrinas indígenas, ordenó levantar capillas rurales, reorganizó curatos, promovió la presencia permanente de sacerdotes y puso en marcha la creación de la parroquia de la recién fundada ciudad de Montevideo.[1]
Origen cordobés y formación religiosa (1680-1715)
Pedro Fajardo nació en la ciudad de Córdoba en la segunda mitad del siglo XVII. La investigación más reciente sitúa su nacimiento el 3 de septiembre de 1663, aunque algunas biografías anteriores ofrecen la fecha alternativa del 21 de agosto de 1664. Hasta que pueda localizarse y estudiarse directamente su partida bautismal, debe dejarse constancia de esta discrepancia documental.[1]
Ingresó muy joven en la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos, conocida como Orden Trinitaria. Tomó el hábito y realizó su profesión religiosa el 4 de febrero de 1680, cuando contaba aproximadamente dieciséis años.[2]
La Orden Trinitaria había sido fundada durante la Edad Media con la misión principal de redimir a cristianos cautivos en territorio musulmán. En la Córdoba de la Edad Moderna mantenía una importante presencia conventual y asistencial. Dentro de esta institución Fajardo recibió una sólida preparación filosófica y teológica.
Estudió Filosofía en Córdoba y posteriormente ejerció como docente en el convento trinitario de Úbeda. Desempeñó distintos cargos dentro de la provincia religiosa, entre ellos los de prior de los conventos de Úbeda y Córdoba, definidor provincial, secretario de la provincia trinitaria y examinador sinodal en la diócesis de Jaén.[2]
Esta carrera demuestra que, antes de su nombramiento episcopal, Fajardo había adquirido experiencia tanto en la enseñanza como en el gobierno interno de su orden. Su prestigio dentro de la comunidad trinitaria y su capacidad administrativa debieron influir en su elección para ocupar una de las sedes episcopales más difíciles de la Monarquía Hispánica.
Su doble nombramiento como obispo de Buenos Aires (1710-1717)
La diócesis de Buenos Aires atravesaba a comienzos del siglo XVIII una situación particularmente delicada. Tras el fallecimiento del obispo Antonio de Azcona Imberto en 1700, la sede permaneció durante años sin un prelado que pudiera ejercer personalmente sus funciones.
La ausencia de obispo tenía consecuencias graves. No había una autoridad estable que pudiera realizar visitas pastorales, ordenar nuevos sacerdotes, consagrar los santos óleos, confirmar a los fieles o resolver los conflictos jurisdiccionales de un territorio inmenso. La escasez de clérigos era especialmente acusada en las ciudades, pueblos rurales y reducciones indígenas del área rioplatense.
En 1708, el rey Felipe V presentó a Pedro Fajardo para ocupar el obispado de Buenos Aires. La designación se producía en el contexto del Patronato regio, sistema mediante el cual la Corona española proponía a los candidatos para las sedes episcopales americanas, cuya elección debía ser posteriormente confirmada por el papa.
Fajardo mostró inicialmente ciertas reticencias para aceptar el cargo. Nunca había estado en América y debía hacerse responsable de una diócesis poco conocida, pobre, escasamente poblada y afectada por importantes problemas políticos y religiosos.
Fajardo recibió autorización para viajar a América en 1710. Salió de Cádiz el 25 de marzo de ese año acompañado por varios religiosos y servidores. Sin embargo, la expedición sufrió un grave contratiempo: el barco en el que viajaba fue apresado por una escuadra neerlandesa.
El futuro obispo perdió buena parte de sus pertenencias y fue llevado hasta Lisboa, donde recuperó la libertad. Desde Portugal regresó a Andalucía a la espera de nuevas instrucciones.
La experiencia debió reforzar sus dudas sobre el nombramiento. En 1711, alegando que todavía no había recibido las correspondientes bulas pontificias, comunicó su negativa a emprender un nuevo viaje y presentó su renuncia.
Mientras tanto, el Consejo de Indias comenzó a buscar otro candidato para Buenos Aires. La compleja comunicación entre Madrid y Roma provocó, sin embargo, una situación insólita: la Santa Sede no había recibido a tiempo la noticia de la renuncia. El papa Clemente XI confirmó finalmente a Pedro Fajardo como obispo de Buenos Aires el 22 de mayo de 1713.
Ante la confirmación pontificia, Fajardo terminó aceptando definitivamente la dignidad episcopal.
Consagración y viaje por América (1715-1717)
La segunda expedición comenzó a finales de 1715. En esta ocasión Fajardo viajó acompañado por su sobrino Fernando Fajardo, el religioso trinitario Juan Gómez y varios criados.
La ruta hasta Buenos Aires fue extraordinariamente larga. Después de cruzar el Atlántico llegó a Cartagena de Indias, en la actual Colombia, donde fue consagrado obispo el 19 de enero de 1716. Posteriormente prosiguió su recorrido por distintas regiones de América del Sur y pasó por Santiago de Chile.
Desde Chile otorgó poderes para que el canónigo Juan Guerrero de Escalona tomara posesión de la diócesis en su nombre. Finalmente, después de años de nombramientos, renuncias, esperas y viajes, Pedro Fajardo llegó a Buenos Aires el 8 de marzo de 1717, 9 años después de su nombramiento, 7 años después de su primera partida y casi 1 un año y medio de su última salida.
Llegada a una ciudad afectada por la epidemia (1717)
Fajardo encontró Buenos Aires afectada por una epidemia de viruela. Durante los primeros meses no pudo iniciar la gran visita de su diócesis y tuvo que concentrarse en la asistencia espiritual de la población y en la reorganización de las instituciones eclesiásticas de la capital.
Una de sus primeras decisiones fue adquirir un coche tirado por mulas que permitiera a los sacerdotes desplazarse con mayor rapidez para asistir a los enfermos y administrar los sacramentos a los moribundos.[1]
La medida, aparentemente cotidiana, muestra el carácter práctico de su gobierno. En una ciudad de calles deficientes, población dispersa y recursos limitados, el transporte se convertía en un instrumento fundamental de atención religiosa y sanitaria.
Fajardo nombró provisor y vicario general al doctor Francisco Rebeco, estudió la situación del cabildo catedralicio e intentó cubrir las numerosas vacantes existentes. En 1720 informó a la Corona de que toda la diócesis contaba únicamente con treinta y un sacerdotes.[1]
También encontró la catedral de Buenos Aires en muy mal estado, con escasos ornamentos, partes deterioradas y un cabildo eclesiástico formado por muy pocos miembros. Durante su episcopado promovió la búsqueda de recursos para reparar el edificio, completar sus torres y asegurar la celebración del culto.
La gran visita pastoral de 1718
El 24 de abril de 1718, cuando disminuyeron los efectos de la epidemia, Fajardo emprendió una de las actuaciones fundamentales de su episcopado: la visita general de la diócesis.
El recorrido se prolongó durante más de siete meses, hasta el 30 de diciembre de 1718. Durante ese tiempo administró el sacramento de la confirmación, inspeccionó iglesias, comprobó el estado de los registros parroquiales, examinó la actuación de los religiosos y reunió información sobre la población y las necesidades de cada territorio.[1]
La diócesis de Buenos Aires abarcaba una superficie que las investigaciones estiman en cerca de dos millones de kilómetros cuadrados[3]. En ella existían apenas unas pocas ciudades de fundación española, numerosos asentamientos rurales, pueblos indígenas, misiones religiosas y extensos territorios que escapaban al control efectivo de las autoridades coloniales.
Fajardo recorrió treinta y un pueblos indígenas, veintiocho administrados por la Compañía de Jesús y tres atendidos por religiosos franciscanos. Visitó asimismo la catedral de Asunción, las iglesias principales de Corrientes y Santa Fe y distintas reducciones de las misiones guaraníes.[1]
La sede episcopal de Paraguay también llevaba muchos años vacante. Para atender aquella necesidad, Fajardo consagró óleos y campanas y ordenó a treinta y siete clérigos. Su actuación, aunque desarrollada en parte fuera de los límites precisos de su diócesis, respondió a la ausencia de otro obispo que pudiera realizar esas funciones.
Las favorables impresiones que recibió en algunas de las misiones jesuíticas quedaron reflejadas en su correspondencia. En una carta dirigida al rey llegó a afirmar, de manera seguramente retórica, que no creía que en aquellos pueblos se cometiera «ni un pecado mortal siquiera».
Santo Domingo de Soriano
Una de las intervenciones territoriales más importantes de Fajardo se produjo en la reducción de Santo Domingo de Soriano, situada en el territorio del actual Uruguay.
El asentamiento se encontraba en la isla del Vizcaíno, en una zona baja y periódicamente inundable. La tierra era tan húmeda que dificultaba tanto la construcción de una iglesia estable como el enterramiento de los fallecidos.
Con la colaboración del gobernador Bruno Mauricio de Zavala, Fajardo impulsó el traslado de la población desde la isla hasta una zona de tierra firme situada en la margen izquierda del río Negro. En el nuevo emplazamiento se levantó una iglesia que el obispo pudo inaugurar durante las celebraciones de Semana Santa, a las que, según la documentación de la época, concurrieron alrededor de dos mil personas.[1]
El traslado no tuvo únicamente una dimensión religiosa. La nueva localización ayudaba a reforzar la presencia española en un territorio disputado con Portugal y facilitaba el establecimiento de población, explotaciones ganaderas y puestos defensivos.
La organización de Montevideo (1729)
Fajardo intervino también en la primera organización religiosa de Montevideo, ciudad fundada en el contexto de la rivalidad entre España y Portugal por el dominio de la Banda Oriental.
En 1729, cuando Montevideo contaba con unas cuatrocientas personas, publicó un edicto convocando a los sacerdotes que quisieran presentarse para ocupar su parroquia. El nuevo clérigo debía ejercer simultáneamente como párroco, vicario y juez eclesiástico.[1]
Fajardo murió antes de que el procedimiento pudiera concluir y antes de que el sacerdote seleccionado tomara posesión. Sin embargo, su iniciativa constituye uno de los primeros pasos en la institucionalización religiosa permanente de Montevideo.
Su actuación desmiente la afirmación tradicional de que se oponía por principio a la creación de parroquias. Allí donde consideró que una fundación urbana y una necesidad territorial lo justificaban, promovió abiertamente el establecimiento de una nueva comunidad parroquial.
Capillas y atención de las poblaciones rurales
La dispersión de la población era uno de los mayores problemas de la diócesis. Numerosas familias vivían en estancias y chacras situadas a muchas leguas de la iglesia más próxima. Los curas de la capital difícilmente podían desplazarse con regularidad para bautizar, confesar, celebrar matrimonios o asistir a los enfermos.
Fajardo no siempre consideró viable crear parroquias completas, ya que muchas poblaciones eran demasiado pequeñas para sostener económicamente a un sacerdote. Optó, en cambio, por soluciones intermedias.
Durante su episcopado se promovieron capillas en los pagos de la Bajada, Coronda y los Arroyos. También reorganizó los curatos indígenas de Quilmes y Baradero, convocó oposiciones para cubrirlos e intentó asegurar que sus sacerdotes dispusieran de ingresos suficientes.
Esta política ha sido definida por la historiografía reciente como un régimen parroquial adaptativo o sui generis. En lugar de aplicar un único modelo, Fajardo distinguía entre ciudades, pueblos indígenas, reducciones misioneras y poblaciones rurales dispersas.[1]
Los límites con la diócesis de Paraguay (1723)
La visita de 1718 permitió a Fajardo comprobar la confusión existente entre las jurisdicciones de Buenos Aires y Paraguay. Algunos pueblos habían sido visitados indistintamente por los dos obispos y no estaba claro a cuál correspondía nombrar a sus sacerdotes.
En 1723 comunicó el problema a Felipe V y comenzó a reunir documentos antiguos conservados en los archivos eclesiásticos. Defendía la conveniencia de establecer límites claros para saber qué prelado tenía derecho a visitar cada pueblo y conceder la institución canónica de sus doctrineros.
El rey ordenó que Fajardo y el obispo del Paraguay, fray José de Palos, buscaran un acuerdo. Cada prelado nombró un árbitro jesuita: José de Insaurralde por parte de Paraguay y Anselmo de la Mata por parte de Buenos Aires.
Los árbitros estudiaron la documentación de las misiones y propusieron utilizar las vertientes de los ríos como criterio delimitador. Los territorios cuyas aguas corrían hacia el Paraná quedarían vinculados al Paraguay, mientras que los relacionados con el río Uruguay corresponderían a Buenos Aires.
El Consejo de Indias aprobó el acuerdo. La actuación de Fajardo tuvo, por tanto, una dimensión que superaba el ámbito estrictamente religioso: contribuyó a definir la organización territorial del espacio rioplatense durante el período colonial.[1]
Política religiosa y disciplina social
Como obispo, Fajardo intervino en numerosos aspectos de la vida cotidiana. Dictó disposiciones sobre la celebración de matrimonios, la administración de sacramentos y las obligaciones de los sacerdotes. También intentó combatir prácticas que la Iglesia consideraba perjudiciales, entre ellas el juego excesivo y el abuso de bebidas alcohólicas.
Mantuvo conflictos relacionados con la distribución de los diezmos y con las rentas que debían corresponder a los curas rurales y a los rectores de la catedral. En estos litigios trató de equilibrar la necesidad de sostener a los sacerdotes destinados en lugares apartados con la obligación de conservar los escasos recursos de la iglesia catedralicia.
Su gobierno no estuvo exento de tensiones. Algunos sacerdotes se resistieron a ocupar curatos pobres y alejados, donde era necesario recorrer grandes distancias a caballo y atender a poblaciones muy dispersas. Fajardo utilizó edictos, concursos, negociaciones económicas e incluso amenazas de sanción canónica para asegurar la presencia del clero.
Actividad constructiva y asistencial
Durante su episcopado se desarrolló una importante actividad constructiva en Buenos Aires. Fajardo procuró recursos para reparar la catedral y continuar sus torres, aunque el deterioro de la techumbre y la falta de fondos dificultaron continuamente las obras.
También se relaciona su gobierno con el desarrollo de la antigua iglesia de San Nicolás de Bari, levantada en el sector donde siglos después se construirían la plaza de la República y el Obelisco de Buenos Aires.
Apoyó las iniciativas asistenciales de la Hermandad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo, cuya misión principal era dar sepultura a personas pobres o abandonadas. La hermandad estaba bajo la advocación de san Miguel Arcángel y el obispo contribuyó a su culto mediante la entrega de una imagen destinada a la iglesia de San Juan Bautista.
Enfermedad y renuncias
Los largos viajes, las condiciones climáticas y las exigencias del gobierno agravaron la salud de Fajardo. Padeció fuertes dolores y ataques de gota que limitaron progresivamente su movilidad.
En 1724 presentó su renuncia al obispado alegando que sus dolencias le impedían cumplir adecuadamente sus obligaciones. El Consejo de Indias rechazó la petición. Volvió a solicitar la dimisión en 1726, pero Felipe V tampoco la aceptó.
Pese a sus enfermedades, continuó gobernando la diócesis hasta su fallecimiento.
Fallecimiento y sepultura
Fray Pedro Fajardo murió en Buenos Aires el 16 de diciembre de 1729, a los sesenta y seis años. Permanecía oficialmente al frente del obispado en el momento de su muerte.[4]
Sus restos fueron sepultados en la catedral de Buenos Aires. El gobierno provisional de la diócesis quedó en manos del canónigo José Antonio Meléndez de Figueroa hasta la designación de su sucesor, fray Juan de Arregui y Gutiérrez, quien asumió en 1731.
Fajardo dejó disposiciones testamentarias favorables al seminario diocesano, institución considerada imprescindible para formar sacerdotes nacidos en el propio territorio y reducir la dependencia de religiosos llegados desde Europa.
Valoración histórica
Durante más de una década participó directamente en la construcción institucional, religiosa y territorial de una región que acabaría formando parte de Argentina y Uruguay.
Su episcopado coincidió con el crecimiento estratégico de Buenos Aires, la expansión de las poblaciones rurales, la consolidación de las misiones guaraníes y la disputa entre las monarquías española y portuguesa por el control de la Banda Oriental.
La historiografía eclesiástica tradicional destacó su bondad personal, su prudencia y su voluntad de evitar las luchas políticas locales. La investigación contemporánea ha añadido otra dimensión: Fajardo fue también un organizador territorial que utilizó visitas, capillas, curatos, doctrinas y parroquias como instrumentos para hacer efectiva la presencia episcopal en un espacio inmenso y de fronteras todavía imprecisas.[1]
Su figura permanece, sin embargo, escasamente conocida en su ciudad natal. La recuperación de su biografía permite incorporar a la historia de Córdoba la trayectoria de uno de sus hijos que alcanzó mayor responsabilidad en la América española durante el siglo XVIII.
Cronología
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 3 de septiembre de 1663 | Nacimiento de Pedro Fajardo en Córdoba, según la investigación académica más reciente. |
| 4 de febrero de 1680 | Profesión religiosa en la Orden Trinitaria. |
| 1708 | Presentación por Felipe V para ocupar el obispado de Buenos Aires. |
| 25 de marzo de 1710 | Salida de Cádiz en su primer intento de viajar a América. |
| 1710 | El navío es capturado por una escuadra neerlandesa. Fajardo es liberado en Lisboa y regresa a Andalucía. |
| 1711 | Presenta inicialmente su renuncia al obispado. |
| 22 de mayo de 1713 | Confirmación pontificia de su nombramiento como obispo de Buenos Aires. |
| 19 de enero de 1716 | Consagración episcopal en Cartagena de Indias. |
| 8 de marzo de 1717 | Llegada a Buenos Aires, afectada por una epidemia de viruela. |
| 24 de abril de 1718 | Inicio de su gran visita pastoral por la diócesis y las misiones. |
| 30 de diciembre de 1718 | Finalización de la visita después de recorrer treinta y un pueblos indígenas, Asunción, Corrientes y Santa Fe. |
| 1723 | Inicio del procedimiento para delimitar las diócesis de Buenos Aires y Paraguay. |
| 1724 | Primera petición de renuncia por motivos de salud. |
| 1726 | Segunda petición de renuncia, nuevamente rechazada. |
| 1729 | Convocatoria para dotar de párroco y vicario a la ciudad de Montevideo. |
| 16 de diciembre de 1729 | Fallecimiento y sepultura en la catedral de Buenos Aires. |
Bibliografía
- Aliaga Asensio, Pedro: «Fray Pedro Fajardo, obispo de Buenos Aires. Notas para una biografía», Trinitarium: revista de historia y espiritualidad trinitaria, número 21, 2012, páginas 313-322.[5]
- Bruno, Cayetano: Historia de la Iglesia en Argentina, tomo IV, Buenos Aires, Editorial Don Bosco, 1966.
- Moriconi, Miriam: «Política parroquial sin erección de parroquias. El obispado de Pedro Fajardo en la diócesis de Buenos Aires, 1717-1729», Trabajos y Comunicaciones, número 57, Universidad Nacional de La Plata, 2023.
- Pastells, Pablo: Historia de la Compañía de Jesús en la provincia del Paraguay según los documentos originales del Archivo General de Indias, volumen VI, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1946.
Referencias
- ↑ 1,00 1,01 1,02 1,03 1,04 1,05 1,06 1,07 1,08 1,09 1,10 1,11 Miriam Moriconi, «Política parroquial sin erección de parroquias. El obispado de Pedro Fajardo en la diócesis de Buenos Aires, 1717-1729», Trabajos y Comunicaciones, número 57, Universidad Nacional de La Plata, 2023.
- ↑ 2,0 2,1 Real Academia de la Historia, «Pedro Fajardo», Historia Hispánica.
- ↑ Aproximadamente 4 veces el tamaño de España
- ↑ Arzobispado de Buenos Aires, «Obispos y arzobispos de Buenos Aires».
- ↑ Fundación Dialnet, «Fray Pedro Fajardo, obispo de Buenos Aires. Notas para una biografía».
Enlaces externos
- Biografía de Pedro Fajardo en la Real Academia de la Historia
- Estudio sobre el obispado de Pedro Fajardo, Universidad Nacional de La Plata
- Relación histórica de obispos y arzobispos de Buenos Aires
- Política parroquial sin erección de parroquias. El obispado de Pedro Fajardo en la diócesis de Buenos Aires, 1717-1729"
