La industria lencera en Córdoba a fines del siglo XV constituía uno de los sectores más consolidados de la actividad textil urbana.
La lencería —fabricación de lienzos, es decir, textiles elaborados con fibras vegetales como el lino, el cáñamo y el algodón— ha sido tradicionalmente marginada en los estudios de historia de la industria textil pese a tener en la ciudad de Córdoba una importancia fundamental.
Aunque el mayor volumen de producción textil bajomedieval se basaba en la lana, las fibras vegetales se utilizaban profusamente, superando incluso a la lana en la confección de determinadas prendas y en sectores como el de la cordelería. El trabajo del lino, el algodón y la estopa, así como la producción de fustanes —mezcla de lino y algodón empleada en la fabricación de jubones—, estaba en abierto auge en la ciudad a fines del siglo XV, lo que indica que su elaboración debió de iniciarse con bastante anterioridad a esa fecha.[1]
Producción y distribución de las materias textiles vegetales
El lino
Durante el siglo XV, el lino utilizado en la industria textil cordobesa se cultivaba en parte en ciertas zonas de la provincia y en huertas cercanas a la propia ciudad. La producción de lino y cáñamo de Priego de Córdoba, que constituía una de las bases de su actividad agraria, se vendía en la capital. Los cultivos documentados en las inmediaciones de la ciudad parecen tener carácter experimental, como si se estuviera procediendo a la aclimatación de estas plantas en relación con el auge que su utilización estaba adquiriendo en la industria textil local.
El lino no abundaba demasiado en la Córdoba del siglo XV y el existente no era de calidad óptima, por lo que la mayoría de los contratos de compra están firmados por lineros de la ciudad que adquirían el producto a particulares de otras zonas. La forma más usual de adquisición era el acuerdo entre lineros mediante la organización de compañías. En 1498 y 1499, varios lineros cordobeses acordaron formar consorcios para comprar lino en determinados lugares, traerlo a la ciudad, repartirlo a partes iguales y comercializarlo entre los artesanos interesados.
Los acuerdos más importantes fueron suscritos por mudéjares vecinos de la ciudad de Ávila con lineros cordobeses. Los mudéjares abulenses más activos en el comercio cordobés fueron Abdalla Redondo, Abdalla Bermejo, Alí Almasí y Juan de Piedrahíta, quienes solo en el año 1497 suscribieron hasta tres acuerdos diferentes con Pedro Martínez de la Hinojosa, linero vecino de la collación de San Andrés, el más importante y activo de los lineros cordobeses de fines del siglo XV.
El denominado «lino de Castilla» era el más apreciado en Córdoba, posiblemente por sus cualidades textiles: era traído en cargas de doce arrobas y debía ser claro, limpio, fino y largo, según especifican los contratos. La presencia mudéjar abulense en este comercio revela que la comarca de Ávila era una zona de amplio cultivo del lino y que era esta población quien controlaba su proceso de distribución.
El cáñamo
Sobre el cáñamo, obtenido fundamentalmente de la planta cannabis sativa, se dispone de noticias mucho menos concretas. Aunque se cultivó en Córdoba y su término durante la época, no se ha hallado entre los protocolos notariales de la última década del siglo XV ningún contrato de compraventa, por lo que se ignora de dónde se surtían los artesanos cordobeses que lo trabajaban. Fue mucho menos utilizado que el lino, aunque su empleo está perfectamente documentado a través de su uso por parte de los cordoneros —en cuerdas, cinchas— y de las abundantes referencias a tejidos de cañamazo y estopa de cáñamo.
El algodón
La región andaluza fue una zona de gran producción algodonera desde los tiempos del Califato; en el siglo XV su área de cultivo se extendía a lo largo del valle del Guadalquivir, desde Jaén a Cádiz. Córdoba, y más concretamente las tierras cercanas a la ciudad, conocieron en la época un auge considerable del cultivo algodonero, del cual se abastecía la industria textil. El proceso de adquisición y tratamiento estaba en manos de los llamados algodoneros, que compraban el algodón en los lugares de venta del valle del Guadalquivir o en la ciudad, a forasteros que venían a vender sus productos.
Tratamiento de las fibras vegetales
Preparación del lino y el cáñamo
El proceso de preparación de estas fibras antes de su introducción en el telar comprendía los pasos siguientes:
| Fase | Operación | Descripción |
|---|---|---|
| 1 | Cardado | Eliminación de semillas y hojas de los tallos mediante golpeado. |
| 2 | Enriado | Inmersión de los tallos en agua para reblandecer la corteza leñosa y liberar la goma que mantiene unidas las fibras. |
| 3 | Enjugado | Secado de los tallos escurridos en campos destinados a tal propósito cercanos a la ciudad, como los documentados en el campo de Alvacar. |
| 4 | Espadado | Machacado del tejido leñoso con la espadilla para soltar las fibras, perdiendo el tamo o pelusa y desprendiendo una estopa gruesa llamada tasco. |
| 5 | Rastrillado o agramado | Paso repetido del rastrillo —tabla con dientes de alambre grueso— para limpiar la fibra de arista y estopa y disponer paralelamente las más largas. |
| 6 | Hilatura | Estirado y torsión de las fibras en hilo continuo mediante huso, rueca o torno de hilar. |
| 7 | Urdidura | Preparación de los hilos para la urdimbre del telar mediante la urdidera. |
Del rastrillado del cáñamo se obtenían tres materiales de calidad creciente: la estopa, el medio cerro (o estopa de canales, procedente del cáñamo de erizadura) y el cerro. Las ordenanzas municipales prohibían totalmente mezclar en las obras estopa con cerro y establecían que se distinguiera entre las tres variedades en el momento de la venta.[2]
Preparación de la fibra de algodón
Las técnicas de tratamiento del algodón se introdujeron en Europa durante los siglos XI y XII a partir del contacto con el mundo islámico, lo que se hizo notar especialmente en la Península Ibérica. El proceso comprendía la maceración de la fibra para separarla del tallo —realizada en Europa con la churka, instrumento de dos rodillos estriados movidos por manivela, no documentado en Córdoba—, el vareado o batidura de los copos para abrir las fibras y eliminar impurezas, el cardado paralelo entre dos tablas con dientes de metal, la hilatura con torsión para dar resistencia y elasticidad, y la urdidura.
Instrumentos del hilado y la urdidura
La hilatura se realizaba mediante el torno de hilar, maquinaria que revolucionó esta operación al ser introducida en la industria textil en los últimos siglos de la Edad Media: mecanizaba el principio del huso y la tortera, permitiendo hilar y devanar simultáneamente, y supuso un incremento de la productividad del trabajo de hasta tres veces respecto a la rueca y el huso tradicionales. Cuando no se empleaba el torno, el devanado se efectuaba en las devanaderas, armazones de listones de madera cruzados que giraban alrededor de un eje vertical.
La urdidera constituye una de las innovaciones técnicas más importantes de la Baja Edad Media en el proceso manufacturero textil. Consistía en dos postes verticales unidos mediante barras a intervalos regulares, en los que los trabajadores enrollaban en zigzag grupos de hilos procedentes de bobinas, formando haces que se introducían en las urdimbres de los telares. Los hilos de la trama se enrollaban en canillas colocadas en el interior de la lanzadera. Estos útiles se encontraban tanto en manos de particulares especializados como de artesanos del ramo, y se alquilaban e intercambiaban entre ellos, por lo que el proceso productivo se hallaba muy diversificado a este nivel.
Textura y apresto de los lienzos
El gremio de los tejedores de lienzos constituía, junto al de los tejedores de paños, el más importante de los existentes entre los tejedores cordobeses del siglo XV. Junto a los tejedores de lienzos —de lino, cáñamo o estopa— estaban los fustaneros o tejedores de algodón, particularmente del tejido denominado fustán. Los maestros tejedores podían ejercer indistintamente tales oficios.
La textura se iniciaba con el montaje de la cadena —los hilos de urdimbre tensados en el telar y sujetos mediante los lizos—, seguida de las pasadas del hilo de trama mediante la lanzadera y el apretado del tejido con el peine. Existían dos modelos principales de telar: el de alto lizo, con los hilos de urdimbre en vertical, y el de bajo lizo, horizontal y con lizos movidos mediante pedales, que era el más frecuente.
Una vez tejidas, las piezas seguían un proceso de curación o aderezo absolutamente diferente al de los tejidos de lana, en manos de particulares que efectuaban el trabajo por jornales y mayoritariamente mujeres: las llamadas curadoras o curanderas —nunca aparece mención a mano de obra masculina— curaban los lienzos y fustanes en sus propios domicilios. El proceso comprendía:
- El blanqueo del hilo o lienzo en una lejía de cenizas de madera, con secado al sol durante varias semanas en los meses de verano; en Córdoba, las ventajas de radiación solar permitirían reducir el secado a cuatro o cinco semanas.
- La tintura, siempre tras el blanqueo y con la fibra completamente seca; el gremio de fustaneros cordobés no contaba con tintoreros propios y daba a teñir sus obras a los tintoreros de la ciudad.
- Un nuevo lavado, alargamiento y secado en tiradores.
- El cardaje y el tundido, de carácter opcional.
- El prensado final del lienzo mediante bloques de madera para dejarlo suave y lustroso.
Completaba el ciclo la figura de las lianderas, encargadas de doblar convenientemente los lienzos, dejándolos plegados o enrollados para su comercialización. El sector empleaba más que ningún otro mano de obra no especializada y fundamentalmente femenina, que participaba en estos procesos como actividad colateral a cambio de jornales nunca muy altos.
El empleo de la lencería en la confección
La mayoría de los lienzos trabajados en la ciudad eran elaborados en ella misma, siendo común la denominación «lienzo de Córdoba». También se trabajaba con lienzos de regiones exteriores, entre los que destacaba el llamado «lienzo de naval» o «de Bretaña».
En el sector de la indumentaria, los lienzos se utilizaban abundantemente para la confección de jubones —la mayoría de fustán—, calzas, sayos y camisas; las camisas de calidad se hacían de lienzo delgado o de naval, y las de mayor lujo de holanda. Una camisa nueva de lienzo corriente costaba unos 400 maravedíes; de lienzo delgado, 700-800; y una de calidad con orillos y mangas de holanda, 1.300.
Donde la lencería predominaba de forma evidente era en los artículos textiles para el hogar: colchones de estopa o lino, sábanas, almohadas, colchas de algodón combinado con lienzo, almadraques, jergas, pañuelos de mesa, manteles, maseras, fruteros y hazalejas.
Por último, el uso de la fibra vegetal era casi exclusivo en la cordelería: los cordoneros elaboraban cordeles, hilos y cuerdas de cáñamo o esparto, incluido el hilo con que cosían los zapateros de la ciudad —que debía ser de cáñamo erizado hilado a la rueca—, el hilo de bramante, las maromas, las cinchas y las alpargatas.
Valoración
Aunque menos importante que el sector lanero, el de la lencería estaba incluso más diversificado que aquél y era enormemente superior al de la seda trabajada en la ciudad, representando un peso importantísimo en el conjunto de la industria textil cordobesa que nunca se ha valorado debidamente.
Bibliografía
- Córdoba de la Llave, Ricardo: "La industria lencera en Córdoba a fines del siglo XV: características técnicas", Ifigea, III-IV (1986-87), Departamento de Historia Medieval, Universidad de Córdoba, pp. 109-125.
- Iradiel Murugarren, P.: Evolución de la industria textil castellana en los siglos XIII-XVI, Salamanca, 1974.
- Fortea Pérez, J. I.: Córdoba en el siglo XVI. Las bases demográficas y económicas de una expansión urbana, Córdoba, 1980.
- Mazzaoui, M. F.: The Italian Cotton Industry in the Later Middle Ages (1100-1600), Cambridge, 1981.
Referencias
- ↑ Córdoba de la Llave, Ricardo (1986-87): "La industria lencera en Córdoba a fines del siglo XV: características técnicas", en Ifigea, III-IV, Departamento de Historia Medieval, Universidad de Córdoba, pp. 109-125.
- ↑ Archivo Municipal de Córdoba, Libro de Ordenanzas, 1.º, Ordenanzas de cordoneros, 1496, cap. 3.º, f. 87v.
