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La "Plancha" De Un Gobernador (Notas cordobesas)

De Cordobapedia


La "Plancha" De Un Gobernador es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Pocas planchas han obtenido tanta popularidad, han sido objeto de tantos comentarios y se ha contado tantas veces como la de aquel famoso gobernador de Granada que, al ver una aurora boreal se apresuró a telegrafiar al Ministro de la Gobernación en estos términos: "En este momento, dos de la madrugada, se ha presentado un fenómeno consistente en una luz roja vivísima que ilumina todo el espacio. Dígame que debo hacer", despacho al que contestó el Ministro con este otro, conciso y terminante: "Cuando se presenta ese fenómeno, que se llama aurora boreal, lo que tiene que hacer un gobernador es presentar la dimisión".

Pues bien, otra primera autoridad civil de la provincia de Córdoba cometió hace ya muchos años una pifia análoga, sino mayor, a la de su colega de Granada y, sin embargo, ni se le ordenó que dimitiera ni obtuvo la triste celebridad que aquel.

Nuestro hombre, por su tipo, semejábase algo al inmortal gobernante de la Insula Barataria; como él era de corta estatura, de abultado abdomen, de aspecto vulgar.

Diferenciábase únicamente de Sancho Panza en que usaba patillas y, más que en este detalle en que nunca tuvo en sus funciones gubernativas rasgos de ingenio como, por ejemplo, el que ocurriera al escudero de Don Quijote cuando fué la moza a pedirle justicia porque había sido mancillado su honor.

Los paisanos de este Poncio, hijo de las montañas de Asturias, conocíanle por el remoquete de el diputado jamones pues aseguraban que cuando algún vecino del distrito de que era representante en cortes acudía a pedirle un favor él le contestaba invariablemente: está bien: mándeme un par de jamones y todo se arreglará a su gusto.

Al poca tiempo de tener a su cargo el mando de nuestra provincia, muy a disgusto de toda ella, empezó a actuar en el Teatro Principal una compañía cómico-lírica.

Formábanla artistas muy aceptables, y, tanto por esta circunstancia, como por las de tener un repertorio variadísimo y celebrar funciones por horas, novedad que implantara el notable actor Perico Ruiz de Arana, numerosísimo público invadía diariamente el popular coliseo de la calle de Ambrosio de Morales.

Entre los concurrentes a las secciones segunda y tercera jamás faltaba la flamante primera autoridad de la provincia.

Una noche la compañía anunció el estreno de la zarzuela ¡A ti suspiramos!

En esta obra, como en otras muchas del repertorio antiguo, algunos de sus intérpretes se sitúan entre los espectadores y, desde sus localidades, sostienen parlamento con los actores que se hallan en la escena.

Hay un vivo diálogo entre un artista que está en el proscenio y otro que ocupa una butaca; un tercero que se situa en las gradas del paraíso manda callar al de la butaca,, este le contesta que no quiere, ambos se insultan, el de arriba amenaza al de abajo con mascarle la nuez y entonces aparecen en el palco escénico, desde él descienden al patio y se dirigen a las gradas dos polizontes de guardorropía con tremendos bigotes, narices inverosímiles y grotesca indumentaria.

Notar el gobernador la simulada bronca y descomponérsele los nervios todo fué uno.

¿Qué iba a ocurrir allí si la emprendían a tiros o puñaladas aquellos imprudentes espectadores?

Rápidamente salió del palco llamando con desaforados gritos al inspector del cuerpo de Vigilancia; acudió éste y el Poncio le ordenó que sin pérdida de momento subiera al gallinero a detener al individuo que había producido el escándalo; el agente de la autoridad intentó advertir al exdiputado jamone s que padecía un error, pero aquel, en tono imperioso, le mandó que cumpliera la orden sin replicar palabra.

El pobre inspector subió en busca del cómico para detenerlo; el artista protestó enérgicamente contra aquella arbitrariedad; los espectadores diéronse cuenta de lo ocurrido y en todo el teatro estalló una silba ensordecedora, imponente, en obsequio de la primera autoridad de la provincia, a la que se unían estrepitosas carcajadas de burla.

El autor de la plancha tuvo que abandonar el teatro más corrido que una mona.

Como circunstancia agravante consignaremos que la obra esta escrita en verso y los personajes que intervienen en la contienda se insultan en fáciles y sonoras redondillas.

Al día siguiente a la noche del suceso tuvo que leer el periódico local El Adalid , enemigo político de la fracasada autoridad.

Con el gracejo y la ironía que caracterizaba a los hermanos Valdelomar narró y comentó la pifia del ignorante Poncio de la Insula cordobesa, estremando la nota ridícula cuanto le fue posible:

Aquel día, por una excepción, el popular diario romerista se vendió por las calles y en pocas horas, agotóse un número de ejemplares muy crecido.

No paró en esto la broma de El Adalid ; cotidianamente, durante mucho tiempo, estuvo dedicando su saladísima sección denominada "Palique", al Diputado jamones , a quien sustituyó este remoquete por el de Planchifredo II , para recordarle sin cesar la cómica escena del teatro.

La zarzuela ¡A ti suspiramos! que, sin el incidente ferido sólo hubiera durado cuatro o cinco noches en carteles, fue un riquísimo filón para la compañía a la que permitió permanecer en Córdoba algunos meses.

En los días festivos se representaba la afortunada obra tres veces, una por la tarde y dos por la noche, siempre ante un público numerosísimo.

Y, cuando al llegar la escena de la bronca una chula, poniéndose la mano cenada ante la boca como si fuese a hablar por teléfono, exclamaba:

"que le avisen por el hilo

al señor gobernador".

los espectadores prorrumpían en un aplauso cerrado y en una carcajada unánime.

El lector supondrá que el Diputado jamones o Planchifredo II, ya que no presentó la dimisión no volvería a pisar el teatro; pues bien, se equivoca de medio a medio si así lo cree.

El emulo del famoso gobernador de la aurora boreal no faltaba ni una noche al ya desaparecido coliseo, el cual abandonaba cuando iba a comenzar la representación de ¡A tí suspiramos!

De este modo conseguía que el público se fijara más en él y no olvidase la plancha.

Mayo, 1990.