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Los Comicos Y La Cuesta De Enero (Notas cordobesas)

De Cordobapedia


Los Comicos Y La Cuesta De Enero es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Siempre, lo mismo en los tiempos de más esplendor para el teatro que en los de su mayor decadencia, los cómicos han temido a la fatídica cuesta de Enoro [sic].

¡Qué trabajo les cuesta subirla y cuántos la bajan de cabeza, estrellándose contra las rocas de la adversidad!

Los empresarios de compañías temen al mes actual más que a una espada desnuda, según la frase corriente y gráfica, porque en él no hay quien lleve el público a los teatros aunque se le ofrezcan los mayores atractivos.

¿Qué mortal, si no es un Creso, un Rochild o un Wandervill posee un fondo de reserva para divertirse después de las fiestas de Navidad y año Nuevo?

Córdoba, antiguamente, era una excepción de la regla en ese particular. Los cómicos subían y bajaban aquí la cuesta de Enero sin trabajo, sin que soplaran para ellos vientos de adversidad, satisfechos y alegres como en las mejores temporadas del año.

El teatro del Recreo era una verdadera Jauja para el popular empresario Moncayo, padre del gran actor del mismo apellido, quien pasaba meses y meses consecutivos en nuestra ciudad con beneplácito de los artistas de su compañía y de los numerosos y asiduos concurrentes a aquel popularísimo café teatro, pues entre unos y otros establecíanse, no ya corrientes de simpatía, sino lazos de amistad y afecto.

Los hermanos Cubas, Monjardín, la Willians, la Cancela, Videgain, la Palomino y otros actores y actrices en quienes se unían el mérito y la modestia, fraternizaban con nuestro público que todas las noches invadía el Recreo para solazarse con la representación de las mejores zarzuelas del repertorio antiguo y saborear, al mismo tiempo, la taza del aromático café.

Allí la Nochebuena, la Pascua, el año Nuevo y la noche de Reyes se improvisaban fiestas íntimas muy animadas y opíparos banquetes en que tomaban parte los cómicos, sus amigos y admiradores.

En las crudas e interminables noches de Enero, cuando terminaban los espectáculos, un par de docenas de trasnochadores, hombres de buen humor y de posición desahogada, formaban animados grupos en unión de los cómicos y pasaban las horas inadvertidas, entretenidos en amena charla, al mismo tiempo que apuraban algunas botellas del rico vino de Montilla.

En un extremo del salón del café, abstraídos de cuanto les rodeaba, una aplaudida actriz y un aristócrata cordobés rimaban el idilio de sus amores al mismo tiempo que él bebía muy lentamente el contenido de una diminuta copa y a grandes tragos el de un vaso de cuartillo.

Según las personas bien informadas de ciertas interioridades la copa pequeñita sólo contenía agua y el vaso estaba lleno de aguardiente.

En el Gran Teatro no era tan fácil como en el del Recreo subir la cuesta de Enero pero no se tropezaba en ella con obstáculos insuperables.

La sociedad que tenía arrendado dicho coliseo procuraba fomentar el abono en la temporada a que nos referimos, valiéndose de sus relaciones e influencias, a fin de que los cómicos salieran con bien del primer mes del año.

No obstante, dos notables actores que trabajaban en el Gran Teatro tuvieron serios tropiezos, y no de los corrientes, en la cuesta de Enero, de los que conservarían, durante mucho tiempo, un recuerdo poco agradable.

Fué uno de aquéllos el gracioso Valladares que cierta noche, por asistir a una cita de una dama estuvo a punto de dejar la piel en manos de un marido ultrajado.

El otro fué el primer actor don Wenceslao Bueno que envió los padrinos a un espectador porque no guardaba el respeto debido a los artistas.

Merced a la intervención de amigos de ambos y a costa de no pocos esfuerzos se logró evitar el lance, el cual había sido concertado en muy graves condiciones.

Los cómicos que tenían la suerte de actuar en el Teatro Principal durante el mes de Enero lo pasaban en un verdadero paraíso, gracias a la suma bondad de su inolvidable propietario don Manuel García Lovera.

Por eso había actores, como Tamayo y Barrilaro, que realizaban toda clase de gestiones para trabajar, durante la primera temporada del año, en el primitivo teatro de Córdoba. ¡En él bastante les importaba que no asistiese el público a las representaciones1

Muchas veces, a la hora de comenzar el espectáculo, no se había vendido una entrada. El empresario, con el rostro compungido, dirigíase al señor García Lovera diciendo: en vista de esta soledad suspenderemos la función, y el bondadoso don Manuel respondía: ¡qué disparate; estoy yo aquí para verla y basta; e inmediatamente ordenaba a un acomodador que se situase en la puerta e invitase a los transeuntes a pasar.

Don Manuel Garcla Lovera, aunque tuviera contratadas a las compañías a un tanto por ciento, en las temporadas malas pagaba a los artistas los mismos sueldos que percibieran en los días más prósperos.

Muchas veces en Córdoba se dispersaban las compañías y aquel gran enamorado del teatro abonaba el hospedaje a los cómicos que carecían de recursos hasta que se contrataban nuevamente.

En un fatídico mes de Enero quedaron aquí, arriados, Barrilaro, su esposa, su hija y el marido de ésta, y don Manuel, además de costearles el albergue y la manutención, les cedió gratuitamente el Teatro Principal con el objeto de que, celebrando algunas funciones, reunieran fondos para ausentarse de Córdoba.

Como la compañía sólo estaba compuesta de cuatro cómicos podía representar escaso número de obras y les variaba los títulos con un doble objeto, dar novedad al programa y eludir el pago de los derechos de propiedad literaria. La comedia denominada “Robo y envenenamiento”, muy popular entonces, fue puesta en escena por la familia Barrilaro con ocho o diez títulos, de los cuales algunos le cuadraban también como el de “Sin tambor y sin caballo” a la famosa producción de Pascual y Torres.

Así pasaban los cómicos, en Córdoba, la cuesta de Enero, contentos y felices, en aquellos tiempos dichosos en que una comedia o una zarzuela nos recreaba más que una película cinematográfica o una artista de variedades.

Enero, 1923.