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Los Pseudónimos (Notas cordobesas)

De Cordobapedia


Los Pseudónimos es una de las notas incluidas en Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, de Ricardo de Montis.

Texto

Los literatos y periodistas eapañoles, desde tiempos muy antiguos, han sido aficionados, quizá por modestia, a firmar sus obras con pseudónimos o anagramas de sus nombres y apellidos.

Hubo un Rey dramaturgo cuyas producciones, que forman parte del teatro clásico nacional. se anunciaban y han llegado hasta nosotros como de un autor desconocido que sustituía su firma por un pseudónimo original.

Un famoso poeta, el Bachiller Francisco de la Torre , supo ocultar su personalidad tan perfectamente que, apesar de las investigaciones hechas, no se ha podido determinar con certeza quien fuese y muchos escritores aseguran, según nuestra humilde opinión sin fundamento, que se trataba del propio don Francisco de Quevedo Villegas.

En la época contemporánea insignes literatos han inmortalizado sus pseudónimos, como don Modesto de Lafuente el de Fray Gerundio , don Mariano José de Larra el de Fígaro y doña Cecilia Bholl el de Fernán Caballero .

Los escritores cordobeses, especialmente los dedicados a la prensa, también han sido siempre partidarios del pseudónimo y algunos de aquellos lograron popularizar el que usaban.

El correcto y laborioso periodista don Miguel José Ruiz, que durante muchos años estuvo encargado de la confección de El Comercio de Córdoba , publicaba en su página literaria una chispeante crónica semanal, en prosa y verso, firmada con el anagrama Luis Gómez Jurié , ente imaginario que, por su gracia e ingenio, llegó a interesar al público.

Asímismo buscaba este, con interés, en El Adalid , otras crónicas anlogas de Mario J. Vlaudello , anagrama de Julio Valdelomar; las revistas de teatros y fiestas literarias y aristocráticas, siempre elegantes y correctas, de Súllivan , pseudónimo de Enrique Valdelomar y los pintorescos cuadros de costumbres cordobesas de Sislan , Emilio Cabezas.

Uno de nuestros poetas más insignes del siglo XIX, don Manuel Fernández Ruano, deleitaba a los lectores de La Lealtad con unos artículos llenos de sal ática y de irreprochable corrección que aparecían con la firma de Martín Garavato .

En las sesiones de la prestigiosa Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes se solía leer estos artículos para solaz y deleite de los académicos.

El maestro de periodistas, director del diario últimamente citado, don Juan Menéndez Pidal, amenizaba sus columnas con delicadas narraciones y leyendas asturianas, al pió de las cuales aparecía la firma de Walfrido .

Uno de los escritores más cultos que han formado parte de la prensa local, don Francisco Ortiz Sánchez, logró dar fama al pseudónimo de Fray Tranquilo , conque suscribía en La Provincia la original sección titulada "Ensalada Rusa" y en el Diario de Córdoba artículos históricos, de costumbres, de crítica literaria y bellas composiciones en verso.

El gran poeta Marcos R. Blanco Belmonte efectuó su aprendizaje periodístico en La Unión , publicando diariamente crónicas primorosas, cuentos delicadísimos, poesías llenas de inspiración, múltiples trabajos, en fin, de muy distintos géneros, suscritos por Fray Azogue , pseudónimo conque también firmó su primer libro denominado "Desde mi celda".

En el diario conservador La Monarquía , su director don ]ose Navarro Prieto, insertaba frecuentemente artículos literarios, en los que hacía gala de su erudición y su clasicismo, con la firma de Gachopín de Laredo .

En este mismo periódico, el chispeante escritor Esteban de Benito, usó el pseudónimo de Poliuto en las revistas de salones y teatros, y, posteriormente, Pedro Alcalá Zamora el de Luís Estremera , en las crónicas y cuentos y el de Lamparilla , en las reseñas de las corridas de toros.

Cuando el Municipio acordó la demolición de la casa llamada de los Bañuelos, para ampliar la calle de Diego León, sostuvieron una interesante polémica desde las columnas del Diario de Córdoba, acerca del valor arqueológico y la importancia histórica de dicha casa, escritores tan notables como don Francisco de Borja Pavón, don Rafael Romcro Barros, don Agustín González Ruano, don Manuel González Francés, don Teodomiro y don Rafael Ramírez de Arellano y otros, todos los cuales firmaban sus escritos con estos y otros originales pseudónimos: El Sacristán de Monturque, El Abad Sperindeo, Un mochuelo y El Monago de Alcolea .

No solamente los escritores cordobeses dedicados a la prensa sino otros publicitas usaron en muchas ocasiones el pseudónimo.

El eximio literato egabrense don Juan Valera publicó una obra traducida del griego titulada Dafnis y Cloe , con la firma de Un aprendiz de helenista .

El festivo poeta don Rafael Conde Salazar Souleret, sustituía su nombre por el anagrama de Leafar , en todas las composiciones, ingeniosas y llenas de gracia, conque colaboraba en periódicos, revistas y almanaques.

Otro poeta digno de admiración tanto por su mérito cuanto por su honradez, laboriosidad y modestia, don Rafael Vaquero Jiménez, teniendo a gala su humilde origen, en todos los trabajos que publicaba en los primeros años de su vida literaria, ponía debajo de la firma El hortelano , oficio a que se dedicó en la juventud.

En el santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta, entre sus exvotos, hay un cuadro con una sentida compo-

sición de Vaquero Jiménez, suscrita en la forma que hemos indicado.

Finalmente, una malograda poetisa tan notable como desgraciada, doña Josefa Vidal de Leiva, a quien los paisanos y amigos llamaban cariñosamente Pepita Vidal, firma que ella usó en sus primeros escritos, publicó artículos y cantares en los que ocultaba su nombre bajo el pseudónimo de Pánfilo de Villaboba .

También utilizó este en un folleto denominado Cosas que pasan , donde recopiló varias interesantes narraciones, algunas de las cuales son un reflejo de la triste vida de su autora.

Abril, 1920.