El incendio del chozo de Cerro Muriano fue una tragedia ocurrida el 22 de diciembre de 1954 en las proximidades de Cerro Muriano, en el término municipal de Córdoba, cuando el fuego destruyó por completo el chozo en que vivía el matrimonio formado por Francisco Barea Rodríguez y Joaquina Calero Trenado, con sus tres hijos de corta edad. Dos niños murieron carbonizados y una niña sufrió graves quemaduras. El suceso conmovió profundamente a Córdoba y generó una intensa campaña de solidaridad ciudadana que se prolongó durante meses.
La familia
Francisco Barea Rodríguez y Joaquina Calero Trenado vivían en un chozo construido con troncos y ramajes situado en los alrededores de Cerro Muriano, en la finca del Rosal, en Trassierra. Era una familia humilde que trabajaba en la penosa tarea de hacer picón. El chozo, levantado por el propio Francisco, constituía su único hogar.[1]
El incendio
El mismo día en que la familia se disponía a habitarlo, mientras la mujer fue al Rosal por algunos de los muebles que allí tenían, Francisco encendió una lumbre a la entrada del chozo para que los chicos se calentaran y para hacer alguna comida. Hizo una cama al más pequeño, de dos meses, y al otro de dos años, y se marchó de allí. El mayor, de cuatro años, se metió en torno del fuego. Al alejarse sintió un ruido como de quemarse algo. Volvió la cara y vio horrorizado que estaba ardiendo el chozo.
Desesperado, trató de salvar a sus hijos, consiguiendo tan solo retirar de la hoguera a la niña de dos años Antonia Barea Calero. Las otras dos criaturas, de un mes y cuatro años respectivamente, quedaron carbonizadas. El incendio se debió, según parece, a que en aquellas cercanías se estaban quemando unos rastrojos y una ráfaga de aire impulsó el fuego hasta dentro del chozo.[2]
La niña Antonia Barea fue traída a Córdoba, ingresando en la Casa de Socorro, donde se le apreciaron quemaduras de primero y segundo grado en diferentes partes del cuerpo. En grave estado fue trasladada al Hospital Provincial.
Repercusión en Córdoba
La tragedia causó impresión dolorosa en Córdoba. Los padres, además de perder a los pequeños, quedaron sin vivienda y sin enseres. El fuego destruyó el modesto hogar. El presidente de la Diputación Provincial fue el primero que acudió en socorro de los damnificados, proporcionándoles ropas y algunos enseres e interesándose por procurarles vivienda. La ciudad respondió generosamente.[3]
El diario Córdoba calificó el suceso de «percance terrible que puso una sombra de tristeza en la perspectiva navideña» e instó a los lectores a contribuir a ayudar a esta familia: «Es preciso que procuremos aliviar, en lo posible, la aflictiva situación de estos seres, dos de los cuales continúan encamados al lado del Hospital de Agudos».
La campaña de solidaridad
El diario Córdoba abrió una suscripción pública en favor de la familia. En los primeros días de enero de 1955, el periódico informaba de que habían llegado las primeras aportaciones palpitantes del sentimiento caritativo ciudadano. El 4 de enero se publicó un balance de los donativos recibidos y se agradeció públicamente a los donantes.
Una señora que ocultó su nombre entregó en la Administración del periódico 500 pesetas con destino a dicho matrimonio. También se comunicó que para dicha familia se ofrecían unos muebles en la calle Mayor de Santa Marina número 5, a donde podían recogerlos de tres a siete de la tarde. El ilusionista y fakir «Kaniska» se dirigió al periódico en una carta en la que se ofrecía para actuar en un festival que se organizara a beneficio de los damnificados.[4]
El 4 de enero de 1955 el presidente de la Diputación Provincial, don Joaquín Gisbert Luna, en su visita a los centros benéficos durante la Navidad, se interesó por la situación de la familia y proporcionó ropas y algunos enseres. Los tres recibieron con entusiasmo la aprobación de su gestión por todos los asambleístas.
El estado de la familia en enero de 1955
El 22 de enero de 1955, el diario Córdoba visitó en el Hospital de Agudos al matrimonio Francisco Barea Rodríguez y Joaquina Calero Tirado, padres de los infortunados niños. La niña superviviente, de dos años, continuaba en cura. El reportero acarició al pequeño —el único hijo que les quedaba— y dialogó con el padre sobre las trágicas circunstancias del siniestro.
Francisco Barea, emocionado, relató cómo ocurrió el incendio y cómo intentó salvar a sus hijos. La conversación fue recogida por el diario con la fotografía de los padres y el niño superviviente en el hospital, bajo el título «Un momento patético mientras dialogamos sobre el incendio».[5]
El realojamiento y el balance final
A comienzos de marzo de 1955, la familia había abandonado el Hospital Provincial. Se les gestionó una casa en el barrio de Fray Albino. Antes de que se vieran en la calle, habían tenido alojamiento benévolo en el establecimiento provincial, donde fueron curados de sus lesiones. Durante su estancia en el hospital, la familia había recibido diversos donativos, uno de ellos por valor de 5.000 pesetas.
La cantidad total recogida en favor de la familia ascendió a 12.333 pesetas: 7.133 pesetas recogidas por el periódico, que sumadas a las 5.200 entregadas directamente en el Hospital, hacían un total de 12.333 pesetas. La cantidad fue recogida en favor de las víctimas del trágico accidente registrado en las proximidades de la Navidad.[6]
El diario Córdoba subrayó el valor moral de la respuesta ciudadana: «El ejemplo dado por la ciudad en este suceso, y que ha demostrado que la caridad oficial no ha dejado de ser una cosa fría y formularia como en otros tiempos, merece destacarse».
Contexto social
El incendio del chozo de Cerro Muriano es un documento de la pobreza extrema que existía en los alrededores de Córdoba a mediados del siglo XX. La familia Barea-Calero vivía en un chozo construido con troncos y ramajes —sin agua corriente, sin electricidad, sin ninguna protección ante el fuego— en la finca del Rosal, en Trassierra, trabajando como piconeros en la elaboración de picón. El suceso refleja las condiciones de vida del campesinado más pobre de la Córdoba de la posguerra, y la respuesta ciudadana —aportaciones individuales, oferta de muebles, actuaciones benéficas— ilustra los mecanismos de solidaridad informal que operaban en ausencia de un sistema asistencial desarrollado.
Fuentes
- Diario Córdoba, 23 de diciembre de 1954: «Mueren dos niños carbonizados y otro sufre graves quemaduras al incendiarse un chozo. Ocurrió ayer en Cerro Muriano».
- Vida de la Ciudad, 30 de diciembre de 1954: «En favor de una familia desgraciada».
- Vida de la Ciudad, 31 de diciembre de 1954: «Niños víctimas del incendio de Cerro Muriano».
- Diario Córdoba, 4 de enero de 1955: «Motivos de gratitud».
- Vida de la Ciudad, 22 de enero de 1955: «La familia de los niños carbonizados en un chozo de Cerro Muriano aún continúa en el Hospital. Un momento patético mientras dialogamos sobre el incendio».
- Vida de la Ciudad, 9 de marzo de 1955: «En favor de la familia de Cerro Muriano».
Referencias
- ↑ Diario Córdoba, 23 de diciembre de 1954; Vida de la Ciudad, 22 de enero de 1955.
- ↑ Diario Córdoba, 23 de diciembre de 1954.
- ↑ Vida de la Ciudad, 30 de diciembre de 1954.
- ↑ Vida de la Ciudad, 31 de diciembre de 1954.
- ↑ Vida de la Ciudad, 22 de enero de 1955.
- ↑ Vida de la Ciudad, 9 de marzo de 1955.
