La curación prodigiosa del Hospital Provincial de Agudos fue un hecho ocurrido en el otoño de 1957 en el Hospital Provincial de Agudos de Córdoba que causó notable repercusión en la ciudad. Un paciente ingresado con parálisis progresiva, que se declaraba enemigo de la religión y había rehusado reiteradamente los auxilios espirituales, experimentó una mejoría repentina tras aceptar un escapulario de manos de las religiosas del centro. El suceso fue recogido por el diario Córdoba en dos días consecutivos y motivó declaraciones públicas del médico que lo trató.
El paciente y su situación
Hacía algún tiempo había ingresado en el Hospital Provincial de Agudos un individuo que sufría parálisis progresiva. El enfermo había cumplido penas en un presidio por determinados delitos, se declaraba enemigo de la Religión y en diversas ocasiones había rehusado aceptar los ofrecimientos para prepararse a recibir los auxilios espirituales.
El capellán y las monjas trataron por todos los medios de persuasión convencerle, pero no lo lograron. La parálisis progresaba de modo alarmante, impidiéndole moverse.[1]
Los hechos
Hace unas noches, las monjas pudieron al fin conseguir que el enfermo se colocase un escapulario de la Virgen Milagrosa. Aquella madrugada, el enfermo se sintió repentinamente mejorado. Alborozado, se echó de la cama y comprobó que estaba curado y que podía andar perfectamente. Corrió a la capilla y, arrodillado, dio gracias a Dios por la curación.
El hecho produjo en la sala donde se encontraba encamado una honda emoción. Monjas, personal sanitario y no pocos enfermos acudieron a la capilla a rezar. En el hospital el suceso fue acogido con el máximo júbilo, porque la conversión del paciente había sido espontánea y fervorosa.[2]
El diario Córdoba, que recogió la noticia con cautela —«no queremos entrar en más detalles acerca de este hecho, y solo recogemos la referencia de lo ocurrido»— señalaba que la curación «desde el punto de vista científico se consideraba imposible, por lo menos con la rapidez con que se ha operado».[3]
La opinión del médico
Al día siguiente, el diario Córdoba publicó las declaraciones del médico del hospital que había tratado al paciente. El doctor fue entrevistado en la sala número 11 del centro, donde se encontraba de guardia.
El doctor Ortega declaró: «Yo creo, sinceramente, que no se ha operado una acción sobrenatural. Hay que creerlo así, pues el propio interesado dice que aquella madrugada sintió que le desaparecía la hinchazón del vientre, hormigueos en las extremidades inferiores, sensación de frialdad al contacto de los pies con el pavimento... y por fin echó a andar».
Al ser interrogado por la enfermedad que padecía, explicó: «Una paresia espasódica de las extremidades inferiores y exaltación de los reflejos tendinosos. El padecimiento databa de tres años», y añadió que había tardado mucho tiempo en tratar casos similares. Afirmó que en algunos había conseguido mejorías que atribuía «a tratamientos e inyecciones», aunque reconociendo la singularidad del caso presente.[4]
El diario recogió también la perspectiva religiosa, citando la opinión del doctor Valenzuela Terroba, capellán del hospital: «Se trata de un caso de acción sobrenatural», a cuyo cargo estaba, desde hacía veinte años, la atención de la catequesis cerca del enfermo que no había encontrado. El capellán había iniciado la búsqueda espiritual del paciente y, tras el hecho, la noticia trascendió a la calle corriendo, según el diario, «en cuarentena, hasta cerciorarse de su autenticidad».
Repercusión en la ciudad
La reacción producida en toda la población doliente del establecimiento, según el diario, «no ha podido ser más saludable». El suceso se comentaba en toda Córdoba «con fe y alegría». La noticia trascendió a la calle con rapidez y fue objeto de conversación generalizada, aunque el diario señalaba que se extendió «en cuarentena, hasta cerciorarse de su autenticidad», lo que da cuenta de la cautela con que también parte de la opinión pública recibió el relato.
El diario interpretaba el hecho como «fruto de la admirable labor espiritual que por el capellán y las hermanas religiosas, se lleva a cabo cerca de todos y cada uno de los acogidos, al mismo tiempo que se entrega a la tarea abnegada de asistirlos con el máximo celo y sin reparar en sacrificios».[5]
Contexto histórico
El suceso se inscribe en el contexto de la religiosidad popular de la Córdoba de los años cincuenta, en un período en que la Iglesia católica mantenía una presencia institucional intensa en los centros sanitarios públicos a través de capellanes y comunidades religiosas. El Hospital Provincial de Agudos contaba con capilla propia, capellán residente y religiosas de la Caridad a cargo de la asistencia espiritual de los enfermos. La convivencia entre la práctica médica y la interpretación sobrenatural de ciertos fenómenos era habitual en la prensa de la época, reflejo de la cultura religiosa dominante en la sociedad española del franquismo.
Fuentes
- Diario Córdoba, 1 de noviembre de 1957: «Curación prodigiosa».
- Diario Córdoba, 2 de noviembre de 1957: «El paralítico que sanó repentinamente en el Hospital Provincial. "Se trata de un caso de acción sobrenatural", opina el doctor Valenzuela Terroba».
