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La Plaza De Capuchinos (Notas cordobesas)

De Cordobapedia


La Plaza De Capuchinos es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Es uno de los lugares más típicos de nuestra ciudad y que mejor evocan los recuerdos del pasado; si alguien osara despojarlo de su carácter merecería la pena que un gran rey declaró que hubiera impuesto á los autores de las monstruosidades realizadas en la Mezquita cordobesa para convertirla en templo cristiano.

Ese paraje habla al espíritu y la persona que por primera vez lo visita siente una impresión profunda; cree hallarse, de súbito, en uno de los rincones de la España pintoresca del siglo XVI.

Aquel Crucifijo de piedra que se levanta en el centro de la plaza, rodeado de faroles los cuales en vez de la luz de gas reclaman la candileja de aceite, tiene un encanto inexplicable, lo mismo para el hombre de acendradas creencias religiosas que para el más indiferente.

Y la fachada del Convento de Capuchinos, de arquitectura sencillísima, con su escalinata, sus claros estrechos y largos, su hornacina y su remate triangular coronado por la Cruz, así como los altos muros del hospital próximo, completan la admirable decoración de dicho lugar, en el que solo desentona del conjunto la pared de la izquierda que está exigiendo una modificación adecuada al paraje.

Al pasar por allí, á las altas horas de la noche, se ven con los ojos de la imaginación la ronda del Santo Oficio y la de pan y huevo, los corchetes, la dueña misteriosa y hasta parece que se escucha la sentencia terrible:

Hombre que pecando estás

en este momento, advierte

no te sorprenda la muerte

conque crispaba los nervios de la persona más atrevida otra ronda inolvidable: la del pecado mortal.

La plaza de Capuchinos, para conservar en toda su integridad el sello de la antigua Córdoba, es la única vía de nuestra población donde aun nace y crece la yerba como en fértil campo.

Y no es por falta de tránsito, pues centenares de fieles van todos los días á visitar á la Virgen de los Dolores y, especialmente, los viernes, casi todo el pueblo desfila por la iglesia de la bendita Madre de los desamparados.

Aún durante las mayores aglomeraciones de gente reina allí un silencio solemne y augusto, porque el lugar invita al recogimiento y á la meditación.

Solo se escuchan el dulce murmullo de las plegarias y las voces lastimeras de los mendigos que, sentados en larga fila delante de la fachada del templo, demandan el óbolo de la caridad.

Unicamente hay un día en el año en que turban esa calma verdaderas explosiones de fervor religioso traducidas en el cantar más sentido que produjo la inspiración popular: la saeta.

Tal día es el Viernes Santo: cuando la hermosa imagen de la Virgen torna á su iglesia, después de la procesión, un inmenso gentío la acompaña y despídela en las puertas del santuario lanzando al viento innumerables saetas, cuyas notas, al perderse, dejan como una estela de amarga poesía.

Los alrededores de la plaza de Capuchinos resultan dignos de ella: demostrándolo están la cuesta del Bailío y la casa que le da nombre con su soberbia portada plateresca, edificio donde un médico artista ha hecho una admirable reproducción de la capilla del Mirah.

Vista desde el agiméz de este primoroso recinto la huerta del convento próximo, merced al gran desnivel del suelo, parece uno de los fantásticos jardines colgantes de Nínive y Babilonia de que nos hablan los historiadores.

Más de una vez, en nuestro vagar sin rumbo por la población de los tesoros inmensos, nos detuvimos en la plaza más bonita y clásica de Córdoba y al oir los ayes entrecortados de los enfermos acogidos en el hospital de los Dolores exclamamos en voz muy baja para que nadie nos oyera: ¡felices ellos en medio de su desgracia, porque la caridad les albergó en este asilo, frente á la angustiada Madre cuyos divinos ojos, nublados por el llanto, les dirigen sin cesar miradas de inefable dulzura; muy cerca del Cristo que abre los brazos para estrechar á la humanidad y próximos á la Cruz que indica el camino de las venturas eternas abierto para los justos al borde de la tumba.